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Estatuillas funerarias egipcias: Una aproximación a su concepto y evolución Imprimir E-Mail
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Sección de la Societat Catalana d´Egiptologia
Escrito por Javier Uriach Torelló   
Publicado el sábado, 24 de septiembre de 2005
Modificado el jueves, 28 de septiembre de 2006
Índice del Artículo
Estatuillas funerarias egipcias: Una aproximación a su concepto y evolución
Página 02 - Orígenes y desarrollo del concepto de Shabti
Página 03 - Evolución de los Shabti
Página 04 - Fórmulas e inscripciones
Página 05 - Iconografía
Página 06 - Conclusión
Página 07 - Bibliografía

Evolución de los Shabti

Intentar poner fecha a la primera aparición de los shabtis es tarea difícil. Se han encontrado diminutas figuras de cera o barro en el interior de pequeños ataúdes, solamente con el nombre inscrito y aparentemente desnudas. Están datadas en las dinastías IX y XI (Primer Período Intermedio) y su origen es en la necrópolis de Saqqara y Deir-el Bahari, respectivamente.

A partir de la dinastía XII (Imperio Medio) comienzan a aparecer unas pequeñas figuras momiformes hechas en madera o piedra. La cabeza se representa con peluca, el cuerpo envuelto en vendas y las manos raramente aparecen, aunque en algunos ejemplos pueden aparecer portando amuletos o jarras de purificación. Con frecuencia, continúan apareciendo depositadas en diminutos sarcófagos y son consideradas como sustitutos de la momia en caso de que ésta desapareciera (fig. 3). La mayoría no llevan inscripción o como máximo únicamente el nombre y títulos.

Shabtis de alabastro.Din. XII, Ashmolean Museum. Oxford
Fig.3 - Shabtis de alabastro.Din. XII, Ashmolean Museum. Oxford

Durante el Segundo Período Intermedio (dinastías XIV - XVII) se produce en el país un período de anarquía e inestabilidad interna motivada por las invasiones extranjeras, de las que destaca la de los hicsos. Los únicos ejemplos de figuras funerarias provienen de la dinastía XVII y de la capital Tebas. En su mayoría están elaboradas de forma burda y son de madera de tamarindo o de persea, por ello, probablemente se les denomina shawabty (ver nota 2). Apareciendo también las primeras versiones de la “fórmula shabti” del capítulo VI del Libro de los Muertos[15].

Durante el Imperio Nuevo (dinastías XVIII - XX) se produce la gran eclosión de las figuras funerarias en cuanto a su innovación y creatividad. La versión del capítulo VI del Libro de los Muertos se alarga, apareciendo dos nuevas versiones de la fórmula ya existente en la dinastía XVII. En cuanto a los materiales, éstos se diversifican y aparecen las primeras figuritas de fayenza[16].
Las técnicas de fabricación mejoran y las producciones se incrementan.

Bajo el reinado de Tutmosis IV aparecen las primeras figuras portando herramientas agrícolas (primero pequeñas herramientas de bronce modeladas y posteriormente pintadas directamente sobre el ushebti). El rol del shabti pasa a ser el de sustituto del difunto para trabajar en el Más Allá (fig. 4)

Shabti de Menmaatre (Seti I) Din. XIX. British Museum. Londres
Fig.4 - Shabti de Menmaatre (Seti I) Din. XIX. British Museum. Londres

En el breve periodo amarniano (1350 – 1334 AC), Akhenaton cambia de nuevo el rol de los shabtis, haciéndolos representar sin herramientas agrícolas y portando solamente el símbolo Anj y el látigo. Las inscripciones obvian la figura de Osiris y solamente mencionan al dios supremo Atón[17]. Más tarde durante la dinastía XIX aparece un nuevo tipo de figura representada en ropa de diario, con peluca doble a la manera de las que se llevaban en vida (fig. 5).

Fig.5 - Ptahmes, Din. XIX. Museo del Louvre. París
Fig.5 - Ptahmes, Din. XIX. Museo del Louvre. París

Pero las innovaciones no acaban ahí. Conjuntamente a la aparición de figuras en ropa de diario también empiezan a aparecer otro tipo de representaciones como las parejas de shabtis y figuras de molineros (figs. 6 y 7 respectivamente).

Ushebti doble
Fig.6 - Ushebti doble

Ushebti con silueta de molinero
Fig.7 - Ushebti con silueta de molinero

En el Serapeum de Saqqara han aparecido también figuras con cabeza de Apis, lo cual se ha interpretado como figuras votivas depositadas por los vivos para rendir homenaje a Osiris (fig. 8). Asimismo, son también numerosos los hallazgos de ushebtis votivos pertenecientes a los hijos de Rameses II, Jaemuaset y Ramesu, o del gobernador Paser.

Estatuillas con cabeza de Apis. Museo del Louvre. París
Fig.8 - Estatuillas con cabeza de Apis. Museo del Louvre. París

El número de figuras por propietario se incrementa y se empiezan a idear los primeros contenedores de estatuillas o cajas de ushebtis, alguno de los cuales son bellamente decorados (fig. 9).

Caja de ushebtis de Pinedjem I (Tercer Período Intermedio). Museo del Cairo
Fig.9 - Caja de ushebtis de Pinedjem I (Tercer Período Intermedio). Museo del Cairo

En el Tercer Período Intermedio (dinastías XXI - XXV), el incremento de figuras es espectacular. Ante semejante avalancha de figurillas, estas empiezan a ser consideradas como grupos y no como individuos. El concepto de sustitución se va perdiendo pasando a ser grupos de trabajadores que deben rendir cuentas a su amo, es decir, al difunto. El ushebti se transforma en un sirviente de su amo y este los reclama para “...realizar los trabajos agrícolas, la irrigación de los campos y el transporte de arena del este al oeste...”[18].

Para intentar poner un poco de orden ante tanto incremento de shabti, en la dinastía XXI aparece la figura del capataz o jefe de cuadrilla (comúnmente llamado “jefe de diez” ). Cada grupo de diez trabajadores es comandado por un capataz (fig. 10). Esta nueva figura, es la evolución del shabti con ropa de diario, pero ahora se le representa portando un látigo, signo claro de su nuevo status.

De esta forma nos encontramos que el difunto puede llegar a poseer un sirviente para cada día del año, más sus correspondientes “jefes de diez”, haciendo un total de 401 shabtis[19]. Las inscripciones sobre la figura en este período suelen ser solamente el nombre y título del difunto.

Capataces. British Museum. Londres
Fig.10 - Capataces. British Museum. Londres

En el Baja Época (dinastías XXVI - XXX) se siguen produciendo los ushebti a gran escala y la mayoría ya son hechos en moldes. Influenciados por la escultura contemporánea las figuras de esta época se caracterizan por llevar una columna en la parte trasera que actúa como pilar. Suelen estar muy bien trabajadas y son de esta época algunos de los más bellos ejemplares que han llegado hasta nuestros días. Es en este período que pasan a denominarse ushebtis (ver nota 2). Las inscripciones vuelven a llevar varias versiones del capitulo VI del Libro de los Muertos.

La producción de ushebtis reales finaliza con Nectanebo II pero prosigue con los personajes privados, todo ello hasta finales de la época ptolemaica y el inicio de la decadencia de la religión y creencias del Antiguo Egipto.

En esta época el ushebti se convierte en guardián del nombre del difunto en el Más Allá[20].


[15] El capítulo VI del Libro de los Muertos es la evolución del nº 472 de los Textos de los Sarcófagos. En él se emplaza al ushebti para que trabaje para el difunto en el reino de los muertos.
[16] La fayenza egipcia está compuesta de arena fina cementada por un silicato de sosa (carbonato y bicarbonato de sodio, extraído del natrón). Cocido a unos mil grados de temperatura, la mezcla se autobarnizaba dejando una capa vitrificada en su superficie. Los tonos verdosos, azulados o negruzcos se conseguían añadiendo diferentes tipos de óxido: cobre, cobalto o hierro.
[17] De esta época solamente nos han llegado pequeños fragmentos de shabti pertenecientes a Ajenatón (únicamente se conserva uno entero) y algunos más de personajes privados. Parece ser que durante ese período el shabti no era imprescindible.
[18] Esta frase es mencionada en el capítulo VI del Libro de los Muertos y hace referencia a la obligación de servir por parte del ushebti. La expresión “transporte de arena” es posible que se refiera a las arenas del desierto que invadían los campos de cultivo.
[19] El número total de estatuillas funerarias depositadas en la tumba es muy variable. Por ejemplo, tenemos que en la tumba de Tutankhamon aparecieron 417 y en la de Seti I más de 700 ejemplares.
[20] Predomina el nombre antes que la representación del difunto. Desde siempre, recitar el nombre del difunto o su mera presencia en la tumba era suficiente para garantizar la perdurabilidad de su memoria. En las fórmulas de los Textos de los Sarcófagos, números 410 y 412se dice que “un hombre debe recordar su nombre en el reino de los muertos..”.



 
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