Como hace ya muchos años afirmó Henri Frankfort toda la civilización egipcia se desarrolló en clave dualista. Por eso se puede decir sin temor a equivocarnos que mucho antes de los tiempos tolemaicos, y también de la XXVI dinastía precursora en bastantes aspectos, existía un Egipto cerrado a todo lo extranjero y otro totalmente abierto; un Egipto tradicionalista, y aparentemente inmutable en sus pautas de civilización fundadas en el período Predinástico, y un Egipto abierto a innovadores influjos del exterior. Pero es que además estos impulsos externos también tuvieron siempre, aunque con importancia variable según los momentos, una doble procedencia: del Mediterráneo Oriental y asia anterior una, y de Africa y las rutas occidentales del Indica, la otra. y también serían de una doble dirección los impulsos expansivos e imperialistas en la milenaria historia del Egipto antiguo; hacia Palestina y Siria, por una parte, y hacia Nubia y Etiopía por la otra.
Egipto y el exterior reúne diversas contribuciones centradas en esa temática de las relaciones entre Egipto y el Mundo exterior a lo largo de más de tres milenios: desde los tiempos predinásticos a los helenísticos y del Cristianismo copto. Aunque organizados siguiendo un esquema cronol6gico los distintos capítulos ofrecen una parte de la pluralidad de planos y resultados sobre los que se desarrolló esa dialéctica entre Egipto y el exterior: desde el comercio de bienes materiales de uso más imprescindible al ámbito del imaginario etnográfico y sociopolítico. Entre ambos límites se examina la importancia de las rutas comerciales, especialmente con Palestina y el Mediterráneo, para la llegada de ideas y bienes culturales y de prestigio imprescindibles para la formación del Estado y el poder faraónicos; la concepción del extranjero en la rica literatura sapiencial y de ficción del Reino Medio; la esquizofrenia de la época imperial entre la gloria del imperio asiático y las profundas raíces culturales africanas de las dinastías tebanas; la afanosa búsqueda del imprescindible estaño por la cuenca del Mediterráneo por parte de un Egipto carente y necesitado del mismo por razones estratégicas de su imperialismo defensivo frente a los asiáticos; decisivas influencias asiáticas en la religión y en la plástica egipcias del período imperial; la aventura del exótico viaje intelectual a Egipto por parte de los griegos, presos siempre de un ambiguo sentimiento de superioridad e inferioridad frente a la civilización fara6nica; y, en fin, los límites de la impermeabilidad cultural entre lo egipcio y lo helénico en los tiempos tolemaicos y romanos. Luis A. García Moreno
Catedrático de Historia Antigua
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