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Una inscripción en un muro de un monumento funerario cegado por los cascotes fue definitiva. El arqueólogo José Manuel Galán, con la respiración entrecortada a causa del polvo y la humedad, supo que iba a seguir el rastro de Djehuty, el dignatario que sirvió a la reina Hatsepsut, según rezaba el jeroglífico. Siete años después, ha cerrado la tumba en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en Luxor, y se ha despedido de Alí Faruk, su capataz. Hasta el próximo invierno, cuando se reanuden los trabajos que se han interrumpido justo ante la puerta de la cámara funeraria del servidor del faraón rey, según se hacía llamar Hatsepsut.
"Que mi recuerdo perdure sobre la tierra y mi ba alma pueda vivir delante del señor de la eternidad", ruega la inscripción, que describe a Djehuty como "el noble, el líder, el que dice yo soy el jefe que pone las reglas". El dignatario que vivió en torno a 1.500 años antes de Cristo fue guardián del tesoro real, controlaba a los artesanos que construían obeliscos y a los que hacían espléndidos collares y amuletos.
Galán es precisamente filólogo de formación, primero en la Universidad Complutense de Madrid, luego durante seis años en la John Hopkins de Baltimore (EEUU) y finalmente en Tubinga (Alemania). Especialista en ugarítico (lengua semítica procedente del fenicio) y en acadio, ingresó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y tiene publicados varios libros sobre jeroglíficos y literatura egipcia, ya que es experto en cuentos antiguos.
"Lo mío es leer jeroglíficos", confiesa desde Baltimore, donde disfruta en la John Hopkins de una nueva beca de investigación que ha interrumpido para excavar en Luxor durante dos meses. Cuando todo hacía suponer que sería toda una autoridad en investigaciones de biblioteca, decidió dar un giro a su currículo. "Tenía la necesidad de tener mi propio proyecto y que además sirviera a impulsar la egiptología española", explica.
Un acto de osadía
En noviembre del 2000 visitó por primera vez el monumento funerario de Djehuty y de Hery a propuesta del servicio de antigüedades egipcias. Conocida ya desde los tiempos de Champollion, la tumba jamás se había excavado. "La razón es que había agujeros por donde se colaban los escombros y otros arqueólogos se habían echado para atrás. Pero a mí me gustó el hecho de que las tumbas estuvieran decoradas con inscripciones y pensé que eran perfectas para mí. Por pura osadía no me asustaron los escombros" , afirma.
La primera campaña tuvo lugar en el 2000. El monumento funerario, que consta de varias cámaras, tuvo que apuntalarse a fondo y el equipo --que cuenta con el patrocinio de Telefónica y Caja Madrid-- tuvo que contratar a un centenar de obreros para el desescombro. Y la sensación "fue impresionante". "A través de la vida de Djehuty que se sigue en sus inscripciones biográficas se puede reconstruir la vida del Imperio Nuevo", recuerda.
Tras dos años perforando bajo el suelo, el equipo ha podido excavar un pozo funerario de ocho metros que conduce a la cámara donde --en teoría-- está la tumba del dignatario. Galán posee la prudencia del cientí-
fico y no aventura nada. Pero si los escombros no han dañado la cámara y se termina a tiempo un buen sistema de ventilación, en el 2009 podría anunciarse el hallazgo de una tumba inviolada, la de Djehuty.
Mientras, la cosecha anual de la investigación no es en absoluto desdeñable. En el Museo de Luxor se exhibe la Tabla del Aprendiz, que apareció en el 2004, durante la tercera campaña. Galán habla con emoción de esta especie de pizarra donde un maestro enseñaba a dibujar y a escribir el Libro de Kemit, una especie de Catón para escribas, a su alumno. La tabla contiene el primer retrato hallado hasta ahora de un faraón de frente y no de perfil, datado hacia el 1450 antes de Cristo.
Hasta el momento han aparecido diversos enterramientos. El último, el del guerrero Iqer, que fue enterrado con sus flechas y que data de unos 500 años antes de que viniera al mundo Djehuty. Las tumbas en Egipto fueron profusamente reutilizadas. "Y en esta tumba lo mejor que nos puede pasar es que se haya librado de los ladrones de tumbas modernos, que se lo llevan todo", precisa Galán.
Paella con amigos
El equipo, unos 17 especialistas, se aloja en un pequeño hotel, El Marsam, tras los colosos de Memnón. La jornada de excavación se prolonga de siete de la mañana a tres de la tarde seis días a la semana. No es fácil trabajar con mascarilla o incluso con rodilleras para que las piedras no destrocen las piel. Las tardes se dedican a tareas de laboratorio o, en el caso de Galán, a escribir su diario de excavación.
Hay tiempo también para compartir una inmensa paella regada con cerveza egipcia con amigos como Alí Faruk, una institución entre las dinastías de capataces de arqueólogos en Luxor. O para asistir a la fiesta del 16° cumpleaños de Mohamed Bolbol, que ha ascendido de chico repartidor de té a extractor de escombros y que probablemente presenciará los trabajos finales de excavación y la apertura al público de la tumba del noble Djehuty, el guardián del tesoro.
Fuente: El Periódico
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma
=CAS&idnoticia_PK=487991&idseccio_PK=1021&h=080302
Reseña: Manuel Crenes
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