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El rey resucita entre el fulgor del oro
Dentro del ataúd de cuarcita amarilla apareció por fin un sarcófago momiforme, bajo dos sábanas de lino. Estaban, pues, ante la caja que seguramente contendría los restos intactos de un rey de Egipto. El momento culminante del descubrimiento estaba, pues, próximo.
Este sarcófago estaba hecho de madera recubierta de lámina de oro, y mostraba la cara del rey.
Creemos comprender la excitación de Carter al tratar de levantar la tapa del sarcófago, mediante un complicado sistema de poleas para repartir el peso y no dañar tan exquisita obra de arte. Una vez levantada la tapa apareció un envoltorio momiforme de tela adornado con guirnaldas y coronas de flores. Detrás del lienzo se apreciaba un segundo sarcófago.
 Vista de la tapa de granito del sarcófago de cuarcita de Tutankhamón rodeado por los paneles de las capillas desmontados.
De nuevo Carter hubo de idear un sistema para sacar este féretro del anterior, y lo consiguió gracias a unas asas de metal que tenía y que le valieron para levantar el segundo de los sarcófagos por encima del primero. Entonces metieron unos tablones por debajo de él, de manera que el segundo sarcófago quedó descansando sobre los tablones, que a su vez estaban sobre el primero. De este modo pudieron comenzar a retirar el lienzo. El desmesurado peso que tenía esta caja sorprendió a los excavadores.
Este segundo sarcófago era también de madera e igualmente estaba recubierto de una gruesa lámina de oro, con incrustaciones de pasta de vidrio de colores, formando el dibujo que denominamos rishi y que trata de asemejar una especie de escamas o plumas de pájaro. El rey aparecía con el tocado nemes y los cetros de la realeza. Sobre la frente, los emblemas de la realeza, la cobra Uadyet y el buitre Nejbet.
Pero no acabaría aquí la cosa. Tras levantar la tapa del segundo féretro vieron que este no tenía asas. De nuevo este segundo féretro tenía otro encajado en su interior. Apareció tras un lienzo de lino rojizo. Según Carter “no cabía ni un dedo meñique entre ambos”, y el inglés tuvo que hacer gala de ingenio para separar ambas cajas. Fue un duro trabajo, puesto que no debemos olvidar la antigüedad de estos objetos que fácilmente se dañaban. No obstante, Carter demostró un cuidado exquisito y logró desprender este sarcófago del que había en su interior empleando el sistema contrario al natural, es decir en lugar de tratar de sacar el tercer féretro tirando hacia arriba, tiró hacia abajo del segundo, y finalmente lo consiguió.
 Primero de los tres ataúdes antropomorfos de Tutankhamón en el interior del sarcófago.
Al retirar el lienzo rojizo la visión del tercero de los sarcófagos asombró a los excavadores, y al mundo entero. ¡¡Era un sarcófago de oro macizo!!. Ahora entendían el inusitado peso del sarcófago. No podían dar crédito a lo que veían, un sarcófago de 1,86 m de largo con la cara y el nemes enteramente trabajados en oro mate. Los ureos, el pectoral, los cetros y el cuerpo de nuevo estaban labrados en rishi con pasta de vidrio de colores. La cara del rey estaba muerta, inexpresiva. El hecho de que la calcita blanca que formaba la esclerótica se hubiera descompuesto, y que sólo permaneciera la obsidiana negra de la pupila, daba a los ojos aspecto de huecos y sin vida.
Podemos imaginar el júbilo de los descubridores ante este valiosísimo tesoro, que además del incalculable valor arqueológico, tenía también un indudable valor intrínseco, ya que se estimó que el sarcófago tenía un peso de 110,4 Kg de oro puro.
Pero los excavadores seguían deseosos de llegar a la momia del rey, y de nuevo repitieron los complicados sistemas de desencaje de féretros. Bien es cierto que el tercero tenía unas asas de metal que ayudaron en las tareas.
 Howard Carter limpiando con un cepillo el segundo ataúd de Tutankhamón.
Desmontaron también la tapa de este sarcófago de oro, y, al levantarla, apareció la conocidísima y exquisita máscara de oro que cubría, esta vez sí, los vendajes de la auténtica cara del rey. Esta máscara, también de oro macizo, tenía una expresión vívida y era de una factura espléndida. El rey aparece tocado con un nemes rayado en oro y lapislázuli. Esta máscara era completa, es decir, no sólo para cubrir la cara, sino para ponerse en la cabeza, y que esta quedara cubierta por delante y por detrás, a modo de capucha, por lo que el tamaño es bastante considerable. El contorno de los ojos y las cejas estaban incrustados con lapislázuli, al igual que la barba postiza, ya que, según sus creencias, éste era el material del que estaba hecho el cabello de los dioses. En la frente llevaba los símbolos de la realeza, la cobra, con incrustaciones de turquesa, y el buitre. Las orejas aparecen perforadas y en el cuello presenta los dos pliegues que caracterizan el arte de época amárnica.
Algunos autores aseguran que la cara del segundo sarcófago momiforme es totalmente diferente de las efigies que aparecen en los otros. Y efectivamente es distinta. Es verdad que en otro tiempo se le quiso dar a este hecho un significado simbólico acorde con las fases de la muerte y resurrección. Se afirmaba que en el primer sarcófago el rey estaba próximo a la muerte, en el segundo agonizante (esclerótica de los ojos amarillenta y expresión tensa); en el tercero estaba muerto, sin vida ni expresión alguna, para aparecer resucitado en la máscara de oro. Pero hoy en día la opinión más generalizada es que esta diferencia pudiera obedecer a que este segundo sarcófago no fue hecho para el rey. Al igual que otros muchos objetos de la tumba tampoco eran de él.
 Tercer ataúd antropomorfo de Tutankhamón realizado enteramente en oro.
Una vez separados los sarcófagos unos de otros, ya sólo quedaba sacar la momia del rey de su maravilloso féretro antropomorfo de oro macizo. Este ataúd, al igual que los otros, tenía bajo los pies una inscripción de varias líneas de jeroglíficos, presidida por la característica imagen de la diosa Isis con las alas extendidas y arrodillada sobre el símbolo del oro (nub).
Dos años después de la apertura de la tumba, el 12 de febrero de 1924, se comenzó a desvendar al rey[3]. La momia del rey estaba totalmente vendada y su cabeza cubierta por la máscara de oro. Sobre su pecho había unas manos de oro, cosidas directamente en las telas, que sujetaban los cetros de la realeza, así como unas bandas de oro con inscripciones de fórmulas funerarias y titulatura real. A medida que se fueron retirando las vendas del cuerpo, aparecieron unos 150 objetos de joyería.
Quizás el más curioso de cuantos objetos aparecieron entre los vendajes de la momia fuera una daga de hermosa empuñadura de oro con incrustaciones en cornalina y cristal de roca, con una vaina de oro. Pero lo verdaderamente desconcertante era que al retirar la vaina, apareció una hoja de hierro, muy brillante casi como acero. Este material era prácticamente desconocido en la época. Se cree que fue un regalo de algún monarca extranjero y que podría tratarse de hierro meteórico. El rey probablemente nunca supo que este material tendría una importancia tan capital para la marcha del mundo, pero, no obstante, la apreció lo suficiente como para que los responsables de su entierro la colocaran entre sus vendas.
 Cabeza de la momia de Tutankhamón.
Cuando finalmente quedó al descubierto la momia, se comprobó que la cabeza estaba tan firmemente ajustada dentro de la máscara, que hicieron falta cuchillos calientes para despegar la resina que llenaba los huecos. Finalmente consiguieron sacar la máscara. Tanto los vendajes, como la momia estaban muy carbonizados. Al parecer algún tipo de hongo había hecho su labor de “combustión lenta” a lo largo de los siglos. Entonces se pudo comprobar que los dedos de las manos y de los pies habían sido vendados por separado y luego cubiertos con las vendas. El pene también se vendó por separado, si bien el escroto había quedado aplastado sobre el perineo por la presión de los vendajes. Al retirar las vendas aparecieron las manos y los pies del rey con anillos y dediles de oro. Los pies del rey estaban calzados con unas sandalias también de oro. En el tobillo derecho llevaba una tobillera de oro de factura más bien tosca.
Si estudiásemos detenidamente los objetos que aparecieron sobre la momia llegaríamos a la conclusión de que muchos de ellos eran de carácter ritual, o mágico-religioso, aunque otros podrían ser simplemente objetos preferidos del rey.
Al retirar las cuatro capillas de madera dorada, la cámara funeraria sólo estaba ocupada por el sarcófago de cuarcita amarilla. Esto dejaba más espacio para poder apreciar la decoración parietal de la tumba, que algunos autores consideran de escasa calidad. Sólo esta cámara tenía pinturas murales, que, aunque bastante dañadas, tienen gran interés. Vamos a verlas.
Pared Norte
En la primera escena aparece el sucesor del rey, el Padre Divino Ay, con corona azul y piel de felino oficiando de sacerdote sem en la ceremonia de Apertura de la Boca de la momia del rey. Este aparece como Osiris, momificado y con los flagelos de la realeza. Sobre las cabezas de ambos están sus nombres en jeroglífico.
En la segunda escena, vemos al joven faraón vestido como lo hubiera hecho en vida, pero ya en el reino de los dioses, donde es recibido por la diosa Nut.
En la tercera escena Tutankhamon, seguido de su ka, recibe un abrazo de bienvenida de Osiris, con el que ya se identifica en el Más Allá.
Pared Sur
La escena de esta pared es complementaria a la de la pared norte. En ella vemos como el rey es recibido por la diosa Hathor, que le acerca a la nariz el símbolo de la vida (anj). El dios embalsamador Anubis, con cabeza de chacal, aparece tras el rey. Detrás de Anubis podemos ver a la diosa Isis que aguarda para recibir al rey de igual modo que Nut lo hace en la escena de la pared opuesta. Tras Isis aparecen tres divinidades funerarias.
Pared Este
En esta escena se nos muestra la procesión funeraria. La enorme capilla que contiene la momia está engalanada con flores y guirnaldas. La momia aparece tumbada en su interior. Esta capilla descansa sobre un trineo arrastrado por cinco grupos de hombres (que suman doce en total). Todos ellos llevan una banda de tela blanda en la frente como señal de duelo. Dos de ellos, al parecer los visires del Alto y el Bajo Egipto, Pentu y Usermontu, llevan la cabeza rapada y van vestidos de acuerdo a su rango. Los restantes son altos funcionarios de palacio.
Pared Oeste
En esta pared encontramos la culminación de la decoración de esta tumba, ya que la escena proviene del Libro del Amduat, o “Libro de lo que está en el mundo inferior”. En el registro superior vemos a cinco divinidades que preceden a una barca solar. Los otros tres registros están ocupados por doce cuadros, cuatro en cada uno. Dentro de cada uno de estos cuadros hay un babuino. Estos doce babuinos están en cuclillas y representan las doce horas de la noche a través de las cuales el sol viaja hasta alcanzar el amanecer.
Finalmente diremos que en cada una de las cuatro paredes de esta cámara aparecieron cuatro ladrillos mágicos[4]. Tres de ellos estaban hacia el extremo oeste, dos en las esquinas y uno en el centro. El cuarto ladrillo estaba en la pared este, a la derecha del dintel de acceso a la cámara del tesoro.
[3] Aunque esta fecha fue el inicio del desvendado del rey, éste no se continuaría hasta Octubre de 1925. El trabajo quedó interrumpido al estallar una huelga entre los trabajadores de Carter, motivada por una serie de desavenencias con el Ministerio de Obras Públicas egipcio, que hizo que Carter tomara la decisión de cerrar la tumba e interrumpir los trabajos hasta alcanzar un acuerdo.
[4] A menudo encontramos cuatro ladrillos de adobe en las tumbas de reyes y nobles del Reino Nuevo. Son simples piezas rectangulares en las que se inscriben algunos versos del capítulo 151 del Libro de los Muertos. Se asocian a los cuatro ladrillos sobre los que se coloca una mujer para dar a luz, y tienen como objeto asegurar el “renacimiento” del difunto. Estos ladrillos pudieron usarse también en la ceremonia de Apertura de la Boca, así como en entierros y fundaciones de templos. Cada uno de estos ladrillos estaba asociado con una figura que hacía las funciones de amuleto: un chacal sentado sobre una capilla, una figura momiforme, una llama y un pilar dyed. Y se colocaban de la siguiente manera:
- Norte – Figura Momiforme – Rechaza al que te rechaza y aparta al que te aparta.
- Sur – Llama – Impide que la arena ciegue la cámara secreta.
- Este – Chacal Anubis – Repele la ira y la rabia del ser contrario.
- Oeste – Pilar Dyed – Mantiene alejado a aquel cuyos pasos van hacia atrás y cuya cara está oculta
En la tumba de Tutankhamon no estaban correctamente colocados, ya que solo el de la pared norte estaba en su sitio. Aunque hemos de decir que esta confusión era bastante frecuente. (J.E.A. 88, pp.121-141).
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