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La representación de las mujeres en las Tumbas Tebanas del Reino Nuevo Imprimir E-Mail
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Sección de la Mujer en el Antiguo Egipto
Escrito por Cristina Pino   
Publicado el martes, 23 de noviembre de 2004
Modificado el domingo, 01 de octubre de 2006
Índice del Artículo
La representación de las mujeres en las Tumbas Tebanas del Reino Nuevo
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Ramose (TT 55)[35] era visir del Sur de Amenhotep III y su alto cargo le otorgó el privilegio de una tumba de gran tamaño en la que trabajaron los mejores artistas de los talleres reales. La gran calidad de la caliza del lugar en el que se construyó la tumba permitió la realización de relieves que no llegaron a ser pintados, sólo los bordes de los ojos.

Pero la que se representa en la tumba de Ramose no es exactamente una escena de banquete como las de otras tumbas. En primer lugar, sólo hay dos personajes que no están identificados, todos los demás aparecen con nombre, títulos y, en algunos casos, relación familiar con Ramose. Todos son m33 hrw, justificados, es decir, fallecidos. Tampoco hay escenas de diversiones, como la música, ni criadas que sirvan. Por todos estos detalles, esta escena debería ser considerada más como de recepción de ofrendas que como banquete funerario tradicional. La escena ocupa todo un muro y está formada por grupos de parejas de hombre y mujer, salvo una en que los dos componentes son hombres. Entre todas las parejas hay que destacar la que forman Amenhotep y su esposa May. Amenhotep, hermano de Ramose, era Mayordomo Real en Menfis y May era cantora de Amón. Estos son los textos que acompañan a cada figura: “El príncipe, noble, confidente del Buen Dios, supervisor de los artesanos del Rey, el Gran Mayordomo del Rey en el Muro Blanco, escriba real, su amado, Amenhotep, justificado”. “Su esposa, su amada, la cantora de Amón, (Adorno Real), Señora de la casa, May, justificada, honorable dama”.

Ramose (TT 55) Amenhotep y May
Ramose (TT 55) Amenhotep y May

May era Hkrt-nsw, titulo que se encuentra traducido muchas veces como Concubina Real, pero no es esta una traducción correcta, puesto que Hkr significa Adorno. El titulo se refiere a un grupo de mujeres adscritas al Hnr, institución dedicada a la adoración musical de los dioses y que algunos autores relacionan con el culto a Hathor. Siempre va ligado a mujeres del más alto rango[36].

May, y el resto de las mujeres de esta escena, representan el más puro ideal de belleza femenina, muy academicista, es cierto, pero de una calidad técnica en el modelado difícilmente superable, así como una sobria elegancia en las proporciones.

Más de una cuarta parte de las escenas de banquete incluyen músicos de ambos sexos y bailarinas. En la tumba de Rejmire, las mujeres tocan diferentes tipos de instrumentos: arpa, laúd, tambor rectangular de bordes cóncavos. Las figuras aparecen en fila mirando todas al mismo lado. El texto que aparece junto a las tañedoras es una canción que se refiere a Maat a la izquierda y a Amón en el centro. De la misma época que Rejmire es la tumba de Amenemhab, llamado Mahu (TT 85)[37]. Las mujeres músicos de la escena de banquete llevan los mismos trajes ajustados y los instrumentos son arpa, flauta y lira. De nuevo están en fila y miran al mismo lado. Las tumbas tebanas ofrecen una magnífica información para seguir la evolución de los instrumentos musicales en el Antiguo Egipto.

Rejmire (TT 100) mujeres músicos
Rejmire (TT 100) mujeres músicos

Durante el reinado de Thutmose IV se introduce el desnudo en las bailarinas de las escenas de los hipogeos tebanos. En las de la tumba de Najt llama la atención el color rojo de los cuerpos femeninos, lo que no es una ruptura de la convención, sino que se debe al oscurecimiento de un barniz incoloro que se aplicó al terminar la pintura. Tocan doble flauta, laúd y arpa. La muchacha desnuda del centro baila con una estudiada postura de piernas y el giro del cuerpo. Es también durante el reinado de Thutmose IV cuando se introducen en las escenas figuras con movimiento que rompen la alineación perfecta. Su función compositiva es la de un contrapposto que da unidad a la composición. Según muchos autores, el contrapposto es una aportación griega al desprenderse de la ley de la frontalidad, sin embargo, lo encontramos ya en el Reino Nuevo en Egipto. En esta escena de Najt, de nuevo se produce una ruptura de la convención: el pecho izquierdo de la bailarina está representado de frente y no de perfil.

Najt (TT 52) bailarinas
Najt (TT 52) bailarinas

Las músicos y bailarinas desnudas llevaban tatuajes, como puede apreciarse en la música representada en un plato de fayenza que está en el Museo de Leiden y que lleva un tatuaje del dios Bes en la pierna[38].

Además de bailarinas, músicos y sirvientas, las mujeres desempeñaban muchos otros oficios. Evidentemente, la mayoría trabajaban en la agricultura, principal recurso del país. Las tumbas tebanas de la Dinastía XVIII incluyen casi siempre en su decoración escenas de cosechas, pero la presencia femenina en ellas es casi anecdótica. En la tumba de Menna aparecen dos niñas pegándose, llevan trajes largos con mangas. A su izquierda hay una muchacha vestida sólo con una falda y el pelo recogido con un pañuelo, que parece descansar de su tarea, ¿cual era esa tarea?. Un fragmento de la cosecha de la tumba de Jaemhat (TT 57)[39] nos lo explica. Dos jóvenes con la misma falda y pelo recogido, se agachan para recoger el grano en cestitos. Lo mismo podemos ver en la tumba de Najt, en la que, además, hay a la izquierda otras dos muchachas con trajes largos con mangas una y tirante otra, que recogen lino. En ningún caso, las mujeres utilizan instrumentos cortantes: recogen grano del suelo, o cortan lino con las manos[40]. No sabemos la razón de esto, quizá sea un tabú ligado a lo femenino, porque no es creíble que las mujeres no usasen instrumentos cortantes, de hecho, aparecen con hoces en papiros de épocas posteriores.

Irunnefer (TT 290) pelo blanco
Irunnefer (TT 290) pelo blanco

En cualquier caso, lo que se representa en estas escenas de las tumbas tebanas son las grandes posesiones, del templo, del rey o del dignatario, y las mujeres no debían trabajar en las grandes propiedades en faenas agrícolas. No puede, sin embargo, deducirse que las mujeres no trabajaban la tierra, es seguro que lo hacían habitualmente en las pequeñas parcelas y huertos. Sí aparecen en otras funciones en el trabajo en la agricultura: llevar comida a los hombres, como puede ser el caso de la figura de una madre de la escena de cosecha de Menna (TT 69)[41].

Escena de cosecha de la tumba de Menna (TT 69)
Escena de cosecha de la tumba de Menna (TT 69)

Tampoco hay mujeres en las escenas de vendimia. La única excepción no está en Tebas, sino en la cercana necrópolis de El- Kab, y es la tumba de Paheri, de principios de la Dinastía XVIII[42].

Es también difícil encontrar mujeres en otros oficios, como el de lavandera de grandes instituciones. Este era un trabajo de hombres, sólo en un pequeño fragmento de una tumba desconocida que está en Turín, aparece una mujer en estas tareas, aunque también puede tratarse de un taller de teñido de tejido, oficio en el que si intervenían activamente las mujeres[43]. El que no trabajasen en las grandes lavanderías, no implica que a determinadas horas, las orillas del Nilo, como hoy sucede, se vieran llenas de mujeres realizando la colada familiar.

Ipuy (TT 217) era un escultor de Deir el-Medina durante el reinado de Ramsés II. Aunque su tumba es de la Dinastía XIX, parece de la XVIII por la gran cantidad de escenas de la vida cotidiana que contiene. Es, por esta razón, una magnífica fuente de información sobre muchos aspectos de la vida egipcia. Valga como ejemplo una escena de mercado que representa unos barcos de los que bajan los tripulantes para comerciar en el poblado. Las que están sentadas en sus puestos, como hoy en muchos mercados populares del mundo, son mujeres. Unos hombres bajan del barco llevan sacos de grano y los cambian a las mujeres por hogazas de pan, pescado y hortalizas y, seguramente, también el vino de las jarras[44].

El testimonio de esta escena es doble, en primer lugar nos informa del sistema de trueque ya que en Egipto no había moneda y los productos tenían un valor en deben[45], intercambiándose por otros artículos con el mismo valor. En este caso, las hogazas, hortalizas, peces y vino debían equivaler a una determinada cantidad de grano. En segundo lugar, el trueque a pequeña escala para satisfacer la demanda familiar, era trabajo de las mujeres. Ellas llevaban al mercado los productos de su huerta, los panes y los pescados que salaban para cambiarlos por aquellos que no producían directamente. Aquí se representa una economía a pequeña escala pues el gran comercio estaba en manos de profesionales, siendo esta representación un magnífico testimonio del papel de la mujer en la economía familiar[46]. La vida de las mujeres en las sociedades preindustriales debía ser especialmente difícil y agotadora, la subsistencia de la familia dependía de ella en gran medida, desde la confección de los tejidos hasta la obtención de los alimentos, sin olvidar el difícil cuidado de la prole.

La sociedad egipcia estaba fuertemente jerarquizada y poco tenían que ver entre sí las mujeres de las clases más desfavorecidas con las de alto rango. Estas contaban con sirvientes y podían dedicar su tiempo a funciones religiosas. En un dibujo de Davies de su publicación sobre la tumba de Neferhotep, cuya esposa Merytre era tan importante, sobre las velas de un gran barco parece estar trabajando una mujer de la Davies dice que es la esposa del capitán, aunque ningún dato corrobora esta afirmación. No existen testimonios de ningún tipo, salvo que este sea el único, de mujeres ocupadas en este tipo de oficios.

Es en los ritos funerarios donde sí aparecen muchas mujeres, por ejemplo, como portadoras de ofrendas al difunto. En la tumba de Amenemhat (TT 82),, de comienzos de la Dinastía XVIII, hay una escena de ofrendas aún muy arcaica, en la que son especialmente bellas las representaciones de animales[47].

Pero donde destaca el papel de la mujer en los ritos funerarios es en el oficio de plañideras, dryt. Su misión era lamentarse en los entierros y se consideraba como una profesión cuyos servicios eran contratados por las familias de los difuntos. Unas veces siguen al cortejo en tierra, otras van en el barco, como en la tumba de Samut, llamado Kyky (TT 409)[48], del reinado de Ramsés II. Algunas llevan el pecho desnudo en señal de luto y se lamentan con gestos grandilocuentes, lo que permite escenas de gran dinamismo.

En la tumba de Ramose, en el muro Oeste, donde se representa la procesión funeraria, no hay relieve sino pintura. Se hicieron sólo dos registros pues la tumba no está terminada. En el superior se transporta el catafalco y el tekenu[49], en el inferior, entre el transporte del ajuar, aparece un compacto grupo de plañideras. Todas miran al registro superior, lo que es una innovación en la decoración de las tumbas puesto que por primera vez se ponen en comunicación un registro con otro. Las plañideras de Ramose son un hito en la pintura egipcia, no sólo por esta comunicación entre registros, sino también por su función en la composición y la utilización del color. Su forma de paréntesis, su posición enfrentada al resto del cortejo y el uso del azul, sirven para individualizar al grupo, pero también son una ruptura de la monótona fila de porteadores y seguidores del entierro. Este grupo es una composición muy estudiada, al mismo tiempo estática y dinámica, estática en la parte inferior con todas las figuras firmemente asentadas en el suelo, dinámica en la superior con un contenido y rítmico movimiento de brazos y cabezas. Una niña desnuda rompe la fila de faldas azules y blancas. Para lograr la sensación de perspectiva se recurre a la alternancia de dos colores de la misma gama, uno más oscuro que otro. Arriba, los rostros son idénticos, las cabezas se inclinan formando un semicírculo a tres alturas, los brazos se agitan y sólo una se agarra a la cintura de otra más alta, rompiendo de nuevo la monotonía. La colocación de algunos brazos no se corresponde con las cabezas. El gesto de dolor de los rostros se logra mediante el simple recurso de pintar las lágrimas como puntos que salen del ojo y el torcido gesto de la boca.

Ramose (TT 55) procesion funeraria
Ramose (TT 55) procesion funeraria

Otro tipo de plañideras son aquellas mujeres de la familia que lloran al difunto, generalmente la esposa. Aparecen con gestos violentos, arrodilladas a los pies del sarcófago, arrojándose tierra a la cabeza en señal de luto. Nunca se da el caso contrario, del hombre llorando a la esposa.

En muchas tumbas aparecen mujeres extranjeras. En la tumba de Ineni (TT 81)[50], supervisor de las obras arquitectónicas de Amenhotep I y Thutmose I, unas mujeres forman parte de un cortejo de tributarios nubios. Van cargadas con sus niños en cestos a la espalda. La escena es un tanto rígida, pues no en vano estamos muy al principio de la Dinastía XVIII, pero la falda rosa que contrasta con la piel negra es de un gran impacto visual. En el hipogeo de Menheperaseneb (TT 86)[51], del reinado de Thutmose III, aparece también una escena de entrega de tributos de dignatarios extranjeros, entre los que se individualiza mediante una inscripción al Grande de Tunip. Tunip era un reino en Siria, cuyo emplazamiento no está aún comprobado, conquistado por Thutmose III. Esta es la única representación de este pueblo en una tumba tebana. El artista de Menheperaseneb se complace en los detalles exóticos: el adorno del traje, los peinados. Lo más llamativo es que el Grande de Tunip lleva en sus manos una niña como si fuera un tributo.

En conclusión, al carecer de biografías femeninas, las tumbas tebanas son la principal fuente de información para comprender la situación de la mujer en el Reino Nuevo. Pero debemos ser cuidadosos al interpretar las escenas, no podemos olvidar el simbolismo y la idealización presentes en todas las representaciones y que esta idealización es aún más acusada en las mujeres.


[35] Davies, N. de G. The tomb of the Vizier Ramose. N. York, 1941. PM I, p.1. Pg. 105.
[36] Troy, L. Patterns of Queenship. Upsala, 1986.
[37] PM I, p.1. Pg. 170.
[38] Nofret, die Schöne. Die frau mi Alten Ägypten. Catálogo de la exposición en el Roemer und Pelizaeus- Museum. Pg. 77.
[39] PM I, p.1. Pg. 113.
[40] Robins, G. ob. cit., 1990.
[41] Mekhitarian, A. Ob. cit. Pg. 79.
[42] Porter, B. y Moss, R. Topographical bibliography of Ancient Egyptian hyeroglyphyc texts, reliefs and paintings. V, Upper Egypt: sites. (PM, V). Pg. 177.
[43] Manniche, L. Lost tombs. Capel, A. y Markoe, G. edit. Mistress of the House, Mistress of Heaven. Women in Ancient Egypt. Catálogo de la exposición en el Cincinatti Art Museum. N. York, 1997.
[44] Davies, N. de G. Two Ramesside Tombs at Thebes. N. York, 1933. PM I, p.1. Pg. 315.
[45] Deben era una unidad valor teórico que facilitaba el intercambio de productos.
[46] Kemp, B. El Antiguo Egipto. Anatomía de una civilización. Madrid, 1989.
[47] Mekhitarian, A. Ob. cit. Pgs. 40 y 41.
[48] PM I, p.1. Pg. 461.
[49] El tekenu era un objeto cubierto por una piel en forma de ser humano que acompaña a la procesión funeraria. Su función no ha sido aún suficientemente aclarada.
[50] PM I, p.1. Pg. 159. Dziobek, E. Das Grab des Ineni. Heidelberg, 1991.
[51] PM I, p.1. Pg. 175.



 
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