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II. La magia y el acto mágico
¿Qué es la magia? Lexa dice que es aquello que tiende a producir un efecto cuya conexión con esta acción subjetivamente no es explicable por la ley de la causalidad. Es decir, la magia no lo es por la ley de la causalidad y entra en contradicción con ella. Frazer, por otra parte la conceptúa como un intento de control directo por el hombre de las fuerzas de la naturaleza en oposición con la religión que reposa sobre la propiciación de estas fuerzas naturales y divinas. Intenta por tanto, en un sentido práctico, sobreponer al hombre ante las dificultades de la vida diaria.
O como dice Hornung, “La magia egipcia es una energía que hace efecto automáticamente y de inmediato y no necesita de un medio especial para su transmisión”. “El dio la orden y surgieron los dioses”, se dice del dios Ra (Himno a Amón; Cairo, 4,2). Por lo tanto, la magia (Heka) se debe a tres poderes benefactores próximos al dios creador y que le acompañan durante su viaje: Sia, la invención planificadora; Hu, la palabra creadora; y en tercer lugar, la magia propiamente. Los tres son entes divinos que acompañan al Sol en su marcha por el cielo diurno y nocturno. De los tres, Heka, únicamente consiguió el derecho a culto y a un sacerdote a él destinado desde época muy antigua[10].
La magia pretende satisfacer los deseos de la vida terrenal, los del Más Allá, comunicándose con los dioses y los difuntos. Los encantamientos podrían ir destinados a la enfermedad en si misma sea a sus promotores (dioses, espíritus). La fuerza de la palabra era un instrumento esencial, una energía creadora, útil para hacer realidad los conceptos y para permitir la continuidad del Universo. En la teología menfita que está escrita en la estela de Shabaca (Museo Británico, 498); del dios Ptah, se dice:
“(…) De acuerdo con esta orden que lo que el corazón piensa, la lengua crea y realiza todas las cosas.”[11]
De hecho el mito de la Creación del mundo reside en la fuerza de las primeras palabras de los dioses demiurgos. Alguien ha dicho, pienso que con bastante acierto que la magia era como “la energía nuclear de las primeras civilizaciones”[12].
En los Textos de los Sarcófagos (CT VI 344b), por otra aparte, el dios primordial, Nun, hace surgir su propio cuerpo por medio de su poder mágico[13].
La magia nace de la creencia en fuerzas misteriosas sobre las que el hombre puede actuar. Estas fuerzas lo unen a su vez con el entorno real y con el reino de lo desconocido. La magia suponía como atributo principal el traspaso de la forma, la esencia, la propiedad o la cualidad de una materia a otra. Con la historia o el mito con el que estuviera relacionado, se le atribuiría al remedio una acción curativa siguiendo el principio de “similia similibus” (La ley de las Similitudes)[14]. Así pues, las propiedades curativas pasarían por transmisión (Transferencia) al destinatario. Por lo cual, la preparación de un remedio extraído de un animal supondría al enfermo aportarle las virtudes que lo adornasen; El resultado es la Magia simpática porque por ella el oficiante transmite nunca crea las propiedades ya existentes, las confiere[15].
La escritura de un nombre[16] implica la totalidad del individuo; leerlo es hacerlo vivir. Dibujar un objeto un ser o parte de él, significaría que una parte o un todo de su personalidad sería igual al modelo auténtico. Así mismo, la invocación de un nombre de una persona difunta era hacerlo aparecer porque el nombre da vida y la repetición de los nombres del muerto por la boca de los vivos asegura su supervivencia[17]. Tan importante es el conocimiento del nombre que cuando un deudo, familiar del difunto, o un sacerdote funerario leía las ofrendas escritas en la tumba, realizaba un acto de magia mediante el cual se conseguía los alimentos para el difunto, aunque éstas ya no estuvieran presentes desde hacía siglos. Un acto de magia era también el borrado de un nombre, se podría prescindir de su invocación, basta con que no estuviera escrito. El nombre que la madre impone al niño al nacer en cierto modo es un acto mágico proveedor de virtudes que le acompañará hasta su muerte física; ya se encargarán sus descendientes de pronunciarlo. Magia es la interrupción de un signo de escritura para evitar que el objeto o el animal que la conforma cobre vida. Magia es cuando el difunto o “justificado de voz” relata ante el tribunal de Osiris su confesión negativa. Cuando el exorcista intenta saber qué demonio habita en el cuerpo del poseído necesita primero conocer el nombre del maligno que lo posee.
Para la magia también supone importante la continuidad del hecho mágico. Una vez realizado sus efectos continuarán por siempre.
[10] Hornung, pp. 75 y 193.
[11] Lichtheim M, Vol. I, p. 55.
[12] Allen JP, Genesis in Egypt. The Philosophy of Ancient Egyptian Creation Accounts (New Haven, Connecticut, 198) Op cit por David R, 2004.
[13] Hornung E, p. 193, 1999.
[14] Esta ley afirma también que dos acontecimientos que se dieron unidos permanecerán unidos para siempre.
[15] Leca, 1988.
[16] De ahí la importancia del nombre del nacimiento que ponía la madre y su relación con el nombre de la divinidad que llevase el destinatario.
[17] En el papiro de Turín la astuta Isis no pretende otra cosa que conocer los nombres secretos de Ra (Ghalioungui P, pp. 6-7,1973). Este relato mítico que se encuentra en otro papiro de la XIX dinastía, Isis la Maga, la “rica en sortilegios”, que conoce todos los secretos de la Creación menos el nombre de Ra, después de haberle hecho enfermar por la ponzoña de la serpiente que ha creado para sonsacárselo, advierte al dios que la única forma de verse sano es bajo la condición de que se lo diga: (…) Porque un hombre vive, si es llamado por su nombre. (Hornung E, p. 84).
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