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Saqueo de tumbas en el Antiguo Egipto: termómetro social Imprimir E-Mail
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Sección de Sociedad, Técnica y Cultura
Escrito por Rafael Gómez Portela   
Publicado el domingo, 01 de octubre de 2000
Modificado el jueves, 12 de octubre de 2006
Índice del Artículo
Saqueo de tumbas en el Antiguo Egipto: termómetro social
Página 02 - Primera parte: problemas técnicos
Página 03 - Segunda parte: complicidad de las autoridades
Página 04 - Tercera parte: mecanismos de protección
Página 05 - Cuarta parte: el caldo de cultivo
Página 06 - Quinta parte: del saqueo ilegal al expolio inconsciente
Página 07 - Sexta parte: el expolio organizado
Página 08 - Séptima parte: el final de la devastación
Página 09 - Conclusiones
Página 10 - Bibliografía

Introducción:

  • Expoliar: despojar con violencia o con iniquidad.
  • Saquear: 1) apoderarse violentamente los soldados de lo que hallan en un lugar, causando destrucción y devastación. 2) Entrar en un lugar robando cuanto se halla.
  • Profanar: tratar una cosa sagrada sin el debido respeto o aplicarla a usos profanos.

"Mis ojos son tan grandes como Menfis y se mueren por verte" (de una carta de amor fechada en torno al 2.000 a. C.). En el Antiguo Egipto los ojos grandes eran sinónimo de belleza en la mujer. En las múltiples representaciones pictóricas conservadas se puede comprobar el esmero por ovalar y alargar los ojos utilizando el kol.

Trasladando esta frase a nuestra época, podríamos ponerla en boca de los saqueadores cuando pensaban en los tesoros que se ocultaban en las tumbas reales. Y seguramente también la harían suya personajes de épocas posteriores que participaron con igual énfasis en la profanación de la última morada de los reyes egipcios.

Alguien dijo que si la profesión de ladrón de tumbas no era la más antigua de Egipto, debía de ser la segunda. Y alguien dijo también que el peor servicio prestado por Howard Carter a la arqueología fue el descubrimiento de la tumba de Tutanjamón. Huelga mencionar que la primera de las afirmaciones hace referencia al hecho de que la práctica del saqueo de las tumbas reales y nobles es consustancial al Egipto faraónico. La segunda se entiende desde la perspectiva de que el descubrimiento de Carter supuso la culminación de una carrera en búsqueda de tesoros que perseguía más el deseo de enriquecimiento, propio de la labor arqueológica en Egipto desde finales del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX, que el conocimiento científico.

¿Cómo es posible que en una sociedad que gira en torno al faraón como descendiente de los dioses, siendo él mismo dios, y a la creencia en una vida más allá de la muerte, grupos organizados expoliaran los tesoros de las tumbas de forma sistemática, burlando tanto a la justicia civil como a la religiosa? En definitiva, y de acuerdo con las creencias de la época, cerrándose con su proceder las puertas a la vida eterna y sabiéndose condenados de antemano frente a Anubis.

Contestar a esta pregunta es el objetivo de este artículo y para ello necesita de la colaboración de sus lectores a través de un viaje en el tiempo y a través de la mente de sus protagonistas.



 
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