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En las publicaciones dirigidas al público en general, es decir, aquellas que no son informes técnicos específicos, nos encontramos con que, dependiendo del idioma original en caso de traducciones o de los textos manejados por el autor, la diversidad de versiones castellanas de un mismo nombre es a veces desconcertante.
Así, el lector medio que pensaba que la gran pirámide pertenecía a Keops, se encuentra, según el libro que esté leyendo, que su propietario era Khufu, Jufu, Keops, Kheops, Cheops o Keope.
En las publicaciones más técnicas, la uniformidad es mayor , ya que, en este tipo de escritos se tiende cada vez más a dar los nombres en transliteración, con lo que se obvia el problema, o a hacer uso de signos diacríticos, opción esta aceptable aquí, pero nunca en libros de amplia divulgación.
La falta de uniformidad no es privativa de las obras escritas en nuestra lengua, los autores franceses, ingleses o alemanes tampoco se ajustan a unos criterios estandarizados y únicos, sin embargo sí que hay una línea de propuestas específica de cada uno de estos idiomas y se puede hablar de una Escuela Francesa, Inglesa o Alemana, no ocurriendo así en castellano.
Lo que tienen en común los criterios de cada uno de estas escuelas, se puede resumir en que tratan de "ver la lengua egipcia a través del prisma de la suya propia" y así, cuando transcriben, lo hacen representando los fonemas egipcios en su propia ortografía.
La finalidad del presente estudio es la elaboración de unas normas de uso recomendado para la transcripción castellana de los nombres propios egipcios. Este es el objeto inmediato, pero el mediato llega más lejos. Dado que el núcleo de nuestra propuesta es transcribir desde la visión que nos da nuestra lengua, con ello romperemos alguna de las ataduras de la colonización intelectual a la que está sometida la egiptología española y ayudaremos en la medida de nuestras fuerzas a potencial la existencia de una Escuela Española, que ya en los últimos años empieza a dejarse oír en los foros internacionales.
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