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El sarcófago de Ta-re(m)et-n-Bastet Imprimir E-Mail
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Información sobre museos - Museo Arqueológico Nacional de Madrid (MAN)
Escrito por Elisa Castel   
Publicado el miércoles, 01 de diciembre de 2004
Modificado el lunes, 23 de octubre de 2006

Artículo del mes en el Boletín Informativo de AE (BIAE) Año II - Número XVIII - Diciembre 2004

Continuando con la descripción de las piezas que se alojan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, cuyo primer ejemplo se publicó en el pasado mes de noviembre, hoy presentamos un bellísimo sarcófago policromo que perteneció a Ta-re(m)et-n-Bastet. Se encuentra en la sala de antigüedades egipcias, vitrina 22 y tiene el número de inventario 15.159.

Gracias a la inscripción que cubre el cuerpo del sarcófago sabemos que Ta-re(m)et-n-Bastet significa “la mujer de Bastet” (“de” en el sentido de pertenecer a), aunque algunos autores basándose en textos demóticos, piensan que su nombre debería leerse Ta-re(m)et-n-Bastet ya que, desde un punto de vista filológico, en época saíta pese a que se escribiera incorporando la “m”, ésta se había perdido en el lenguaje oral. Según reza el sarcófago Ta-re(m)et-n-Bastet fue hija de una mujer llamada Ptahirdis y vivió en un momento impreciso de la dinastía XXVI, dinastía saíta (664 al 525 a.C). Dicha dinastía lleva su nombre por proceder de la ciudad de Sais (actual Sa el-Hagar), urbe situada en el Delta del Nilo, en el brazo de Rosetta.

Existen al menos dos paralelos que podemos señalar. El primero se conserva en el Museo de Bellas Artes de Grenoble, pertenece a Psamétiko, hijo de Sbrekhy (inv. Nº 1996) y es prácticamente igual al que aquí tratamos, aunque el número de columnas con texto jeroglífico es menor y los signos son más grandes. La ejecución de éstos es muy similar al de Ta-re(m)et-n-Bastet, dando la sensación de que pudieran estar hechos por el mismo artesano. El segundo es de Pedeisis y se aloja en el Kunsthistorisches Museum de Viena, éste es similar por la inscripción que tiene en el dorsal de la caja, aunque su ejecución es menos cuidadosa y cubre toda la parte posterior del mismo, en lugar de la zona central. Ambos son también de la dinastía XXVI.

El ingreso del sarcófago en el Museo Arqueológico Nacional se produjo en el mes de noviembre de 1873, formando parte de un lote de objetos que el pintor gaditano Francisco Lameyer vendió al Estado; entre las piezas que contenía ésta era con mucho la más destacable, considerándose por aquel entonces ejemplar único en España, tanto por su calidad como por su excelente estado de conservación. Aunque en su interior no se alojaba la momia de la difunta sí contenía un cuerpo embalsamado, que veremos después. Según el vendedor el conjunto procedía de Saqqara, pese a haber sido comprado en El Cairo.

Ta-re(m)et-n-Bastet fue un nombre común en Época Saíta y Ptolemaica y formando parte del mismo está el de la diosa gata Bastet, divinidad cuyo culto se vio potenciado de forma significativa en estos periodos. El motivo no es otro que la situación del país en aquellos momentos; la perdida de la estabilidad y la seguridad de tiempos precedentes provocó que los egipcios retornaran a cultos antiguos, que habían resultado válidos, haciendo énfasis en la veneración de manifestaciones animales y especialmente hacia esta diosa gata. Todo ello influido por una creciente inclinación hacia la magia y el culto de deidades autóctonas, abandonando la adoración a dioses extranjeros y, en especial asiáticos, introducidos en Egipto durante el Reino Nuevo. Sus órganos fueron embalsamados como era de rigor y sus vasos canopos, de fino alabastro egipcio" (calcita), se guardan en el Museo del Louvre de París, registrados con los números de inventario E 18.868-18.871. En ellos se encontraron restos de materia orgánica.

Detalle del sarcófago de Grenoble
Detalle del sarcófago de Grenoble.
Detalle del sarcófago del MAN
Detalle del sarcófago del MAN.

A simple vista, el sarcófago parece pertenecer a un hombre ya que bajo su barbilla se aprecia una barba trenzada, pero los textos jeroglíficos que cubren su superficie nos permiten leer claramente el género femenino. No parece que se trate de una usurpación, como cabría esperar, sino de la utilización común en estos periodos de sarcófagos ya elaborados previamente en los talleres -casi de forma industrial y en cadena- a los que se deja el espacio en blanco para rellenar por el nombre del difunto. Es posible, que en el momento en que muere Ta-re(m)et-n-Bastet, estos talleres no dispusieran en sus fondos de sarcófagos femeninos, por lo que emplearon este, limitándose a añadir el nombre, títulos y parentesco de su propietaria. El estilo parece ser menfita y, de hecho, los sarcófagos de esta época son en su gran mayoría productos de la zona de Guiza y Saqqara. Podemos suponer que en los alrededores de Menfis existían estos centros de producción y que desde allí se surtía al resto del país.
En el antiguo Egipto los cuerpos de aquellos personajes económicamente fuertes se embalsamaban y enterraban en el interior de 2 o 3 sarcófagos, siendo el último, el más cercano al difunto, antropoide y el más exterior de tipología arcaizante. A partir del Reino Medio se introdujo la costumbre de inscribir textos mágicos, así como figuras guía y protección para el Más Allá en su superficie, como ocurre en el pecho del que nos ocupa.

El sarcófago que aquí presentamos, está realizado en madera recubierta de estuco y revestido a su vez con una capa de pintura blanca sobre la que se aplicó la policromía. El rostro, se creó cubriéndolo con una capa dorada. El conjunto está enmarcado por una tradicional peluca tripartita rayada ancha y larga. En la barbilla tiene una barba postiza y bajo ésta un collar Usej formado por diez hileras semicirculares de cuentas en forma de canutillo de color verde en dos tonos y dispuestos en sentido horizontal. Estas hileras terminan en los hombros donde, como broche final, aparecen sendas cabezas de halcón. Rematando el collar encontramos unos pequeños colgantes policromos en forma de gotas que le cubren el pecho y bajo éste, una diosa alada y arrodillada con un disco solar sobre la cabeza que extendiendo sus alas le ofrecie protección. Normalmente esta divinidad por su iconografía y situación pudiera representar a la diosa Nut, aunque a veces puede tratarse de Isis pero en este caso, no existe texto que la identifique. En las manos sostiene dos signos jeroglíficos anj que, a modo de amuletos que protegen al difunto, le dan el aliento necesario para su subsistencia póstuma.

Toda la superficie de la tapa del sarcófago está cubierta por diez líneas de escritura jeroglífica redactada en estilo arcaico, que deben leerse de derecha a izquierda. Los jeroglíficos están dibujados con un detalle excelente y reproducen el entonces popular capitulo 72 del Libro para salir al día (Libro de los Muertos). El texto fue copiado por Miguel Jaramago y traducido por y Mª del Carmen Pérez Díe y dice lo siguiente:

"Palabras dichas por Ta-re(m)et-n-Bastet, hija de Ptahirdis. Salud a vosotros, señores de la Verdad exentos de pecados que estáis vivos por siempre durante la eternidad. ¡Ojalá me concedáis acceso hacia la tierra!, a mí, que soy glorioso por vuestras formas, que soy poderoso gracias a vuestras fórmulas mágicas, que estoy designado entre los designados. ¡Ojalá me salvéis del agresor que está en este país de justos! ¡Ojalá me concedáis mi boca para que yo pueda hablar gracias a ella!, y que me sean dadas las ofrendas ante vosotros, pues yo os conozco, yo conozco vuestros nombres, yo conozco el nombre de este gran dios (delante de) cuya nariz vosotros colocáis vuestros alimentos. Tekemu es su nombre. Él explora el horizonte oriental del cielo, él explora el horizonte occidental del cielo. Si yo me voy, (él) se va, si yo tengo buena salud, él tiene buena salud, y viceversa. Vosotros no me arrojaréis de la Mesqet y los rebeldes no tendrán poder sobre mí. Vosotros no me apartéis de vuestras puertas, no cerréis vuestras puertas ante mí, (pues) mi pan está en Pe y mi cerveza en Dep. Yo he reunido mis dos brazos en el templo que me ha dado mi padre Atum. ¡Ojalá él establezca mi casa en la tierra en la cual hay cebada y trigo en cantidad!. Que en ella me sea ofrecida una fiesta por mi hijo de mi cuerpo. ¡Ojalá me concedáis una "salida a la voz" consistente en pan, cerveza, ganado, aves, vestidos, alabastros, incienso, ungüentos y todas las cosas buenas y puras de las cuales vive un dios!. Que yo me encuentre establecido eternamente en las formas del deseo. ¡Ojalá remonte al Campo de Cañas, descienda al Campo de Ofrendas, pues yo soy Rwti.

En la parte inferior de la tapa existen otros tres registros que cubren el pilar dorsal central; en ellos se inscribieron los capítulos 640-643a de los Textos de las Pirámides, redactados con rasgos arcaizantes, muy al estilo del Reino Antiguo y Reino Nuevo respectivamente. Este texto también fue traducido y copiado por los autores antes citados y menciona:

"Palabras dichas: ¡Oh Osiris Ta-re(m)et-n-Bastet, hija de Ptahirdis, levántate!. Horus ha permitido que te levantes, Gueb ha permitido que Horus vea a su padre en ti en tu nombre de It hwt-ity. Que Horus te dé todos los dioses. ¡Ojalá él los haga subir a ti para que iluminen para ti su rostro!. Que Horus te dé tus ojos para que veas a través de ellos. Que Horus te ponga a tus enemigos bajo ti que él te levante. No te alejes de él. Tú has venido hacia tu forma. ¡Ojalá los dioses unan para ti tu rostro. ¡Que Horus te abra tus ojos para que veas a través de ellos en tu nombre de `aquel que abre los caminos”.

Sin embargo, habría que preguntarse el porqué de estas inscripciones en el periodo saíta ya que los Textos de las Pirámides datan del Reino Antiguo y el Libro de los Muertos del Reino Nuevo, ambos muy distantes en el tiempo. Como antes se comentó, en estos momentos los tiempos pasados de gloria se consideran envidiables, dignos de imitar, momentos en los que Egipto estaba gobernado por reyes poderosos. Recordemos que poco antes el país había sufrido una casi constante inestabilidad política, el llamado Tercer Periodo Intermedio, y que Psamético I lo reunificó en un último intento por recuperar la gloria perdida. La dinastía saíta se caracterizó por ser un tiempo de paz y de prosperidad económica donde, además, existió un fomento de las artes (renacimiento saíta). Imitar el Reino Antiguo, en este sentido, era inevitable. Nos encontramos ante un momento de renovación y retorno que se plasma en las manifestaciones artísticas mediante la imitación de obras y técnicas lejanas en el tiempo, logrando un estilo que recuerda a épocas precedentes pero que a la vez tiene características propias.

El capítulo 72 del Libro para salir al día se titula Fórmula para Salir al Día y abrir la Gruta, es decir, fórmula para abrir la tumba y salir fuera de ella para hacer el viaje diario con Ra al anochecer. En este capítulo está incluida una “Fórmula de Ofrendas”, gracias a la cual, los difuntos podrían tener acceso a toda clase de alimentos tras la muerte. Según la Dra. María del Carmen Pérez Díe, este capítulo posee dos aspectos: por un lado tiene un sentido teológico y por otro lado una función vital. Todo ello responde a dos razones básicas: una religiosa y otra profana, es decir, una relacionada con las creencias de ultratumba y otra vinculada a la necesidad inexcusable de recibir alimentación tras la muerte para no perecer una segunda y definitiva vez. En los ejemplos similares en tiempo y tipología, suele ser frecuente encontrar asociado al texto superior (capítulo 72 del Libro de los Muertos), otro en el dorsal del sarcófago que recoge los capítulos 640-643a, en los que se insta al difunto para que se incorpore. Por ello, algunos investigadores piensan que nos encontraríamos ante una fórmula mágica que, colocada en la columna vertebral, aseguraría la facultad de ponerse en pie.

En algunas zonas del sarcófago el texto jeroglífico está muy deteriorado y no es posible leer lo que está escrito. No obstante, el estudio filológico permite una posible reconstrucción mediante paralelos.

El sarcófago está cubierto por bellos signos jeroglíficos pintados en vivos colores sobre fondo blanco, permitiendo un mayor realce. Destaca el verde, amarillo y rojo, imitando las piedras preciosas y semipreciosas o el vidrio coloreado que, de haber sido posible, hubieran cubierto la superficie del mismo como ocurre, por ejemplo, en el sarcófago de Petosiris, que vivió durante el periodo Ptolemaico. Además, el blanco del fondo simboliza la pureza, el verde el renacimiento y la resurrección, el amarillo el Sol y la carne incorruptible y el rojo el desierto y la energía. Todos ellos tienen una calidad estética extraordinaria. La momia aparentemente “intrusa” que estaba en su interior, perteneció a un personaje que murió a los 25 años, según se desprende del análisis radiológico efectuado por Esteban Llagostera en el año 1976. Su estado es de avanzada putrefacción, fruto de una momificación de mala calidad y está desvendado. Actualmente se encuentra en los almacenes del museo y recibe el nombre de Madrid V. Le faltan algunas partes del cuerpo (manos y pies) y su dentadura muy desgastada para su edad, denota una alimentación rica en sedimentos abrasivos.

Pese a no conocer las causas de su muerte sí puede observarse, en las vértebras cervicales, que sufrió en vida una incipiente artrosis. En general el cuerpo está muy destrozado y por ello no se pudo determinar su sexo. Cronológicamente parece que el tipo de momificación al que fue sometido/a no corresponde al de la dinastía XXVI, estableciéndose ésta en un período anterior.

 
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