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La vuelta a la vida de Tutankhamon Imprimir E-Mail
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Todo sobre Tutankhamon: su vida, reinado y muerte
Escrito por Rosa Pujol   
Publicado el sábado, 06 de marzo de 2004
Modificado el lunes, 16 de octubre de 2006
Índice del Artículo
La vuelta a la vida de Tutankhamon
Página 02 - Los antecedentes
Página 03 - Los 16 escalones
Página 03 - La antecamara
Página 04 - La cámara sepulcral
Página 05 - El rey resucita entre el fulgor del oro
Página 06 - El tesoro
Página 06 - El Anexo
Página 07 - Curiosidades
Página 08 - Reflexión final

Los 16 escalones

El día 4 de Noviembre de 1922, el arqueólogo inglés Howard Carter se dirigía, como cada día, a la zona que estaba excavando en el Valle de los Reyes, debajo de las chozas que sirvieron de vivienda a los antiguos obreros de la tumba de Ramsés VI, de la Dinastía XX.

Según se fue acercando al lugar donde tenían lugar los trabajos notó un extraño silencio. El silencio que se produce cuando los obreros dejan de trabajar y de entonar sus monótonos cánticos. Inmediatamente supo que algo excepcional había sucedido. Sus capataces lo recibieron con la noticia de que había aparecido un escalón tallado en la roca debajo de la primera de las chozas que habían derruido. Con las lógicas precauciones, mandó que agrandaran la abertura y, efectivamente, todo parecía apuntar a que estaban ante la entrada de una tumba. Continuaron trabajando sin descanso todo ese día y el siguiente hasta lograr desescombrar el corte de la roca y demarcar los bordes superiores de lo que prometía ser una escalera.

Entrada a la tumba de Tutankhamón tapada por los escombros
Entrada a la tumba de Tutankhamón tapada por los escombros.

Entonces quedó claro que se trataba de una tumba, pero Carter sabía que no debía hacerse demasiadas ilusiones, vistos los fracasos anteriores. Podría tratarse de una tumba inacabada y que la escalera no llevara a ninguna parte, o podría ser una verdadera tumba que ya hubiera sido saqueada y destrozada en tiempos remotos. A pesar de estos temores, Carter estaba presa de una excitación mal controlada ante lo que podía ser su gran descubrimiento, y mandó seguir excavando.

El trabajo avanzaba rápidamente, un escalón seguía a otro. Al nivel del duodécimo escalón apareció la parte superior de una puerta tapiada, enyesada y sellada. Así, finalmente la perseverancia y olfato de Carter habían dado sus frutos. Impetuosa y febrilmente, Carter buscó con desesperación los sellos de la puerta tratando de encontrar pruebas de la identidad del ocupante de la tumba, aunque no halló nombre alguno. Tan sólo encontró el conocido sello de la necrópolis real, formado por un chacal y nueve cautivos con los brazos atados a la espalda. Sin embargo esto era todo un signo, que venía a indicar que la tumba pertenecía a un altísimo personaje. La otra buena noticia era que la entrada y la puerta sellada habían aparecido bajo las chozas de la Dinastía XX, lo cual hacía evidente que, al menos desde aquella época, la tumba no había sido tocada. Esto nos pondría ante un descubrimiento en el que nadie habría puesto los ojos desde 1139 a.C.

Cuando Carter hizo un agujero bajo el dintel de la entrada y metió una linterna vio que el hueco al otro lado estaba totalmente relleno de piedras y cascotes, lo cual era una información adicional sobre el cuidado con que la tumba se había protegido. Este fue un momento particularmente duro para el excavador. Carter estaba allí solo, con la única compañía de sus obreros nativos, y quizás se hallaba ante su gran descubrimiento. Es de suponer que necesitaría de toda su gran fuerza de voluntad para no tirar todo abajo y averiguar qué era lo que había encontrado. Al comparar esta antecámara con las halladas en otras tumbas reales, Carter pensó que ésta debía ser extremadamente pequeña, por lo que supuso que podría tratarse de la tumba de algún noble. O quizás fuera un simple escondrijo al que se hubiera trasladado alguna momia real. Pero, en el fondo de su corazón, seguía albergando la esperanza de haber dado finalmente con la tumba que andaba buscando desde hacía tantos años.

Quizás si Howard Carter hubiera sabido que apenas unos centímetros más abajo de los sellos de la necrópolis real había otros sellos con los cartuchos reales y el nombre inequívoco de Tutankhamon, su impaciencia hubiera sido menor. O quizás no.

Vista general del exterior de la tumba de Tutankhamón situada bajo la de Rameses VI
Vista general del exterior de la tumba de Tutankhamón situada bajo la de Rameses VI.

El caso es que no destapó el suficiente trozo de pared sellada como para verlos, y, en contra de sus deseos, ordenó rellenar de nuevo la trinchera hasta el nivel del suelo del Valle y dejó a hombres de su confianza para establecer turnos de vigilancia. Su siguiente tarea era informar a su patrocinador que se hallaba en la lejana Inglaterra. Se lo comunicó en un telegrama que envió el 6 de noviembre de 1922 y que decía:

“Finalmente he hecho descubrimiento maravilloso en Valle; una tumba magnífica con sellos intactos; recubierta hasta su llegada; felicidades”

Durante el tiempo que hubo de esperar a la llegada de Carnarvon, Carter se dedicó a proteger la entrada contra posibles incursiones no deseadas, colocando sobre el área de excavación los bloques de sílex que en otro tiempo fueron las cabañas de los obreros de la Dinastía XX. Si cualquiera hubiera pasado por allí, no habría notado ningún cambio ni habría sospechado que se había hecho un descubrimiento de tal magnitud. La tumba, simplemente había desaparecido. Pero el secreto fue difícil de guardar y a Carter comenzaron a lloverle felicitaciones.

Recibió dos cables de Lord Carnarvon en respuesta al suyo. El primero decía: “Posiblemente vaya pronto” y el segundo, recibido algo más tarde decía: “Propongo llegar Alejandría el 20

Carter contó con quince días para hacer todo tipo de preparativos y para acudir a El Cairo a recibir a su mecenas y a la hija de este, Lady Evelyn Herbert, su devota compañera en toda la aventura egiptológica.

El día 24 por la tarde todo estaba dispuesto en el Valle de los Reyes para proseguir la aventura iniciada unas semanas antes. La escalera estaba totalmente despejada, en total eran 16 escalones, y la puerta sellada estaba totalmente visible. Entonces examinaron los sellos de la parte inferior, que estaban más claros, y lograron descifrar sin ninguna dificultad el nombre de Tutankhamon. Si de verdad estaban ante la tumba de aquel faraón apenas citado y que reinó en uno de los periodos más fascinantes de la historia de Egipto, tenían buenas razones para felicitarse.

Pero Carter descubrió un elemento inquietante en esa puerta tapiada. Había huellas evidentes de que se habían realizado dos aperturas. Y lo más importante, los sellos de la necrópolis que vieron en un principio estaban alrededor de una de las aperturas, mientras que los que llevaban el nombre del rey estaban en la parte intacta de la puerta. Es decir, la tumba fue construida para el faraón, pero, por todos los indicios, había sido violada en la antigüedad. No obstante, el hecho de que la sellaran de nuevo en la Dinastía XX daba a entender que no había sido totalmente vulnerada.

Carter, que tenía previsto derribar esa puerta al día siguiente, había puesto a los carpinteros a construir una pesada verja de madera para que sirviera de protección. Así el día 25 de Noviembre de 1922, se fotografió la puerta y todas las impresiones de los sellos y se procedió a derribarla. Detrás de ella apareció lo que Carter ya había visto por el hueco en que metió su linterna, un pasadizo descendente de la misma anchura que la escalera y con una altura de unos 2,15 m. Este corredor estaba bloqueado de escombros y cascotes.

La entrada de la tumba de Tutankhamón limpia de escombros con los escalones de acceso visibles
La entrada de la tumba de Tutankhamón limpia de escombros con los escalones de acceso visibles.

Al despejar este corredor, fueron apareciendo objetos de la más diversa índole, fragmentos de cerámica, vasos de cerámica pintada, precintos de jarras, jarras de alabastro, rotas y enteras, etc. Al llegar la noche ya habían despejado una parte considerable del corredor, pero aún no aparecía ningún signo de una segunda puerta.

Veamos la descripción del siguiente paso en palabras del propio Carter:

“El día siguiente (26 de Noviembre) fue el mejor de todos, el más maravilloso de cuantos me ha tocado vivir, y ciertamente como no puedo esperar volver a vivir otro. El trabajo de limpieza continuó toda la mañana, forzosamente despacio a causa de los objetos delicados mezclados con el relleno. Luego, a media tarde, encontramos una segunda puerta sellada a unos diez metros de la puerta exterior, casi una réplica exacta de la primera. La marca del sello era menos clara en este caso, pero aún se podía identificar como el de Tutankhamon y la necrópolis real.”

Sellos de la necrópolis real y del propio Tutankhamón
Sellos de la necrópolis real y del propio Tutankhamón.

También en esta puerta había evidencias de apertura y posterior sellado. Para entonces, todos parecían estar convencidos de que estaban ante un escondrijo real o “cachette” como el que encontrara Davis con material de Ajenatón y Tiy. Las esperanzas de que realmente fuera una tumba no eran muchas. Pronto lo iban a averiguar. Proseguimos con el relato de Carter:

“Despacio, desesperadamente despacio para los que lo contemplábamos se sacaron los restos de cascotes que cubrían la parte inferior de la puerta en el pasadizo y finalmente quedó completamente despejada frente a nosotros. Con manos temblorosas abrí una brecha minúscula en la esquina superior izquierda. Oscuridad y vacío en todo lo que podía alcanzar una sonda demostraba que lo que había detrás estaba despejado y no lleno como el pasadizo que acabábamos de limpiar. Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos de que no había aire viciado y luego, ensanchando un poco el agujero, coloqué la vela dentro y miré teniendo detrás de mí a Lord Carnarvon, a Lady Evelyn Herbert y a Callender que aguardaban el veredicto ansiosamente. Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro. Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa y cuando Lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, pregunto ansiosamente: ¿Puede usted ver algo? Todo lo que pude hacer fue decir: Sí, cosas maravillosas. Luego agrandando un poco más el agujero para que todos pudiéramos ver, colocamos una linterna.



 
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