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La vuelta a la vida de Tutankhamon Imprimir E-Mail
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Todo sobre Tutankhamon: su vida, reinado y muerte
Escrito por Rosa Pujol   
Publicado el sábado, 06 de marzo de 2004
Modificado el lunes, 16 de octubre de 2006
Índice del Artículo
La vuelta a la vida de Tutankhamon
Página 02 - Los antecedentes
Página 03 - Los 16 escalones
Página 03 - La antecamara
Página 04 - La cámara sepulcral
Página 05 - El rey resucita entre el fulgor del oro
Página 06 - El tesoro
Página 06 - El Anexo
Página 07 - Curiosidades
Página 08 - Reflexión final

El tesoro

Cuando los excavadores accedieron a la cámara funeraria descrita en el anterior capítulo, pudieron ver que en la pared este había otra puerta. Mejor dicho, una simple abertura, puesto que jamás hubo una puerta. Apenas una mirada les bastó para ver que en esa pequeña estancia les aguardaban aún más descubrimientos. Y por el aspecto que presentaban, éstos prometían ser fabulosos.

Puerta de acceso a la cámara del tesoro con la imagen de Anubis y la capilla canópica
Puerta de acceso a la cámara del tesoro con la imagen de Anubis y la capilla canópica.

Pero el equipo de arqueólogos que allí trabajaban era muy minucioso y no querían ceder a a la tentación de pasar a una cosa, cuando lo anterior está por terminar. Y ellos estaban con el duro trabajo de la cámara funeraria y desencajando los féretros. Por este motivo, después de un rápido reconocimiento visual, optaron por cerrar es abertura con una gruesa plancha de madera para no distraerse de lo que tenían entre manos, y vencer la tentación de sacar alguno de los objetos antes de tiempo.
Por fin, una vez terminados los trabajos en la cámara sepulcral, pudieron retirar la plancha de madera y dedicarse al Tesoro.

Prácticamente cerrando el paso a la pequeña estancia, de suelo algo más bajo que la cámara funeraria, había una gran estatua del dios-chacal Anubis, sentado sobre un pilono dorado hueco, que sirvió de cofre para guardar objetos, y que a su vez estaba colocado sobre un trineo con andas para su transporte. Esta imagen de Anubis estaba hecha de madera negra, con adornos de oro en las orejas y cubierta con un chal de lino. Debía resultar ciertamente imponente atravesar ese umbral guardado por tan impresionante efigie del guardián de la Necrópolis. Pero, al parecer, a los ladrones no debió haberles impresionado demasiado, a juzgar por las evidencias que se encontraron de su incursión.

Capilla canópica exterior con dos de las cuatro diosas protectoras: Isis y Selkis
Capilla canópica exterior con dos de las cuatro diosas protectoras: Isis y Selkis.

Esta minúscula habitación estaba tan atestada de objetos como la antecámara, aunque con algo más de orden. Lo que capturó la inmediata atención de los excavadores fue la capilla canópica situada tras el dios Anubis. Según relato del propio Carter “...el más bello monumento que he visto jamás, tan hermoso que hace suspender el aliento”.

Efectivamente, esta capilla dorada, destinada a contener los vasos canopos con las vísceras del rey, es uno de los objetos más bellos que el arte egipcio nos ha dejado. Se trata de una capilla de madera (de 2m de alto, por 1,50 y por 1,20) , cubierta por lámina de oro que descansa sobre un trineo. Tiene un hermoso friso de cobras sobre el dintel, y sobre la cornisa tórica otro friso de cobras de mayor tamaño. Ambos frisos tienen incrustaciones de colores.

Estuche canópico de alabastro del que sobresalen los cuatro tapones tallados en forma de cabeza humana representando a Tutankhamón
Estuche canópico de alabastro del que sobresalen los cuatro tapones tallados en forma de cabeza humana representando a Tutankhamón.

A cada uno de los lados de esta capilla había una estatuilla de una diosa tutelar, con los brazos extendidos en actitud de proteger los vasos canopos del rey. Se trataba de las diosas Isis, Neftys, Neith y Selkit, que a su vez estaban asociadas a los dioses guardianes de las vísceras de los difuntos: Amset, Hapy, Duamutef y Qebehsenuf. Estas cuatro diosas con la cabeza girada como vigilando que no entrara nadie, y con sus brazos extendidos, como abrazando la capilla, componían una imagen realmente conmovedora.

Dentro de esta capilla apareció un cofre de calcita semitranslúcida, tallado en un bloque macizo y cubierto con un paño oscuro. En el interior del cofre aparecieron cuatro tapas de canopos con cabeza humana y representando exquisitamente la efigie del rey. Se miraban de frente por parejas. Las dos del este miraban al oeste y viceversa. Al retirar estas tapas se encontraron con cuatro huecos cilíndricos tallados en la misma pieza de calcita. Y dentro de cada uno de esos huecos aparecieron cuatro pequeños sarcófagos de oro. Cada uno de los sarcófagos llevaba el nombre del genio protector de las vísceras que contenía: Amset para el hígado, Hapy para los pulmones, Duamutef para el estómago y Quebehsenuf para los intestinos. Estos genios protectores de las vísceras eran los cuatro hijos de Horus.

Esquina sureste de la cámara del tesoro
Esquina sureste de la cámara del tesoro.

Pero esta cámara estaba atestada de objetos fascinantes, entre los que destacaban unos enigmáticos cofres cerrados, que hacían volar la imaginación de los arqueólogos. Cuando finalmente los abrieron, vieron que en su interior había unas maravillosas estatuas del rey o de dioses. Al parecer no se había ahorrado ningún esfuerzo en la fabricación ni en el almacenamiento de estas estatuas. Estaban colocadas en 22 cofres de madera negra en forma de capilla y sobre trineos. Cada cofre estaba sellado con un cordel y barro del Nilo con la impresión de la necrópolis. Las estatuillas del rey estaban hechas de madera dura recubierta de yeso y lámina de oro, y transmitían una vívida expresividad. Algunas de ellas estaban cubiertas por chales con flecos. Quizás, de entre todas ellas, las más relevantes sean las dos en las que Tutankhamon aparece como Horus, arponeando al hipopótamo (símbolo de Seth) sobre un flotador de papiro, así como las dos que muestran al rey de pie a lomos de un leopardo.

Además de estos objetos, aparecieron muchos más en la cámara del tesoro, tales como varias arquetas que contenían telas y diversos objetos, como sandalias, abanicos, bastones, espejos, joyas, etc. Se cree que los ladrones se llevaron de estos cofres alrededor del 60% de su contenido, y, lógicamente cabe pensar que se llevarían los objetos de oro, o de más valor. Aun así, se recuperaron muchas de las joyas que pertenecieron al rey.

Objetos situados junto al muro sur de la cámara del tesoro
Objetos situados junto al muro sur de la cámara del tesoro.

También había en la cámara del tesoro muchos modelos de barcos, así como otro carro desmontado. En total unos 75 grupos de objetos que sumarían más de 500 piezas. Resultaba evidente que los ladrones también habían accedido a esta cámara, si bien actuaron de modo más selectivo, y solamente violaron los sellos de los cofres que contenían joyas con valor intrínseco, dejando atrás objetos rituales y demás pertenencias del rey.



 
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