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Últimamente ha originado mucho revuelo en los medios de comunicación la exploración de los conductos estelares de la Gran Pirámide de Guiza y, aunque se trata de un descubrimiento relevante, lo cierto es que su importancia disminuye un tanto al compararlo con el corpus de datos que se está obteniendo, en esa misma necrópolis, respecto a la organización de los trabajadores que construyeron esos monumentos, sus asentamientos en la necrópolis y las diferentes zonas de aprovisionamiento y talleres que los abastecían.
El primero en dedicarle atención a ese problema fue W. M. F. Petrie que, a finales del siglo XIX, excavó una zona situada al oeste de la pirámide de Khaefre. Allí encontró los restos de una serie de galerías alargadas, que consideró eran las barracas de los constructores de la pirámide de ese faraón. Esa opinión ha variado sustancialmente hace poco, cuando al ser reestudiadas han demostrado que en realidad eran estructuras construidas en un principio como zonas de almacenamiento para bienes de gran volumen (materias primas, alimentos y objetos manufacturados como estatuas reales y objetos relacionados con el culto funerario). De hecho, los restos encontrados indican que las galerías y la zona situada frente a ellas fueron utilizadas para diferentes labores artesanales, especialmente el trabajo de la piedra.

Las excavaciones de Saleh en la década de 1970 en torno a la pirámide de Menkaure tuvieron como resultado el hallazgo y excavación de una serie de estructuras dispuestas en forma de L, que su excavador describió como una zona industrial con dependencias anejas. Por esas mismas fechas, pero un poco más al sur, tuvo lugar la excavación de lo que se pensaba era un asentamiento de trabajadores; pero que al final resultó ser una escombrera en donde se habían tirado los restos procedentes de la demolición de un lugar de habitación, probablemente construido durante el reinado de Khufu o Khaefre.
No obstante, el descubrimiento más importante se realizó de forma por completo fortuita en 1990, cuando el tropezón del caballo de una turista hizo que las autoridades egipcias indagaran en la zona donde ocurrió el suceso. Allí acabaron por descubrir lo que en la actualidad se conoce como el cementerio de los constructores de las pirámides; si bien el nombre puede ser un tanto erróneo, pues hay datos (rumores más bien, puesto que su excavador no ha publicado casi nada sobre sus hallazgos) que parecen sugerir que en realidad data de la V Dinastía y no de la IV. Si es así, no se trataría de los obreros que construyeron las pirámides, sino de sus sucesores de algunas generaciones después, que continuaban ocupando y trabajando en la zona.

Se trata de un cementerio distribuido en dos zonas comunicadas por un camino de unos 24 m de largo. La zona baja está destinada a las tumbas de los trabajadores (más de 600) y a las tumbas de sus supervisores (más de 30). Las pequeñas superestructuras que presentan estos enterramientos son muy variadas, desde mastabas en miniatura a montículos en forma de panal. Por su parte, en el cementerio superior hay más de 40 tumbas de artesanos. Algunas de ellas presentan bóvedas en el corredor de acceso, como se pudo ver en la televisión recientemente, y sus fachadas están decoradas con unos cuidados textos jeroglíficos.
La poca información publicada sobre los restos humanos del yacimiento es muy relevante, puesto que el tipo de lesiones presentes en los huesos ha permitido saber algo más concreto sobre los constructores de las pirámides. Son muy abundantes las lesiones de columna, debidas al esfuerzo realizado durante el acarreo y transporte de grandes cargas, lo que cuadra perfectamente con la labor que se supone realizaron en vida esos obreros. Además, los huesos rotos son relativamente frecuentes, al igual que lo son los callos que indican una curación perfecta de los mismos, lo que sólo se explica por la presencia entre los obreros de médicos encargados de vigilar su salud. Esto no hace sino confirmar lo que ya se sabía, que los obreros del faraón no eran esclavos. De hecho, uno de los cuerpos presenta un amputación realizada con pericia, puesto que el paciente no sólo llegó a sobrevivir, sino que pudo trabajar los años suficientes como para que sus huesos acabaran reflejando la poco natural postura que adoptó su brazo para suplir en parte la mano perdida.

Para terminar mencionaremos el descubrimiento que más relevancia histórica puede tener y que no es otro que un asentamiento urbano situado a 350 m al sur de la Esfinge, más allá de lo que se conoce como el Muro del Cuervo. Su hallazgo se produjo en 1988 y desde entonces está siendo excavado por M. Lehner; sin embargo, sólo en estas últimas campañas, en las cuales se ha realizado una excavación en extensión, se ha podido clarificar el significado del yacimiento. Dado el tipo de excavación realizado, hasta ahora se pensaba que se trataba de varias unidades dispersas, entre ellas una panadería; no obstante, al haberse estudiado en las dos últimas campañas una zona muy amplia, en la actualidad el conjunto se interpreta más bien como un complejo real de almacenamiento y producción relacionado con la construcción de las pirámides de Guiza.
El complejo parece perfilarse como delimitado por el noroeste por el Muro del Cuervo y por el sureste por lo que Lehner ha descrito como un «Buttress building» (edificio con contrafuertes); ambas estructuras están, a su vez, conectadas por un muro de caliza que delimita la unidad de producción por la zona oeste. En el interior de este espacio se observan cuatro series de estructuras (I-IV) de gran tamaño, pues tienen 35 m de ancho, distribuidas perpendicularmente de norte a sur formando tres calles (de más de 100 metros de longitud y pavimentadas) dispuestas de este a oeste; se trata de «North Street» (calle norte), «Main Street» (calle principial) y «South Street» (calle sur). En el extremo oeste de cada una de esas calles se han desenterrado los restos de un edificio y los tres, uno para cada calle, parecen haber estado destinados al control de los obreros y mercancías que circulaban por el asentamiento. Está claro, por lo tanto, que se trata de una asentamiento oficial cuyos habitantes estaban sometidos a algún tipo de disciplina administrativa.

Otros elementos importantes de esta gran unidad de producción que abastecía a Guiza son las numerosas panaderías descubiertas en ella (no olvidemos que el alimento principal de los egipcios, así como el medio de calcular sus salarios, era precisamente las hogazas de pan). Además hay también algunas estructuras que quizá sean unidades de habitación de los obreros, que quedaban «confinados» tras la labor diaria; también se ha encontrado una sala hipóstila contigua a una zona de tratamiento de pescado (limpieza y desecado) e incluso lo que parecen ser zonas para el tratamiento del cobre (del que estaban hechas las herramientas), lo que implica una cierta actividad metalúrgica. |