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Hombres, Sacerdotes y Dioses. Una introducción Imprimir E-Mail
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Sección de Religión y Mitología - El Sacerdocio
Escrito por Elisa Castel   
Publicado el miércoles, 19 de enero de 2005
Modificado el miércoles, 27 de septiembre de 2006
Índice del Artículo
Hombres, Sacerdotes y Dioses. Una introducción
Página 02 - Las funciones sacerdotales

Las funciones sacerdotales

Horus favorece a quien está a su servicio en este lugar, porque ve el bien que se hace en él... que se guarde de entrar por esta puerta en estado impuro, porque el dios prefiere la pureza a millones de objetos preciosos. Lo que le sacia es Maat. No os presentéis en estado de pecado. No mintáis en su morada. No añadáis al peso y a la medida, antes disminuid en ellos. Vosotros que sois gente importante, no paséis sin invocarle, cuando estáis encargados de prestarle ofrendas o de alabarle dentro de su dominio.

Texto grabado en las jambas de la puerta de acceso al templo de Horus en Edfu.

Debido a la ya mencionada acumulación de títulos, es muy difícil hacer una división jerárquica de los diversos puestos que cubrían los sacerdotes del antiguo Egipto, ya que fue variable en función de la importancia y del tamaño del templo, amen de algunos cargos que aún hoy no podemos situar. Veamos algunos ejemplos: sabemos por el papiro Harris I, de época de Ramsés III, que, en este momento del Reino Nuevo, el templo de Amón en Karnak daba trabajo a una media de 81.322 personas, mientras que, por ejemplo, el templo de Anubis en el Fayum era llevado por tan solo 50 personas distribuidas entre 6 sacerdotes permanentes y cuatro grupos alternativos de 11 oficiales a tiempo parcial. Por otro lado, Kemp hizó el cálculo, en razón de la capacidad máxima de los almacenes de grano del Rameseum (Templo Funerario de Ramsés II, en Tebas Oeste) , de la cantidad de bocas que solamente este templo podía alimentar, llegando a la conclusión de que, podían dar sustento a un número comprendido entre las 17.000 y las 20.000 personas, o lo que es lo mismo, a unas 3.400 familias. Como vemos las diferencias son significativas.

Hombres, Sacerdotes y Dioses. Una introducción

El clero constituía una jerarquía organizada en pirámide en cuyo vértice se encontraba el rey, seguido del «Sumo Sacerdote», que, con nombres distintos según el santuario al que sirviera, ejercía la función de gobernar todo el templo y sus trabajadores, con atribuciones políticas y religiosas. El Sumo Sacerdote se asistía de un alto y un bajo clero que comenzaba su labor antes del amanecer, llegando incluso en ocasiones a actuar, en las puertas de los templos, a modo de jueces y mediante el oráculo, antes de que los problemas de los trabajadores llegaran a la justicia ordinaria sobre todo durante la Baja Época. Era deber de los sacerdotes, igualmente, juzgar las actuaciones contra los dioses o contra las encarnaciones animales de las divinidades en la tierra. Así el historiador de Helicarnaso, Herodoto, en su segundo libro de Historia nos menciona:

Y si alguien mata a uno de esos animales voluntariamente, sufre pena de muerte; en cambio, si lo hace involuntariamente, paga la multa que fijen los sacerdotes.

Indudablemente, en este fragmento, Heródoto está exagerando, quizá para dejar más patente la piedad del egipcio. De cualquier modo, estas penas posiblemente podían hacerse efectivas, en casos puntuales y cuando el animal eliminado fuera la encarnación del dios de la provincia o del nomo (divisiones administrativas).

Hombres, Sacerdotes y Dioses. Una introducción

En los primeros períodos de la historia egipcia, el desarrollo del clero entregado a los dioses fue rápido, pero sin una influencia relevante fuera de las cuestiones religiosas y sin acumulación de grandes riquezas. Anotamos la presencia de algunos personajes de las Dinastías IV a VI que ostentaron solamente cargos sacerdotales relacionados con el culto de un dios, y a cuya cabeza se encontraba un individuo de alto rango, que ostentaba el título de «Jefe de los Secretos del Cielo». Como contraste, encontramos también personajes que combinan los cargos relacionados con el clero junto a títulos militares. Citemos algunos ejemplos: Nikaanj, un personaje de la Dinastía V, sirvió al gobierno y a la vez fue «Sumo Sacerdote» del Templo de Hathor en Tehneh. Este hombre, nombrado por Userkaf, se encargaba de recaudar los impuestos del templo, y su familia, compuesta por su mujer y sus 12 hijos, se ocupaba de servir en el santuario durante un período de un mes cada uno, sin distinción entre sexos. Ejemplos como estos vamos a encontrarlos a lo largo de toda la historia faraónica; cuando el clero aumenta su poder acapara cargos civiles. En lugares alejados del Valle del Nilo, es decir, en los Oasis, también tenemos ejemplos de este tipo.

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Así pues, los servicios religiosos se complican y parece que se va creando una verdadera casta sacerdotal que crece en el Reino Medio, (aunque aún no acaparan posiciones de poder absoluto), y culmina en el Reino Nuevo. Momento en el que el dios Amón alcanza tal importancia que su clero se desarrolla con una rapidez sin precedentes. Básicamente nos vamos a centrar en este momento ya que es el más documentado, aunque hay que puntualizar que incluso la estratificación de este clero, varió a lo largo de la historia faraónica.


[1] El presente trabajo forma parte del libro de Elisa Castel: Los Sacerdotes en el antiguo Egipto, publicado por la editorial Aldebarán en Madrid 1998, pág. 11-19.
[2] Según Kent Weeks, Tebas en el mismo periodo tenía una población de 50.000 habitantes.
[3] La mayor parte de la información sobre la filiación y títulos de los sacerdotes procede de las estelas, los sarcófagos y los enterramientos.
[4] Existen pocos datos que nos permitan afirmar la existencia de miembros del clero entregados únicamente al servicio del dios.

LOS SACERDOTES EN EL ANTIGUO EGIPTO
Elisa Castel

Hombres, Sacerdotes y Dioses. Una introducción

331 páginas con fotografías en blanco y negro, cuadros e ilustraciones.
ISBN: 84-88676-36-0

Editado por: Editorial Aldebarán
c/ Luna 28
28004 Madrid
España
Tel: +34 91 532 94 09
Fax: +34 91 532 56 82
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Comentario editorial: Nada puede ser más fascinante que sumergirse en la vida cotidiana, en la privacidad y costumbres, de los antiguos egipcios. En esta obra la autora nos acerca a través de su clero, formado por hombres y mujeres que dedicaron parte de su existencia al servicio de los dioses, pero que también gozaban de una activa vida pública, semejante ala de muchos habitantes del Valle del Nilo. Descubriremos como vivían, como se alimentaban, sus fiestas, sus ritos, sus virtudes, sus vilezas y un sinfín de distintos aspectos, cada cual más cautivador. os fascinará, una vez más, esta cultura milenaria tan atrayente y tan lejana a nosotros al mismo tiempo.



 
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