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La Necrópolis de Abu Rowash Imprimir E-Mail
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Todo sobre las pirámides de Egipto - Artículos sobre las Píramides de Egipto en general
Escrito por José Miguel Parra Ortiz   
Publicado el sábado, 09 de octubre de 2004
Modificado el miércoles, 01 de noviembre de 2006

Cuando el faraón Khufu falleció, apenas comenzada la IV Dinastía, la sucesión no estaba nada clara; al menos así parece por el trajín de pretendientes al trono que hubo. Dos herederos principales, Djedefre y Khaefre, cada uno nacido de una reina diferente, parecen haber contado con los mayores derechos y sus dos familias estuvieron varias generaciones intercambiándose el poder.

El primero de los hijos de Khufu en sentarse en el trono fue Djedefre. Dado que el heredero del faraón se encargaba de llevar a cabo su enterramiento, la presencia de su nombre en los grafitos de los bloques de piedra que cubrían el barco solar de Khufu es muy esclarecedora al respecto. Él fue quien organizó la ceremonia.

Djedefre

Djedefre, una vez convertido en faraón, decidió trasladar el solar de su complejo funerario a una necrópolis situada unos ocho kilómetros al norte de Guiza: Abu Rowash. No se trataba de un terreno virgen en lo referente a enterramientos, puesto que ya fue utilizado en época tinita, cuando se llegó a formar en la zona una necrópolis de mastabas. Los motivos del traslado a este lugar no están nada claros.

Sabemos por otras fuentes que Khufu llegó a deificarse en vida y es posible que la decisión de su sucesor de dejar aislado en la meseta de Guiza su complejo funerario tenga que ver con ello. La circunstancia puede ser interpretada de dos formas. La primera es considerar que Djedefre renegó de la deificación de su progenitor; siendo así, su decisión de alejarse de la tumba de su padre era un modo sutil de desaprobar el hecho. La cercanía de Abu Rowash a Heliópolis, la ciudad del sol, donde se encontraba el templo que cobijaba a la piedra benben, podría ser un indicio más en este sentido. Con el traslado y la cercanía a la ciudad santa Djedefre habría querido conseguir una dignificación solar más «ortodoxa» que la proporcionada por su padre. No obstante, quizá sea más probable la interpretación contraria, es decir, que Djedefre estuvo de acuerdo con la deificación de Khufu. Si es así, su alejamiento de Guiza habría estado destinado a honrar a su padre; pues al no construir su tumba junto a él lo aislaba y lo convertía en algo precioso a lo que no era digno de acercarse. El hecho de que Djedefre sea el primer faraón egipcio que incorporó a su titulatura real el nombre de «Hijo de Ra» parece indicar que se consideraba hijo del dios sol: Khufu.

Evidentemente, el elemento más llamativo de todo Abu Rowash es el complejo funerario de Djedefre, situado en un saliente de roca y al que se accede tras recorrer una calzada de acceso de cerca de dos kilómetros de longitud. La primera vez que se excavó fue a principios del siglo XX, a cargo de una expedición del IFAO. En los años sesenta del siglo XX, los italianos Maragioglio y Rinaldi la volvieron a estudiar, pero esta vez sin excavarla. Por último, desde hace unos años (1995) una nueva expedición del IFAO, esta vez formando equipo con miembros de la Universidad de Ginebra, ha vuelto a interesarse por la tumba del hijo y heredero de Khufu. El equipo lo codirige el egiptólogo suizo Michel Vallogia.

© Copyright Jaume Vivó
© Copyright Jaume Vivó

Estas nuevas excavaciones han permitido saber muchas cosas nuevas y aclarar definitivamente alguno de los interrogantes del yacimiento, que llevaban planteados desde hacía años. En primer lugar, el nombre del dueño de la pirámide ha quedado definitivamente establecido, se trata de Djedefre, como se suponía. Hasta ahora, tal atribución se basaba en el elevado número de restos de estatuas de este faraón encontrados en el recinto; pero la expedición franco-suiza ha conseguido encontrar un grafito de cantero (en uno de los boques de piedra del corredor descendente) y la marca de un sello incompleto con el serekh y el cartucho real (en la parte meridional del recinto) con el nombre de Djedefre, lo que, definitivamente, permite atribuirle el complejo funerario.

Los nuevos estudios han permitido conocer, al fin, la verdadera inclinación de la pirámide (52º) y la del corredor descendente (28º) (ambas típicas de la IV Dinastía) y, gracias a ello, también hacer un cálculo aproximado de las dimensiones de su base (106,20 metros), y su altura (68 metros), cercanas a las de la pirámide de Menkaure. No obstante, el descubrimiento más espectacular tuvo lugar en el año 2002, cuando dentro del complejo fueron desenterrados los restos de una pirámide subsidiaria completamente desconocida hasta entonces, concretamente a 10 codos del ángulo sureste del muro del recinto. Se trata de un edificio de 20 codos de lado que en la actualidad sólo tiene 2 metros de alto. Su subestructura consiste en un corredor de norte a sur desde cuyo extremo se pasa a una habitación hacia el este y dos habitaciones hacia el oeste.

© Copyright Jaume Vivó
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Los restos del templo funerario del complejo, situado en la cara este de la pirámide y con una planta bastante peculiar, están a la espera de ser reestudiados.

Siempre se ha considerado que Djedefre llegó a con cierta edad al trono y únicamente reinó durante 8 años, motivo por el cual su pirámide nunca se terminó. Sin embargo, uno de los grafitos de Guiza con el nombre de Djedefre menciona el año once. Como resulta que por entonces el recuento de ganado era bianual, es posible que este faraón llegara a reinar en realidad 22 años. Lógicamente, si su padre pudo construirse una pirámide de 150 m de altura en 23 años, con un reinado de longitud semejante Djedefre tiempo de sobra para terminar la suya, mucho más pequeña. Su aspecto actual, una mera excavación rectangular en la roca en la superficie de la cual hay miles de bloques de piedra se debe, muy probablemente, a que desde muy antiguo ha servido de cantera. De hecho, Petrie comenta que a finales del siglo XIX hasta 300 camellos cargados de piedra salían diariamente de este complejo funerario. No es de extrañar que sólo nos queden unos pocos vestigios de la pirámide de Djedefre.

© Copyright Jaume Vivó
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Muy cerca del comienzo de la calzada de acceso, a 1.800 m al noreste de la pirámide, se ha localizado recientemente la cantera de donde se extrajeron los millares de metros cúbicos de caliza necesarios para la construcción del complejo funerario del sucesor de Khufu. El revestimiento exterior, parte de él al menos, vino de mucho más lejos, pues era de granito rojo. Muy cerca de la cantera se encuentran las mastabas tinitas.

Al este del complejo funerario de Djedefre, aproximadamente a dos kilómetros de distancia, se encuentra otro monumento de la necrópolis que sigue intrigando a los especialistas. Se trata de un edificio de ladrillo construido también sobre un afloramiento rocoso. Algunos egiptólogos los interpretan como los restos de una pirámide de la III Dinastía (posee una corredor descendente y una cámara funeraria excavada en la roca), mientras que para otros ni siquiera formaba parte de un complejo piramidal.

 
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