Cuchara de la niña recogiendo flores de loto

Última actualización el 11 de Septiembre de 2008

Época: Imperio Nuevo (1570-1070) a. C.
Dimensiones: Largo máximo: 18 cm.
Materiales: Madera
Lugar de conservación: Museo del Louvre, París
Lugar de localización: Es probable que el lugar de origen sea la zona de la necrópolis tebana.

Foto 1. Cuchara de cosméticos de la niña que arranca flores de loto. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en J. MALEK, Egipto, 4000 años de arte, Barcelona, 2007, p. 163
Foto 1. Cuchara de cosméticos de la niña que arranca flores de loto. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en J. MALEK, Egipto, 4000 años de arte, Barcelona, 2007, p. 163.

En el antiguo Egipto se desarrolló un intenso gusto por el embellecimiento corporal, lo que se hace patente en su apego a perfumes, cosméticos, pelucas, abalorios y, entre otros muchos otros elementos, también los objetos de tocador. De modo que la civilización egipcia ha legado una gran variedad de útiles destinados a la cosmética: paletas para hacer mezclas de potingues o triturar pigmentos; espátulas y pinceles para aplicar el maquillaje; tijeras, pinzas para depilar y cuchillas de afeitar; una amplia diversidad de recipientes y cajitas para guardar esencias, polvos, ungüentos, etc.

Foto 2. Mujeres recogiendo lotos. Dinastía XXVI. Museo del Louvre, París. Foto José Luís López
Foto 2. Mujeres recogiendo lotos. Dinastía XXVI. Museo del Louvre, París. Foto José Luís López.

Entre este rico surtido de objetos se encuentran unas singulares cucharas que pueden llegar a ser muy ornamentadas y cuyo uso concreto no ha sido determinado. En cualquier caso, estas sofisticadas cucharas se vinculan con el lujo y el uso cosmético, ya sea en el ámbito de la intimidad doméstica y quizá también en el contexto ritual.

Las cucharas de cosméticos egipcias adoptaron infinidad de formas, aunque lo esencial es que integren un contenedor poco profundo[1], que frecuentemente iba cubierto con una tapa; y un mango, que servía para facilitar su manipulación. En ocasiones los diseños llegan a ser extraordinarios y son un testimonio más de la maestría de los creadores que dieron forma al arte egipcio. Un buen ejemplo es una cuchara de cosméticos de la colección de antigüedades egipcias del Museo del Louvre[2] y a la que se dedica el presente escrito (Fig. 1)[3].

El contenedor es suavemente cóncavo y ovalado (Fig. 1), luciendo en el borde una sencilla cenefa. Originariamente parece que esta parte de la cuchara lucía una tapa que no se ha conservado, aunque resulta visible la perforación que servía para fijar su anclaje[4]. El mango, a pesar de su delicadeza, se encuentra en muy buen estado. No obstante, la milenaria madera, cuya talla alcanza aquí pocos milímetros de espesor, ha perdido casi por completo la policromía y tan sólo pueden apreciarse algunas trazas de pintura de tono turquesa en algunos puntos de los lotos.

Pero lo que más destaca en esta cuchara es la singular escena que se desarrolla y que muestra a una niña arrancando lotos. La iconografía relacionada con la recolección de flores es bastante excepcional en el arte egipcio, aunque existen ejemplos que se remontan al Imperio Antiguo, haciéndose más abundantes a partir de Baja Época[5]. De modo que la escena plasmada en esta cuchara es sumamente interesante, no solo por su calidad estética y por el preciosismo que confiere al objeto en que se integra, también hay que tener en cuenta que alude a una temática poco conocida.

La joven porta un peinado que parece formado por un recogido a un lado de la cabeza, del que se han escapado unos mechones. Ello se complementa con una cinta que se ajusta al contorno de la cabeza y que luce una cenefa con esquemáticas flores de loto. Todos estos elementos han sido tratados con bastante detalle, mostrándose incluso el zigzagueo del cabello rizado.

Foto 3. Cuchara de cosméticos con lotos y forma de ankh. Imperio Nuevo. Museo del Louvre. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 35
Foto 3. Cuchara de cosméticos con lotos y forma de ankh. Imperio Nuevo. Museo del Louvre. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 35.

En el atuendo destaca un faldellín que queda por encima de la rodilla y se anuda en la cintura, dejando caer un extremo amplio y vaporoso, muy propio en la moda del Imperio Nuevo. También es posible adivinar las formas plisadas en la tela, característica recogida hábilmente por el creador de la talla.

Los lotos se muestran con los tallos erguidos y fueron plasmados con unas dimensiones que superan la altura de la muchacha. El conjunto de la representación deja patente que el trabajo de arrancar las flores con las manos resulta duro. El esfuerzo se destaca mediante la curvatura de la espalda de la niña y también al ayudarse en la tarea con uno de sus pies, presionando las raíces para facilitar la recolección. De hecho, la curvatura de la espalda y la postura de la pierna izquierda son recursos plásticos que generan una sensación de cierta inestabilidad, aspecto que se subraya con la manera en que la tela se ondula al caer del nudo y con el largo desigualado del faldellín. Incluso los mechones escapados del recogido parecen agudizar el efecto. La sensación tambaleante, sin embargo, se compensa con diversos recursos compositivos como la presencia de una zona de base, que cierra la escena en la parte inferior y que visualmente fortalece la horizontalidad; así como la compensación conseguida con los largos tallos, que confieren al diseño armoniosa verticalidad.

Las flores de loto emergen en ríos, estanques o canales. Las raíces y buena parte del tallo quedan debajo del agua, aunque la hermosa flor se abre en la superficie a la luz solar. La escena, por tanto, quizá se desarrolla en una zona recientemente liberada del agua, lo que permite que los lotos aún permanezcan erguidos y abiertos. De modo que la niña debe encontrarse en una zona que se anega, y, por tanto, pisa un suelo fangoso, irregular y presumiblemente resbaladizo.

La expresión de desequilibrio plasmada por el creador de la cuchara, en definitiva, capta con sutileza las condiciones del trabajo e incluso resulta factible pensar que la muchacha ha recogido hacia arriba el faldellín para no mancharlo con el fango y que, con el esfuerzo en la tarea, su peinado se ha desecho parcialmente. Además de estas concesiones a lo anecdótico, también existe una buscada exageración en las dimensiones de los tallos y de las flores de las plantas; aunque no hay que olvidar que la recolectora es una persona de corta edad, y que, efectivamente, los lotos pueden llegar a ser bastante monumentales. En realidad, en la escasa iconografía de recolección de lotos es frecuente que se muestre a estas plantas con dimensiones muy grandes, que resultan próximas o hasta superan la altura de quienes las recolectan, incluso tratándose de adultos. Un buen ejemplo de ello se conserva también en el Louvre y se trata de un bajorrelieve de Baja Época que muestra a unas mujeres que recogen lotos, para después prensarlos y conseguir la valiosa esencia de la flor (Fig. 2)[6].

Además de lo comentado hasta ahora, el diseño de esta hermosa cuchara aún depara más interesantes detalles. Destacan, por ejemplo, dos grandes lotos, que miran a derecha e izquierda, y que cierran la escena protagonizada por la muchacha en su parte superior. Estos grandes lotos resultan menos volumétricos y más esquemáticos que los que se muestran en el resto de la composición y, además, su colocación genera un marcado eje horizontal en la composición. Así se desvela uno de los aspectos más interesantes de esta cuchara: el conjunto de su diseño ofrece la forma del signo de la vida o ankh, (Ankh-Ankh). De modo que la forma ovalada del contenedor, en realidad, dibuja la parte superior del signo; las dos grandes flores de loto, mirando a derecha e izquierda, se identifican con el eje horizontal del signo; y el ornamental mango configura la zona vertical y alargada en la parte inferior. Incluso el anudado típico en las representaciones del ankh, ocupando el centro del eje horizontal en su conexión con el vertical, también ha sido plasmada en la cuchara como medio de unión de los grandes lotos.

Foto 4. Caja de espejo localizado en la tumba de Tutankhamón. Dinastía XVIII. Museo de El Cairo. Foto en J. MALEK, Egipto, 4000 años de arte, Barcelona, 2007, p. 212
Foto 4. Caja de espejo localizado en la tumba de Tutankhamón. Dinastía XVIII. Museo de El Cairo. Foto en J. MALEK, Egipto, 4000 años de arte, Barcelona, 2007, p. 212.
Foto 5. Cucharas con motivos florales, destacando las flores de loto. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 35
Foto 5. Cucharas con motivos florales, destacando las flores de loto. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 35.
Foto 6. Cucharas con motivos florales, integrando un loto y una mandrágora. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 20
Foto 6. Cucharas con motivos florales, integrando un loto y una mandrágora. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 20.

Es interesante observar que el mango ofrece una iconografía elaborada, con concesiones a la verosimilitud y hasta a la anécdota. Pero las partes de la cuchara que tienen que ver con la estructura básica y más propiamente identificadoras del signo ankh (Ankh-Ankh), se trabajaron de forma más esquemática y sobria. Este es un recurso sencillo pero muy efectivo, que permite destacar, sin estridencias, las formas elementales del ankh como diseño en el trasfondo y que evitan que se difumine entre tanta riqueza plástica.

Es relativamente frecuente encontrar la forma del ankh en los objetos de tocador egipcios. Resulta reconocible en muchas otras cucharas de cosméticos (Fig. 3) y dio también forma a obras tan magistrales como una caja de espejo localizada en la tumba de Tutankhamón (Fig. 4). La identificación del ankh como símbolo de la vida y su alusión a la divinidad, hacían de este signo un poderoso amuleto. Un amuleto que encontró en estos preciados utensilios de cosméticos, un lugar apropiado en el que plasmarse.

También es bastante habitual que en las cucharas de cosméticos del antiguo Egipto se recogiera iconografía sobre temas de carácter mundano. En este caso se trata de una joven recolectando lotos, aunque existen diversidad de ejemplos que recogen narrativas como subirse a una palmera cargada de dátiles, o la tarea de cargar con recipientes y bolsas, o acarrear pescado, etc. Pero que se capte un momento de la cotidianidad, incluso haciendo cierto hincapié en lo pueril, no significa que la creación no pueda ser además muy metafórica. No hay que olvidar que el diseño del conjunto de esta cuchara responde a las formas básicas del signo de la vida o ankh (Fig. 1), un singo con un anclaje muy notorio en la tradición egipcia y cuya presencia, evidentemente, responde a una intencionalidad que confiere al objeto una relevante dimensión simbólica.

Foto 7. Cuchara con muchacha. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 36
Foto 7. Cuchara con muchacha. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 36.
Foto 8. Cuchara con muchacha. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 44
Foto 8. Cuchara con muchacha. Imperio Nuevo. Museo del Louvre, París. Foto en E. DELANGE, Rites et beauté. Objects de toilette égyptiens au musée du Louvre, París, 1993, p. 44.

Pero en esta cuchara no solo el ankh tiene un intenso valor simbólico, hay que tener en cuenta la presencia del loto y, además, su reiteración. Se trata de una planta asociada con nociones como el nacimiento, la energía de la creación y la potencia del sol. De modo que el contenido simbólico de ankh y el intrínseco a los lotos se complementan de forma armónica, para conseguir una alusión a la revitalización y la exuberancia de la existencia en plena emergencia. Es como si la magia del ankh se hiciera patente en el vigor de unas plantas con el poder de emerger de las aguas para mostrar su belleza al astro solar. A todo ello sumar, por supuesto, que el loto era un ornamento y una materia prima para la confección de esencias, por lo que tampoco no es de extrañar su presencia en los objetos de tocador y en un ámbito como las cucharas de cosméticos (Fig. 5 y 6).

En lo que respecta a las posibilidades simbólicas de la cuchara, no carece de relevancia que la recolectora sea una muchacha. Los personajes de corta edad aluden a un momento de la existencia aún en formación, en florecimiento y con pleno potencial. La muchacha grácil y con la energía suficiente como para arrancar grandes lotos, es una expresión de vitalidad y de fortaleza, pero fundamentalmente es una plasmación de la juventud. Puede que por este motivo las representación de jóvenes en distintas actitudes sean un tema reiterado en la iconografía representada en los objetos de tocador, incluyendo las cucharas de cosméticos (Figs. 7, 8, 9, 10)[7]. La presencia grácil y harmoniosa de las jóvenes implica una alusión al preciado tesoro que, tantas veces, tras perderlo, se pretende emular o rememorar mediante el uso de los cosméticos.

Foto 9. Cuchara con joven nadadora. Dinastía XXVI. Pushking Museum of Fine Arts, Moscú. En L. MANNICHE, Sacred Luxuries. Fragrance, Aromatherapy and Cosmetics in Ancient Egypt, Londres, 1999,  p. 76
Foto 9. Cuchara con joven nadadora. Dinastía XXVI. Pushking Museum of Fine Arts, Moscú. En L. MANNICHE, Sacred Luxuries. Fragrance, Aromatherapy and Cosmetics in Ancient Egypt, Londres, 1999, p. 76.

De modo que la cuchara de cosméticos, que rinde su utilidad a la coquetería, no es únicamente un elemento sofisticado a nivel estético, también se trata de un objeto cargado de posibilidades simbólicas que le confieren cualidades de talismán. El ankh, que da forma al conjunto de la cuchara, es un signo vinculado a la vida. Las flores de loto aluden a la belleza y a la capacidad de regeneración, pero son también un nexo de unión entre la fuerza solar y las energías generatrices ocultas bajo las aguas. La joven arrancando lotos, es, nuevamente, una encarnación de la lozanía y de la intensa fuerza de la vida. Esta cuchara es, en definitiva, una creación dedicada a la belleza, a la juventud y a la vida.

Foto 10. Cuchara con joven nadadora y ánade. Dinastía XXVI. Museo del Louvre, París. En M. DAMIANO, Antiguo Egipto. El esplendor del arte de lo faraones, Madrid, 2001, p. 192
Foto 10. Cuchara con joven nadadora y ánade. Dinastía XXVI. Museo del Louvre, París. En M. DAMIANO, Antiguo Egipto. El esplendor del arte de lo faraones, Madrid, 2001, p. 192.


[1] Aunque no es lo más habitual, algunas cucharas de cosméticos pueden integrar más de un contenedor. Ver por ejemplo Fig. 6.
[2] Sobre la rica colección de objetos de cosmética egipcios conservados en el museo parisino ver J. M. VANDIER D'ABBADIE, Les objects de toilette égyptiens au Musée du Louvre, París, 1972. Y una selección de dicha colección en E. DELANGE, Rites et Beauté. Objets de toilette égyptiens au Musée du Louvre, París, 1993.
[3] La cuchara formó parte de la colección de H. Salt y fue adquirida por el Louvre en 1826. Porta el número de inventario 1750.
[4] Cabe imaginar que también la tapa debía ser ornamental, de modo que la belleza del conjunto del objeto ha quedado parcialmente mermada.
[5] Sobre la iconografía de la recolección de lotos ver J. VANDIER, Manuel d'Archéologie Égyptienne. Tome V. Bas-reliefs et peintures scènes de la vie quotidienne, París, 1969, pp. 453-455 y M. ABDEL-HAMID SHYMY, Parfums et perfumerie dans l'Ancien Egypte. De l'Ancien Empire à la fin du Nouvel Empire, Universite Lumiere Lyon, 1997, pp. 320-325.
[6] Al observar la escena desarrollada en el mango de la cuchara (Fig. 1) y la plasmada en el bajorrelieve de Baja Época (Fig. 2), aún habiendo semejanza, lo cierto es que resulta llamativo que, en realidad, las acciones que realizan sean distintas: la niña arranca los lotos, las mujeres únicamente recolectan las flores. Puede que ello sea el motivo por el que la intensidad del esfuerzo parece menor en el segundo caso. Pero… ¿por qué la niña arranca los lotos?. Cabe pensar que la forma de la recolección tenga que ver con el tipo de producción o uso que se va a dar después a la planta. Tal vez a las fibras vegetales se les diera alguna utilidad, aunque también los lotos con sus tallos podían ser un elemento ornamental portado, por ejemplo, por damas en lujosos banquetes. También en estos contextos las damas sostienen los tallos para aproximar la flor a la nariz y dejarse seducir por su perfume. Puede que estos ornamentales usos del loto, con tallo, explique que se buscara conseguir la recolección de la planta completa; pero la muchacha bien podría haber cortado el tallo y ahorrarse el esfuerzo de arrancarlo presionando desde la raíz. Quizá la clave se encuentre, precisamente, en la raíz. Aunque es un tema poco conocido, parece que los lotos y sus raíces, con redondeados bulbos, podían tener en Egipto un uso culinario (ver por ejemplo en TALLET, Historia de la cocina faraónica, Barcelona, 2001, p. 134). HERÓDOTO dio testimonio de este uso: <<… cuando el río viene crecido e inunda los campos, crecen en el agua muchos lirios, que los egipcios llaman lotos. Pues bien, después de recolectar esas flores, los dejan secar al sol y, luego, trituran el corazón del loto-que es semejante a la adormidera- y, con él, hacen panes que cuecen al fuego. La raíz del loto-que es redonda y del tamaño de una manzana- también es comestible y tiene un sabor bastante dulzón >>. Historia II, 92 en traducción de C. SCHRADER, Barcelona, 1984, p. 379.
[7] La presentación de nadadoras es una las temáticas más célebres en las cucharas de cosméticos (Figs. 9 y 10). Sobre estas cucharas, quizá simbólicamente asociadas a la diosa Nut, ver D. LOBSTEIN, Objets de toilette ou objets de culte? A propos des cuillers "a la nageuse", Revue du Louvre 4, París, 1984, pp. 235-237.

 
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