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"Egipto es un don del Nilo", decía Herodoto para resaltar la importancia de este río en la existencia de la nación de los faraones.
Efectivamente, sin sus crecidas, la agricultura no habría sido posible en Egipto y, por tanto, tampoco se hubiese desarrollado tan prodigiosa civilización.
Ya hemos señalado la importancia de las tablillas de arcilla encontradas en Mesopotamia para conocer la cultura de aquellos pueblos. Los egipcios escribieron en papiros e, igual que sus vecinos, nos informaron ampliamente de sus creencias, usos y costumbres.
Dedicados a la Medicina hay una serie de papiros (Ebers, Edwin sMith, hearst, Berlín.), donde se incluyen multitud de remedios médico-quirúrgicos.
Sobre la materia de la boca y dentadura también hay muchas noticias, pero poquísimas dedicadas a la higiene bucodentaria.
Parece mentira que los egipcios, tan preocupados por el aseo corporal y el cuidado de todos sus órganos, no dedicaran especial atención a la limpieza y blanqueamiento de la dentadura.
El doctor Quenonille dice que acaso se enjuagaran la boca con un agua que contenía una sal llamada "bed" que llevaba compuestos de potasa obtenidos de cenizas vegetales.
También usaban una pasta llamada "sava bow", desengrasante, pero en último término no se sabe si con intención dentífrica.
Una leyenda desmentida
Herodoto, el historiador griego y mencionado, decía que en Egipto había médicos especializados para las diferentes afecciones: de la vista, la cabeza, los dientes, etc.
Además de cronista, Herodoto que también geógrafo y naturalista, dejándonos en su obra abundantes enseñanzas de estas disciplinas.
Fuente: La Gaceta Dental
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