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Las Mujeres del Nilo Imprimir E-Mail
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Sección de la Mujer en el Antiguo Egipto
Escrito por Pilar Pérez González   
Publicado el lunes, 21 de abril de 2003
Modificado el domingo, 01 de octubre de 2006
Índice del Artículo
Las Mujeres del Nilo
Página 02 - Capitulo I - El ámbito domestico
Página 03 - Capitulo II - El trabajo fuera de casa
Página 04 - Capitulo III - El matrimonio
Página 05 - Capitulo IV - La maternidad
Página 06 - Capitulo V - Reinas y damas reales
Página 07 - Capitulo VI - Reinas gobernantes
Página 08 - Capitulo VII - La religión y la mujer
Página 09 - Bibliografía

Fertilidad

El propósito del matrimonio es tener hijos que perpetúen la familia. El autor de la instrucción de Ani, en el Imperio Nuevo, aconseja a sus lectores varones:

Toma esposa mientras seas joven
engendra un hijo
le criarás cuando aún estés vigoroso
ya que lo apropiado es continuar la familia
porque es estimado aquel, según su progenie.

Otras instrucciones más antiguas siguen las mismas pautas y advierten:
"Cuando prosperes, busca un hogar, toma una joven vigorosa de la que nacerá tu hijo"
"Y cuando tengas una posición desahogada encuentra una casa, ama a tu esposa con ardor (....)alégrala cuanto puedas y será un campo fértil para su señor".

Así pues la fertilidad era de máxima importancia y la esterilidad causa de divorcio.
En el papiro mágico-médico, hay test para determinar cuando una mujer era o cuando estéril. Han sobrevivido restos de las viviendas de los trabajadores de las necrópolis de Deir el-Medina y Amarna, donde existían altares domésticos en los cuales se veneraba a deidades del hogar como Bes, Tawret y la diosa Hathor, por su relación con la fertilidad y el alumbramiento. También pequeñas figuras femeninas desnudas y con el triángulo público marcado, con elaborados peinados y cinturón alrededor de las caderas, de principios de Imperio Medio y del Imperio Nuevo, como ofrendas en tumbas y templos.

Fig. 39 - Figuras de fertilidad dedicadas a la diosa Hathor, como ofrendas votivas
Fig. 39 - Figuras de fertilidad dedicadas a la diosa Hathor, como ofrendas votivas

Algunos estudiosos las han llamado "figuras concubinas" considerando que dichas figuras eran puestas en las tumbas para estimular el deseo sexual, pero esta hipótesis cae cuando estas figuras se encuentran también en enterramientos de mujeres. Más acertado nos parece la creencia de que estos objetos tienen relación con la fertilidad y el nacimiento, tanto en la vida como la muerte. Su presencia en tumbas se explica por la esperanza en el renacimiento en el más allá y por tanto pueden ser para enterramientos de niños, adultos, masculinos o femeninos.
En el hogar se relacionan con la continuidad de la familia en este mundo, en los templos se presentan como ofrendas votivas (fig. 40), la mayoría se han encontrado en altares dedicados a Hathor, diosa de la sexualidad y fertilidad, presuponemos que las ofrecían al pedir a la diosa tener un hijo.

Fig. 40 - Figurillas de la fertilidad. Petrie Collection, University college , Londres
Fig. 40 - Figurillas de la fertilidad. Petrie Collection, University college , Londres

Hay muy pocas menciones a cerca de la menstruación. Encontramos, en escritura demótica la Historia de Setne Khaemwset en la cual la princesa recién casada, Ahwere dice: "llegó mi tiempo de purificación y después no tuve más (épocas de purificación)", lo que parece significar que la princesa quedó embarazada y que al final de la menstruación era necesaria una purificación.
Ya entonces era sabido la necesidad del coito para producirse el embarazo, Ahwere dice: "durmió conmigo esa noche y me encontró placentera, y de nuevo nos amábamos cada noche".
Similares referencias encontramos en las historias, del Imperio Nuevo, de "El Príncipe condenado" y "Verdad y Mentira". En la primera dice. "por la noche durmió con su esposa y quedó embarazada, cuando los meses de gestación se cumplieron, nació su hijo". En la segunda: "durmió con ella por la noche y la conoció, con el conocimiento de un hombre. Ella concibió a su hijo esa noche".

Embarazo y parto

Entre los egipcios más antiguos existían rituales para conocer cuando una mujer estaba o no embarazada, lo que demuestra el desconocimiento de los signos externos de embarazo. Estos test incluían la toma de temperatura, el examen del pecho, el color de la piel y el efecto de la orina en la germinación del grano, la mujer orinaba en el grano cada día, si germinaba primero la cebada era varón, si era primero el trigo era hembra, y si no germinaba nada no había embarazo.

Aunque la fertilidad fue de suma importancia en el antiguo Egipto, hay textos médicos con prescripciones anticonceptivas para la mujer, ya que no siempre eran los embarazos deseados. En la práctica los anticonceptivos no tuvieron mucho éxito. Uno era la introducción por vía vaginal de diferentes sustancias; el estiércol de cocodrilo o la miel como bloqueo del esperma, las semillas de acacia, que poseen un alto grado de goma arábiga, eran utilizadas como espermicida.

No existen evidencias de métodos anticonceptivos utilizados por el hombre.
Sobre el parto existen tan sólo algunos jeroglíficos que lo describan. En los templos ptolemaicos se nos muestra el nacimiento de un hijo divino. Normalmente es una diosa, junto a su madre que la sostiene, con una rodilla flexionada recibiendo a su hijo.

Una historia del Imperio Medio nos narra el milagroso nacimiento del primer rey de la XV dinastía. La madre Rudjedet es asistida por cuatro diosas: Isis, Neftys, Mesnejet y Heket. Cada nacimiento es descrito de la misma manera: "Isis se colocó delante de ella Neftys a su lado, Heket aceleró el nacimiento. Isis dijo: es muy potente ya en el útero, su nombre será "Vigoroso", el niño se deslizó en sus brazos, las diosas le limpiaron, cortaron el cordón umbilical y le tendieron sobre un cojín de paño. Entonces Mesjenet se aproximó y dijo: "un rey que sumirá el reinado de toda esta tierra".

La implicación de los dioses en el nacimiento es una exhortación al cuidado de los niños en el parto, así como prevención de la ira divina si ese proceso no es el adecuado. Isis representa a la madre por excelencia, Hathor es la diosa de la fertilidad sexualidad y nacimiento, y la invocaban ante la inminencia del parto al cual veían como un prolongado sufrimiento, existiendo la posibilidad de morir.
Estrechamente asociado con Hathor estaba el dios doméstico Bes que con ella se ocupaba de la sexualidad y sus consecuencias: embarazo y parto; su imagen era regalada a las embarazadas, las cuales le pedían un parto rápido y fácil.

Fig. 41 - Dos hombres sostienen y ayudan a una mujer embarazada al iniciarse las contracciones del parto. Este relieve fue hallado en una tumba donde se encuentran numerosas representaciones relacionadas con. la medicina. Anjmahor, el dueño de la tumba, era un médico, y este relieve describe un caso relacionado con su oficio
Fig. 41 - Dos hombres sostienen y ayudan a una mujer embarazada al iniciarse las contracciones del parto. Este relieve fue hallado en una tumba donde se encuentran numerosas representaciones relacionadas con. la medicina. Anjmahor, el dueño de la tumba, era un médico, y este relieve describe un caso relacionado con su oficio

La posición que parece ayudaba más a la mujer en el parto era en cuclillas sobre dos ladrillos. En un texto, un hombre narra, como fue castigado por la diosa Meret-Seger "me senté sobre los ladrillos como una mujer pariendo", la diosa Meret-Seger era la representación de uno de esos ladrillos que ayudaban a nacer a los niños.

A partir del Imperio Nuevo, se habilitaron unos lugares para el nacimiento, bien en un edificio construido en el jardín bien en el tejado de la casa. El propósito era, probablemente, aislar a la madre y al niño de la comunidad, una costumbre utilizada por otras culturas y en muchos lugares del mundo.

Ninguna de esas construcciones ha permanecido, pero sabemos de su existencia, por varios ostraka de Deir el-Medina. El edificio consistía en una especie de tejado sostenido por ligeras columnas de papiro, decoradas con hojas de parra. La madre esta sentada o echada en una cama, desnuda o con un collar y cinturón alrededor de las caderas, normalmente está amamantando al bebé y es asistida por una ó más jóvenes ataviadas de igual manera.

Una escena parecida la encontramos en vasos para cosméticos, los cuales podían haber sido usados para los ritos de purificación, a los cuales debía someterse la madre antes de incorporarse a la comunidad.

Fig. 42 - Diosa Tweret, protectora de las embarazadas y de la infancia. Lleva un cuchillo y el símbolo Sa. El símbolo Sa garantizaba protecciónen especial en el momento del parto
Fig. 42 - Diosa Tweret, protectora de las embarazadas y de la infancia. Lleva un cuchillo y el símbolo Sa. El símbolo Sa garantizaba protecciónen especial en el momento del parto

La diosa Tweret, con su combinación de hipopótamo, león y cocodrilo intenta alejar a las fuerzas del mal. Su imagen lleva a menudo el jeroglífico de protección o un cuchillo con el que alejar a los demonios.

El parto fue una causa de elevada mortandad femenina como nos demuestran muchos enterramientos, por lo que no nos sorprende que tuvieran encantamientos para tratar de proteger a las futuras madres. En uno de ellos, la muerte trata de implicar a la mujer por haber tenido tratos con ella: "no habrás negociado (con esta mujer) .... No te habrás asociado con ella, no la habrás hecho nada malo o dañino".
Este y muchos otros se repetían durante el embarazo y parto como ayuda ante el inminente nacimiento de los niños.

Fig. 43 - Figura de fertilidad, llevando la mujer a un niño en su cadera izquierda con un texto de protección para el niño
Fig. 43 - Figura de fertilidad, llevando la mujer a un niño en su cadera izquierda con un texto de protección para el niño

Lactancia

Es muy probable que gran parte de su edad fértil, las mujeres estuviesen embarazadas. Sabemos que las clases altas tenían amas de cría, bien por evitar esa preocupación a la madre, bien por la imposibilidad de ésta de alimentar al niño.
En la Instrucción de Any leemos:

Da doble alimento a tu madre
susténtala como ella te sustentó
tuvo una gran carga contigo
pero no te abandonó
cuando naciste después de la gestación
siguió unida a ti
te alimentó durante tres años con su propia leche
creciste y tus excrementos repugnaban
pero ella no decía "¿que voy a hacer...?"
cuando te envió a la escuela
y aprendiste a escribir
te aguardaba en casa cada día
con pan y cerveza.

Fig. - 44 Isis con su hijo Horus
Fig. - 44 Isis con su hijo Horus

La infancia

El índice de mortalidad infantil también fue, en el antiguo Egipto, muy elevada, como lo demuestran enterramientos y textos de la Instrucción de Any del Imperio Nuevo. El autor escribe: "no digas "también yo fui llevado joven", la muerte arranca al niño de los brazos de su madre, pues alcanza por igual a los jóvenes que a los ancianos".
También conservamos fórmulas de encantamiento para proteger a los niños recién nacidos "protege al niño en el día de su nacimiento".

En el Segundo Periodo Intermedio o comienzos del Imperio Nuevo hay invocaciones del niño, al que se identifica con Horus niño, hijo de Isis: "la voz de Ra llama a Wepet, porque a este niño nacido de Isis le duele el estómago"
Los amuletos protectores se colgaban en el cuello de los niños. En el Imperio Medio y el Segundo Periodo Intermedio, las madres y los niños tuvieron un amuleto común, era una banda decorada con figuras atropofaicas hechas de colmillo de hipopótamo y otros materiales que podían variar.
Las madres fueron muy respetadas y aparecen junto a sus hijos en las cámaras funerarias.

La figura de una rana representaba a la diosa Heket, asociada con la infancia. El gato sentado se refería al dios solar Ra. La de un hipopótamo hembra embarazada a la diosa Tweret (ver fig. 42) aunque en esa época Tweret era la diosa Opet. La figura de Bes también era bastante común que igual que Tweret hasta el Imperio Medio fue conocido como Aha.
Los símbolos atropáicos estaban asociados con los de protección como el ankh, el ojo de Wadjet o el jeroglífico Sa.

Fig. - 45 El ojo de la luna que Set le robó a Horus y que luego le fue devuelto por Tot, el ojo Wadjet era un amuleto popular y se llevaría como protección contra el mal. Simboliza el poder de la luz encarnado en el dios solar Horus. también estaba pintado en parejas en los ataúdes y sarcófagos para proteger al cuerpo que había dentro
Fig. - 45 El ojo de la luna que Set le robó a Horus y que luego le fue devuelto por Tot, el ojo Wadjet era un amuleto popular y se llevaría como protección contra el mal. Simboliza el poder de la luz encarnado en el dios solar Horus. también estaba pintado en parejas en los ataúdes y sarcófagos para proteger al cuerpo que había dentro

La naturaleza protectora de las bandas, es difícil de conocer por las inscripciones que algunas llevan "protección por la noche y el día", "cortar la cabeza del enemigo cuando intenta entrar en la sala de partos donde el niño ha nacido". Las bandas llevaban el nombre de la mujer y en algunos casos el del niño, la supuesta efectividad se basaba en la identificación del recién nacido con Horus niño. Además de la madre lo podían llevar las amas de cría ya que se han encontrado en dos tumbas, aunque también pueden ser objetos funerarios para la protección en el renacimiento de la nueva vida.

Otra forma de protección, datada en el Imperio Medio, eran las fundas cilíndricas de encantamientos. Podían ser sólidas o huecas, adornadas con granates o con hilos y bolas de cobre.

A finales del Imperio Nuevo se acostumbraba a introducir papiros con las fórmulas protectoras dentro de pequeños cartuchos cilíndricos que se colgaban alrededor del cuello de los niños

A lo largo del tiempo, la primacía de la familia, en el sentido más estricto del término, se consolida. La llamada tríada compuesta por un dios, su esposa y su hijo, se convierte en modelo absoluto. La formada por Osiris, Isis y Horus, es el ejemplo más típico. Todos los templos de Egipto se organizan en torno a una familia similar, donde el dios padre desempeña el papel principal y el dios hijo es un niño, a excepción de algunas variantes.

A los egipcios les gustaban los niños. Cuando se visitan las tumbas menfitas, amarnianas o tebanas, si se contemplan las estelas de Abydos o los grupos esculpidos veremos muchos niños.

Aunque todos los hijos son bien acogidos, el deseo de tener un varón es general. La función del hijo es hacer perpetuar el nombre de su padre. Su deber, como recuerdan las inscripciones, es inhumarlo y velar por el cuidado de su tumba.
Los nombres egipcios podían ser muy cortos, Ti, Abi, Twi, Tw o formaban toda una frase "Djed-Ptah-Yuf-ankh: Ptah dice que vivirá"; en ocasiones sustantivos, adjetivos o participios se transforman en nombres propios: Djaw, el bastón; Sheu, el odre; Nehti, el fuerte; Shery, el pequeño; Ta-mit, la gata. La mayor parte de los padres preferían poner a sus hijos bajo la protección de una divinidad. Los ahijados del dios Hor se llamaban Hori, los del dios Seth, Seti; los de Amón Ameni. El historiador Manetón se encomendaba al dios tebano Montu. De este modo se puede valorar el culto de algunas divinidades a través de la historia.

Una vez que los padres habían elegido un nombre para su hijo éste tenía que ser registrado por la autoridad competente. En los registros de la "casa de la vida". La casa de la vida era una especie de Instituto de Egipto donde astrónomos, pensadores e historiadores conservaban todo el conocimiento y trabajaban para conservar ese patrimonio.

El niño de corta edad permanecía junto a su madre, que por lo general lo llevaba contra su pecho, en una bolsa colgada al cuello que le dejaba las manos libres.
El vestido era tanto para niños como para niñas un collar únicamente. Cuando crecían se les entregaba a los muchachos un taparrabos y a las chicas un vestido, también a las jovencitas se les cortaba el mechón infantil. La entrega de estos atributos marcaba un hito en la vida de los jóvenes, es posible que ese día coincidiera con su entrada en la escuela. Entre los fellahs o entre los artesanos, el niño permanecía en casa y aprendía a cuidar los rebaños o a manejar las herramientas a fin de ejercer posteriormente el oficio para el que se había preparado.

La infancia real y la sucesión

Debemos suponer que teniendo los faraones varias esposas, el número de hijos también pudo ser numeroso, sin embargo no tenemos constancia de este hecho con los faraones anteriores a Ramsés II, al cual han sido asociados más de cien hijos, muchos de ellos solamente conocidos por las escenas procesionales conmemorativas y desde luego desconocemos quién era la madre de cada uno. Las hijas reales que aparecen con este faraón eran hijas de Nefertari, su esposa principal y de Asetnefret , su segunda esposa. Claramente tal número de hijos es imposible que nacieran de estos dos matrimonios. Sabemos que Ramsés II se desposó con su hermana Henutmira, con tres de sus hijas, con dos princesas hititas, una princesa síria, una babilonia y probablemente hubo más esposas reales de las cuales aún hoy no sabemos sus nombres.

El sexo de un hijo del rey marcaba su posición, si era varón podía suceder a su padre en el poder, si era niña no tenía expectativas de reinado ya que no se aceptaron las mujeres como faraones. Las hijas eran reinas potenciales y con la madre del rey y la esposa principal formaban la tríada de madre consorte e hija, como reflejo de la similar de Hathor, Isis y Ra.

Los varones tenían un papel muy reducido mientras vivía su padre. El mito de Horus, heredero de Osiris, era asumido por los reyes que se consideraban Horus y a su padre fallecido Osiris.

Fig. 46 - Isis con su hijo Horus
Fig. 46 - Isis con su hijo Horus

La elección del heredero y las intrigas en los harenes para conseguir el nombramiento de uno u otro hijo del faraón fueron numerosas. Conocemos por un papiro de Turín, escrito en caracteres hieráticos, una conspiración en tiempos de Ramsés III, que hace referencia a una rebelión contra el rey promovida por una dama real llamada Tiy, su hijo, otras damas del palacio y un pequeño grupo de oficiales del palacio, en el exterior. También estuvieron implicados un comandante del ejército, un vigilante de los sacerdotes de Sejmet y un capitán de arqueros de Nubia, que está específicamente mencionado. El complot tenía la finalidad de asesinar a Ramsés III y poner en el trono al hijo de Tiy que al ser descubierto optó por el suicidio algo que también decidieron algunos conspiradores. El papiro no nos habla del proceso a las mujeres ni del castigo que recibieron.

En el Imperio Medio hay evidencias de un atentado contra la vida de Amenemhat l fundador de la XII dinastía , los estudiosos discuten si ocurrió o no. El acontecimiento está recogido en un texto conocido como "Enseñanza de Amenemhat l". El documento fue escrito en el reinado de su sucesor Senusret l y está redactado en forma de carta, en la cual Amenemhat advierte a su hijo contra la traición desde cualquier procedencia y le describe su propia experiencia "fui después a cenar, cuando ya había anochecido y tras un rato de descanso. Estaba dormido en mi cama, pues me hallaba muy fatigado y había empezado a caer en el sueño... Me desperté peleando y me encontré con un ataque de un guardaespaldas... ¿ninguna mujer avisó a la guardia?, ¿el tumulto no levantó al resto de la residencia?". El ataque claramente se originó en el palacio y pudo ser suscitado o encontrarse comprometida una o más damas reales.

En el Imperio Antiguo, la autobiografía de un oficial, incluye información a cerca de un proceso, en el que estuvo presente, contra una reina de Fiope l . No se habla del tipo de delito, pero pudo ser sorprendida conspirando contra el faraón o bien existe la posibilidad de un adulterio.



 
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