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Los antecedentes
El descubrimiento de la tumba no fue en modo alguno casual, sino producto de la gran dedicación de un voluntarioso excavador, que pasó muchos años trabajando en Egipto antes de tener su gran recompensa. Pero vamos a hacer una breve semblanza de Howard Carter y los inicios de su carrera.
Aunque Howard Carter nació en Londres, en 1874, pasó su infancia en un pueblo llamado Swaffham, al cuidado de las hermanas de su padre, ambas solteras y responsables de la educación que recibió el niño Howard. El hecho de que fuera llevado al campo con sus tías no fue más que una recomendación médica, ya que Carter era un crío enfermizo y enclenque. Por este mismo motivo, no fue a la escuela y su educación corrió a cargo de profesores particulares. Esta carencia de relación social quizás fue la razón de sus futuros problemas emocionales.
Samuel Carter, el padre de Howard, era un pintor que gozaba de cierta fama y su hijo heredó su facilidad para dibujar y copiar. Por medio de su padre, Carter fue recomendado a Percy Newberry, que en 1891 trabajaba para el Egypt Exploration Fund, con el fin de que le ayudara a copiar las escenas de las tumbas de Beni Hassan. Por lo tanto, con sólo 17 años Howard Carter viajó a Egipto por vez primera.
Carter había recibido instrucción artística de su padre, y Percy Newberry pronto descubrió que su joven colaborador tenía un talento artístico muy superior al que había imaginado, e igualmente superaba a los otros copistas que trabajaban por entonces en las tumbas. Por otra parte Newberry estaba apenas empezando su carrera, y era un egiptólogo especializado en jeroglíficos, pero con una capacidad artística bastante limitada.
 Fotografía de Howard Carter realizada en 1891 y publicada en los años del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón.
Aquel primer contacto con Egipto marcó a Carter para el resto de su vida. Quedó impresionado por la belleza de la flora y la fauna del país, y a fuerza de copiar pinturas y relieves parietales comenzó a entender el arte egipcio. También el estar realizando trabajo de campo le proporcionó su primera oportunidad de entrar en contacto con el mundo de la excavación arqueológica.
En este momento de su vida, una casualidad hizo que el Egypt Exploration Fund aceptara la colaboración de Carter para trabajar con Sir W.M. Flinders Petrie en su excavación de Amarna, la “Ciudad del Horizonte de Atón”, que fue establecida por Ajenatón y abandonada tras su muerte. Petrie iba patrocinado por una familia, los Amherst, quienes confiaban en que al financiar la excavación, obtendrían antigüedades para su colección privada. Por lo tanto Carter también contó con el mecenazgo de los Amherst, al unirse a Petrie en Enero de 1892, aunque ambos parecían no estar seguros del éxito de esta colaboración.
Petrie se mostraba encantado de poder estar acompañado, pero no veía como podía hacer un excavador de alguien tan joven como Carter, que, además, sólo hablaba de dibujos y de pájaros. Carter, por su parte, opinaba que Petrie perdía demasiado tiempo en trivialidades y en minucias que podían realizar los obreros egipcios. Esta desconfianza mutua hizo que la primera misión encomendada a Carter fuera algo tan poco científico como la de construirse un alojamiento. También debía cocinar y realizar las labores domésticas.
Las cosas fueron cambiando en cuanto ambos se conocieron un poco más a fondo. Petrie descubrió que podía sacar gran provecho de las cualidades innatas de Carter. Era un buen observador, buen catalogador y aprendía rápidamente cómo dirigir una exploración o dibujar un plano. Por su parte, Carter no disimulaba su satisfacción por poder trabajar con alguien tan reputado y experto en trabajo de campo, y aprovechaba todas su enseñanzas.
 William Mathew Flinders Petrie (1853-1942).
Carter pronto contó con su propia zona de excavación de la que sacó algunas figurillas para la colección de sus patrocinadores, los Amherst. Pero lo más importante para él, y lo que marcaría su futuro, fue el poder observar a Petrie en acción y poder debatir métodos de trabajo con él. Al cabo de los años, Carter se referiría a esta época junto a Petrie como la más provechosa de su carrera y la que despertó su pasión por la excavación y su fascinación por la cultura egipcia, aunque apenas duró un año.
Carter aún era demasiado joven y no contaba con recursos para iniciar una carrera independiente, por lo que siguió trabajando para el Egypt Exploration Fund durante los ocho años siguientes. En 1893, Carter recibió el encargo de copiar los relieves del templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari. Los trabajos de desescombro del templo corrían a cargo de Edouard Naville, un suizo que buscaba fundamentalmente inscripciones. Petrie no tenía muy buen concepto de Naville y criticaba abiertamente que el EEF le encargara trabajo de excavación.
Los métodos de trabajo de Carter, que despreciaba el sistema de calcado que utilizaba Newberry y prefería copiar, hicieron que pronto adquiriera fama y prestigio como dibujante y como excavador. Y en 1899, por recomendación de Naville, Carter fue elegido para desempeñar el puesto de Inspectopr Jefe del Alto Egipto. Su responsabilidad abarcaba desde Kush en el Egipto Medio hasta el Wadi-Halfa al sur de la frontera con Sudán, y se mantuvo en el cargo hasta 1904.
Este vertiginoso ascenso de Carter, que no había recibido instrucción egiptológica, le hizo sufrir casi a lo largo de toda su vida de un cierto complejo de inferioridad. Él nunca se había enterrado en libros ni sabía leer jeroglíficos, a pesar de conocerlos de sobra por sus copias. Como consecuencia de esto, jamás fue demasiado bien considerado por sus contemporáneos.
 Excavaciones en el templo de Hatshepsut en Deir el Bahari.
Su primera excavación desde su nuevo puesto no resultó ser precisamente un éxito. La historia se remontaba a su época de dibujante de Deir el-Bahari. Tras una noche de fuerte tormenta y lluvia torrencial, Carter decidió cabalgar hasta el templo para comprobar si éste había sufrido daños. Al acercarse al templo, su caballo “Sultán” lo tiró al suelo frente al entonces sin excavar templo de Mentuhotep II, de la Din. XI. Al parecer el casco del caballo se había metido en un hoyo que a Carter le pareció que podía formar parte de los alrededores de una tumba. Pero el terreno estaba fuera de los límites de la concesión del EEF, y nada se pudo hacer. Ahora bien, una vez en el puesto de Inspector de Antigüedades, con casa y cuartel general en Tebas, Carter convenció a Maspero –que entonces era el Director de Antigüedades- para empezar una excavación allí, en lo que parecía ser una tumba. Tras varios meses de trabajo, encontró un corredor que llevaba a una sala con una gran estatua envuelta en lino, un sarcófago sin nombre y algunas vasijas. También halló un pozo bloqueado. Esto le hizo concebir esperanzas de que tras el pozo podía hallar una auténtica cámara funeraria.
Presa de gran excitación, Carter promulgó a los cuatro vientos su descubrimiento e invitó a un número de notables para la gran apertura. Y esta resultó ser un fiasco. La cámara solo contenía algunos modelos de barco y vasijas. Esta extraña tumba, quizás falsa, se conocería más tarde, erróneamente por “La Tumba del Caballo”, en árabe Bab el-Hosan, que realmente significaría “puerta del caballo”. Y esta experiencia hizo que Carter aprendiera que la cautela era la virtud que más adorna al excavador.
Howard Carter estaba encargado de la supervisión de todas las excavaciones que por entonces tenían lugar en el Valle de los Reyes. Victor Loret, antecesor de Maspero como Director de Antigüedades, había emprendido muchas de estas excavaciones, y entre los descubrimientos que hizo, los más importantes fueron las tumbas de Tutmosis III y Amenhotep II, esta última conteniendo un buen número de momias reales colocadas allí en la antigüedad para preservarlas de los ladrones. Carter tuvo que encargarse del traslado de todas estas momias desde la tumba de Amenhotep II al Museo de El Cairo.
Sin embargo, Carter cometió un error que sus adversarios utilizaron en su contra. El cuerpo de Amenhotep II fue dejado dentro de su sarcófago en un acto de piedad que no dio buen resultado, puesto que en 1902 el cuerpo fue robado mientras Carter se encontraba ausente de Tebas. Esta profanación avivó las críticas de sus enemigos que no consideraban a Carter digno del puesto que ocupaba.
 La momia de Amenhotep II tal como la dispuso Carter en el interior de su sarcófago.
Por otra parte, Carter estaba fascinado con el Valle de los Reyes y sostenía que aún podían encontrarse tumbas, incluso intactas. Desgraciadamente el Servicio de Antigüedades no contaba con los recursos económicos suficientes como para financiar excavaciones y el único modo era buscarse un mecenas.
A causa de su cargo, Howard Carter pudo entrar en contacto con Theodore M. Davis, mecenas y coleccionista estadounidense, que había financiado algunas excavaciones, y que parecía dispuesto a seguir aportando fondos. Carter trabajó con él y en su primera campaña no encontró nada, aunque el mecenas quiso financiar una campaña más. En los inicios de la segunda campaña, los obreros encontraron la entrada a una tumba, inmediatamente identificada como la de Tutmosis IV (ca. 1401-1391 a.C.) gracias a un depósito de fundación hallado a la entrada de la tumba. Carter estaba convencido de que había descubierto su primera tumba real en el Valle de los Reyes.
En el momento del descubrimiento, Davis estaba de viaje y Carter, recordando la experiencia de la Tumba del Caballo, decidió hacer una primera entrada en la tumba sin invitados y a espaldas de su patrocinador. Esta inspección confirmó que la tumba efectivamente se había construido para Tutmosis IV y que conservaba magníficas pinturas, que aún estaban en muy buenas condiciones. También había un sarcófago vacío y fragmentos de objetos del ajuar que demostraban que el mobiliario de la tumba debió ser espléndido, aunque desgraciadamente los ladrones habían llegado antes que él. A la vista de estos descubrimientos, Carter avisó a Davis y preparó todo para la apertura oficial. Mandó instalar pasarelas salvando el pozo y facilitó el acceso a la cámara funeraria, y, lo más importante de todo, llevó luz eléctrica para iluminar la tumba (Carter fue el primero que notó la importancia que tenía la luz eléctrica y muchas de las tumbas del Valle se iluminaron gracias a la gestión de Carter).
 Ushebtis de Tutmosis IV hallados en el interior de su tumba KV43.
Howard Carter siguió muy de cerca las distintas excavaciones en el Valle, y conoció a los excavadores más prestigiosos de la época. Sobre todo, su interés estaba en que se excavara debajo de los montones de escombros que habían dejado anteriores prospecciones. Él sostenía que esas zonas no habían sido debidamente examinadas y que podía haber “algo” bajo las montañas de cascotes. Y aventuraba que tenía “esperanzas fundadas de encontrar una tumba real, en particular la de Tutankhamon.”
Pero su etapa de Inspector de Antigüedades del Alto Egipto llegaba a su fin. Ya había sido acordado con Maspero que Carter pasaría a ocupar el puesto del Bajo Egipto, y que sería Quibell quien le sustituyera en Luxor. Carter acató este cambio de destino haciendo de tripas corazón, ya que él prefería seguir en Luxor. No obstante, se trasladó al Norte. Y estando allí se produjo un hecho desgraciado, que acabó por hacer que Carter dimitiera de su puesto.
Los hechos fueron más o menos así. Un día un grupo de visitantes franceses (unos 15) fueron de turismo a Saqqara. Primero se presentaron en la excavación de Petrie y se comportaron de modo ofensivo. Luego fueron a la cafetería, llamada Mariette Pasha’s Rest House, donde estuvieron mucho rato hablando a gritos y bebiendo mucho. Después manifestaron su deseo de visitar el Serapeum, para lo cual había que comprar entradas. Tras mucho rato consiguieron juntar el dinero necesario y trataron de entrar. Pero no todos habían comprado billete y el guardián de la puerta les impidió el paso.
Entonces ellos violentaron el candado e irrumpieron dentro del recinto. Al encontrarse en la más completa oscuridad, salieron a pedirle velas al guardián. El responderles éste que no tenía velas y que el Servicio de Antigüedades no preveía la entrega de velas a los turistas, intentaron agredirle pidiéndole que les devolviera el dinero de las entradas. De ahí volvieron al Rest House, donde su excitación y agresividad fue a más. Finalmente se llamó a Carter que estaba en otro lugar. Carter se presentó allí y trató de conseguir una explicación de los hechos. Los franceses envalentonados, empezaron a agredir a los vigilantes y Carter dio permiso a sus hombres para defenderse. Se organizó una pelea en toda regla, en la que incluso hubo heridos. Los franceses se marcharon amenazando con iniciar acciones legales contra ellos.
 Howard Carter (de pie) con el director del Servivio de Antigüedades Gaston Maspero, y su esposa en Tebas (1913).
Carter envió un telegrama a Lord Cromer explicando resumidamente lo ocurrido, y anunciando un informe completo para el siguiente día. Ni el extenso informe, ni las razones sobradas de Carter pudieron evitar un incidente diplomático. Carter comenzó a sentirse acosado, y le llovieron críticas, aunque sus colaboradores habituales, Maspero, Davis, etc. le mandaron notas de apoyo. Él sabía que tenía un genio vivo, pero esgrimía sus razones para su actuación. Pero la incomprensión y los tortuosos caminos diplomáticos acabaron por deprimirle de tal modo que finalmente, el 21 de Octubre de 1905, presentó su dimisión.
Carter, desempleado y deprimido, pasó los dos años siguientes pintando acuarelas para los turistas, y asesorando a algunos coleccionistas en sus compras. Pero lo que ganaba no era suficiente para mantenerlo. Las cosas aún podían haber ido a peor de no ser por el hecho de que por aquel entonces Theodore Davis había encontrado la tumba de Yuya y Tuya, los suegros de Amenhotep III. Mandó dibujar la tumba, pero al parecer el trabajo fue chapucero. Entonces Carter recibió el encargo de dibujar las piezas más espectaculares de la rica tumba a un precio de 15 libras por acuarela. Este cambio de suerte, y el entrar de nuevo en contacto con el mundo de la excavación en Luxor, volvió a alimentar las expectativas de Carter.
Estas expectativas se basaban en el descubrimiento hecho por Davis en 1906 de una vasija de fayenza azul con el nombre de Tutankhamon. Esta vasija apareció a 4 m. de profundidad en una zona no lejos de la tumba de Ramsés VI. En 1909 se excavó un pequeño pozo funerario entre las tumbas de Horemheb y Ramsés VI, en el que aparecieron, entre otras cosas, una figurilla de alabastro y fragmentos de lámina de oro con escenas reales y los nombres de Tutankhamon y su esposa Anjesenamón, así como de su sucesor Ay. Davis dio por seguro que había descubierto la tumba de Tutankhamon, aunque esto no fue aceptado por los egiptólogos. Pero lo cierto es que esto era lo único que se había encontrado del joven rey, y estas ligeras evidencias sugerían que el enterramiento estaba, o había estado, en las proximidades del de Horemheb.
 Vaso de fayenza azul con el cartucho de Tutankhamón encontrado por Theodore M. Davis.
Más tarde, en 1908 salieron a la luz nuevas evidencias en un pozo, en la ladera que hay tras la tumba de Sethy I. Se trataba de un grupo de objetos entre los que había vasos de cerámica, paquetes de natrón, telas de lino, collares de flores y sellos de arcilla con los nombres de Tutankhamon. Davis dio tan poca importancia a estos objetos que permitió a Herbert Winlock llevárselos al Metropolitan Museum de Nueva York. Si bien más adelante, al estudiarlos con detenimiento, Davis llegó a la conclusión de que estos objetos formaban parte del banquete funerario del entierro del joven faraón. Y, con todo fundamento, se pensó que la tumba debía estar por aquella zona. La idea de hallar a Tutankhamon fue tomando cuerpo en la mente de Carter al paso de los años. Carter sabía que se habían hallado los enterramientos de casi todos los reyes, y él buscaba uno de los que faltaban. También sabía que la tumba más rica que se había descubierto hasta entonces en el Valle era la de Yuya y Tuya, que eran personajes no reales. Por tanto también albergaba la esperanza de encontrar alguna otra tumba intacta de personajes no reales.
Durante la I Guerra Mundial Carter permaneció en El Cairo desarrollando trabajos de inteligencia. Cuando acabó el conflicto se consideró que era mejor que regresara a Luxor, donde ya tenía su propia casa, y que emprendiera los trabajos de la concesión de Lord Carnarvon para excavar en el Valle de los Reyes. Cabría esperar que se hubiera dedicado en primer lugar a examinar los lugares donde años antes aparecieron los objetos de Tutankhamon, pero no fue esta su estrategia, sino que se dedicó a excavar sin un aparente plan preestablecido. Debemos recordar que no andaba buscando solamente una tumba real, sino que estaba dispuesto a explorar todos los rincones del valle que estuvieran cubiertos por las enormes pilas de escombros producto de otras excavaciones y que las lluvias y los corrimientos de tierras había convertido en un enorme mar de confusión.
Aunque Carter ya había trabajado con anterioridad en diversos proyectos con Lord Carnarvon, podríamos considerar la campaña de 1917 en el Valle de los Reyes como el inicio de la colaboración que tanta fama les reportaría a ambos. Carter estuvo excavando en diversos lugares hasta 1921 encontrando objetos sueltos y limpiando zonas del Valle, como por ejemplo, delante de la tumba de Merenptah. En este lugar hizo uno de sus más sustanciosos descubrimientos: un escondite con 13 jarras de calcita que ostentaban los nombres de Ramsés II y Merenptah, y que en algunos casos contenían aceites empleados para las ceremonias funerarias de Merenptah.
En su campaña más larga (1920-1921) trabajó en todo el área cercana a la tumba de Ramsés II y en la “cachette” conocida como la tumba de Tiy. También se dedicó a explorar la zona de alrededor de la tumba de Ramsés VI hasta el límite del intrincado lugar de la tumba de Tutmosis III. A finales de diciembre investigó la zona en que se hallaban los restos de las chozas de los obreros que habían construido la tumba de Ramsés VI. Pero este era un lugar muy difícil de excavar puesto que estaba en medio de los caminos “turísticos” que había que respetar, y en los que sólo se podía trabajar fuera de la temporada de visitantes. Los resultados de esta campaña fueron muy escasos, por lo que Carnarvon comenzó a cuestionarse muy seriamente el abandonar la concesión.
Por entonces Carter hubo de ser operado de la vesícula biliar, y esto lo mantuvo alejado de Egipto hasta 1922. donde regresó para dirigir una pequeña campaña en los alrededores de la tumba de Siptah, que una vez más no obtuvo resultados satisfactorios.
Mientras tanto, Lord Carnarvon, en su castillo de Highclere meditó sosegadamente su decisión de abandonar las excavaciones en el Valle. En verano, llamó a Carter a Inglaterra para debatir el asunto. Pero Carter llegó preparado para defender sus expectativas y explicó a su patrón como iba a enfocar la siguiente campaña, empezando exactamente en el lugar de las chozas de los constructores de la tumba de Ramsés VI. Se dice que Carter incluso le ofreció a Carnarvon pagar la campaña de su bolsillo con tal de no perder la concesión. El mecenas inglés se dejó convencer y estuvo de acuerdo en financiar una campaña más. Pero le advirtió que sería la última. Carter abandonó Inglaterra en Octubre de 1922 y el 1 de Noviembre comenzó a trabajar en la zona de las chozas. Sólo tres días después, el 4 de Noviembre, Howard Carter uniría su nombre para siempre al de Tutankhamon.
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