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Mito, magia, observación y experiencia: los fundamentos de la enfermedad en el Antiguo Egipto Imprimir E-Mail
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Sección de Medicina
Escrito por Manuel Juaneda Magdalena   
Publicado el miércoles, 20 de marzo de 2002
Modificado el sábado, 30 de septiembre de 2006
Índice del Artículo
Mito, magia, observación y experiencia: los fundamentos de la enfermedad en el Antiguo Egipto
Página 02 - Continuación del Artículo
Página 03 - Bibliografía

Las aguas del Nilo - residuos de las primordiales - llevaban en su esencia los principios constituyentes de toda la totalidad de la Creación. E igual que el campesino cuando deposita el trigo en la tierra no es él quien la fecunda, sino la semilla que los reúne porque aquéllos ya estaban desde el principio de los tiempos en el seno de las aguas primitivas. La sangre pues, en condiciones "fisiológicas", debe cumplir igualmente con la facultad de atar, hilvanar o suturar los elementos constituyentes del organismo, sino de lo contrario, se produciría la consecuencia inversa: la desunión, la fragmentación; en definitiva: la enfermedad.

Y aquello que une, en condiciones "patológicas"se convierte en un demonio que descompone, desmorona, como el cadáver cuando inicia la licuefacción antes de su cambio en putrílago y antes de que inicie los momentos de la desmembración. Es ella también quien se encarga de reunir en el ambiente materno, la esencia material fértil de la embarazada con la simiente procedente del hueso del varón, con el contubernio del dios Jnum que bendice su catálisis.

¿Acaso estos seres ominosos, impuros, no procedían de lo más recóndito del ser humano, del interior de sus propias entrañas liberándolos mezclados con sus propias inmundicias?. Quienes moraban entre la inmundicia y salían de ella - pensarían - debían ser las consecuencias de la descomposición del o de los alimentos retenidos por los excesos de la buena mesa o por otras interferencias extrañas que los dotaban de alma.

El mismo Herodoto (II, 77) y Diodoro(I, 82) en sus escritos recordaban que el egipcio era un hombre muy dado a purgarse con ricino o a introducirse enemas purificadores periódicamente durante los tres días consecutivos de cada mes. (5)

Se ha hablado y polemizado largamente sobre el sentido del "haty" e "Ib". La vaguedad, la ambigüedad, son conceptos con los que, al parecer, se han definido ambos términos desde las versiones del Grundriss a Lefebvre(5). Las tendencias últimas tienden a considerar con elocuente cercanía con la interpretación literal de los textos, unas diferencias sustanciales con los autores citados (4).

Aunque tradicionalmente se encuentra una cómoda sinonimia, actualmente, Bardinet, Vycichl con sentido común, animan a la aceptación para "haty" de músculo cardiaco, en el concepto más visceral(muscular) del término, pues es él, el que ejerce las funciones mecánicas de sístole-diástole de bombeo y aspiración de la sangre y del soplo vital satisfactoriamente, y porqué no, en perjuicio del sujeto, en cuanto ayudaría a la diseminación de todos los elementos patógenos (nocivos), coadyuvando a la distribución de la enfermedad misma por la totalidad del cuerpo.

"Ib", sería entonces, el equivalente a lo que está en el interior del hombre, la compleja red de comunicaciones de conductos y órganos internos formando todo un compendio bien estructurado: el relleno visceral(esplácnico) alojado en el espacio toracoabdominal; vasos sanguíneos, linfáticos, conducto torácico, tráquea, pulmones, intestinos, uréteres, vejiga de la orina, vesículas seminales, vías biliares... Pero tampoco el "corazón-haty" debía quedar marginado porque estaba incluido en su interior, y participaba con él del dipolo anatomofuncional hasta el extremo de estar sometido a su gobierno.

Mito, magia, observación y experiencia: los fundamentos de la enfermedad en el Antiguo Egipto

En el interior(Ib) se establecían conceptos tan fundamentales como la vida y la muerte porque cuando hablamos que el interior(Ib) se reafirma, se debilita, o desaparece es que estamos explicando el concepto de salud, enfermedad o incluso la muerte misma. Y tanto es así, porque en él se manifestaba el milagro de la fuerza vital por lo que tiene de biológica pero también por lo que tiene de divina, pues tal es el lugar donde se juntan los soplos vitales y los líquidos mantenedores del ser.

Coherentemente el rito de la momificación de las vísceras no tendría otro sentido que el de mantener íntegros las partes más señaladas del interior(Ib) para que sigan cumpliendo con su función "fisiológica", y por ende mágica, (cardiocirculatoria, respiratoria y digestiva); restaurando y proveyendo a perpetuidad al difunto, del salutífero nuevo flujo vital auspiciado por los hijos de Horus, con la justificación de curarlo de la enfermedad, de la muerte real que no guarda relación con la biológica.

Otras enfermedades de índole interna se explicaban también a causa de los desórdenes establecidos en las relaciones entre el interior(Ib)- visceral y en el corazón- haty. El predominio jerárquico del "Ib" sobre el corazón- haty(como ya se dijo) establecía la norma "fisiológica" que se rompía cuando éste no respondía a las demandas de aquél o bien cuando el Ib- interior sufría un trastorno global. En el asombroso párrafo con que se inicia el "Tratado del corazón" del papiro de Ebers 854 y su variante del caso Nº 1 del papiro de Smith (similar al de Ebers), se desvela el secreto escondido celosamente revelado únicamente ante los ojos de aquellos iniciados (El libro de los Secretos del médico). (4)

Se trata de un intento extraordinariamente logrado de descripción "fisiológica" en el terreno de la "cardiología" adornado con un lenguaje altamente poético. La certidumbre de como el corazón hablaba onomatopéyicamente en aquellos puntos extremos del cuerpo, y que solo la habilidad del médico sabía buscar mediante la palpación con sus dedos, debió colmar el ánimo y el orgullo de la medicina egipcia de la época. Supone pues, la constatación de un hecho evidente basado en la observación hacia lo más profundo del interior del cuerpo humano: la fuente de vida; donde la conciencia, donde los sentimientos, donde el pensamiento, donde las emociones y la rectitud, tenían la sede. A través del latido en cualquier parte o lugar de la economía humana se valoraban las oscilaciones del carácter humano y todo lo que albergaba de divino. Una idea que sobrevuela allende del reino de la fisiología.

"Cuando todo médico, todo sacerdote de Sejmet o todo mago aplica su mano y sus dedos sobre la cabeza, sobre el occipucio, sobre las manos, sobre el lugar del corazón, los brazos y los pies; es el corazón el que examina, pues todos los miembros tienen sus vasos y el corazón habla en los vasos de cada parte del cuerpo" (Eb.854a). (4)

Sería aventurado deducir que el médico egipcio tuviera conceptos avanzados de la anatomía y fisiología humana. No obstante, él diseñó un original trazado anatómico probablemente basado en la especulación y en la observación en grado sumo. Fue el verdadero antecesor que influyó en las escuelas grecorromanas(Cnido, Cos) y en el medioevo(Avicena), y posteriormente en el descubrimiento definitivo del español Miguel Servet(Sig. XVI) y de W. Harvey(Sig. XVII) del Sistema circulatorio humano.

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La "fisiopatología" vivió y se desarrolló en circunstancias paralelas. El concepto de un ente autónomo patógeno, provisto del hálito vital de procedencia exógena o endógena cualquiera que fuere su principio, sirvió para descifrar el porqué y el cómo de las enfermedades de ámbito interno. Un intento muy práctico que nos recuerda aunque torpemente, que las enfermedades podrían acontecer por un estado de posesión promovido por materias orgánicas contenidas largamente en el interior, y que una vez descompuestas se metamorfoseaban en vermes; a ello posiblemente ayudó la extremada incidencia de enfermedades parasitarias que por extrapolación inspiraron imágenes parejas. La observación en las materias fecales de helmintiasis, abundantes hasta el hartazgo, debió repeler hasta la náusea los estómagos de los antiguos habitantes del Nilo. Éstas observaciones influyeron enormemente en las escuelas médicas de Hipócrates, Celso y Galeno hasta casi nuestros días.

Se han hecho ímprobos esfuerzos en congeniar la identidad de las enfermedades descritas en los papiros médicos con las de la medicina contemporánea. Evidentemente no deja de ser un derroche de energía muchas veces inútil cuando no banal. Los médicos egipcios describían las enfermedades en sintonía con un sentido sintomatológico plenamente desarrollado, siguiendo una descripción prolija del detalle sindrómico, y de la enumeración del principio causal que lo desencadenaba. ¿Sería un craso error crear similitudes o paralelismos entre nuestros conceptos anatómicos y fisiológicos y los de ellos?. ¿Cómo sino interpretaban la enfermedad? Merece la pena detenerse en comentar el párrafo que a continuación sigue:

"Cuando un cólera se desarrolla dentro del corazón-Haty es por una torsión de los conductos-met hasta los límites de la tráquea-pulmones y del hígado. En consecuencia, el hombre está sordo porque sus conductos-met están hundidos a causa de que la torsión los calienta." (Eb.855d) (4)

El aire es el vehículo que el sonido usa para su transporte y el corazón-haty lo impulsa- tal como hemos dicho- a todo el interior visceral(Ib) donde ha de llegar para que el hombre pueda escucharlo. Pero cuando el corazón lo busca con avidez en su beneficio restándolo de los conductos-met, todos los lugares del cuerpo se resienten de debilidad; la boca permanece muda y en su endeblez no podrá abrirse; la sordera haría acto de presencia y los sonidos jamás entrarán en lo más recóndito de aquel lugar donde mora el entendimiento, la percepción. Realmente una teoría genialmente bien elaborada para interpretar la sordomudez.

¿Sería pertinente ante la lectura de este sencillo texto, auténtica descripción, paradigma de la noción "fisiopatológica" a la egipcia del origen de la sordera(Acusia), establecer paralelismos con las teorías modernas culpables de la misma? Evidentemente, el sentido común es elocuente. La elección de un texto tan sencillo y elegido sin sesgo, permite expresar la inconveniencia de identificarlo con alguno de los tipos de sordera definidas por nuestros médicos contemporáneos. Así mismo, se podrían hacer idénticos juegos comparativos considerando que sus conjeturas, irían por senderos obligadamente y probablemente divergentes con nuestros conceptos modernos de la enfermedad.

El poder genésico de la palabra procedente de las épocas primigenias fue otorgado a los hombres por los dioses. Mediante el exordio, la entonación monótona o exaltada, recitada o musical, también con la recitación, se imploraría el remedio o el amparo del médico ante la divinidad como preámbulo de un tratamiento. Era pertinente y profiláctico adquirir la protección de la magia para quien iba a codearse con el mal, y el médico, podría verse "contaminado" por efluvios nefastos. Así que muchas veces debía recitar esta plegaria:

"O Isis Gran Maga liberarme, desátame de toda cosa maligna y roja causada por un dios por una diosa un muerto una muerta un hombre una mujer que venga en mi contra..." (Eb.2)

Con el conocimiento del nombre secreto, o en ocasiones cómo no, con la amenaza o con la disuasión, se lograba repudiar los elementos productores del desorden orgánico o psíquico. Pero a la palabra íntimamente se le unía la magia. Los papiros de Turín y Londres nos legaron la fascinante narración de un cuento mítico de cómo la Gran Maga, la diosa Isis, sanó a RA de la decrepitud y la senilidad que le atormentaba, al serle confiado el conocimiento del nombre secreto del dios. Sólo después de habilidosas artimañas, la diosa, logrará el alivio de los ardores que le acosaban.

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"Solo Isis, la rica en sortilegios, puede liberarle de este sufrimiento; ella conoce el eficaz encantamiento de las serpientes, pero exige antes conocer el nombre del dios, porque un hombre vive, si es llamado por su nombre". (Hornung)(1).

Así pues, el rito, la palabra, la magia, fuertemente se engarzan al fin de mutuo acuerdo para renovar y devolver al Osiris la parte interior-IB que en su día le fuera arrebatada por su hermano Seth, y que ahora, se otorgará póstumamente a su hijo Horus quien más tarde lo donará a sus nietos(Imset, Hapi, Duamutef y Kebehsenuf). De idéntica forma que la Magia y la Palabra acompañan a RA en la barca solar; el médico empareja el arte y la ciencia de la curación aprehendida al socaire de la experiencia y la tradición, añadiendo a la palabra creadora, su instrumento: la magia, y como tal la inmediatez; y el deseo final del tratamiento: la curación. Y así se afianzan juntas en el acto de la curación querido por el médico y deseado por el doliente para que el "milagro" se ejecute al instante.

"Él dio la orden y surgieron los dioses". Dice el "Himno a Amón" de El Cairo(4,2).

En la misma línea argumental hacemos referencia a este tratamiento:

"Otro remedio para las sustancias malignas que causan a la ceguera: ojos de cerdo cuya agua a ha sido quitada; galena auténtica: 1; miel fermentada, 1. Será triturado finamente y preparado en una masa, después echado en el oído del hombre hasta que esté perfectamente curado. ¡Haz esto y verás qué eficaz es!. Entonces dirás como fórmula mágica:

"He traído esto que ha sido puesto en el lugar de eso de manera que la parte débil ha sido cambiada con la parte agresiva". (P.Vernus; Eb. 356)

La interpretación de este texto tan curioso y un tanto absurdo(*) afianza aún más la base mitológica de la enfermedad en el Antiguo Egipto. Para ello encontramos la necesidad de rescatar del recuerdo el famoso pasaje del papiro de Chester-Beatty Nº 1 siguiendo los pasos de Sauneron(4). Se relata el episodio de la venganza de Horus contra su tío Seth, cuando después de haber sido sodomizado por éste, en un destello de ingenio inspirado por su madre Isis, conociendo su afición desmedida por las lechugas, hace que aquél degluta su semen mezclándolo con ellas quedando- ¡embarazado! - del dios Thot(según una de las versiones).

(*) Sorprenderá la existencia de una comunicación entre ojo y oído tal como describía el escriba egipcio. Invito al lector a que pose sus pulpejos sobre las sienes; al momento apreciará los latidos de la arteria temporal que se dirige hacia la región orbitaria. Probablemente - en mi opinión - el trayecto de la arteria se correspondería con uno de los "metu", donde iría el tratamiento prescrito.

La interelación mágica entre los dioses Thot y Horus como dioses que protegen la salud de los ojos es bien antigua y viene testimoniada por numerosos cuentos y leyendas que la avala. Thot es al fin y al cabo, el encargado de restaurar la integridad del ojo de Horus. En el libro de los Muertos los capítulos 17 y 112 se describen las luchas feroces habidas entre tío y sobrino y la curación del órgano herido a consecuencia de la batalla(6):

"He reconstituido el Ojo(divino) después de que se hubo apagado en el día de la lucha de los Dos Compañeros.

¿Qué significa eso? Se trata del día en que Horus combatió contra Seth, cuando éste arrojó inmundicias a la cara de Horus y cuando Horus destruyó los testículos de Seth. Sin embargo, Toth con sus dedos lo curó" (capítulo 17)

La fuerza del ojo sethiano, y el cerdo negro lo es por razones de mito, compensaría la debilidad ocular. Y así debe hacerse en tanto que ésta propiedad potenciaría el tratamiento farmacológico "ad hoc" preciso al fin de paliar con un efecto sumativo los síntomas de la enfermedad. Una vez más la realidad del síndrome se aúna con el Mito y la Leyenda.

(...)Fue Ra quien le dio (la ciudad) como indemnización por la herida que había sufrido su Ojo, tras lo cual Ra le había dicho a Horus:
-¡Déjame ver qué ha ocurrido a en tu Ojo hoy!
Lo miró y entonces Ra dijo a Horus:
-¡Echa una mirada sobre ese cerdo negro! (...)

(Capítulo 112) (6)

No es difícil, muy al contrario, hallar tratamientos en las que la porción mágica se mixtura con la intrínsecamente terapéutica. Es aquí donde reside el error enraizado en nuestra cultura grecolatina de considerar el gesto o el arte de la curación como partes perfectamente separables de la fuerza de la magia.

¿Estamos alienando inconscientemente la realidad del pensamiento egipcio cuando defiende qué la verdadera acción terapéutica nunca tendría sentido sin el auxilio y la potencia creadora y totalizadora de la magia: su verdadera amalgama? De hecho, el papiro quirúrgico de Edwin Smith no deja de ser(casi) un extraño oasis de ausencia de fórmulas mágicas, ¿un espejismo de orden y de racionalidad? ¿Es el cumplimiento del deseo de lo que nos gustaría encontrar en el futuro, esto es la descripción sistemática de las enfermedades?. No nos debe extrañar por tanto que la relación lógica de causalidad entre el trauma y su resultado: la fractura, es tan evidente, que el médico no necesitaría del concurso de explicaciones recónditas o ignotas de seres asequibles únicamente por la imaginación. Entonces la perspectiva mágica necesariamente- y sin sorpresas- ha de estar relegada a la última página del papiro quirúrgico, casi desapercibida, cómo así es y es menester que así sea, porque el práctico no necesitaría de su concurso; le bastaría con su habilidad cultivada, repetida, ensayada hasta el dominio, y hasta el agotamiento sabiendo que la práctica y el transporte generacional de conocimientos era la idónea.

Mito, magia, observación y experiencia: los fundamentos de la enfermedad en el Antiguo Egipto

El papiro de E. Smith paradigma de la sistematización "cuasi" moderna de la visión artesanal y práctica de la medicina de todos los tiempos, nos apoya en uno de sus 48 casos(desafortunadamente incompleto) y curiosamente el último de la serie. No desmerecería ni un ápice la honra de verse incluido en un actualizado tratado de patología quirúrgica, tanto por la consideración de su terminología y el preclaro sentido con que plantea el diagnóstico, como por el pronóstico y el tratamiento; el cual de forma misteriosa el escriba dejó inconcluso permitiendo especular al traductor, la posibilidad de una interrupción repentina por alguna llamada urgente de un enfermo.

Caso 48: Un esguince en la columna vertebral.

"Si tu examinas a un hombre que tenga un esguince en una vértebra de su columna vertebral, tú deberás decirle: - extiende ahora tus piernas y flexiónalas de nuevo - Cuando él las extienda inmediatamente las contraerá a causa del dolor en la vértebra de la columna vertebral."

"Entonces tú dirás un hombre que tiene un esguince en una vértebra de su columna vertebral. Una enfermedad que yo trataré".

"tú deberás colocarle echado sobre su espalda, después tu deberás hacerle..."

El escriba se interrumpe repentinamente. (7)

Huyendo de nuestros prejuicios científicos, abriendo nuestras almas a los modelos de la enfermedad tal como eran interpretados por los antiguos; es decir, enmarcados con la Magia, el Mito y la Creación(fenómenos intangibles), e iluminados con la experiencia extraída de la observación de la física humana y animal (fenómenos ponderables); el modelo seguido por el médico egipcio, no dejará de tener una gran coherencia incluso para nuestra mentalidad. Con todos estos ingredientes seremos capaces de acercarnos ya no sólo a la enfermedad sino también al mundo cultural que desarrollaron. Los médicos egipcios, de este modo, edificaron un sistema fisiopatológico, cómodo, práctico y sobretodo capaz; el cual sirvió para corregir sus dudas, solucionar sus enigmas, y aliviar los estigmas del sufrimiento que mostraban sus semejantes otorgando gracias también a la fuerte carga de empirismo, soluciones eficaces a problemas de índole algo más que sencillas.



 
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