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El arte de la belleza Imprimir E-Mail
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Sección de Sociedad, Técnica y Cultura
Escrito por Eva Calomino   
Publicado el domingo, 27 de noviembre de 2005
Modificado el miércoles, 11 de octubre de 2006

La civilización egipcia fue pionera en la fabricación de productos de cosmética, que respondían a la necesidad de mejorar el aspecto del cuerpo y que constituían una parte fundamental del aseo diario. No sólo como un mero significado superficial, sino también acorde a la estructura social y cultural, geográfica y simbólica, totalmente funcional a la época, realmente un modo artístico de entender y convertir la utilidad cotidiana en belleza.

En el Antiguo Egipto nos encontramos con múltiples usos de aceites en perfumería. No se pretende realizar una exhaustiva enumeración de tales utilizaciones, sin embargo no por ello debemos privarnos de conocer algunas, entendiendo de este modo el contexto utilitario que se describe.

En las fiestas se utilizaban conos de perfume y la gente se untaba brazos y manos con pomadas perfumadas. Las mujeres usaban óleos aromáticos extraídos de la mirra, esencia de flores, dátiles, terebinto o incienso con aceites grasos; de las semillas de la Balanites aegyptiaca, los dátiles del desierto, se extraía un apreciado aceite aromático. En los papiros Ebers se describen varios desodorantes; otros ungüentos se empleaban para paliar los efectos de la sudoración.

Era frecuente el uso de cosméticos para masajes (en tumbas de particulares aparecen sirvientas untando a sus dueños con aceites). Se empleaban cremas para endurecer la piel o para mantenerla suave y elástica, evitando así que se resecase (es lógico debido principalmente y a modo general la zona en que habitaban, el desierto).

Ungüentos y perfumes se utilizaban también para los difuntos en la momificación y en el culto funerario.

Se obtenían de grasas de hipopótamos, cocodrilos, gatos o de varias sustancias vegetales.

Había aceites que garantizaban la desaparición de las arrugas. Uno de éstos era el fenugreek extraído de una planta empleada como forraje y que aún es apreciada por herboristas y farmacólogos.

Los cosméticos de lujo eran empleados por la gente de alta sociedad, mientras que, la clase trabajadora debía conformarse con productos de menor calidad.

En el Período Predinástico, en las paletas se mezclaban coloretes con aceites o grasas para maquillar el rostro, era una necesidad para la higiene personal; el maquillaje tenía también un valor curativo y profiláctico . Para ello se servían básicamente de dos pigmentos: la malaquita verde del Sinaí para la pintura (udju), que fue empleada hasta mediados del Imperio Antiguo; después fue reemplazada por la galena negra (mesedemet), llamada hoy Col, de la cual había depósitos cerca de Asuán y en las costas del Mar Rojo. Estos pigmentos eran mezclados en agua hasta formar una pasta. Es probable que estas prácticas tuvieran un sentido religioso o simbólico. En las listas de ofrendas del Imperio Antiguo, estos dos pigmentos son mencionados junto con los sietes óleos sagrados, como requisitos indispensables para el Más allá.

En todo caso, servían de desinfectante natural: tenían la propiedad de ahuyentar a los insectos y protegían los ojos de los rayos del sol. Las egipcias se coloreaban las uñas, las palmas de las manos y en ocasiones también el cabello con un pigmento ocre-rojizo que se extraía de las hojas de alheña. La pintura de labios y mejillas no era muy frecuente en Egipto. En los retratos de los difuntos se aplicaba pintura en las mejillas, haciendo que se pareciesen a los vivos.

Con respecto a los utensilios: los cosméticos se guardaban en recipientes de diversos tipos que varían de un período a otro, tanto por lo que se refiere a la forma como al material de que se hacían. Las paletas eran de piedra y tenían forma oval o de animal (muchas de ellas conservan aún restos de los pigmentos triturados o pulverizados). La pintura negra o mesmedet, que utilizaban las egipcias, derivaba de la galena (sulfuro de plomo) o de la antimonita. Se conservaba en forma de polvo muy fino o pasta. Las egipcias se oscurecían las ceja, párpados y pestañas con ayuda de palitos o cucharillas.. El contenido de los jarros de ungüentos se aplicaba con una cuchara de madera, hueso o marfil.

En Egipto, los espejos están ya documentados desde el Imperio Antiguo, se trataba de espejos metálicos, finalmente pulimentados. De forma redonda, estaban bellamente decorados, especialmente los mangos, aunque algunos presentaban incisiones en la superficie plana del espejo.

Un artículo de maquillaje era el portalápices de doble cilindro. Este utensilio contenía galena negra.

Con respecto al modo de aplicación y el uso del maquillaje: la pintura se aplicaba trazando líneas con palitos desde los ángulos exteriores de las cejas hacia los lóbulos de las orejas; para la sombra de ojos se empleaba pintura negra que se extraía de la galena, esta sustancia protegía los ojos del deslumbramiento; la pintura de labios se aplicaba normalmente con un pincel pajuela o cucharilla. sin embargo, como se ha explicado, no era muy común.

Hemos de admitir que las mujeres y los hombres egipcios prestaban una especial atención al cuidado de sus cuerpos y cabelleras. Utilizaban infinidad de productos que hoy nos son familiares, pero también algunos sorprendentes: los conos de perfume.

Los perfumes y los cosméticos estuvieron estrechamente ligados a la vida cotidiana de los egipcios desde los primeros tiempos de su historia. Uno de los productos utilizados que más llama la atención del hombre actual son los conos de perfume: un ungüento elaborado a partir de materias grasas perfumadas, que se colocaba sobre la cabeza; conforme pasaba el tiempo y, debido al calor corporal, se derretía y extendía por los cabellos y los vestidos. Como muestran las pinturas de las tumbas, podía aparecer tanto sobre las pelucas de los comensales asistentes a un banquete (enmascarando, porque no, el hedor fuerte de los alimentos) como sobre la cabeza rapada de un sacerdote que oficiaba una ceremonia. Su fabricación estaba unida a la de los perfumes; después de extraer el perfume de la masa de plantas aromáticas, resinas y aceites, calentado y exprimido, la base grasa sobrante se almacenaba en recipientes, luego se modelaba en forma de cono para utilizarlo en un momento adecuado, y, si se quería conservar más tiempo, se le añadía almidón y se hacían pastillas.

El almacenamiento y el transporte de los perfumes y de los conos de perfume se realizaba en vasos y jarras de bellas formas y elegante decoración. El vidrio era uno de los materiales utilizados con más frecuencia para elaborar estos envases. Los dibujos se obtenían aplicando los pigmentos con el vidrio todavía blando, luego se volvía a calentar el recipiente y se daba el acabado; finalmente, para alisar la superficie se lo hacía girar sobre un bloque de madera.

Todos estos simples hechos cotidianos en la cultura egipcia llegaron a deslumbrar a varias culturas e imperios, al punto de adjudicarles en la actualidad, características mágicas y encantadoras que traspasaron las fronteras del territorio egipcio y se extendieron al continente europeo. Puesto que, proliferan los supuestos fantásticos, debido principalmente a la imposibilidad de adaptar tales realidades a las sociedades actuales, debemos indagar acerca de ciertos calificativos, es decir ¿podría llamarse propiamente moda o conlleva un sentido (entendiendo este término como significado con determinada proyección) de monumentalidad, de solidez, de esencia, es decir de su cultura? Recordemos que no se trata de la repetición e imitación de una costumbre, sino de estos valores formales, de los cuales nace precisamente el juicio de modernidad, de actualidad del arte egipcio. Pero de aquellos valores plásticos cerrados se emana una esencia, misteriosa para nosotros, que siguen siendo la más antigua expresión de una civilización artística cuyos valores perennes continúan.

 
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