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Si los expertos médicos están en lo cierto y parece que es así, Akhenaton padecía el Síndrome Adiposo-Genital de Babinski-Froehlich[8] que, entre otros trastornos, causa esterilidad, impotencia y atrofia de los órganos genitales así como, en según que casos, acromegalia[9]. Eminentes egiptólogos como, Mariette, dice que fue un castrado; Aldred, asegura que no fue padre; Lefebvre, lo tilda de travesti y Corteggiani es más tajante todavía diciendo que fue, místico o débil; rey embriagado de Dios o un degenerado; hombre de gineceo; iluminado o minado por la enfermedad e incluso dice que, le hubiese gustado ser mujer. Nadie acepta que fuese una persona normal.
Entonces, Akhenaton no pudo engendrar las seis hijas que tuvo su amadísima Nefertiti [Harris & Hussein,1988] y [Aldred,1988]. Su suegro (de ella), Amenofis III, fue padre de varias hijas y podría haber sido la única respuesta razonable, para los deseos de la real pareja (Akhenaton+Nefertiti), de tener descendencia. La importancia dada a la feminidad podría ser una faceta más de la ideología de Akhenaton. La composición de la familia real amárnica es de por sí digna de atención; aparte de Akhenaton, el resto fueron todo mujeres [B.J.Kemp,1992].
Escenas que representan a Amenofis III como un corpulento hombre ya maduro, fueron encontradas en Tell el-Amarna cuando la joven pareja real aún no residía allí. Su traslado a la nueva capital de Egipto, Akhetatón (hoy el-Amarna), se realizó el año 6º del reinado de Akhenaton. Es posible por tanto, como sugirió Aldred, que ésta y otras esculturas indican que el faraón Amenofis III aún vivía en ese tiempo [Aldred,1988]. Aceptando esta tesis, el faraón Amenofis III, podría haber sido el padre de las seis hijas de su nuera Nefertiti y por este motivo, partidario e impulsor del liderazgo de Nefertiti, ante la enfermedad y deformidades de su hijo Akhenaton. También es posible que Nefertiti, se arrogara poderes políticos y religiosos ante la enfermedad de su esposo. Otros investigadores han razonado que, se pudo producir un cambio de nombre por parte de Nefertiti y que de ahí surgiera el nombre de Smenkhkaré, cuya existencia es cada vez más discutida [Sampson,1985].
Es muy significativo y esto corrobora la primera hipótesis que, al morir Amenofis III vemos como gradualmente Nefertiti fue perdiendo poder o cediéndoselo a su hija mayor Meritatón, cuya presencia en los actos públicos y en las inscripciones se incrementa, siendo muy probable que llegase a ser la nueva favorita de su padre.
Existe una representación de la princesa real Meritatón, que se encuentra en el Museo de El Cairo; en esta obra del arte amárnico en alabastro, se nos muestra la belleza heredada de su augusta madre. Otra posibilidad, ante ese alejamiento de la vida pública de Nefertiti, es que enfermara y perdiera la vista a una mediana edad. La ceguera, es el resultado de aquellos que miran directamente al sol en numerosas ocasiones; pero en cualquier caso, es seguro que sus días de mayor gloria fueron en su juventud. El famosísimo busto de Nefertiti del Museo Egipcio de Berlín, también parece apoyar esta hipótesis; su ojo izquierdo está en blanco. ¿No fue pintado? ¿Su busto está inacabado? ¿Padecía un glaucoma[10]? ¿Estaba ciega?
Recientes investigaciones [Harris,1989], realizadas en la momia real encontrada en la tumba Nº 55 de El Valle de los Reyes, parecen confirmar que, otro joven de la realeza, presumiblemente un hermano de Tutankhamon, precedió a este faraón en el trono de Egipto. Esta tumba continúa siendo todavía un apasionante problema, hasta ahora indescifrable.
Otra mujer importante en la historia egipcia fue la reina Tawosret, Gran Esposa Real del faraón Seti II (1200-1194 a.J.C.) y tal vez también su hermana. Al morir Seti II, le sucedió el príncipe real Siptah (hijo de Seti II y de la Esposa Real Tiaa) que, aquejado de parálisis infantil, reinó sólo unos 6 años, muriendo aproximadamente a los 20 años de edad, soltero y sin hijos.
Fue entonces cuando la reina viuda Tawosret, se apropió del poder y gobernó Egipto durante unos 2 años como reina-faraón, terminando con ella la XIX Dinastía.
Durante el 3º Período Intermedio, los faraones de las XXI, XXII y XXIII dinastías gobernaban desde el norte, pero tenían necesidad de tener representantes familiares de plena confianza en el sur que, políticamente hablando, era independiente bajo los sumos sacerdotes de Amón. Durante este período que comentamos, los faraones del norte delegaron frecuentemente en sus hijas la representación de su intereses en el sur del país. Así vemos como princesas reales se casaban con los sumos sacerdotes tebanos y se convertían en sacerdotisas-jefes de Amón-Ra, adoptando funciones religiosas oficiales reservadas a los reyes. Las hijas de estos matrimonios, asumían el antiguo título sacerdotal de Gran Esposa Divina del dios Amón. Numerosos beneficios acompañaban a este ilustre título: decretos con el nombre de, El Rey de los Dioses, fueron grabados en los muros de los pilonos 7º y 10º del templo de Karnak, confirmando los derechos en propropiedad, a estas esposas reales y concediéndoles además la deificación póstuma.
En el año ±715 a.J.C. Egipto fue invadido por los nubios comenzando la XXV Dinastía nubia o kushita, trayendo un período de paz al país del Nilo, aunque sufriera dos invasiones asirias que se extendieron hasta Tebas, donde los ejércitos de Assurbanipal (±669-631 a.J.C.), saquearon la ciudad en el año 667 a.J.C. llevándose valiosísimos tesoros de sus templos. Pues bien, incluso durante la invasión asiria, las mujeres mantuvieron su presencia como sacerdotisas-jefes en Tebas. Según los estudiosos del tema, este fenómeno se debe a que las Esposas Divinas de Amón, fueron verdaderas soberanas tanto en la región tebana como más al sur y fueron respetadas por los invasores.
Shepenupet I, hija de faraón Osorkón III de la XXIII Dinastía, fue instalada en Tebas con el viejo título de Gran Esposa Divina del dios Amón. A partir de este evento, las esposas divinas que no podían casarse y cuyo título se transmitía por adopción, fueron siempre miembros de la familia real y ostentaban la más alta jefatura religiosa del área de Tebas. Shepenupet I, fue forzada a adoptar a Amenardis I, la hija de Kashta, el primer rey nubio de Napata que era un ardiente seguidor del dios Amón. Bajo el reinado de su hijo y sucesor Piankhi, se produjo la adopción de Amenardis I. Cualquier princesa que fuese adoptada, recibía el título de Divina Adoradora del dios Amón y al fallecer su madrina de adopción y antecesora, obtenía automáticamente el título de Gran Esposa Divina del dios Amón. Curiosamente, Amenardis I, gobernó Egipto, junto con Shepenupet I, del año ±713 al ±698 a.J.C. Esto ha sido demostrado históricamente, aunque no se descarta que podrían haber sido algunos años más. Al llegar a ser Gran Esposa Divina, Amenardis I adoptó a Shepenupet II, que era la hija de su hermano Piankhi. Amenardis I dejó numerosos monumentos, incluyendo algunas esculturas de ella misma finamente talladas. En el Museo de Arte Joslyn de Omaha (Nebraska), se encuentra una de ellas y, aunque no es la más favorecida, recuerda mucho a las tradiciones artísticas del pasado. Amenardis I, es la famosa princesa Amnerdis de la ópera Aida de Verdi, cuyo libreto fue escrito por Augusto Mariette, el cual diseñó además todo su vestuario.
En el templo funerario de Ramsés III (1184-1153 a.J.C.), en Medinet Habu y en su extremo sureste de la muralla exterior, se encuentran una serie de capillas funerarias [Hoelscher,1954]; entre todas ellas la que mejor se conserva es la de Amenardis I, construida en piedra arenisca. Su decoración y figuras en fino relieve, han sido descritas por Aldred [Aldred,1980] como: "De clásicas proporciones y pureza de línea". Las inscripciones de Amenardis I, al igual que otras que llevaron el mismo título sacerdotal, la describen como, Señora del Alto y Bajo Egipto. A su muerte fue deificada.
Casi un siglo después del reinado de Amenardis I, un gobernante egipcio del norte, cuya base de partida fue la ciudad de Sais en el Delta occidental, contando con el apoyo de Asiria, dominó Egipto y fundó la XXVI Dinastía, llamada por eso saíta, en el año 664 a.J.C. Su nombre era Psamético y su joven hija llamada Nitocris fue adoptada en la colegiata de Divinas Adoratrices de Amón en Tebas. Una enorme estela de granito, al oeste de Karnak, documenta la entrada en Tebas del ya faraón Psamético I (664-610 a.J.C.) y la dotación, para ser dada a su hija, después de la muerte de aquellas que lo tenían, del título de Gran Esposa Divina del Dios Amón [Caminos,1964]; Nitocris vivió 70 años después de su adopción por la jerarquía eclesiástica. Adoptó a su sobrina Ankhes-Neferibré, la cual fue la última Gran Esposa Divina, pues perdió su poder en el año 525 a.J.C. como resultado de la conquista persa de Egipto.
No olvidemos, finalmente, la Época Ptolemaica con sus ambiciosas, crueles y famosas reinas Arsínoe II Filadelfo y Cleopatra VII Filopátor (51-30 a.J.C.), que fue la última reina del país nilótico.
Arsínoe II Filadelfo, era hija del rey Ptolomeo I Soter y de Berenice. Se casó con el rey Lisímaco de Tracia y más tarde hizo asesinar a su hijastro Agátocles. A la muerte de Lisímaco (281 a.J.C.), se casó con su hermano Ptolomeo II Filadelfo, rey de Egipto (que estaba casado con Arsínoe I, y a la cual Arsínoe II hizo desterrar). Es decir, fue reina de Tracia y de Egipto, utilizando su desmesurada ambición y malas artes.
Cleopatra VII Filopátor, tal vez la más conocida por todos, se casó con sus hermanos Ptolomeo XIII y posteriormente con Ptolomeo XIV a los que asesinó. Tuvo amoríos con Julio César, con el que engendró un hijo y al cual, le puso el nombre de Cesarión (Ptolomeo XV). La historia y la leyenda se mezclan y superponen, pero es bien sabido que fue una mujer muy . . . casquivana. Cleopatra VII era una mujer muy culta y dominaba varias lenguas, entre ellas el egipcio. Según varios historiadores, entre ellos J.Mª Blázquez[11], esta reina no era agraciada, pero tenía gran atractivo y poder de persuasión.
También Marco Antonio cayó en sus redes, pues lo utilizó para asegurarse el trono de Egipto, casándose también con él. Esta reina, según reza la historia-leyenda, se suicidó en el año 30 a.J.C. dejándose morder un pecho, por una cobra áspid[12].
Como estos monumentos y estatuaria nos han relatado y la arqueología moderna ha descubierto, hay muchas y variadas evidencias (amén de la documentación papirológica y de las pinturas) de que la mujer en el Antiguo Egipto gozó de una vida independiente, tuvo cargos con mucha autoridad y títulos muy importantes; algunas gobernaron como faraones e incluso, a veces, con mayor poder que el propio faraón, al ostentar el título de Gran Esposa Divina del dios Amón, con todo su inmenso poder y prerrogativas.
[8] Una malfunción de la glándula pituitaria, caracterizado por una obesidad de tipo feminoide y por un desarrollo insuficiente de los genitales.
[9] Enfermedad crónica del adulto, generalmente por un tumor hipofisiario, caracterizada por crecimiento anormal de los huesos y partes blandas distales, trastornos genitales, metabólicos y psíquicos.
[10] Enfermedad de los ojos, caracterizada por un aumento de la presión intraocular que, produce con el tiempo, atrofia de la retina y del nervio óptico, apareciendo finalmente la ceguera.
[11] Catedrático emérito de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid.
[12] Víbora áspid. Reptil ofidio de la familia de los elápidos (Naia haie); es una cobra muy venenosa que puede llegar a medir hasta dos metros. Se la conoce también como, cobra común o Áspid de Egipto. Su veneno, que actúa sobre el sistema nervioso, es altamente tóxico y puede producir la muerte de animales de tamaño considerable (caballo, gazela). Se le ha llamado también Áspid de Cleopatra.
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