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Fuentes de evidencia para un acercamiento a la enfermedad en el Antiguo Egipto Imprimir E-Mail
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Sección de Medicina
Escrito por Manuel Juaneda Magdalena   
Publicado el martes, 16 de octubre de 2007
Modificado el sábado, 20 de octubre de 2007
Índice del Artículo
Fuentes de evidencia para un acercamiento a la enfermedad en el Antiguo Egipto
Página 01 - I. Fuentes documentales
Página 02 - II. El legado iconográfico
Página 03 - III. Las fuentes de evidencia biológica
Página 04 - Bibliografía

II. El legado iconográfico

Dudas razonables ante la interpretación de las imágenes como fuente de evidencia de la enfermedad.

La iconografía egipcia en toda su amplia y variada capacidad de expresión, y de modo global, presta una ayuda muy estimable en la representación de la enfermedad y de la malformación somática. Pero cómo se verá la realidad no es tampoco una verdad absoluta. Y es tanto así porque en la retratísca egipcia en referencia al hombre existen pocos ejemplos donde la patología sea verídica o bien esclarecida. Porque se desconoce la intención o el grado de habilidad del artesano en el momento de representar la expresión o el gesto corporal. Por lo que las interpretaciones de las descripciones iconográficas de la dolencia resultan escasamente fiables. De la observación y estudio de la iconografía el médico contemporáneo se ve incapaz de definir la patología. Siendo muy fácil y tentador acudir a retratos en los que cualquier profesional de la medicina poco informado en la civilización y en el simbolismo egiptológico se encontraría a placer en un campo ricamente abonado a la fantasía de lo pseudopatológico. Como se viene diciendo, el arte egipcio aunque es una de las fuentes de información más sobresalientes; no obstante, algunas veces, ciertas interpretaciones de las descripciones gráficas de la dolencia resultan poco dignas de fiabilidad[12],[13]. De la observación y estudio de las mismas, el médico contemporáneo se ve incapaz de definir la patología por la incapacidad del autor en el momento de representar la expresión o el gesto corporal. Si se siguiera por estos derroteros sería fácil caer en etiquetas de poca validez, siempre y cuando no se disponga de las evidencias patológicas comparativas en las que el retratado en una tumba de su propiedad coincida con el resto cadavérico aparecido en ella. Una feliz circunstancia desgraciadamente poco frecuente pero posible y feliz cuando sucede como se verá más adelante (Fig. 1).

Fig. 1.- Es lo mismo que si se diagnosticara una patología mamaria con la simple observación de esta imagen. Obsérvese la coloración enrojecida de la mama de Isis; puede ser una licencia del artista que recuerda las Mastitis puerperales que seguramente sufrió la diosa durante la lactancia del pequeño Horus. (Museo de Dublín). Egyptian Treasures in Europa, INFO 2000, Utrecht University)
Fig. 1.- Es lo mismo que si se diagnosticara una patología mamaria con la simple observación de esta imagen. Obsérvese la coloración enrojecida de la mama de Isis; puede ser una licencia del artista que recuerda las Mastitis puerperales que seguramente sufrió la diosa durante la lactancia del pequeño Horus. (Museo de Dublín). Egyptian Treasures in Europa, INFO 2000, Utrecht University).

Sería conveniente por el contrario reafirmarnos en aquellos casos donde lo verosímil es la norma y después echaremos a volar la imaginación con un sentido crítico donde otros han encontrado unas más que dudosas y aun más inverosímiles imágenes de la enfermedad. Póngase como ejemplo uno que no se presta en principio a dudas interpretativas.

La desproporción somática y sus variantes son fielmente retratadas en la iconografía egipcia.

El enanismo es un tema presente y recurrente en el antiguo Egipto. En nuestra época algunos tratados y autores se han interesado por su estudio introduciéndose a su través en el atractivo mundo del arte y de la literatura.

Del Antiguo Egipto no disponemos de testimonios literarios médicos que nos comenten sobre el enanismo como enfermedad y ya no digamos del aspecto concreto que fundamenta este trabajo. En el caso contrario sucede en la literatura nacida de la historia o del relato o la biografía personal. En el archiconocido episodio de la expedición de Herjuf, el príncipe de Elefantina que dirigió una expedición al país del Yam durante el reinado del entonces faraón-niño de la VI dinastía Pepi II, se alude al hallazgo de un personaje de pequeña estatura. El monarca ilusionado por el extraordinario encuentro, y ávido por conocerlo y tenerlo ante su presencia a la mayor premura posible, escribe al nomarca una misiva que se puede admirar en la fachada de su tumba en el actual Qubet el Hawa en la orilla occidental de la moderna ciudad de Asuán[14]:
(...)Dices en esta tu carta que has traído todo tipo de productos grandes y buenos, que Hathor, señora de Imau, ha dado para el Ka de Neferkaré que vive para siempre. Has dicho que(también) en esta tu carta que has traído un pigmeo para las danzas del dios del país de los Habitantes del Horizonte, igual al pigmeo que el canciller del dios Baurdjed trajo (del país) del Punt en tiempos del (rey) Isesi...[15]

Ciertamente el relato confiere un hecho diferencial en tanto que existían y se reconocían a sujetos de pequeña estatura en el contexto de un enanismo étnico, propio, y diferente del prototipo egipcio más representativo y estadísticamente más frecuente. Interesaría ver si esta afirmación se sustenta sobre representaciones auténticas o es un simple y solitario hallazgo literario. Tal parece con sólo ver las imágenes de los enanos bailarines del Cairo, en grupo, mostrando su desnudez genital y como única indumentaria unas bandas y unos collares sobre el tórax. Pero es muchísimo más interesante constatar si se describía en la iconografía del enano, en la actualidad una patología, morfológicamente bien diferentes del modelo étnico, como una alteración o simplemente una variante. Pero eso sí, estadísticamente infrecuente en relación con el común de la población egipcia; y si además eran capaces de diferenciarlos de otros individuos de similares características somáticas. Sin duda alguna el arquetipo más interesante es el que se describe en el grupo de los acondroplásicos, pero también hay subgrupos no menos interesantes que se ven retratados con rasgos diferenciales y perceptibles. Y es aquí donde reside el punto de máximo interés, cuando el atractivo es mayor. Al lado del perfil acondroplásico definido de la cabeza y el rostro, así como del tórax y de la brevedad y encorvamiento de las piernas, no es extraordinario ver a personajes con caras absolutamente normales sobre cuerpos y miembros típicos de estos individuos. ¿Se están mostrando otras variantes de la enfermedad? La respuesta pues no tiene otro sentido que el afirmativo por cuanto se sustenta en la observación de los ejemplos que el futuro nos ha legado.

Sin embargo es en las representaciones de tumbas del Imperio Antiguo donde los hallazgos se hacen más cuantiosos y notables. En los cementerios de Guiza y Saqqara[16] muchas tumbas sobresalen por representar a enanos en quehaceres variopintos como al cuidado de animales (capilla funeraria de Inti en Abusir), llevando útiles de aseo, o fabricando joyas o en labores de sastrería (tumbas de Mereruka, de Mereri). Ocupaciones delicadas en los que la habilidad implica un grado de mayor exigencia que la fuerza física, suponiéndose en estos casos más débil, y para mayor mérito de quienes tienen el inconveniente de una mano en principio inapropiada para el dominio de estos oficios. No obstante esta afirmación se contradice en el marinero tal vez un timonel y en la mujer que porta una abultada carga sobre la cabeza, ambos en la tumba de Inti (Deshasha). La totalidad de estas figuras, o al menos la mayoría, conforman el modelo conocido de los cambios faciales correspondientes típicos (frente prominente, nariz en silla de montar, hiperlordosis lumbar, etc.) de la acondroplasia[17],[18]. Las imágenes de los individuos que presentan este tipo de enanismo se presentan con una fidelidad muy precisa que permite diferenciarlos de otros tipos.

Habría mucho que decir y tampoco se faltaría a la verdad si se dijera habiendo pruebas y constancia sobrada, que el pueblo egipcio fue muy considerado y respetuoso con estos individuos. En este sentido en el préstamo que de estas formas de enanismo se hizo para la representación de algunas deidades importantes, muy a tener en cuenta, se basa esta afirmación[19].

El alto funcionario Seneb (51.281; Junker, 1927) del grupo escultórico familiar exhibido en el Museo de El Cairo es el ejemplo más conocido y destacable de todos. Pero es el mismo Seneb lo que más nos interesa sobre todo desde el punto de vista anatómico. Desde este estudio no se puede concluir que Seneb fuera realmente un acondroplásico puro[20]. La clave está en que es un enano sin duda alguna pero con una cabeza y un rostro absolutamente normales. Sin embargo en los miembros sigue existiendo la desproporción que es propia y que tiene en común con el enanismo acondroplásico. Un disarmónico al fin y al cabo de rostro normal[21]. En las paredes de su tumba el dibujante encargado de su representación apenas acusa la diferencia de estatura con la de sus sirvientes y personajes de su entorno, y aunque no lo rebaja en demasía si se aprecia la cortedad de los miembros inferiores y la encorvadura de los mismos. La finalidad es la de no violar el respeto jerárquico convenido en el arte egipcio; al respecto, en ocasiones se utiliza el artificio del asiento a modo de compensación[22].

Pero no es un caso único. En el Oriental Institute de Chicago hay un músico tañendo un arpa, cuyo tamaño, contrasta con la cortedad de sus piernas (Fig. 2). Otro ejemplo ilustrativo se encontró en Guiza al norte de la tumba de Seneb; el personaje también de alto rango como éste acusa idéntica fisonomía: un rostro y cabeza normal sobre el cuerpo de un enano[23]. Junker hace acopio de dibujos de individuos (traídos al papel de tumbas de Guiza del Reino antiguo) de piernas cortas en los que la cabeza y el cuerpo son normalmente proporcionados junto a alguno que apunta claramente con una diferenciada morfología condrodisplásica[24].

Fig. 2.- Un cuerpo y una cabeza de adulto que sustentan unas piernas infantiles. Se trata en realidad de una variedad de enanismo acondroplásico. Es una descripción que recuerda a la de los textos aristotélicos (V dinastía) Oriental Institute Chicago
Fig. 2.- Un cuerpo y una cabeza de adulto que sustentan unas piernas infantiles. Se trata en realidad de una variedad de enanismo acondroplásico. Es una descripción que recuerda a la de los textos aristotélicos (V dinastía) Oriental Institute Chicago.

El paradigma ideal donde la representación iconográfica se corresponde mutuamente con el dichoso hallazgo de los restos humanos[25], se da en la historia de la tumba de los dos “hermanos” de la XII dinastía descubierta en 1907 en la localidad de Rifeh (Alto Egipto). Las dudas sobre el parentesco son evidentes por los estudios antropológicos de entonces (Murray, 1908) y que siguen vigentes en los recientes (David, 2000 “Conversations with mummies”)[26]. Del aspecto morfológico y del estudio comparativo de ambos con la iconografía hallada en el ajuar funerario se observó que había una gran semejanza entre los cuerpos y las figuras[27] (Fig. 3).

Fig. 3.- Los esqueletos de los dos hermanos son  suponen el ejemplo ideal; la correlación entre el icono y los restos (David R, Conversations  with Mummies, 2000) humanos. (Manchester)
Fig. 3.- Los esqueletos de los dos hermanos son suponen el ejemplo ideal; la correlación entre el icono y los restos (David R, Conversations with Mummies, 2000) humanos. (Manchester).

Aunque sea dicho de paso y a modo de paréntesis, admira constatar como el arte representa el tratamiento de las lesiones acontecidas durante la actividad laboral desde una lesión ocular hasta una luxación de un hombro como se muestra en la fábrica de un mueble funerario en la tumba de un tal Ipuy[28] que vivió en tiempos de Ramsés II.

Enfermedades en las que existe cierto grado de evidencia con las representaciones iconográficas.

La tuberculosis es una enfermedad de milenaria evidencia en la historia egipcia antes de que las dinastías faraónicas dirigieran el país. El arte, aunque con toda discreción hay que decirlo, enseña algunos ejemplos que se semejan con las formas avanzadas de localización ósea de la dolencia estudiadas en la medicina moderna. Con alguna aproximación se enumeran algunos ejemplos de datación muy antigua (predinástica) confeccionados en arcilla en los que se han querido ver estigmas de la enfermedad[29]. La columna acusadamente angulada de estos ejemplares hasta lo inverosímil recuerda el Mal de Pott, nombre con el que se conoce en la moderna medicina esta forma de afectación tísica de la columna. En el Museo Petrie (Londres) se conserva un ejemplar esqueletizado en posición fetal, pero una vez más, esta interpretación se contradice con la posibilidad de que fuera una adopción postural funeraria típica de la época[30]. La figura del jardinero de la tumba antes referida de Ipuy (Deir el Medina)[31] se encuentra entre uno de los casos típicos que han permitido a los médicos emitir un diagnóstico plausible. Ante la visión de la gran giba o joroba del hombre algunos expertos lo han etiquetado como portador de la enfermedad, la cual de ser cierto, no le impedía el duro ejercicio de jalar del shaduf además de otras labores indudablemente exigentes para una enfermedad tan invalidante[32] (Fig. 4).

Fig. 4.- Imagen que recuerda al afectado por una tuberculosis vertebral (Pott) Museo de Bruselas Egyptian Treasures in Europa, Info 2000, Utrecht University)
Fig. 4.- Imagen que recuerda al afectado por una tuberculosis vertebral (Pott) Museo de Bruselas Egyptian Treasures in Europa, Info 2000, Utrecht University).

La obesidad es fielmente es representada en la iconografía egipcia sin remilgos y sin que quepan confusas o ambivalentes interpretaciones. No parece porque no hay certidumbre de que los trastornos nutricionales como la obesidad se concibieran como una anomalía, sino más bien como fiel trasunto de un estado social prestigioso y de una dignidad encumbrada que merecerían perpetuarse[33] (Fig. 5). Qué decir sino del famoso arquitecto y constructor de la pirámide de Keops, Hemiunu, o la de los arpistas invidentes. Al músico se le representaba, cómo ya ha sido mencionado, como un ciego pero también obeso. Sin duda, la merma del sentido de la visión desarrollaría como es bien reconocido la audición y el ritmo musical, mas también, el sedentarismo de la profesión añadido a la ceguera harían otro tanto. Tal vez sea ésta la razón de por qué los “Cantos del Arpista” paradigma del escepticismo ante la vida que se escapa, lo sean también del hedonismo y quizá del buen vivir y de la glotonería según parte de los contenidos que expresan:
“(…) ¡Qué bien establecido estás en tu lugar de eternidad, en tu tumba de eternidad! Está llena de ofrendas de alimentos contiene todas las cosas buenas…”[34]

Fig. 5.- Foto del autor. En esta imagen de la  Mastaba de Idu (Guiza) el difunto asoma el busto enseñando una obesidad con la que muestra un status social encumbrado; o simplemente la ginecomastia de la madurez
Fig. 5.- Foto del autor. En esta imagen de la Mastaba de Idu (Guiza) el difunto asoma el busto enseñando una obesidad con la que muestra un status social encumbrado; o simplemente la ginecomastia de la madurez.

En el templo de la reina Hatshepsut (Deir el Bahari) se describe la expedición comercial que la reina enviara al país del Punt; los expedicionarios son recibidos por los reyes del mítico territorio; pero lo más intrigante es el extraordinario físico de la reina, una mujer tremendamente obesa, de la que gruesos colgantes adiposos sobresalen de sus miembros; la columna lumbar es rehundida, se podría decir que con una profunda lordosis, en proporción con la prominencia glútea; un intento de compensación del excesivo peso de los colgantes abdominales. Detrás de esta descompensada anomalía se ha pretendido adivinar desde una luxación congénita de cadera, una esteatopigia, a un tipo de lipomatosis extremadamente dolorosa[35],[36]. Aunque por qué no los artistas egipcios en un rictus de picardía intentaran dibujar la figura inusualmente obesa de una mujer escasamente reconocible entre las mujeres egipcias. O tal vez la representación de la reina Ati como ha sido anticipado anteriormente siguiera fielmente el ideal de la mujer de alta posición social siguiendo los deseos y muy del gusto de los reyes africanos quienes se complacían en engordar a sus esposas con dietas hipercalóricas[37].

Por el contrario, la desnutrición, la caquexia, como un hito desgraciado y repetido en la historia egipcia según registros contrastados mereció el mismo gesto. Las escenas de famélicos del Museo Imhotep de Saqqara que un día estuvieron en la calzada de acceso a la pirámide de Unas así lo manifiestan[38]. O como la del famélico pastor apenas un esqueleto cubierto de piel que dirige el rebaño de vacas en la tumba de Ukhotep (Meir).

La representación del ciego es muy numerosa en Egipto porque muy numerosos eran los factores que la causaban. La diversidad de representaciones iconográficas de la ceguera merecería un capítulo aparte indudablemente. Los cambios que afectan a la ceguera son muy bien conocidos en la antigüedad. La literatura sapiencial advierte el declinar de la vista, una involución fisiológica de la agudeza visual, cuando la vejez acecha al hombre:

“¡Oh! Rey mi Señor, la vejez ha llegado (…) los ojos están turbios…[39]
Durante el Reino Medio y Nuevo escenas de ciegos se ven representados tañendo el arpa integrados en las funciones religiosas y en festivales. Es famosa la escena del arpista pintado de esta guisa en la tumba de Najt (Tebas); en aquél, como en sus colegas de minusvalía y de oficio, se observan la inexpresividad en la mirada, de unos ojos rehundidos en las cuencas. Están sedentes, y de su abdomen gruesos pliegues de piel rellenos de grasa cuelgan sucesivamente apoyándose el superior en el inferior siempre cada vez más amplio, y así sucesivamente. Al igual que el ejemplo del más que corpulento Neferhotep en el Rijsmuseum van Oudheden[40].

La fantasía llegó a su cumbre más elevada cuando se empezaron a descubrir las primeras imágenes de Ajenatón: ante su vista enfermedades de todo género y origen se le adjudicaron sin que hubiera constancia física.

Si la representación de la normalidad y de lo patológico en Egipto estuvo a merced de los vaivenes de la convención religiosa, cultural o política o de la etiqueta palaciega, nunca fuera más cierto esto que durante el periodo amárnico. De esta época tan azarosa e intrigante destaca con luz propia la iconografía del faraón Ajenatón.

Algunos investigadores influidos por médicos, o profanos en la materia médica; estudiosos en el mundo antiguo y en sus enfermedades, adjudicaron al ilustre e irreverente gobernante, una pléyade de dolencias físicas sustentadas en una fisonomía tan poco convencional. De modo que en un alarde intelectual sin precedentes en la historia de la medicina, han construido con infinito ingenio diagnósticos basados en las representaciones de Ajenatón. La preeminencia de éstas, ha proyectado una visión tantas veces ilusoria, sesgada, por no decir fantástica hasta el punto de que ciertos autores ven en aquéllas poco más que una indefinición sexual[41]. Es precisamente esta ambivalencia sexual sumada a un rostro de expresión extrañamente ensoñadora y abstraída asociado a unos perfiles remarcadamente femeninos la razón de esta alharaca. Sin pesar que si fuera cierto su padecimiento, éste conllevaría a la esterilidad, algo incierto a quien se le atribuye una prole numerosa. Hermafroditismos; Síndrome de Fröhlich o adiposogenital; Síndrome de Klinefelter, y así sucesivamente) son algunas de ellas; sólo el Síndrome de Marfan se escaparía excepcionalmente de esta tendencia.

Hay un hecho perfectamente constatado en la imaginería de la época; y es que muchos nobles y oficiales imitaron las tendencias deformantes de su rey, esta cuestión queda especialmente señalada en el caso del escultor jefe Bek[42],[43]. Por otra parte y en contradicción con tan esperpénticas teorías hay iconografías regias con un fenotipo bien distinto y por lo demás bien normal. Dismorfismos similares se ven en ciertas pinturas principescas de las hijas del faraón que están en la actualidad en el Ashmolean Museum (Oxford);[44] y en las representaciones más tardías de Tutanjamón. Si de las primeras huelga toda posibilidad de comparación ante la inexistencia de restos biológicos, del segundo se puede decir con certeza que el cráneo de la momia del faraón entraba en el rango de la normalidad.

Es por tanto un esfuerzo inútil seguir buscando enfermedades que encajen con el aspecto externo del faraón. Además, ante la inexistencia de evidencias físicas en cuanto que el cuerpo del faraón se halla en paradero desconocido o sin identificar, ha de optarse por la prudencia y la seriedad. Si se opta por seguir con las normas del método científico se debiera esperar al afortunado hallazgo de aquellas que nos permitan definitivamente echar luz sobre las sombras que cubren todavía el problema de la familia amárnica; y éste el biológico, es uno más de entre ellos.

Siendo como era el hijo de Atón, su real hijo, él, aceptó el “sacrificio” de manifestarse en el ámbito sagrado con las deformaciones propias de una indefinición sexual anatómica impropia de su sexo, y ni siquiera novedosa en la iconografía egipcia[45], como una especie de "sagrada caricatura” en cumplimiento del papel de padre y madre de la creación atribuidos al dios Atón de quien era su único interlocutor. De esta manera asumía como aquél el principio simbólico de lo masculino y de lo femenino en su propio y único cuerpo, convulsionando por medio de esta puesta en escena tan “irreverente” y revolucionaria, los cánones figurativos marcados por la tradición egipcia para los faraones.

A través de la representación de las actividades diarias se sonsaca las lesiones derivadas del trabajo.

Las tumbas del Reino Medio y Nuevo representan accidentes producidos durante las actividades laborales. Como también relatan el tipo de ocupaciones, de las que incluso las más livianas, a fuerza de la reiteración y repetición de movimientos (en posturas viciadas y antianatómicas), también ocasionaban artrosis degenerativas[46]. La élite social tan poco propicia en emplear su tiempo en trabajos duros, no obstante, fue víctima también de grandes taras degenerativas osteoarticulares[47]. Las momias de los faraones conservan sin excepción de la edad y cuanto más si ésta fuera avanzada, unas tremendas secuelas en sus esqueletos. Y hubieron de soportar por consiguiente, los invalidantes rigores de la enfermedad.

El arte funerario se ha hecho cargo de describir las tareas finas del orfebre o de la molienda del grano de trigo donde la mujer carga el impulso constante de su cuerpo sobre las articulaciones de las muñecas sufriendo la presión reiterada del microtraumatrismo (Fig. 6). Algún día estarán doloridas e inflamadas, por fuertes y continuos dolores que se exacerbarán con la repetición de cada gesto hacia la artrosis. O también la rudeza del ebanista, carpintero, o del escultor a punto de que, al menor descuido, de rebanarse el dedo; del traumatismo ungueal; o de la contractura palmar[48], que andando el tiempo le obligará a tener para siempre la mano como la de un pedigüeño.

Fig. 6.- (Jaume Vivó). Mujer moliendo el grano. Un gesto que por repetido ocasionaría un gran desgaste articular crónico en toda la cadena articular de los miembros superiores. Era una labor propia de las mujeres, en tal caso, se la podría considerar como una enfermedad profesional (El Cairo)
Fig. 6.- (Jaume Vivó). Mujer moliendo el grano. Un gesto que por repetido ocasionaría un gran desgaste articular crónico en toda la cadena articular de los miembros superiores. Era una labor propia de las mujeres, en tal caso, se la podría considerar como una enfermedad profesional (El Cairo).

Del pescador a veces sale la hernia inguinal enorme bajo el borde del ceñidor o por encima de él la umbilical[49] surgidas bajo el recio esfuerzo del jalado de las redes repletas de pescado. O la futura artrosis cervical invalidante de la mujer que transporta sobre su cabeza el pesado cántaro o la canasta cargada de panes, y que aún joven, la rigidez dolorosa aparecerá antes de que las lesiones articulares ya anuncien su presencia. Del tejedor trabajando doblado en el ambiente penumbroso del taller con las rodillas en contacto contra su abdomen. Las largas marchas de los soldados con los pies cubiertos de ampollas y llagados, sin que nadie les dé concesión a la recuperación; las infecciones de éstos serán una dura tortura que los hacía inservibles cuando al final del trayecto afrontaban por fin la batalla (Fig. 7).

Fig. 7.- Foto propiedad del autor. Templo de Deir el Bahari de la reina Hatshepsut
Fig. 7.- Foto propiedad del autor. Templo de Deir el Bahari de la reina Hatshepsut.

Las deformidades físicas que se observan en algunas de estas representaciones, a pesar de las limitaciones expuestas, denotan el interés de proveer al difunto de un universo familiar y realista donde la enfermedad y la imperfección también existían. Y como tales, les concedían al difunto el consuelo y la gratificación al servicio de una mayor verosimilitud con el mundo que había dejado. Eran trabajos rudos que hipotecaban la salud del trabajador el cual apenas podría escapar del destino impuesto por la adversidad azarosa de unos antepasados iletrados y pobres: sus maestros en el oficio. La Sátira de los Oficios tan estimada de los maestros y alumnos del poblado de Deir el Medina es una pizca de seducción del padre que desea que su hijo escape de tan duro destino laboral. Al fin y al cabo nada hay más saludable que el oficio de escribano[50]. Sin embargo, el excelso y bien acreditado puesto de escribano no era una bula contra la enfermedad.

Con frecuencia la representación transmite la sospecha de la enfermedad poliomielíticahecho que se ve claramente en la estela de Roma presente en la Ny Carlsberg Glyptotek de Copenhague[51].


[12] Qué se puede decir de las figuras humanas que adoptan movimientos inverosímiles reñidos con las posturas que la anatomía apenas puede o permite concebir, ¿son el resultado de una dismorfia somática, del mal tratamiento impuesto por el médico, o por la incompetencia artística del inhábil artesano? Otro tanto, sucede con la conocidísima imagen de la reina del Punt, con qué se ha de comparar su aspecto corporal, a una mera obesidad o a la crueldad de una dolencia que tanto le deformaba.
[13] Reeves C, 1984.
[14] En el texto se observa con claridad el determinativo que acompaña al nombre genérico del grupo étnico denotando enfáticamente su pequeño tamaño.
[15] El escrito implica una gran importancia por su valor antropológico porque expresa la diferencia de un extranjero, de una etnia que se define por una estatura desacostumbradamente pequeña en relación con los naturales del país. Los antiguos egipcios aplicaban a estos grupos el término de “dng”; a diferencia del hombre enano sobradamente representado en la iconografía como”nmw” (Shaw Ian, Nicholson Paul, 2004).
[16] Engelbach R, 1938.
[17] Juaneda-Magdalena M, 2003 (http://www.egiptologia.com/content/view/353/41/)
[18] Con ellos conviene citar igualmente a los ejemplos de El Cairo (Jnumhotep y a Djedhor como se ve en su sarcófago a tamaño real; o a la enana de la embarcación de alabastro del tesoro de Tutanjamón; )
[19] Entre algunos de los sobrenombres que recibía el dios menfita Ptah era el de “enano”. Y esta la razón de la frecuencia de sus representaciones de tal guisa con el aspecto de un acondroplásico ya en época antigua. Posteriormente los griegos adoptaron para él la terminología de “Pataikos” (“Pateco”). Son unas figuras muy fáciles de encontraren los museos dedicados a la cultura egipcia; en el de Lisboa hay un ejemplo muy peculiar (MNAe 357) (Egyptian Treasures in Europe, 2000).
[20] Existen y se describen en medicina subgrupos de condrodisplasias entre las que se encuentran los pseudoacondroplásicos. Tal vez Seneb pudiera ser integrado dentro de esta clasificación (Harrison, capítulo 334, p. 2514, Vol. II, 2006).
[21] Juaneda-Magdalena M, , febrero 2003
[22] Junker H, 1941.
[23] “El único que deleita a su Señor todos los días, el enano del Rey, Pernianju de el Gran Palacio” Tal era el nombre del personaje y su dedicación ante su Señor, cuya estatua fue encontrada y publicada por Hawass (1990) en el interior de su Serdab (Hawass Z, 2003).
[24] Junker H, Giza V, 1941.
[25] En este caso se dispone de restos humanos para compararlos con la iconografía y observar las correspondencias.
[26] Ni tan siquiera el estudio reciente del ADN lo ha confirmado (Reeder G, 2005).
[27] Los cráneos de los dos hombres (Jnumnejt y Nejanj ) se compararon con la forma de las cabezas de las figuras viéndose que eran extraordinariamente semejantes con las representaciones iconográficas. Por esta razón se descubrió que durante el enterramiento y durante el etiquetado los responsables habían intercambiado los nombres y equivocado la colocación de las figuras. Y por otra parte, el tamaño de las figuras coincidía con la estatura real de los dos esqueletos, una evidencia en este caso extraordinaria porque uno de ellos tenía un aspecto eunucoide (Reeder G, 2005).
[28] La técnica de reducción de la luxación del hombro en nada se diferencia de la que hace un traumatólogo moderno (método de Kocher) (Hamada and Rida, 1972).
[29] En el Museo de Bruselas hay una imagen muy similar con idénticas características. (Isidro Albert, Malgossa Assumpció, 2003).
[30] Joyce Filer,Cap. 2, pág. 30, 1995.
[31] Butterfield WC, 1976.
[32] Juaneda-Magdalena M, 2007.
[33] Hubo grandes obesos, según parece, entre algunos de los miembros de la dinastía de los Ptolomeos. Se desprende de la información de los filósofos griegos en general y atenienses en particular (Michalopulos A, Tzelepis G, Geroulanos S, 2003).
[24] De la estela funeraria de Nebanj, (Serrano Delgado JM, p. 271).
[35] Infórmese de la Enfermedad de Dercum en el Diccionario terminológico de ciencias médicas, Salvat, 1979.
[36] Ghalioungui P, 1949; 49 (303-316).
[37] Hanning Speke J, 2003.
[38] Juaneda-Magdalena M, 2007. Uno no puede sustraerse de paso del recuerdo de un relato de la conocida Estela del Hambre en la Isla del Sehel cercana al Asuán actual: “Mi corazón tenía una gran pena, porque el Nilo, durante siete años, no había subido a tiempo… Todo lo que había para comer lo había en poca cantidad… El niño lloraba, el joven estaba abatido, los ancianos cuyo corazón estaba triste, se sentaban en tierra, con las piernas dobladas… Incluso los cortesanos pasaban necesidad… (Grimal N, p. 72, 1996).
[39] Lichtheim M, 1997.
[40] En la tumba de Paatenemheb (Saqqara) el músico destaca del resto del grupo musical (Fusch J, 117 (1), 618–623.
[41] Para una mejor comprensión y conocimiento del problema se remite al lector al siguiente artículo: (Juaneda-Magdalena, julio 2003).
[42] En el Museo de Berlín el escultor del faraón Amenhotep, Bek, se representa con una obesidad extrema y con una prominente ginecomastia (D. Giugliano, 24: 836, 2001).
[43] Exámenes posteriores de relieves en tumbas amárnicas muestran el mismo fenotipo (Tumba de Parennefer, Tutu, Ay, Huya, Ahmes, etc.) (Risse GB, 1971).
[44] Como también en gran número de estelas, por citar alguna de ellas, la del grupo del Rey con Nefertiti (ésta con idéntica “anomalía”) y las princesas en el Ägyptisches Museum de Berlín. Del mismo museo hay una estatua de la reina con una acusada “hidrocefalia”. (The Royal Women of Amarna, 1996). Pero aun más relevante es el grupo escultórico de Ajenatón y Nefertiti del Louvre E 15593 (E 22746) donde a ambos se les ve representados sin cambios en el rostro (Les Statues Égyptiennes du Nouvel Empire, Statues Royales et Divines, 2007).
[45] La representación de figuras humanas con un fenotipo mixto sexual no es por supuesto novedosa en la iconografía de los dioses Hapy pero sí lo fue en las que aluden a los faraones; al menos sobre esto no se han encontrado precedentes.
[46] La molienda del grano en las figuras de las mujeres acuclilladas durante años sobrecargaba las articulaciones de las muñecas y del resto de la cadena articular de los miembros superiores.
[47] También recibe la acepción en medicina de espondilosis cuando es la columna la afectada (Diccionario Espasa de Medicina, 1999).
[48] La contractura palmar crónica, también conocida como la enfermedad de Dupuytren (Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas, 1979).
[49] Para una mayor información se invita al lector a que lea la página 107 de P. Ghalioungui, 1983.
[50]Mira, no hay profesión que esté libre de director, excepto el escriba. Él es el jefe..” (Serrano Delgado JM, p. 223, 1993).
[51] Hamada and Rida, 1972.



 
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