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Flores
Los egipcios amaban las flores. Hacían ramos con muchos tipos de flores para ofrendarlos a los vivos y a los muertos: aciano, amapolas, crisantemos, malvas, lirios, espuela de caballero, jazmines, hiedra, mandrágora y sobre todo, de cañas de papiro y flores de loto. Estas eran preparadas en arreglos florales, en diversidad con flores y hojas, y se ataban con un tallo de papiro y podían alcanzar gracias a ello una altura considerable, y se encuentran reproducidas con mucha frecuencia en las paredes de las tumbas y de los templos. También se han hallado como parte del ajuar funerario en las tumbas del Imperio Nuevo. En arquitectura, muchos capiteles de los templos tenían forma de papiro o de loto.
Los arreglos florales eran, además del vino, una ofrenda frecuente a los dioses. Con ellos se manifestaba el deseo de alegría y vitabilidad perdurables. En relación con Amon los ramos de flores desempeñaban una función muy especial. Así, el “Ramo de Amon de Karnak” no sólo era entregado al dios por el rey, sino también, con la misma denominación, a los difuntos como deseo de regeneración.
 Seti I ofrece un arreglo floral. Templo de Amon–Re. Karnak, XIX dinastía.
Papiro (Cyperus papyrus )
Perteneciente a la familia de las Ciperáceas. Planta herbácea, rizomatosas, normalmente originarias de zonas húmedas. Se caracterizan por sus flores unisexuales o hermafroditas, con periantio rudimentario o nulo y agrupado en inflorescencias.

Del griego papyros, que, probablemente se remonte a la denominación egipcia que significa “lo del faraón”. La densidad de papiros y lotos en vallas y márgenes, era una característica típica del paisaje egipcio. La planta de papiro, que en la Antigüedad crecía profusamente en los marjales del Delta, encontró innumerables aplicaciones en productos artesanales (esteras, cestas, barcas, sandalias, etc.). La mayor importancia a nivel de utilización la alcanzó mediante la transformación de la pulpa de sus tallos de hasta 3 metros de altura en el material de escritorio llamado “papiro”, documentado desde la I dinastía.
La caña de papiro era la materia prima del papel egipcio. El papiro se hacía cortando finas cuerdas de médula (el tisú esponjoso que había en el tallo de los juncos) y trabajándolo sobre una piedra plana. Después se golpeaba con mazos de madera hasta que su jugo natural, actuando como pegamento, unía las láminas. Estas hojas individuales se pegaban hasta formar un gran rollo.
Aparte de estos tipos de utilización, el papiro tenía un alto valor simbólico, representaba la frescura, fertilidad, regeneración, renacimiento; esto hizo que se convirtiera en el modelo decorativo para elementos arquitectónicos y utensilios de uso en el culto.
Se hicieron amuletos en forma de manojos de papiros que se llevaban como protección de vida y a los cuales se atribuían poderes mágicos que conferían eterna juventud y la felicidad sin fin también en la muerte. Estos servían también como base estructural de los ramilletes de las ofrendas, y estos ramos significaban victoria y alegría.
El papiro se convirtió en la planta heráldica del Bajo Egipto, mientras que el loto, que se encontraba a lo largo de Nilo, era el símbolo del Alto Egipto.
La unión de las dos partes se simboliza con la figura del dios Hapy, dios del Nilo, que puede aparecer atando juntos manojos de papiros y loto, o portando sobre su cabeza una corona de ellos, con apariencia de bien alimentado y pechos femeninos obien elevándolos en sus manos.
También se puede encontrar en algún relieve a los dioses Horus y Seth anudando las dos plantas emblemáticas del Alto y Bajo Egipto, con el jeroglífico que significa “unificación”.
 Lisht, templo funerario de Sesostris I. Imperio Medio, XII dinastía.
Lotos (Nympheaceas)
Como ya hemos referido antes, el loto era la planta heráldica del Alto Egipto y se encontraba a lo largo de todo el Nilo.
Los egipcios conocían primordialmente dos tipos de lotos, el blanco (Nymphaea lotus) y el azul (Nymphaea caerulea), también llamado comúnmente loto egipcio, lirio azul de agua y lirio sagrado del Nilo.
El loto indio (Netumbo Nucifera). Probablemente llegó a Egipto alrededor del 700 d.C.
El loto azul (Nymphaea caerulea) apareció por primera vez representado en la V dinastía, incrementándose significativamente hasta alcanzar su supremacía en la iconografía floral en la XVIII dinastía.

Los egipcios, como grandes observadores de la naturaleza, vieron que el loto azul se abría al amanecer orientado hacía el Este, viendo el centro de oro intenso fijado contra los pétalos azules, aparentemente una imitación del cielo que saludaría el sol, lanzando un suave perfume dulce. Con la oscuridad volvía a cerrarse y a hundirse en las aguas. El proceso se repetiría de nuevo al día siguiente. La flor fue ligada por consiguiente firmemente al levantamiento y al ajuste del sol. Esto es al contrario del loto blanco, que abre sus flores al ponerse el sol.
La deidad de Menfis, Nefertem, dios de los dulces olores, se representa llevando una flor de loto azul en la cabeza, en ocasiones acompañada de dos plumas. Era considerado como la “Flor de Loto en la Nariz de Re”.
El perfume de esta flor era sumamente agradable a los egipcios. Existen diversas escenas, sobre todo en tumbas del Imperio Nuevo, donde se ven mujeres con un loto prendido en el cabello o bien oliendo o dando a oler el perfume de la flor.
 Fragmento de pintura procedente de la tumba de Rekhmire.
También se usaba como adorno funerario, hallándose restos de flores de loto en sarcófagos, uno de los más famosos, el de Tutankhamon, donde se encontró dispersado sobre su momia.
Aparte de todo su significado simbólico, religioso y artístico, los egipcios utilizaron el loto azul en medicina y para alimentación.
En muchas representaciones, el loto está íntimamente ligado a la mandrágora (M. Officinarum).
 Detalle de una mujer en la tumba de Menna (ca. 1422-1411 d.C.). En ella aparece un loto azul (Nymphaeacaerulea) y en el centro el fruto de la mandrágora.
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