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la primera gran huelga de la historia Imprimir E-Mail
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Sección de Sociedad, Técnica y Cultura
Escrito por Alfonso Martinez   
Publicado el sábado, 11 de mayo de 2002
Modificado el domingo, 22 de octubre de 2006
Índice del Artículo
la primera gran huelga de la historia
Página 02 - Continuación del Artículo
Página 03 - Bibliografía

Artículo del mes en el Boletín Informativo de AE (BIAE) Año II - Número X - Abril 2004

Transcurría el año 1165 a.C., en el que Egipto estaba gobernado por el faraón Ramsés III, de la XX Dinastía, nieto de Ramsés el Grande (Ramsés II).

Eran ya los últimos años de reinado de este faraón, contaba con 62 años de edad y 29 de reinado y en Egipto comenzaba una época de decadencia de la que difícilmente se iba a recuperar.

El relato de los acontecimientos nos ha llegado gracias a un papiro, el denominado "Papiro de la Huelga de Turín", por el cual sabemos que trabajadores cualificados, nada menos que de la tumba del faraón, en el famoso Valle de los Reyes, protagonizaron un hecho al parecer sin precedentes (al menos no hay constancia de nada parecido en fechas anteriores, ni en Egipto, ni en ninguna otra civilización): Se pusieron, nada menos que en tres ocasiones en huelga.

La primera gran huelga de la historia

Una parte del papiro explica: "...los trabajadores traspasaron los muros de la necrópolis (se pusieron en huelga) diciendo: Tenemos hambre, han pasado 18 días del mes..."

Estos obreros eran de uso exclusivo del faraón, pero ¿Que ocurrió para que se desencadenaran estos acontecimientos y los obreros dejaran de trabajar?

Para centrar y comprender mejor los hechos acontecidos, veamos un breve repaso de como era la sociedad egipcia, quien era el faraón bajo el cual Egipto estaba gobernado y cual era la situación de los trabajadores.

Las clases sociales

El rey y el resto

Se puede decir que en el antiguo Egipto la sociedad estaba dividida en dos: por un lado el faraón y por el otro el resto.

La primera gran huelga de la historia

Esto no ha de sonarnos extraño, aunque en un principio sea difícil de comprender. Para entenderlo quizás tengamos que olvidar todo nuestro conocimiento, formas, costumbres y manera de pensar, dejar la mente en blanco y ubicarse allí.

Hay que aclarar que los egipcios creían en una ley natural que regia todo entre si en un difícil equilibrio diario, permanentemente amenazado por el caos.

Este complicado concepto abstracto recibía en lengua egipcia el nombre de MAAT.

Si este equilibrio se perdía, llegaría el caos y la desolación. La sequia y el hambre asolaría la Tierra y a todos sus habitantes. Ellos lo sabían, ya lo habían sufrido sus antepasados y quizás ellos mismos.

Pero además el MAAT era mucho mas amplio, pues entre otras cosas, regulaba el Cosmos y el destino de los difuntos.

El faraón era el encargado de regular la ley de MAAT, tarea ya de por si tremendamente complicada puesto que requería un equilibrio constante, pero además tenía muchos otros deberes como llevar la administración del país y hacer reinar la justicia.

Como único propietario de todo el país, el faraón, desde el punto de vista de la concepción ideológica del dogma real, podía disponer de toda la población.

¿Pero Quienes eran el resto?. Según el "Papiro de Dashur", estaba formado por la clase dirigente (Reinas, nobles, funcionarios y sacerdotes) y la clase dependiente (El pueblo).

Al principio, solo la familia real, los cortesanos y los funcionarios de mayor rango, estaban excluidos de la gran masa del pueblo, la cual estaba sujeta al registro y con ella al rey. Junto a estos "siervos" que podían ser solicitados por un periodo de tiempo o de por vida, para trabajar al servicio del rey, estaban también los artesanos y los obreros cualificados.

La primera gran huelga de la historia

Todos ellos estaban supeditados al dominio del rey, aunque no se les puede aplicar el concepto de no libres o esclavos. Por el rendimiento que producían estas personas cuando eran asignados por el rey a una tarea, podían alimentarse tanto ellos, como su familia.

No obstante, las monumentales tumbas de los reyes absorbían una parte considerable del potencial de trabajo y la capacidad organizativa de la población egipcia, lo cual tuvo como consecuencia un descomunal crecimiento de la burocracia así como de la demanda de bienes de consumo.

El peso del estado recaía sobre los funcionarios y los sacerdotes. Al frente de todo el funcionariado estaba el visir. Por debajo de todos ellos estaban los corregidores y los funcionarios administrativos de grado medio, quienes entre otras cosas tenían a su cargo el cobro y la liquidación de impuestos y contribuciones.

Por otro lado, estaban los escribas, los cuales constituían la extensa base del aparato funcionarial.

Podemos añadir los prisioneros de guerra que eran asignados como mano de obra, a la administración estatal y de los templos, a talleres, altos funcionarios y a soldados. La ampliación del ejercito hizo que muchos prisioneros fueran incorporados a sus unidades. No obstante, unos mas rápidamente que otros, los prisioneros fueron adquiriendo el status de trabajadores extranjeros.

Por el interés que tiene para esta historia, se detallará algunas de las figuras, en parte protagonistas de la misma.

El Visir

El visir, término que no es egipcio, fue adoptado para designar al principal colaborador del rey, es decir su lugarteniente o primer ministro.

Estamos bien informados de las tareas del visir gracias a las "Instrucciones de servicio para el visir", grabadas en tumbas de visires de las dinastías XVIII y XIX e incluso de dinastías anteriores.

Estaba a cargo de la justicia y debía velar por ella en todos los dominios, desde la necesaria rectitud de los tribunales hasta la buena marcha de la economía. Coordinaba todos los cargos administrativos. De él dependían la administración del ejercito en el interior del país, la policía y el control de la economía y las finanzas. Su gran cantidad de títulos revelaban claramente su función de sustituto en ausencia del rey.

Todos los días debía de rendir cuentas al faraón. Concebían su tarea como una función sagrada. El hombre que ostentaba el cargo de visir era, después del faraón, el hombre mas importante del país de las dos tierras, el Alto y el Bajo Egipto.

El Escriba

Otra figura, muy importante, del país del Nilo y que tiene gran interés (en especial en este artículo) es el escriba, pues de ellos nos han llegado los principales documentos de los que hemos podido profundizar en esta antigua cultura.

Escribieron todo tipo de genero literario, tanto de carácter sapiencial, como religioso, histórico, científico, poético, teatral, administrativo o incluso de ficción. La difusión de estos escritos estaba asegurada por las escuelas de escribas, en una sociedad jerarquizada, pero muy flexible, pues permitía el acceso al conocimiento a aquel que lo quería.

Los estudiantes de escriba copiaban extractos de diversos documentos sobre fragmentos de piedra caliza (los denominados ostraca, mas barato que el papiro). A veces cometían faltas y luego arrojaban a una fosa estos fragmentos de caliza que consideraban inútiles....¡excepto para los arqueólogos!.

La primera gran huelga de la historia

En una gran fosa excavada en el poblado de Deir el-Medina, donde vivían, entre otros, los obreros y el equipo de la Tumba, al que hace referencia este artículo, fueron encontrados gran cantidad de ostraca, muchas de ellas, junto con el Papiro de la Huelga de Turín, como veremos ayudó a los egiptólogos a reconstruir el objeto de este trabajo: la primera huelga conocida de la historia.

Por otro lado, justo es decir que el texto jeroglífico en el que escribían los antiguos egipcios, estuvo mudo durante mas de doce siglos, ya que en el siglo VI d. de C., con la invasión de Egipto por el Islam, la nueva religión dogmática y militante aportó una cultura totalmente diferente y el significado de los jeroglíficos se perdió. (No obstante hay que aclarar que se había dejado de escribir en jeroglífico varios siglos antes, pero hasta ese siglo, el pueblo copto sabia interpretarlos).

Hubo que esperar a un descubrimiento extraordinario en la historia de la egiptología, el de Jean-François Champollion en 1822, para volver a resucitar el hasta entonces oculto sentido de los mismos y gracias a él, el egiptólogo, como después se le conocería, se volvió a redescubrir el conocimiento, el arte, la historia y la magia de un pueblo, que aunque nunca había estado oculto, al menos en algunas de sus facetas, multiplicó de manera exorbitante el conocimiento que teníamos del mismo. Gracias a este descubrimiento podemos conocer, con cierto detalle, lo que estamos relatando.

Algunas ideas más sobre la economía egipcia

No habia moneda, ésta la introdujeron posteriormente los griegos, en la epoca Ptolemaica (ultimas dinastias). El concepto de dinero que hoy tenemos no existia, podemos decir que conocian el dinero en "estado primitivo".

Se utilizaba el DEBEN (Barras de DEBEN), que era el patrón de referencia. Se utilizaban "vales por algo", por ejemplo una hogaza cilindrica en forma de pan, podia ser un vale de 75 panes cocidos para un soldado. Asi por ejemplo en Nubia (Actual Sudan) se encontró una madera pintada con inscripciones en forma de hogaza de pan de 12 cm de diametro y se sabe que era un vale para la ración de soldados.

La primera gran huelga de la historia

La ración era el sueldo de los egipcios, asi por ejemplo el sueldo de un dia de un trabajador medio era: 10 hogazas de pan y una medida de cerveza (unas dos jarras y media), si el trabajador era de mayor categoria podia recibir en un dia hasta 500 hogazas de pan, las cuales, por supuesto, funcionaban en abstracto, es decir podian cambiarlas por otros elementos.

En la mayoría de los recibos de Deir el-Medina el valor de los articulos se expresa en "denius de plata" (pesa de plata de unos 7,6 g), "deben" de cobre o en sacos de cereales y había una cierta correspondencia entre los valores de estas unidades y desempeñaban la función de unidades de calculo y por tanto actuaban también como medio de canje, por tanto a cambio de "un trabajo" los trabajadores aceptaban a cambio cereales y, a veces, incluso metales preciosos, ya que con ellos podían adquirir sin problemas los articulos de su elección.

Nos ha llegado hasta nosotros liquidaciones de pagas y recibos de salarios, asi por ejemplo en el recibo de un salario de Deir el-Medina consta:

"Lo que se le dió como retribución por la decoración del sarcofago: tejido de un vestido, hace 3 seniu, 1 saco, hace 1/2 saco de cereales, una estera con manta, hace 1/2 seniu, y un vaso de bronce, hace 1/2 seniu".

Situación en la historia. El inicio de la decadencia de un imperio

Como hemos dicho al principio, Ramsés III, fue el segundo faraón de la XX Dinastía, la última del conocido Imperio Nuevo. Recordemos que la historia del antiguo Egipto abarcó un periodo de unos 3000 años, entre el 3100 y el 30 a.C., repartidos en treinta dinastías.

Su padre fue el gobernador de Tebas, Set-nakht, el cual accedió al trono en el año 1192 a. C., fundando la XX Dinastía. Al parecer, éste era hijo del conocidisimo Ramsés II, el faraón del que mas obras de arte nos han llegado, debido en parte a su largo reinado, 66 años. Por su larga longevidad (90 años), Ramsés II, sobrevivió a muchos de sus numerosos hijos. Basta decir que el faraón que le sucedió, fue su decimotercer hijo, Merneptah (1224-1214) que empezó a reinar con 60 años de edad.

Ramsés III llegó al poder con unos 33 años de edad, heredó una situación interna estable y la aprovechó para construir numerosos monumentos, aunque estuvo fuertemente presionado por dos intentos de invasión libia y por el ataque de los "pueblos del mar". No obstante todos los invasores fueron derrotados y Egipto mantuvo el control en sus fronteras.

A la muerte de Ramsés III hubo muchas rivalidades en el trono, en el que llegaron a reinar sus descendientes, un total de 8 faraones durante 90 años, todos ellos llamados también Ramsés (Los denominados Ramesidas). Incluso él mismo, a finales de su reinado, fue fruto de una conspiración por parte de una de sus esposas y altos funcionarios, la cual fue descubierta a tiempo, salvando la vida el viejo faraón, el cual dictó sentencia invitando a que se suicidaran todos aquellos que habían intervenido en la fallida traición.

Con el final de su reinado empieza una decadencia que se acentuó con la de sus sucesores, perdiendo el control de Palestina y de Nubia.



 
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