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Árboles y flores en el antiguo Egipto Imprimir E-Mail
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Sección de Sociedad, Técnica y Cultura
Escrito por Pilar Pérez Villamor   
Publicado el miércoles, 26 de enero de 2005
Modificado el miércoles, 11 de octubre de 2006
Índice del Artículo
Árboles y flores en el antiguo Egipto
Página 02 - Continuación del Artículo
Página 03 - Continuación del Artículo
Página 04 - Bibliografía

De la misma forma en que se abrían los pétalos del loto anunciando el nuevo día salían las notas del arpa cuando Neheh rozaba las frágiles cuerdas del instrumento bajo el sicómoro a orillas del Nilo.

“Que huela a loto y de sombras a las palabras”, que a la vez recuerde una animada y cálida noche de verano y un tranquilo y frío amanecer de invierno; que evoque el nacimiento del sol, la aparición del disco en el cielo, si nos referimos a los mágicos días de vida de la ciudad de Akhetatón, o el brillo de Ra, si estamos frente al majestuoso templo de Amón en Tebas bajo el mando de Ramsés II.

Una de esas cosas que se hacen todos los días y que, si por alguna extraña y remota circunstancia, no hay tiempo para ella, sientes que falta algo, un rompecabezas al que le faltan piezas, un papiro con una línea borrosa.

Una de esas pequeñas cosas con las que se llenan los huecos de los pequeños momentos, y a las que la mayoría de las veces se creen tan insignificante, tan baladíes…, que no se tienen ni en cuenta, aunque lo cierto es que tienen más importancia que muchas de las que creemos importantes.

Desde el lugar en que se sentaba Neheh todas las tardes al caer el sol se podían ver enormes palmeras datileras, perseas, tamariscos, papiros e infinidad de especies vegetales para las que cada día inventaba un nuevo nombre. (*)

En una tierra esencialmente árida como Egipto, la franja de cultivo del Valle del Nilo representa un área de campo fértil y húmedo. Esta exuberante vegetación fue uno de los mayores atractivos para casas y templos, los cuales a menudo se acompañaban con un pozo o estanque. Los jardines seculares fueron cultivados principalmente para la obtención de verduras, pero ya en el Imperio Nuevo (1550-1069 a.C.) las zonas verdes tomaron un cariz más estético y placentero.

Los jardines en el antiguo Egipto fueron muy apreciados. Existíanjardines con diversas finalidades: estéticos, medicinales, alimentación, culto, pero sobre todo para ofrecer sombra y frescor. Que mayor placer que el contemplar la hermosura de un jardín, con sus árboles, sus arbustos, sus flores, y el descanso que ello puede proporcionar a unos ojos tan acostumbrados a vivir en armonía con la naturaleza.

La provisión de sombra era uno de los elementos más importantes de los jardines egipcios, y una representación de ello lo podemos encontrar en la tumba de Kenamum, donde se pueden observar columnas de madera usadas como soporte de una pérgola abastecida de vides.

Las casas de los ricos a menudo tenían elaborados y extensos jardines en cuyo centro había un estanque, en el Imperio Nuevo se representan en forma de T. Estanque de esta forma es el representado en la tumba de Nebamun y la forma se cree que pudiera tener connotaciones religiosas. Estos espacios se llenaron de peces y servían de refugio a las plantas acuáticas.

Tumba de Nebamun
Tumba de Nebamun.

La mayor fuente de información sobre las plantas, árboles y flores nos viene dada por las pinturas en los muros, los relieves en las tumbas y los restos de plantas y semillas encontradas en ellas. Todo ello nos da una evidencia directa de qué tipo de árboles, flores y frutas existían en el antiguo Egipto y el gran conocimiento que tenían los antiguos egipcios de ellos.

Incluso los hogares más humildes tenían huertos-jardín cerca, o pequeños rincones con flores o solamente macetas o recipientes en el patio, que llenaban de flores.

Los egipcios vivían en armonía con la naturaleza y sabían aprovechar todo lo que ella les podía proporcionar.

Árboles

Debido a la relativa pobreza de árboles que había en Egipto y la vinculación directa de éstos con sus dioses más queridos, gozaban de una protección, atención y cuidados especiales por parte de los egipcios.

Partiendo siempre de la observación de la naturaleza, los egipcios pudieron asimilar el ciclo de los árboles, como una recreación del cosmos, dado que los de hoja caduca primordialmente, expresaban la generación, regeneración y renovación, con la pérdida de sus hojas y la recuperación de las mismas; y también su conexión con el cielo y la tierra, pues las raíces están arraigadas a la tierra en Geb, y sus copas se elevan hacia el cielo, Nut, estableciéndose un vínculo estrecho y directo entre ambas deidades, apoyado en la figura del árbol.

A parte del fuerte simbolismo, cierto era que no existía nada más placentero que sentarse en un día de sol bajo las hojas de un árbol, y notar su protección bajo sus ramas. En diversas tumbas de nobles del Imperio Nuevo, podemos encontrar pinturas de grandes jardines con largas hileras de árboles, sicomoros, palmeras datileras, higueras bajas, alrededor de un estanque rectangular llenos de peces y flores de loto y mandrágora. A parte de ofrecer sombra, algunos árboles proporcionaban fruta, dátiles, higos, granadas.

Árboles ornamentales a veces se plantabanen hoyos en frente de los templos, como el templo de Hatshepsut (1473-1458 a.C.) en Deir el-Bahari, donde se encontraron los espacios de dos tipos de árboles, y en frente del templo de Nebhepetra Mentuhotep II (XI dinastía) aparece un bosque de tamariscos y sicomoros.

Maqueta de madera. En esta vivienda lujosa, se observan dos hileras de cuatro columnas papiriformes. Y un jardín con un estanque, rodeado de árboles (sicomoros). Tumba de Meketre (TT280); Imperio Medio, XI dinastía
Maqueta de madera. En esta vivienda lujosa, se observan dos hileras de cuatro columnas papiriformes. Y un jardín con un estanque, rodeado de árboles (sicomoros). Tumba de Meketre (TT280); Imperio Medio, XI dinastía.

Sicomoro (Ficus Sycomorus)

Árboles y flores en el antiguo Egipto

Pertenece a la familia de las Moráceas. Hábitat natural situado en Siria, Egipto, Sudán y parte del África Tropical.
Es un árbol de aspecto erecto y dilatado, provisto de copa muy ramificada y esférica, de 10 a 13 m. de altura y tronco amarillento. Sus hojas con nerviación pubescente son ovadas, rugosas de color glauco en la juventud, coriáceas y de color verde oliva al alcanzar la madurez.
Los frutos, pequeños y comestibles, se producen profusamente, y son siconos. Las flores son de color verdecido. Su madera es apreciada por su resistencia.

[…] He abrazado al sicomoro y el sicomoro me ha protegido; las puertas de la Duat me han sido abiertas […]

Libro de los Muertos, Capítulo 64.

La presencia del sicomoro (Nehet por los egipcios) data desde tiempos del Predinástico, apareciendo en el Texto de las Pirámides del Imperio Antiguo como árbol sagrado y su sombra fue muy apreciada bajo la luz cegadora de Egipto.

Fue cultivado tanto por sus frutos, ya que produce higos en grandes cantidades aunque de baja calidad, como para aprovechar su madera como material de construcción y la elaboración de muebles, amuletos y sobre todo sarcófagos, dado que ésta es muy resistente y de larga duración. También se utilizó para escultura, siendo un ejemplo, la talla de Skeikh el- Balad encontrada en Saqqara.

Como madera utilizada en sarcófagos tenia un significado añadido aparte de la durabilidad, ya que se entendía que el difunto se introducía en un micro-cosmos, compuesto por la tapa (Nut), la caja (Geb), y todo el conjunto creado se asocia a la diosa Hathor, que le acogía como madre.

Era el árbol celeste. Como ya se puede observar era un árbol con gran significado religioso. De acuerdo al Libro de los Muertos, hay dos sicomoros gemelos en la entrada de la Puerta Este del cielo, desde donde Re emerge cada día. El paraje se denominaba la Isla de las Llamas. También existía la creencia de que proporcionaba sombra y sustento a los muertos, aunque a partir de la XVIII dinastía, esta reputación se transfirió a la palmera datilera.

Están documentados varios cultos consagrados al sicomoro, de entre los cuales el más destacado es el de la diosa Hathor como “Señora del Sicómoro del Sur” en Menfis, donde se consideró al sicomoro como “El Cuerpo Viviente de Hathor en la Tierra”, que de su centro asomaba para ofrecer alimentos y agua; y alimentaba bajo su forma de sicomoro a los difuntos. También se le relaciona con Nut e Isis.

De sus frutos se extraía cierta bebida que servía tanto de alimento para los dioses como para el Ba del fallecido.

Era tal la devoción que procesaban los antiguos egipcios al sicomoro, que en algunos monumentos está representado con campesinos rodeándolo fervorosamente, entregando su devoción y haciendo ofrendas de frutas, verduras y jarras de agua.

Pintura de la tumba de Sennedjem (TT96). Deir el-Medina, XIX dinastía
Pintura de la tumba de Sennedjem (TT96). Deir el-Medina, XIX dinastía.

Estela de Niay, sacerdote de Sakhmet, y de su esposa. Saqqara, Imperio Nuevo
Estela de Niay, sacerdote de Sakhmet, y de su esposa. Saqqara, Imperio Nuevo.

En esta estela se observa, la pareja se halla frente a un sicomoro, con pechos y brazos de mujer. En el texto se invoca a la diosa Isis. El “alma” animada se encarnará en el pájaro ba, y esperan volar al Más Allá, para seguir disfrutando de alimentos y bebidas.



 
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