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Y vimos templos, necrópolis, el maravilloso Valle de los Reyes, las magníficas tumbas de los grandes faraones de la XVIII dinastía. También pudimos ver a nuestra manera, el lamentable espectáculo de circo en que se ha convertido la tumba de Tutankhamon. ¡Realmente penoso! lo que el Consejo Supremo de Antigüedades Egipcias ha hecho con el joven faraón muerto en extrañas circunstancias. Parece que a lo largo de la Historia hay personajes que no tienen una vida fácil y plena, y mucho menos una muerte y un descanso en paz.
También pudimos conocer el desarrollo y construcción de las pirámides, desde las pequeñas mastabas de la III dinastía, pasando por la espectacular pirámide escalonada de Saqqara, para terminar una mañana de calor agobiante sentados en el suelo delante de la Gran Pirámide, sin dejar de admirar antes ¡cómo no! el increíble proceso constructivo de Snefru.
Un amanecer, muy temprano, nos encontramos cara a cara con Ramses II en Abu Simbel. Cómo explicar a personas ciegas que no han visto nunca que las estatuas miden veinte metros de alto. Las personas ciegas, seamos de nacimiento o no, debemos siempre encontrar alternativas a nuestra falta de visión. En Abu Simbel recurrimos a la cabeza de Ramsés que se encuentra caída en el suelo. Nosotros nunca olvidamos quiénes somos y cómo somos, y esto nos bastó.
Podríamos seguir así templo por templo, pirámide por pirámide, necrópolis por necrópolis, pero entonces esto se convertiría en una explicación de un ciego a otros ciegos y ahora no se trata de eso. Queremos con estas líneas explicar lo que fue nuestro viaje, sin olvidar, eso sí, nuestras especiales características.
Nos sentimos atraídos, ¡cómo no hacerlo!, por la magia del Nilo. Son ya muchas las veces que he navegado por sus aguas milenarias, tanto cuando podía ver como ahora que las circunstancias de la vida me lo impiden. Ninguno de mis compañeros había estado antes en el río, y todos, absolutamente todos, quedaron impregnados de su magia, esa magia tan especial que sólo el Nilo tiene.
El calor y la aridez del Valle de los Reyes nos golpearon en la cara una mañana. Pero, ¡qué maravillosa sensación al bajar por las galerías de las tumbas!, ¡qué intensa emoción poder tocar con nuestras manos, al fin y al cabo son nuestros ojos, los relieves de las paredes! Era fácil imaginar la dureza del trabajo hace miles de años en la oscuridad de aquellas tumbas, con decenas de trabajadores creando la que sería la casa inmortal del faraón, su rey y señor. Poder tocar los sarcófagos dentro de las propias tumbas fue especialmente emocionante y no se pareció en nada a la sensación que tuvimos al tocar sarcófagos parecidos en el Museo de El Cairo, cuyo ajetreado desorden y espléndida locura nos asustó al principio, pero después nos cautivo; y ya que estábamos allí y por aquello que decíamos antes, que nuestras manos son nuestros ojos, pues aprovechamos para hacerle un poco de limpieza.
Otra mañana la Esfinge nos atrajo con su irresistible fuerza y misterio. Las lágrimas de emoción de alguno de mis compañeros al poder sentir la inmensidad de la gran galería de la pirámide de Keops y notar la perfección de sus juntas así como la gran sala del sarcófago, hicieron que alguien ya veterano en esto de la Egiptología también se le humedecieran los ojos.
Todo daba igual, nos quemamos las manos al explorar el fabuloso halcón de Medinet Habu. Solemos protestar por tener que madrugar para trabajar todos los días, pero a las dos de la mañana unos minutos antes de partir para Abu Simbel todo eran risas y jolgorio. El intenso y a veces insoportable calor se convertía en una ligera brisa al llegar al barco y refrescarnos con una cerveza bien fría. Las estrechas galerías de las pirámides se convirtieron en amplias avenidas al llegar a la cámara del sarcófago en cualquiera de las pirámides que visitamos.
Por supuesto que también nos dejamos nuestros ahorros en cualquiera de los zocos y bazares que hay a lo largo del Nilo. Disfrutamos de la gastronomía, de la música, de las tertulias al anochecer en la cubierta del barco. Pero sobre todo pudimos ver, a nuestra manera eso sí, algunos con nuestras manos y nuestra imaginación, otros con la ayuda de aparatos adecuados para personas con baja visión.
Atrás quedaron para Javier y Manuel un año de intenso trabajo, líos burocráticos, dificultades para conseguir permisos, miedos a que alguien se perdiera o se pusiera enfermo. Nada de eso pasó. Doce días después, sentados en el avión que nos traía de vuelta a Palma, los organizadores de este viaje nos sentimos plenamente satisfechos de nuestro trabajo. ¡Lo habíamos conseguido! Ayer lo pudimos comprobar, al organizar una cena coloquio en la ONCE cuyo tema era Egipto. Los conferenciantes fuimos Javier Navarrro y Manuel Sanjuán. El interés con que nos escucharon, los abrazos y besos de los compañeros que hicimos el viaje, hacen que pensemos que fue un viaje inolvidable.
No quiero terminar sin dar las gracias a todas las personas y organismos que nos han prestado su colaboración; son tantos que sería una lista muy larga, pero tened presente que sabemos que sin vuestra ayuda este viaje no hubiera sido posible. |