Jesús y Egipto

Última actualización el 12 de Mayo de 2009

Egipto ha sido siempre un país vinculado a la Biblia. Numerosas escenas del Antiguo Testamento están asociadas de algún modo a él. Unas veces la tierra de los faraones es escenario de esclavitud y enfrentamientos, otras de hospitalidad y diplomacia. La Biblia rebosa de referencias a Egipto. Estas alusiones se dan también en el Nuevo Testamento aunque en menor medida. Así por ejemplo en Hechos de los Apóstoles, en la Epístola a los Hebreos o incluso en el Apocalipsis, aparece la palabra Egipto; pero es en el Evangelio de Mateo donde se relata un hecho que ha llamado la atención a numerosos estudiosos de la Biblia.

Veamos el texto:

Mateo 2:1-22: “Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? ...Y avisados en sueños que no volvieran a presentarse a Herodes, tomaron otro camino para volver a su país. Después se marcharon, he aquí que un ángel del Señor se aparece en sueños a José y le dice: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para acabar con él. Se levantó, pues, tomo al niño y a su madre por la noche y partió para Egipto y allí permaneció hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del Profeta: De Egipto llamé a mi hijo”.
“Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías:
Un clamor se ha oído en Ramá,
Mucho llanto y lamento:
Es Raquel que llora a sus hijos,
Y no quiere consolarse,
Porque ya no existen.
Muerto Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel, pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.

¿Es histórico este relato? ¿Estuvo Jesús en Egipto?

Ciertamente los evangelios de la infancia no superan el método histórico crítico. Tanto Mateo como Lucas usan detalles legendarios de la infancia de Jesús imposibles de conciliar con la realidad y son tan distintos entre sí que da la impresión de que no se refieren a la misma persona[1]. A este problema irresoluble hay que añadir la falta de credibilidad de los testigos que transmitieron estos relatos del nacimiento[2] e infancia, así como que Mateo usa frecuentemente el simbolismo para justificar sus pretensiones mesiánicas. Así pues parece que algunos relatos están forzados por Mateo para dar cumplimiento a la palabra de los profetas del Antiguo Testamento, es decir, Jesús cumple las promesas divinas hechas a Israel.

Se desconocen variantes dignas de notarse del relato de Mateo, por lo que cabe concluir[3] que el texto del evangelista se ha transmitido sin cambios[4]. La fuente más antigua de una estancia de Jesús en Egipto es por consiguiente este sinóptico datable alrededor del año 80-90 d.C. Este evangelio sería posterior a Marcos y habría sido elaborado a través de Marcos y la fuente Q[5]. Sin embargo ni Marcos, ni la fuente Q contuvieron material sobre la infancia de Jesús, por lo que cabe pensar que es una invención del redactor o es un añadido basado bien en la tradición oral de las comunidades cristianas de Judea y Galilea, bien procedente del propio lugar donde pudo haberse compuesto este evangelio, esto es Damasco o Antioquia[6]. Es difícil que la tradición del viaje a Egipto proceda de alguna comunidad cristiana afincada en el país del Nilo en el siglo I, pues hasta el siglo II parece que no circulaban evangelios por Egipto[7].

Reposo en Egipto. Pintura de Luc Olivier Merson. 1880. Museo de Bellas Artes de Niza. Este cuadro muestra a la Sagrada Familia buscando protección de la noche junto a una esfinge. La virgen, con el niño Jesús en el regazo, descansa entre las patas del monumento faraónico. Foto publicada en M. Carraline, La pintura romántica, Madrid, 1999, Pl. 12.

La posibilidad de que el viaje a Egipto fuera una invención de Mateo no es desechable, si observamos que ello forma parte de su pensamiento teológico. Mateo pretende mostrar a Jesús como el nuevo Moisés. El pasaje de la matanza de los inocentes tiene un notable paralelismo con Éxodo 2. Moisés es salvado de la matanza ordenada por el faraón y Jesús es salvado de la matanza ordenada por Herodes. Se trata de un relato ficticio[8] cargado de un gran componente teológico. Obviamente si no hubo el asesinato de los niños de Belén, no había necesidad de huir a Egipto por lo que ese exilio de la sagrada familia por motivos políticos nunca sucedió.

Con la frase “De Egipto llamé a mi hijo” Mateo muestra un cumplimiento de la profecía de Oseas: “De Egipto llame a mis hijos” (Oseas,11:1). En la septuaginta el plural “mis hijos” refiere “a los hijos de Israel”, pero ese significado no le interesa a Mateo y lo sustituyó por “hijo”. Para Mateo, Jesús debía ir a Egipto para permitir que Dios llamara a su Hijo de regreso a Israel[9]. Además de lo anterior, en esta frase de Mateo los eruditos ven un nuevo paralelismo de Jesús con Moisés cuando éste último le dice al faraón: Mi hijo primogénito es Israel. Por eso Yo te digo, “deja salir a mi hijo para que me de culto”. (Éxodo 4:22-23). Otros posibles paralelismos también se han localizado en el relato de José en Egipto u otras narraciones que rememoran en la vida de Jesús episodios del Antiguo Testamento.

Por otra parte cabe también la posibilidad de que la estancia de Jesús en Egipto no sea una invención del evangelista, sino que traiga su origen en una tradición popular local. No podemos saber si esa tradición oral esconde una realidad histórica, pero la tradición rabínica hizo uso de un Jesús en Egipto para acusarle de brujería. En el siglo II la acusación de que Jesús había aprendido magia en Egipto fue proclamada por el pagano Celso[10]: «En cuanto a Jesús apremiado por la necesidad, se fue a trabajar de jornalero a Egipto, y allí se ejercitó en ciertas habilidades de que blasonan los egipcios; vuelto a su patria, hizo alarde de esas mismas habilidades, y por ellas se proclamó a sí mismo por Dios» (Contra Celso, 1:28).

La acusación de magia contra Jesús también aparece en el Talmud y en la Tosefta[11]:

“Es tradición que Rabí Eliezer dijo a los sabios:¿Acaso Ben Stada no trajo de Egipto conjuros (tatuados) en incisiones sobre su piel?, ¿Acaso no aprendió (toda su doctrina) solo de esta manera?” (Tosefta Shabbat XI 15 y b. Shabbat 104b).

“Yeshu ben Pantera fue perseguido y huyó a Egipto, practicó la brujería y la seducción y llevaba a Israel por mal camino” (Sanedrín 107b).

Aunque estas posibles referencias a Jesús son tendenciosas y tardías (s.III-VI), proceden supuestamente de testimonios de finales del siglo I, principios del siglo II[12], por lo que podrían ser contrarelatos a Mateo o a esas tradiciones locales insertadas por el evangelista.

La diferencia entre estos contrarelatos y Mateo es que aquellos hablan de Jesús en Egipto como un joven o adulto. El que sea un joven en vez de un niño pequeño podría responder a darle un sentido a la acusación de magia o bien a esas tradiciones locales antes mencionadas. Tal vez la estancia en Egipto que recoge Mateo esconde una tradición popular basada en un hecho real, que Jesús en algún momento de su niñez o juventud estuvo allí. Ciertamente es tan sólo una conjetura, pero tampoco es algo imposible, pensemos que en Alejandría en tiempos de Jesús existía una colonia importante de judíos al igual que en Heliópolis y Leontópolis.

Después de la cita de Mateo, la estancia de Jesús en Egipto aparece más desarrollada en los apócrifos de la infancia. Todos ellos son muy posteriores a los canónicos. Son el Evangelio de Taciano, el Evangelio Árabe de la Infancia, la Historia de José el Carpintero, la Historia árabe de José el carpintero, el evangelio del Pseudo Mateo, el Evangelio armenio de la Infancia y el Evangelio del Pseudo Tomás.

Estas narraciones de Jesús en Egipto han sido especialmente importantes para la Iglesia Copta. La tradición copta que avala el recorrido de la sagrada familia en Egipto parte de una revelación que tuvo el Papa Theophilus (384-412 d.C.) de la propia virgen María, quien le relató los pormenores del viaje y los lugares que visitaron. El recorrido fue el siguiente: Salieron a través de las montañas de Hebrón para después dirigirse a Gaza.

De Gaza se desplazaron hasta El-Zanariq cerca de El-Arish. De allí fueron al norte de la península del Sinaí, deteniéndose en Pelusium. En el delta del Nilo llegaron a Tel Basta, se dirigieron al sur hasta llegar a Al-Mahamma, después subieron al noroeste pasando por Phillippos y llegando a Meniet Genah, cruzaron el río Nilo y llegaron a Jemnoty. Más al noroeste llegaron a la ciudad de Saka o Lysous. La travesía continuó hacía el sur llegando a Heliópolis.

Numerosas Iglesias coptas claman ser un lugar donde la sagrada familia estuvo. La más importante es la de San Sergio que sostiene ser el lugar donde estaba la cueva que habitaron.

En definitiva el único Evangelio canónico que menciona a Jesús en Egipto es Mateo y lo hace bajo un prisma teológico, no histórico. Tan sólo cabe la posibilidad de que Mateo hubiera incorporado una tradición popular a su Evangelio de alguna estancia verídica de Jesús en Egipto durante su niñez o juventud y la hubiese adaptado a la forma en que ha llegado hasta nosotros. Es indudable que todo lo que rodea al nacimiento e infancia de Jesús plantea serios problemas de historicidad porque los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas no exponen hechos históricos, sino “historias teológicas”. Saber si Jesús estuvo alguna vez en Egipto sigue siendo un enigma.

Bibliografía consultada:

Felipe Sen, “Jesús en Egipto”, Boletín de la Asociación Española de Egiptología (1999) nº 9.
Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta, 2006.
Aurelio de Santos Otero, Los Evangelios Apócrifos, Biblioteca de autores cristianos, 1999.
Gerardo Jofre, Yeshu Ben Pantera, 2008.
Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.
Geza Vermes, El nacimiento de Jesús, Ares y Mares, 2006.
Atlas Culturales del Mundo, “El Cristianismo”, Vol. I, 1992.
Atlas Culturales del Mundo, “La Biblia”, Vol. I, 1992.


[1] R.E. Brown, El nacimiento del mesías, Cristiandad, Madrid, 1982, p.30.
[2] Antonio Piñero, Jesús y las mujeres, Aguilar, Madrid 2008 –blog de Antonio Piñero sobre la fiabilidad histórica de los Evangelios de la Infancia –Jesús histórico.
[3] Los papiros más antiguos de Mateo que datan del siglo III son fragmentarios y falta el segundo capítulo del Evangelio.
[4] Felipe Sen, “Jesús en Egipto”, Boletín de la Asociación Española de Egiptología nº 9 (1999), p.224.
[5] La teoría de las dos fuentes, parte de la idea de que tanto Mateo como Lucas elaboraron sus Evangelios en base a Marcos y a un Evangelio perdido llamado “Q” que contenía básicamente dichos y sentencias atribuidos a Jesús. La reconstrucción de “Q” se realiza localizando los pasajes coincidentes entre Mateo y Lucas, pero divergentes con Marcos.
[6] La posibilidad de que el Evangelio de Mateo fuera redactado originariamente en Damasco o Antioquia se fundamenta en Mt 17,24ss donde se dice que un estáter vale dos didracmas y este valor únicamente se tenía en estas dos ciudades. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta, 2006, p.353.
[7] El fragmento de Ryland (457) de San Juan(18,31-33;37-38) data del año 150 aproximadamente, lo que indica que este Evangelio circulaba en Egipto en la primera mitad del siglo II.
[8] Flavio Josefo contemporáneo a Mateo, en su obra Antigüedades Judaicas (libros XVI y XVII) describe el reinado de Herodes el Grande relatando sus crímenes y sin embargo nada dice de una matanza de niños.
[9] Geza Vermes, El nacimiento de Jesús, Ares y Mares 2007, p.174.
[10] La acusación de Celso de que Jesús no pudo socorrerse así mismo en la crucifixión aparece en el Evangelio de Mateo por boca de los judíos y Celso dice que Jesús es visto sólo por sus seguidores y como un fantasma, acusación basada en Marcos y Mateo donde se dice que los discípulos tuvieron a Jesús muerto por un fantasma. Hay claras evidencias de una lectura por parte de Celso del Evangelio de Mateo.
[11] La Tosefta es una adición complementaria de la Misná.
[12] El Rabino Eliezer ben Hyrcanos vivió a finales del siglo I o principios del siglo II y el pagano Celso publicó su obra El discurso verdadero o Sobre la verdadera doctrina, entorno al año 178 d.C.

 
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