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Las Mujeres del Nilo Imprimir E-Mail
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Sección de la Mujer en el Antiguo Egipto
Escrito por Pilar Pérez González   
Publicado el lunes, 21 de abril de 2003
Modificado el domingo, 01 de octubre de 2006
Índice del Artículo
Las Mujeres del Nilo
Página 02 - Capitulo I - El ámbito domestico
Página 03 - Capitulo II - El trabajo fuera de casa
Página 04 - Capitulo III - El matrimonio
Página 05 - Capitulo IV - La maternidad
Página 06 - Capitulo V - Reinas y damas reales
Página 07 - Capitulo VI - Reinas gobernantes
Página 08 - Capitulo VII - La religión y la mujer
Página 09 - Bibliografía

Fig. 32 - Pareja XIX dinastía
Fig. 32 - Pareja XIX dinastía

La pareja

Los monumentos privados nos muestran una importante organización a nivel social. Esta ordenación de la sociedad fue a través de grupos familiares formados alrededor de un hombre, una mujer y sus hijos.

Fig. 33 - El enano Seneb y su familia. VI dinastía. Museo de El Cairo
Fig. 33 - El enano Seneb y su familia. VI dinastía. Museo de El Cairo

El núcleo familiar se confirma por un registro de los habitantes del poblado de los obreros del Imperio Nuevo en Deir el-Medina. El censo tiene listas de habitantes casa por casa y a pesar de estar muy fragmentado el documento, da una filiación completa de sus propietarios.. Primero nos informa del nombre de sus padres, después, si está casado, el nombre de su esposa y la filiación de ésta, finalmente el nombre de sus hijos.

Hay que reseñar que el término "esposa" es una traducción del egipcio hemet y presuponemos la existencia del matrimonio. Esta institución en el antiguo Egipto, presenta a los estudiosos, numerosos problemas. No hay testimonios de ninguna ceremonia legal o religiosa para formalizar el vínculo. De hecho el único acto significativo fue la cohabitación y en particular la entrada de uno de ellos, normalmente la mujer, en la vida doméstica familiar del otro. Los términos usados por los egipcios fueron "establecer una familia", "entrar en una familia" y posteriormente "vivir juntos". Por oposición, divorciarse se expresa como "expulsión" ó "partida". Otra expresión con significado matrimonial es "tomar (a alguien) como esposa, el equivalente "tomar a (a alguien) como esposo no se encuentra hasta la segunda mitad del siglo sexto a. C. y es concerniente a un divorcio. Esto no significa que la expresión no existiese anteriormente, pero los textos con los que contamos están escritos desde el punto de vista masculino.

Escasísismos documentos aluden a una tercera persona en la sanción del vínculo. La primera inscrita es una estatua perteneciente al peluquero de Tutmosis III, Sebastet , en el año 27 de su reinado y dice: "a mi esclavo Ameniuy, al cual capturé con mi fuerte brazo cuando estaba siguiendo al gobernante..., le di la hija de mi hermana Nebetta, como esposa y cuyo nombre es Takemet".

Un largo papiro de finales del Imperio Nuevo nos relata que una viuda, llamada Rennefer, crió tres hijos nacidos de una joven esclava a la que su marido había comprado. Esa pareja probablemente no podía tener descendencia y compró a la joven con el fin de adoptar a los niños. En otro caso Rennefer nos cuenta" el jefe de las caballerizas, Padiu, entró en mi casa y tomó a Taiemniut, la mayor de mis tres hermanas, pasando a ser mi hermano pequeño. Yo le acepté y desde ese día está con ella".

La tercera referencia es muy posterior, de la XXVII dinastía, pero nos describe sucesos ocurridos en la XXVI. Psamético nombró a un hombre, llamado Padiasel, como sacerdote de Amón-Ra en Teuzoi en el Fayum. En el año 14 de ese rey, otro sacerdote de Amón-Ra de Tebas, llamado Horwedja, le preguntó por una cita en Teuzoi, en las tierras de su padre el cual había sido sacerdote allí. En definitiva él preguntaba por Nitemhat, hermana de Padiaset, a la cual quería por esposa. Padiaset replica: "el momento aún no ha llegado, hazme sacerdote en Tebas y te la entregaré.
En la actualidad cuando el padre entrega a ésta en la ceremonia religiosa, puede ser un recuerdo de la auténtica entrega, que en tiempos remotos, hacían los padres con sus hijas.

Fig. 34 - Amenope y su mujer. Museos de Berlin
Fig. 34 - Amenope y su mujer. Museos de Berlin

Volviendo al Imperio Nuevo, encontramos dos textos en Deir el-Medina sobre arreglos matrimoniales. En uno un hombre expone: "traje un paquete a la casa de Payom y me casé con su hija" y en una tablilla da la lista de objetos con los que obsequió a su padre (¿político?) cuando hizo a Aset su esposa.
Parece que los padres concertaban el matrimonio de sus hijas y recibían presentes de los futuros esposos, aunque desconocemos si previamente había un acuerdo entre la pareja.

El llamado contrato matrimonial es conocido, desde principios del siglo VII a. C. hasta finales del periodo ptolemaico. Se ha conservado un regalo hecho por un marido a su esposa llamado el shep en sehemet, el cual puede ser el pago al padre de la novia y que podría traducirse como "precio ó compensación por (el matrimonio) de una mujer". Esos contratos no nos pueden llevar a conclusiones erróneas y trasladarlos a los actuales documentos matrimoniales.

En muchos casos la pareja ya tenía hijos y son disposiciones económicas hacia la esposa, sobretodo cuando se la quería repudiar "te he tomado como esposa. He dado por ti (suma de dinero registrado aquí) como tu shep en shemet. Si te repudiase porque quisiera a otra mujer como esposa, te daría además de (la suma registrada) 1/3 de todo lo que tuviésemos como resultado de nuestra convivencia"
Cuando el hombre repudiaba a la mujer, también incluía a los hijos nacidos en su casa, por lo tanto los desheredaba.

Tenemos que tomar con cierta precaución los contratos matrimoniales, ya que estos eran verbales, y hasta finales del Imperio Nuevo no se reseñaron por escrito.
La palabra hi (marido) se encuentra raramente en monumentos, ya que estos son del propietario y nunca es llamado "marido" sino por su posición o nombre propio. Encontramos esa palabra cuando se refiere a una tercera persona, por ejemplo "el marido de mi hija".

El término equivalente para esposa hemet lo encontramos exclusivamente en los monumentos, a partir de la segunda mitad de la XVIII dinastía. Hasta entonces el término utilizado es el de senet normalmente usado para "hermana" o cualquier miembro femenino colateral.

Hemet se sigue utilizando en documentos en escritura hierática, mientras senet no volvemos a encontrarlo con ese significado.
Otro término utilizado es hebsut, mucho más escaso, y lo hemos traducido como "concubina". En un papiro del Imperio Nuevo, un sacerdote debe decidir sobre algunas propiedades de su segunda esposa, Inksunedjem, esto complica al tribunal, pues al oír a los hijos de su primera esposa parece que las propiedades de su padre están trasladándose a la segunda mujer. En el curso del documento, Inksunedjem, es referida con ambos términos, hebsut y hetmet.

En resumen en hierático tanto los términos, hemet como hebsut tienen la identidad de ankhet en niut que nosotros hemos considerado como "mujer casada". El problema principal para la interpretación de los términos es que su aparición no es frecuente.
El índice de mortalidad femenino, los partos y los frecuentes divorcios, hacen que muchas mujeres figuren como la primera esposa y por tanto muy pocas como hebsut. Este término aparece más comúnmente en los matrimonios múltiples.

Fig. 35 - Akhenaton, Nefertiti y sus hijas, bajo el disco solar, dios Atón
Fig. 35 - Akhenaton, Nefertiti y sus hijas, bajo el disco solar, dios Atón

Matrimonios reales

Existe la teoría de la herencia del reino a través de la línea femenina, sin embargo esta teoría tiene aspectos que la apoyan y otros que la desestiman. Parece estar claro que el matrimonio de un rey con la heredera real legitimaba su condición de faraón y de ello es representativa la XVIII dinastía, sin embargo los matrimonios con mujeres de sangre no real también frecuentes, ostentan la misma consideración que los anteriores.

Los matrimonios entre hermanos, aunque innegable su existencia, no parecen tan frecuentes como la leyenda nos ha hecho creer. Entre la realeza cuando un rey no concebía varón con su esposa principal, el matrimonio de su hija heredera con su medio hermano ha tenido exponentes tan conocidos como la reina Hatshepsut con Tutmosis II. Mucho antes en la IV dinastía sabemos que Menkaure (Micerino) era hijo de una esposa menor de Khefrén y se casó con su hermana, primogénita y heredera real por ser hija de la "esposa principal " de Khefrén, continuando la tradición dinástica para acceder al trono.

El origen de esta práctica, muy rara entre las clases bajas, arranca de la religión egipcia. ya que es lógico pensar que el proceso de creación del panteón egipcio se realiza a través del matrimonio entre hermanos como son los casos de Isis-Osiris y Neftys-Set, puesto que la elección de compañeros no ofrecía muchas más posibilidades.

De esta manera y tras legitimar los matrimonios entre dioses-hermanos, queda legitimada la unión entre reyes-hermanos, pues su paralelismo es sustancial a la historia egipcia.

No sabemos nada a cerca del modo de elección de esposas por parte de los reyes y menos aún la manera en que era aceptada por parte de las esposas la elevación de una de ellas como "esposa principal".

La poligamia parece ser práctica habitual entre los reyes de la XVIII dinastía, aunque ya en la XIII dinastía encontramos el título de "esposa principal del rey".
En la XVIII dinastía vemos a las esposas divididas entre las que tienen origen real y las que no, en este último caso desconocemos el origen de la mayoría, obteniendo esta información por la ausencia del título de "hermana del rey".

La situación familiar cambiaba substancialmente cuando el rey elegía a una joven para ser su esposa ya que la riqueza y el poder de la familia aumentaba. Las luchas por ser nombrada "esposa principal" debieron de ser tremendas y más aún cuando teniendo un hijo varón, el rey decidía nombrarle su heredero. El estatus de la reina pasaba a tener el grado de "madre del rey".

El matrimonio entre padre-hija no es demasiado frecuente, aunque tenemos evidencias de algunos de ellos. Amenofis III se casó con su hija Sitamón, llegando a ser "esposa principal" aún en vida de su madre Tiye que también ostentaba ese título. En algunas ocasiones los tres son nombrados juntos.

En caso de Akhenaton el matrimonio con dos de sus hijas: Meritatón y Anjesenpatón , que fueron madres a su vez de Meritatón II y Anjesenpatón II, respectivamente, existiendo demasiadas lagunas como para considerar a Akhenatón padre de las niñas.

En la siguiente dinastía tres hijas de Ramsés II, Bintanat, Meritamón y Nebettawy llegaron a ser "esposa principal". Bintanat, en particular, hija de Asetnefret con la que aparece en algunos monumentos, fue consorte de su padre hacia la mitad de su reinado.

Matrimonios múltiples

Fig. 36 - Wekhotpe (propietario de la tumba C.1 en Meir) con sus dos esposas, Khnemhotpe y Nebkau (reinado se Sesotris II óIII) Museo de Boston
Fig. 36 - Wekhotpe (propietario de la tumba C.1 en Meir) con sus dos esposas, Khnemhotpe y Nebkau (reinado se Sesotris II óIII) Museo de Boston

Como hemos visto anteriormente, casarse una segunda ó más veces viviendo las anteriores esposas era posible, el matrimonio simultáneo con más de una mujer sin existir divorcio fue también una práctica común en el Imperio Antiguo, donde la expectativa de vida era muy baja y alta la mortalidad femenina por parto. Existen monumentos de todas las épocas que evidencian los matrimonios múltiples. Desde el Imperio Nuevo, encontramos ejemplos de mujeres etiquetadas como "su anterior esposa". No es probable que fuesen esposas divorciadas en cuyo caso el propietario del monumento no la hubiese colocado. Parece más bien que la primera esposa hubiera muerto y él hubiera vuelto a casarse.

Tenemos casos en los que el propietario de la tumba aparece con todas sus esposas, muertas o no, esperando perpetuar su memoria, y es difícil distinguir entre matrimonios sucesivos o concurrentes.

La mayoría de los egipcios eran monógamos, pero no había prohibición para efectuar matrimonios múltiples, si bien la causa económica reducía su frecuencia. La mayoría de los hombres no podían cubrir los gastos generados por más de una familia y los casos de poligamia que nos han llegado pertenecen a clases elevadas.

Durante los Imperios Antiguo y medio, las manufacturas textiles estuvieron en mano de las mujeres y aún en el Imperio Nuevo tomaron mucha parte. La mujer aparece como responsable de abastecer de ropa a la familia y de comerciar con los excedentes de la producción. Esta explicación sobre el trabajo de las mujeres es a propósito de la consideración que dicho trabajo tenía y de cómo era económicamente rentable para un hombre el tener varias esposas. También en la agricultura, las mujeres, colaboraban intensamente como mano de obra gratuita, por lo tanto sólo en el caso de que la mujer fuera completamente improductiva, era una carga para el marido.

Un testimonio de matrimonios múltiples podrían ser las listas de Deir el-Medina, pero no nos dan mucha luz al respecto ya que, ni por el padrón, podemos deducir que hubiese más de una esposa por hogar. Se conoce el caso de poligamia de un bandido que participó en el saqueo de tumbas en Tebas, durante la XX dinastía, que tuvo cuatro mujeres. Dos de ellas estaban vivas cuando el tribunal lo juzgó y el papiro nos dice: " la ciudadana Herer, esposa del vigilante del tesoro del faraón, Paaemtawemet y la ciudadana Tanefrery, su otra esposa, siendo ésta la segunda." y también dice: "soy una de sus cuatro esposas, dos murieron, pero otra aún vive".

En un país donde el bastón tenía un papel importante, el marido tenía derecho a pegar a su mujer y el hermano a la hermana, a condición de no abusar. Se castigaba el insulto. Un individuo debía comprometerse ante los jueces a no volver a insultar a su mujer, so pena de recibir cien golpes y de verse privado de todo bien ganancial compartido con ella.

Unos siglos después, en la Baja Época, parece difícil que el hombre tenga una segunda mujer sin divorciarse de la primera.
Las relaciones sexuales con sirvientas o mujeres domésticas de clase inferior son frecuentes. En algunas tumbas de la XVIII dinastía aparecen niños con sus madres y que desde luego no son la esposa del propietario. El hecho de aparecer en la tumba significa que estos niños no eran repudiados ni apartados de la familia, cuya imagen ideal perpetuaba la tumba.

No hay evidencias en monumentos a cerca de la ilegitimidad o no de los hijos habidos en estas relaciones. Por los documentos del poblado de Deir el-Medina sabemos que una mujer concibió un niño de un hombre, mientras era hemet de otro, desafortunadamente no conocemos lo que ocurrió con la mujer y el niño porque el documento se refiere a la conducta del seductor, el cual fue condenado incluso por su propio padre. La posición económica y social de estos hijos nos es desconocida, pero sabemos que cualquier vástago, independientemente de la identidad de la madre, compartía automáticamente el estado de su padre e incluso un hombre asumía los hijos no habidos con su esposa y los mantenía.

Un hombre, como ya hemos visto, podía tener más de una esposa, a la vez, pero no existe evidencia de que una mujer tuviese varios maridos al mismo tiempo. Tenemos conocimiento de mujeres que realizaron segundas nupcias. En Deir el-Medina, durante la XX dinastía, una mujer llamada Naunakht, se casó con un hombre llamado Kenherkhepeshet. Cuando a los 60 años el marido muere y deja a la esposa sin hijos, ella vuelve a casarse y tuvo ocho. Suponemos que ella era mucho más joven que su primer marido. Económicamente ese matrimonio, para ella, fue rentable ya que heredó propiedades del difunto.

Matrimonios políticos

Los matrimonios con princesas extranjeras con la finalidad de consolidar alianzas diplomáticas, fue otra práctica habitual en el Antiguo Egipto, principalmente en las XVIII y XIX dinastías. A principios de este siglo, la tumba de 3 esposas de Tutmosis III, fueron profanadas y sus antigüedades puestas en el mercado. Sus nombres eran: Menhet, Mertit y Menway, nombres no egipcios con raíces sirio-palestinas. Es curioso que las tres fueran enterradas con ajuares funerarios idénticos. Quizá murieron las tres a la vez víctimas de alguna epidemia declarada en palacio. Las tres llevaron el título de "esposa del rey", pero no hacen mención de su origen, ni de la posible vinculación familiar con el faraón.

Fig. 37 - Ajuares funerarios de 2 de las esposas extranjeras de Tutmosis III. Un tocado largo similar a una peluca y otro con cabezas de gacela unidas a la banda de la parte frontal. Estos tocados solían designar a esposas menores; las más importantes llevaban el tocado de buitre. Museo Metropolitano de Nueva York
Fig. 37 - Ajuares funerarios de 2 de las esposas extranjeras de Tutmosis III. Un tocado largo similar a una peluca y otro con cabezas de gacela unidas a la banda de la parte frontal. Estos tocados solían designar a esposas menores; las más importantes llevaban el tocado de buitre. Museo Metropolitano de Nueva York

Los matrimonios diplomáticos podían ser de dos tipos:
Cuando el padre de la novia era un igual al rey de Egipto y entonces se dirigía a este como "hermano".
Cuando era un vasallo del faraón y se dirigía a este como "mi señor, mi divinidad, mi dios-sol".
En el año 24 del reinado de Tutmosis III, según los anales, después de una campaña militar en el área de Retjenu, recibe como tributo, la hija del jefe con sus ornamentos de oro y lapislázuli, sus tierras con sus siervos y treinta esclavos.
Gran parte del conocimiento que poseemos de estos matrimonios, nos ha llegado a través de las cartas de Amarna que consisten :
 - cartas de correspondencia entre Amenofis III y su hijo Akhenaton
 - cartas de Egipto con los gobernadores del próximo oriente, en tablillas de arcilla y escritura cuneiforme utilizando el idioma diplomático acadio.

Los principales matrimonios de reyes egipcios, entonces la máxima potencia de oriente medio, fueron con los reinos de Babilonia en Mesopotamia, con Mitanni al norte del Eúfrates y con Hatti; como ejemplo tenemos a Tutmosis IV casado con la hija del rey de Mitanni, Artamama, a Amenofis III casado con la hija del también rey de Mitanni, Shuttarna y con la hija del sucesor de este, Tushratta. Sus matrimonios con Babilonia fueron: durante la primera parte de su reinado, con la hija de Kurigalzu II y con la del sucesor de este, Kadashman l.

Hay que recalcar que estos matrimonios no se celebraban a nivel de estado, sino individualmente, por lo tanto no creaban vínculos permanentes que desaparecían con la muerte de los gobernantes. Este es el caso del matrimonio de Akhenaton con la princesa de Mitanni Tadukhepa, la cual había llegado dos años antes de la muerte de Amenofis III con la finalidad de casarse con el entonces faraón. Akhenaton renovó la alianza casándose con dicha princesa.

Entre los reinos de Akhenaton y Ramsés II, existieron pocos matrimonios diplomáticos, y en el caso de que ocurriese, no tenemos documentación de ellos.
Ramsés II es el faraón más famoso en matrimonios diplomáticos. Sabemos que desposó
 - a la hija del rey de Babilonia
 - a la hija del rey de Síria
 - dos princesas hititas. Una de ellas en el año 34 de su reinado, para sellar la paz entre Ramsés II y Hattusilis, tras décadas de hostilidades. El otro matrimonio desconocemos cuando ocurrió puede ser que la primera princesa muriese siendo reemplazada por la segunda.

Conocemos poco de las formalidades precisas para estos matrimonios, pero podemos constatar tres condiciones necesarias:
 - que el padre de la novia enviara a esta con una dote importante.
 - que el futuro esposo devolviera una riqueza igual a la de la novia.
 - que fuera derramado aceite sobre la cabeza de la novia.

El conocimiento que tenemos de estos matrimonios no proviene de fuentes egipcias, sino de textos amarnienses y de cartas hititas, es importante recalcar que el punto de vista es oriental y está mediatizado por sus propias convenciones.
La mujeres tomaron parte de una forma pasiva en las negociaciones matrimoniales, si excluimos la participación de la reina hitita Pudukhepa que intercambió cartas y saludos con la reina Nefertari y con el propio Ramsés II.

Los tratados eran efectuados por hombres, normalmente embajadores, y el papel de las mujeres consistía en consolidar con su matrimonio las alianzas.
Sobre la vida de estas princesas extranjeras en la corte egipcia no conocemos nada, ni como sobrevivieron en un país del cual desconocían las costumbres, idioma y entorno. Kadashman Enlid, rey de Babilonia, escribió a Amenofis III preguntándole a cerca de su hermana, enviada años antes a Egipto para contraer matrimonio con el faraón, "quieres a mi hija como tu prometida, cuando de mi hermana, enviada por mi padre, no sabemos si está contigo y desconocemos si vive o ha muerto", Amenofis III replica " si nadie anteriormente había visto a la princesa¿como serían capaces de reconocerla?" y sugiere que debe mandar a alguien que la hubiese conocido a hablar con ella, lo que implica que la princesa aún estaba viva.

Cuando Ramses II se casó con la primera princesa hitita, ella recibió el nombre egipcio de Maathornrferura y nombrada "esposa principal del rey", si bien este rango puede ser parte del acuerdo matrimonial. Maathorneferura, vivió en el palacio de Miwer en El Fayum, los documentos sugieren que estuvo ocupada en la producción de telas, teniendo mucho personal extranjero a su cargo.

Muchas otras jóvenes fueron entregadas a los reyes como tributo de los paises vasallos de Egipto, algunas llegaron a ser concubinas del faraón y otras empleadas en los quehaceres domésticos de los múltiples palacios que el rey poseía a lo largo de Egipto. Desde luego a muchas de ellas la vida no debió de resultarles fácil, sin un protector contra la explotación y el abuso.

Las mujeres como moneda de cambio en los tratados políticos hacían prosperar el sistema creado y alimentado por varones.

Fig. 38 - Psamético y su familia XXIV dinastía. Museos de Berlín
Fig. 38 - Psamético y su familia XXIV dinastía. Museos de Berlín

Adulterios

El hombre casado podía tener relaciones sexuales con otras mujeres además de su esposa. Una mujer casada no podía aspirar a una situación similar. Conservamos un texto, de Deir el-Medina, correspondiente a una disputa que contiene la siguiente afirmación "una esposa es (una) esposa. No debe hacer el amor, no puede tener relaciones sexuales" obviamente se entiende que con otro hombre que no sea su marido.

El propósito del matrimonio o de la pareja era tener muchos hijos y el hombre quería estar seguro de que era el padre, especialmente cuando los hijos nacidos de esa unión tenían derechos legales de herencia. No es sorprendente que la infidelidad femenina fuera condenada duramente y el hombre que mantenía relaciones con una mujer casada condenado colectivamente.

El contacto de un hombre joven con prostitutas no estaba socialmente censurado.
En el Imperio Nuevo encontramos textos con quejas de "amados" contra individuos que han actuado ilegal o inmoralmente. Un caso legal de Deir el-Medina se abre con esta acusación: " copulando con una mujer casada, donde se cargan las antorchas...." el texto es arduo, pero lo más importante no es este acto en sí sino "la honestidad en el transporte de los bultos" por lo que se le está juzgando, un delito de fraude.

Otra querella, también de Deir el-Medina, contra un hombre de mal carácter, muy impopular capataz llamado Paneb por acusaciones de conducta irregular en sus funciones, también se le acusa de mantener relaciones con una mujer casada "Paneb ha tenido relaciones sexuales con la ciudadana Tuy, que es esposa del trabajador Qenna, con la ciudadana Hunero cuando estaba con Hesysunebef.... y a la vez que tenía relaciones con Hunero las tenía también con su hermana Webkhet, lo mismo que su hermano Aapehty, que también las tuvo con Webkhet".

El hecho de que Paneb y su hermano tuvieran relaciones sexuales con la misma mujer aparece como una desviación sexual, aún no estando casada, al igual que las relaciones con una mujer y la hija de esta era considerado incestuoso, equivalente a que un padre y su hijo tuvieran relaciones con la misma mujer.
El centro de la cuestión en el caso de Paneb era la prueba extraordinaria de su depravación.

Para el objetivo de este trabajo es más interesante conocer lo que ocurrió con esas mujeres. En el incidente de Hunero, esposa de Hesysunef, el único caso que conocemos, un ostracón datado en el 2º año del reinado de Setnakht, nos informa de que Hesysunebef se divorció de ella como resultado de su infidelidad con Paneb.
La desaprobación de las relaciones sexuales de un hombre con una mujer casada, estuvieron profundamente arraigadas en la sociedad egipcia en el capítulo 125 de El Libro de los Muertos un difunto declara: "nunca copulé con una mujer casada" ó "no copulé con la esposa de otro".

En la Instrucción de Any (XVIII dinastía) el autor previene al lector masculino:
"hay que guardarse de una mujer forastera, si no conocemos a nadie en su ciudad, no fijar la mirada en ella al marcharse, no conocerla carnalmente. El agua profunda cuando su curso es desconocido, es igual que una mujer lejos de su marido "soy bonita" te dice continuamente, cuando no tiene testigos, está preparada para echarte el lazo, es un delito mortal si lo escuchas".

Otro texto más antiguo, las instrucciones de Ptahhotep, probablemente del Imperio Medio, avisa:
Si quieres hacer amistad en una casa, entra ya sea como señor, hermano, amigo en cualquier lugar, entra.
guárdate de aprovecharte de las mujeres.
el lugar donde eso te sea dado no puede ser bueno
puede no haber sabiduría al descubrir esto
cien mil hombres fueron rechazados por su gozo
un momentito, semejante a un sueño
y la muerte se extendió hasta ellos
es algo vil, concebido por un enemigo
emerge de uno el rechazarlo con el corazón
igual que la aflicción para el que después de
haberlo codiciado no obtiene buenos resultados.

El último caso de adulterio que contaremos proviene de una carta de la XX dinastía, cuyo remitente es desconocido y relata el caso de un hombre casado que tuvo una aventura de ocho meses con otra mujer. La indignación de sus vecinos es tan elevada que el gentío intenta cogerlos juntos y dar una paliza a la mujer y a su familia, la queja de esta última es: "durante ocho meses ha estado durmiendo con ella pensando que no estaba casado y aún si estuviese casado podía haber renegado de su juramento con la otra". La multitud vengadora, es contenida por un sirviente anónimo que envía a la mujer una nota "considera Nesamenemipet, porqué le has recibido repetidamente, si el corazón del hombre está contigo, déjale ir al tribunal con su esposa, que rompa el juramento y vuelva a tu casa".

La conducta reprobable de hombre está en la duración de la aventura y en las consecuencias económicas de esta.

El adulterio masculino no se consideraba tal cuando no ofendía ni causaba problemas a otro hombre. En el caso femenino, se entendía de la misma manera, no importaban las consecuencias para la mujer, pero sí las del marido, como todas las sociedades antiguas (y algunas actuales) la consideración femenina está en función de los problemas o beneficios que estas den a los hombres.

Divorcio

Mientras el concepto de matrimonio entre los antiguos egipcios está bastante oscuro, hay muchas evidencias de que el divorcio no fue poco común.
No conocemos muchas de las causas que llevaron al divorcio a las parejas, pero la infidelidad y la esterilidad femeninas son los argumentos más comunes. Desde principios del siglo V a.C. hay evidencias de que también la mujer podía iniciar un divorcio, aunque la esterilidad masculina, entendida como impotencia no fue interpretada como la esterilidad femenina, que estuvo muy censurada.

El deseo de desposar a otra mujer era causa suficiente para divorciarse los hombres. Se casaban en su mayoría con mujeres mucho más jóvenes o más convenientes para elevar su posición. El adulterio del marido no era, que sepamos objeto de ninguna sanción. El hombre podía llevar a casa concubinas. Una estela funeraria muestra a toda la familia reunida en la necrópolis. Está formada por el padre, la madre, los amigos, los socios, los niños, las ynthnt (concubinas) y los criados.

Para el divorcio, aunque no hubiese sanción religiosa o legal, hubo tribunales con testigos. Volver a casarse era posible para cualquiera de las partes, pero las mujeres podían perder los derechos de herencia para sus hijos, lo cual hacía que estas evitasen el divorcio.

Los solteros

El estado natural del hombre y la mujer parece ser que es el de casado, sin embargo tenemos pruebas de que ya en el antiguo Egipto hubo hombres que optaron por no tener esposa y por lo tanto carecer de descendencia.
Un fragmento de narración del Imperio Antiguo nos relata la relación homosexual entre el rey Neferkara y su general Sasenet.

La homosexualidad está en contra de lo aconsejado en las Instrucciones de Ptahhotep y en el Libro de los Muertos en el Imperio Nuevo. El problema de la homosexualidad es que no estaba conforme con el ideal egipcio de vida familiar, basado en el concepto de fertilidad y su conexión con la vida en el más allá. Hay tan pocas evidencias de celibato femenino como masculino.

Las viudas eran consideradas un grupo marginal para la sociedad al igual que los huérfanos, los hambrientos y los desposeídos de toda fortuna.
Sabemos muy poco de lo que acontecía a las mujeres divorciadas, algunas se debieron casar o fueron acogidas en los hogares de otros parientes.

Un ostrakón de la XX dinastía en Deir el-Medina, nos informa del intento de un padre de hacer jurar a un hombre que no va a abandonar a su hija bajo pena de recibir cien latigazos y la pérdida de todas las propiedades de la pareja.

No parece haber testimonios de la opinión social sobre la homosexualidad femenina, pero podemos deducir, que al no procrear, crearía la misma repulsión social que la masculina.



 
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