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El Museo del Louvre

Última actualización el 16 de Mayo de 2008
Indice del artículo
El Museo del Louvre
Página 01 - I Última organización de la Colección Egipcia
Página 02 - II Historia del edificio
Página 03 - III Formación del departamento egipcio en el Louvre
Página 04 - IV Las grandes colecciones - IV-1 Colección Salt
Página 05 - IV-2 Colección Drovetti (1827)
Página 06 - IV-3 Otras colecciones
Página 07 - V Viajes científicos con beneficios - V-1 Champollion, Rosellini y Lepsius
Página 08 - IV-2 La aventura de Prisse D'avennes
Página 09 - VI Nuevas fórmulas de enriquecimiento del Museo
Página 10 - VI-1 Mariette
Página 11 - V-2 El Instituto Francés de Arqueología Oriental (IFAO)
Página 12 - VII Donaciones y mecenazgo
Página 13 - VIII Despedida
Página 14 - Bibliografía
Todas las páginas

Foto 1.- Pirámide de Cristal
Foto 1.- Pirámide de Cristal

AGRADECIMIENTOS. Juan Rodríguez Lázaro me ha dejado disponer libremente de su reciente archivo de fotos del Museo de Louvre; muchas gracias Juan, me han ayudado mucho. Debo de agradecer también a Paco Freire que me ha dado las fotos de su conferencia en la AEDE del 22-2-2008 y a su esposa Julieta, la gran artista que consigue fotografías casi mágicas como los ojos del Escriba Sentado (foto 39). Gracias a vosotros este artículo ha mejorado mucho sus fotografías previstas.


I Última organización de la Colección Egipcia

Foto 2.- Plano del edificio
Foto 2.- Plano del edificio

El museo del Louvre se encuentra en el centro de París, detrás de la conocidísima Plaza de la Concorde. Se puede acceder por la explanada de las Tullerías y el arco del Carrusel o por la famosa Rue Rivoli. La gran pirámide de cristal domina el patio central y da acceso a las diferentes partes del museo de manera cómoda y funcional.

Foto 3.- Plano temático
Foto 3.- Plano temático

Para llegar al departamento egipcio conviene seguir la dirección de Sully pasando por resto de las murallas de la fortaleza antigua. La última remodelación divide la colección egipcia en dos pisos. Se entra en la entreplanta por la cripta de esfinges (1) y una sala de recepción (2) a la que siguen 17 estancias (3-19) que constituyen una exposición temática dividida en los siguientes capítulos:

  • EL NILO (3).
  • LOS TRABAJOS DEL CAMPO (4).
  • GANADERÍA, CAZA Y PESCA (5).
  • LA ESCRITURA (6).
  • MATERIALES Y TÉCNICAS (7).
  • LA CASA Y EL MOBILIARIO (8).
  • JOYAS, VESTIDOS, BELLEZA (9).
  • ENTRETENIMIENTOS (10).
  • AVENIDAS DE ESFINGES (11).
  • TEMPLOS (12) CAPILLAS (12B).
  • LA CRIPTA DE OSIRIS.
  • TUMBAS REALES(13).
  • SARCÓFAGOS (14).
  • MOMIAS (15).
  • TUMBAS PRIVADAS (16).
  • EQUIPAMIENTO FUNERARIO (17).
  • LOS DIOSES Y LA MAGIA (18).
  • ANIMALES DIOSES (19).

Foto 4.- Tumba de Unsu A.- Recolección y B.- Carga
Foto 4.- Tumba de Unsu A.- Recolección y B.- Carga

Esta zona temática nos ofrece una exposición perfectamente ambientada que nos acerca a la vida de los antiguos egipcios. Por ejemplo, en los trabajos del campo disfrutamos de una pequeña tumba tebana (colección Salt), cuyo dueño, Unsu, vivió seguramente en el reinado de Thutmose III. En ella admiramos al trabajador pueblo egipcio realizando todas las labores agrícolas: el arado, la siembra, la siega (N 1431) y por último, el trasporte del grano a las grandes barcazas (N 1430). El faraón era el dueño absoluto del país, pero cedía parcelas a nobles, altos cargos, templos e instituciones para su aprovechamiento. Al frente de los campesinos se colocaba a un capataz cuya misión era sacar de ellos el mayor rendimiento posible, sin dejar huecos para el ocio. Amenemope nos informa que: “… al medio día, cuando los campos queman, pongo a todos los hombres que están segando a espigar…” No cabe duda, nadie perdía un precioso minuto de su tiempo. Pero también añade: “Doy cada día hogazas de pan a todos los hombres que están recogiendo la cosecha y aceite para su cuerpo tres veces al mes….” (Caminos 1991, 40). Indudablemente se explotaba a la clase obrera, pero siempre se otorgaba una compensación suficiente para evitar desordenes sociales.

Foto 5.- A Y B Dos Aspectos del Tema -La Casa y el Mobiliario-
Foto 5.- A Y B Dos Aspectos del Tema -La Casa y el Mobiliario-

La sala 8 trata de reconstruir una vivienda repartiendo en ambientes bien definidos los enseres que posee el museo. Los egipcios utilizaban pocos muebles, la mayoría dormía sobre esterillas, no tenían armarios y guardaban sus pertenencias en cestos, arcas o cajitas de múltiples formas y con diferentes utilidades; por ejemplo, el arca que vemos encima de la repisa en la foto de la derecha, rojo y negro, contenía generalmente los utensilios de escriba y, como ella, hay varias representadas en la procesión fúnebre de la tumba de Ramose. En algunas casas y en el Palacio Norte de Amarna quedan restos de vasares que servían para depositar la vajilla y los alimentos que se iban a servir de inmediato en comedores o salas de recepción. No se utilizaban grandes mesas sino que, como confirman los banquetes funerarios de las tumbas, cada invitado tenía su mesita individual parecida a la que sostiene el jarrón en la foto derecha. Encima de la esterilla (foto izquierda) vemos un taburete, mueble muy utilizado entonces, y el armazón de una silla plegable que ha perdido su asiento de cuero. También sobre la esterilla encontramos dos objetos curiosos: un estuche para guardar papiros, adornado con motivos vegetales, y un reposacabezas, extrañas almohadas fabricadas siempre con materias duras.

Foto 6a.- Obelisco Luxor 6b.- Extracción. 6c Debajo babuinos del Louvre
Foto 6a.- Obelisco Luxor 6b.- Extracción. 6c Debajo babuinos del Louvre

En el capítulo de la entrada en los templos, existe una anécdota que merece la pena narrar. El templo de Luxor tenía dos grandes obeliscos en su fachada, en cuyo pedestal, 4 babuinos saludaban al sol. Pero, en 1831 uno de ellos fue donado a Francia por el Pacha Mohamed Alí. Lo desmontó un equipo francés al mando del ingeniero naval Lebas y constituyó una verdadera proeza, como muestra la maqueta que se encuentra en el museo naval de París (foto derecha arriba). En ella se aprecia todo lo que hubo que profundizar y cuantos artilugios tuvieron que manipular para extraerlo sano y salvo y colocarlo en la famosa plaza de la Concorde. El obelisco llegó a París completo, es decir, con sus babuinos en la parte inferior, pero los franceses consideraron que esas figuran eran muy obscenas y provocativas por la manera grosera en la que mostraban el sexo y los babuinos fueron recluidos en el museo del Louvre (D 31). Hoy se exhiben en la sala 11 (foto derecha inferior).

Foto 7.- Tumba de Satnem
Foto 7.- Tumba de Satnem

La cripta de Osiris comprende todo lo que los egipcios consideraban necesario para alcanzar la soñada eternidad. Sarcófagos, vasos canopos, ushebtis, amuletos y todas aquellas pertenencias que les aseguraban una vida feliz.

En la foto vemos la tumba 1379 del cementerio obrero en el Este de Qurnet Murray, que descubrió intacta Bruyère y llegó al Louvre gracia al reparto de las excavaciones de 1934. Los dueños eran Satnem y su esposa Ibentina, representados en dos pequeñas estatuas: la de Satnem se encontraba envuelta en lino sobre un asiento, manera que se repite con frecuencia en Deir el Medina. La estatuilla de Ibentina, también envuelta en lino, estaba a sus pies dentro de una pequeña naos con un agujero a la altura de los ojos para poder ver el exterior y se encuentra ahora en El Cairo (JE 63646 A y B). Ambas son de madera de sicomoro, adornadas con collares de cuentas y de factura un poco desproporcionada pero llenas de encanto. El matrimonio se rodeó de un ajuar sencillo con vasijas rústicas, cestos, alguna caja, potes de cosméticos, un espejo, etc. Para pasar alegremente la eternidad incluyeron una lira de tamarindo (E 14470) que sonaría por siglos en las fiestas del más allá.

Foto 8.- Plano cronológico
Foto 8.- Plano cronológico

En el piso superior comienza la exposición cronológica que reúne piezas desde el predinástico hasta el periodo copto.

  • NAGADA (20).
  • TINITA (21).
  • REINO ANTIGUO (22).
  • REINO MEDIO (23).
  • R.NUEVO HASTA AMENHOTEP III (24).
  • AJENATÓN Y NEFERTITI (25); TUTANJAMÓN Y SUCESORES (26).
  • EN LA ESCALERA HAY UNA SALA DE NUBIA Y SUDAN.
  • LOS RAMÉSIDAS (27 Y 28).
  • TERCER PERIODO INTERMEDIO Y ÉPOCA SAÍTA (29).
  • ÚLTIMOS FARAONES (30);

Las épocas romana y copta se hallan alrededor de la Cour Carre y Cour Visconti.

Dado que el museo tiene una magnífica página web con información sobre casi todas las piezas expuestas, creo más interesante hablar aquí de las personas que transformaron una fortaleza medieval en un museo y que, poco a poco, llenaron las salas egipcias de las maravillas que allí se exhiben. Al ir colocando las sucesivas compras o donaciones en sus vitrinas intentaremos introducirnos en la vida, las costumbres y el pensamiento de aquellos lejanos seres que encargaron, se representaron o fueron capaces de producir esas obras que hoy admiramos: los antiguos egipcios.


II Historia del edificio

Foto 9a.-  Fortaleza Medieval
Foto 9a.- Fortaleza Medieval

EL edificio del Museo del Louvre es uno de los más impresionantes de París y como todos los monumentos que perduran durante siglos ha sufrido infinidad de destrucciones, reformas y ampliaciones hasta llegar a su estado actual. Como es lógico también ha albergado a diferentes personajes y ha servido para distintas funciones. Su andadura empieza cuando Felipe Augusto construye una muralla alrededor de París, en el año 1190, y, para protegerse de los anglo-normandos, erige la fortaleza que vemos en el grabado, a la que se llamó el Louvre.

Fue Francisco l quien comienza la transformación del recinto en un edificio renacentista que admiró a nuestro rey Carlos I, cuando atravesó con sus tropas Francia para sofocar una sublevación en Gante en 1540. Los sucesores de Francisco I destruyen paulatinamente la fortaleza medieval para agrandar el palacio renacentista. Con Enrique II, la familia real habita el nuevo Palacio del Louvre, pero, cuando muere, su viuda, Catalina de Médicis decide abandonarlo encargando al arquitecto Delorme la construcción del Palacio de las Tullerías. Cuando Enrique IV sube al trono, concibe un proyecto grandioso: la unión del Louvre con las Tullerías. Para ello construye la Gran Galería al borde del Sena. Esta obra fue eterna, puesto que no se terminó hasta Napoleón III en 1854.

Foto 10.- Grabado de la Columnata Luis XIV
Foto 10.- Grabado de la Columnata Luis XIV

En 1610 Enrique IV muere asesinado y las obras de Louvre se abandonan durante unos 15 años, hasta que Luis XIII decide reemprenderlas en 1625. Edifica, entre otras cosas, el Pabellón del Reloj adornando con cariátides su último piso; hoy se denomina Sully y alberga la colección egipcia. Con Luis XIV, el arquitecto Le Van comienza, en 1660, el engrandecimiento del Palacio tratando de terminar las alas de forma simétrica a lo ya construido y cerrando los patios como la Cour Carrée. De esta forma dobla la largura del palacio y acaba de destruir la antigua fortaleza medieval. La famosa columnata Perrault embellece la fachada que mira a la ciudad (grabado). Sin embargo, el Rey Sol escoge enseguida como residencia Versalles y las obras del Louvre se vuelven a parar. También varía su utilidad, ya que allí se instalan la Academia Francesa, la Academia de Pintura y Escultura, la Academia de Ciencias, además de una población heterogénea de artistas que modifica las estancias a su gusto, hasta que Luis XIV ordena devolver al Louvre su esplendor.

Foto 11a.- Apertura del Museo 11b.- Estructura de la Pirámide
Foto 11a.- Apertura del Museo 11b.- Estructura de la Pirámide

Con la Enciclopedia y Diderot especialmente, surge la idea de presentar en el Louvre las obras maestras de la Corona y en 1776 la Gran Galería se transforma en el Museo Francés. Pero es después de la Revolución, en el año 1793, cuando se abre al público, al principio sólo los fines de semana, con el nombre Museo Central de Bellas Artes. A pesar de ello, el Palacio siguió participando en la vida política del país y la Gran Galería fue uno de los lugares donde se celebraron algunas recepciones con motivo del matrimonio de Napoleón con la princesa austriaca María Luisa. El Museo pasó a llamarse Museo Napoleón y en él se recogieron las obras de arte tomadas como botín de guerra en todos los países conquistados. Pero a la caída del emperador, en 1815, Francia devolvió a los aliados las obras requisadas. Con la Restauración comienza el Museo una política de compras y donaciones.

Desgraciadamente en las revueltas de 1871 se destruye el Palacio de las Tullerías devorado por el fuego y nunca volvió a reconstruirse. El Louvre mostraba en solitario su belleza y personalidad hasta que, en 1981, el presidente Mitterand decidió ampliarlo con el ala Richelieu que entonces ocupaba el Ministerio de Hacienda, y presentó un atrevido proyecto de reforma del arquitecto IEOH MING PEI. Este arquitecto es de origen chino pero nacionalizado americano, estudió en Massachusset y en Harvard y tenía experiencia en museos por la ampliación del museo de Washington y una reforma en el de Boston. Tras numerosas discusiones sobre la construcción de las famosas pirámides de cristal, las obras del Gran Louvre terminan en 1989. El departamento egipcio se cerró durante dos años para su remodelación y se abrió al público en Octubre de 1997. En la actualidad consta de más cincuenta y cinco mil obras del Egipto faraónico, pudiéndose considerar una de las colecciones más importantes del mundo.


III Formación del departamento egipcio en el Louvre

Foto 12a.- Description de L´Égypte 12b.- Estatua Cubo de Senwesret-Senbefny regalo de Napoleón a Josefina
Foto 12a.- Description de L´Égypte 12b.- Estatua Cubo de Senwesret-Senbefny regalo de Napoleón a Josefina

En 1798 el Directorio encarga al joven general Bonaparte la conquista de Egipto. Esta expedición tiene una importancia decisiva en el conocimiento del Imperio Faraónico. Napoleón se sorprende de las maravillosas ruinas del país del Nilo y se rodea de un grupo de sabios, desde arquitectos hasta botánicos, que realizaron una obra inmensa llamada “Description de l´Égypte.” Constaba de 10 volúmenes en la edición de 1820 que se redujo posteriormente a 4 de gran formato. En ella se describen y dibujan monumentos y lugares, aunque con algunos fallos dado que todavía nadie podía leer las inscripciones.

Sin embargo, el Museo del Louvre no debe nada a la expedición napoleónica, pues tras la capitulación en Abuqir en 1801, los ingleses consideraron las antigüedades conseguidas por los franceses como botín de guerra y pasaron a engrosar el Museo Británico. Un ejemplo significativo es la famosa Piedra Rosseta, que, a pesar de haber sido descubierta por los franceses en la isla que lleva su nombre y ser la clave para que el francés Champollion descifrara los jeroglíficos, se encuentra desde entonces en Londres (EA 24). Sólo algunas piezas consideradas menos importantes se conservaron en Francia, por ejemplo la estatua cubo de Senwesret-Senbefny (foto derecha) que Napoleón ofreció a Josefina y que estaba en la Malmaison. Después de pasar por manos de varios coleccionistas hoy se encuentra en el museo de Brooklyn (39.602)

Foto 13a.- Najthorheb. 12b.- Sejmet
Foto 13a.- Najthorheb. 12b.- Sejmet

Cuando en 1814 se restauró la monarquía, la colección del Louvre contaba con pocas piezas egipcias. Pero enseguida empezaron las adquisiciones y donaciones. En 1816 se compró al coleccionista Sallier la gran estatua arrodillada del sacerdote ritualista Najthorheb (A 94) que se encuentra en la actualidad en la sala de entrada al departamento (2). Fue esculpida en el reinado de Psamético II inspirándose en los modelos antiguos.

Otra pieza valiosa es la estatua de Sejmet (A 2), comprada por el Conde Forbin en 1817. Estatuas de Sejmet se encuentran en casi todos los museos que contienen antigüedades egipcias; la curiosidad de ésta es que el Conde, entonces director del museo, grabó su nombre en el pilar dorsal, barbarie que cometieron varios “intelectuales” y amantes de Egipto de aquella época. En la actualidad hay una fila de estas diosas en la sección temática del Louvre dedicada a los templos. Todas provienen del templo de Mut en Karnak, aunque, en principio, puede que estuvieran en el templo funerario de Amenhotep III. Hay una advocación diferente en cada una de ellas, como una gran letanía para librar al país de todos los males, ya que Sejmet era la diosa que podía desencadenar o evitar toda serie de infortunios y parece ser que en el reinado de Amenhotep III hubo una epidemia de peste que asoló Oriente Próximo y quizá llegara a Egipto.

Foto 14.- Alí Pasha
Foto 14.- Alí Pasha

El entusiasmo de Napoleón y los franceses por las antigüedades egipcias despertó el interés por el país y Egipto se puso de moda en Occidente. Diplomáticos acreditados en El Cairo reúnen colecciones magníficas de piezas antiguas. Los museos envían a sus compradores, los anticuarios nativos comienzan a atesorar todo aquello que consideran de fácil venta y la triste fiebre del expolio en templos y tumbas empieza su largo camino en la historia. Belzoni desmontaba monumentos, mientras Drovetti y Salt se peleaban por apoderarse de grandes esculturas sin el menor escrúpulo. Una triste anécdota da idea de la falta de respeto con la que entonces se trataban las piezas egipcias: Belzoni había arrancado del Rameseum un gran coloso de Ramses II difícil de mover; al enterarse Drovetti perforó la escultura en un hombro con el fin de introducir algo de dinamita y así disminuir su tamaño y poder apropiarse de ella antes de que Belzoni la trasportase a Londres. Todo esto sucedía bajo los ojos impasibles del Pacha Mohamed Alí que desde 1805 era el virrey de Egipto.

Foto 15.- Zodiaco de Dendera
Foto 15.- Zodiaco de Dendera

La expedición napoleónica descubrió el templo de Dendera y debió fascinarles dada la cantidad de páginas que le dedicaron en la Description de l´Égypte, quizás porque allí descubrieron la astronomía egipcia. Luis XVIII (1814-1824) se muestra sensible a esos estudios astronómicos y consigue permiso de Mohamed Alí para comprar y trasportar a Francia un zodiaco circular que se hallaba en el techo de una de las capillas superiores dedicadas a Osiris. Pero ello costó al monarca una suma desorbitada, a su entender, y una gran decepción por la falsa información obtenida sobre su datación. Se compró como una obra del Reino Antiguo o incluso anterior, pero, al llegar a París, los estudiosos la clasificaron dentro de la época tolemaica, es decir, con una diferencia de miles de años sobre la fecha dada. Tras largas discusiones los expertos fijaron la realización del zodiaco alrededor del año 50 aC, reinando Cleopatra VII, basándose en la posición que ocupan los astros y la figuración de un eclipse que tuvo lugar en marzo del año 51 aC.

El zodiaco llegó a París en 1821 y se instaló en el Cabinet des medailles de la Biblioteca Nacional. Desde 1922 se exhibe en el Louvre, siendo una de sus principales piezas. La figuración muestra los 4 dioses pilares del mundo sosteniendo la bóveda celeste. Un círculo con los 36 decanatos envuelve a los signos del zodiaco, los planetas y constelaciones del cielo Norte.

Foto 16a.- Sarcofágo De Iniuia 16b.- Amuletos
Foto 16a.- Sarcofágo De Iniuia 16b.- Amuletos

En 1823, el cónsul Duvent regala a Luis XVIII un magnífico sarcófago, pues pretendía venderle su colección de antigüedades egipcias. Pero el rey debió quedar bastante escarmentado con la compra del zodiaco y Duvent no consiguió su objetivo. El sarcófago es de diorita y se encuentra en perfecto estado. Perteneció al Supervisor del Ganado de Amón y Administrador en Menfis, Iniuia (D 2), cuya tumba fue redescubierta en 1993, cerca de la de Horemheb en Saqqara (Schneider 1993,3). En ella figuran dos hijos del difunto con el título de Escriba del Tesoro del templo de Atón, por lo que puede datarse en la época postamárnica. El Louvre posee, además, un piramidón de granito rojo que coronaba la capilla de Iniuia. .

En 1824 es el cónsul francés Drovetti quien brinda al Louvre su fabulosa colección de antigüedades egipcias. Luis XVIII, consideró la oferta sobrevalorada y la rechazó. Quizás el rey de Francia pensó que podría negociar y rebajar su precio, ya que la colección se estaba ofertando y valorando desde 1800, pero se adelantó el rey Carlos-Félix de Saboya comprándola e instalándola en Turín. Sin embargo, en ese mismo año muere Luis XVIII y su sucesor Carlos X adquiere unos 2.500 objetos de la colección de Durand, la cual, en opinión de Clarac jefe de las antigüedades del museo en aquel momento, “comprende todo lo que Egipto ha podido producir en monumentos de pequeño y mediano formato”. Lo más espectacular es la gran cantidad de amuletos.

Foto 17a.- Sala 17b.- Techo de Picot
Foto 17a.- Sala 17b.- Techo de Picot

También ese mismo año, Champollion se enteró de que el cónsul de Inglaterra, Salt, quería deshacerse de unas 4.000 magníficas obras. Champollion luchó para conseguir que su país no volviera a desperdiciar otra irrepetible oportunidad, como había sucedido con la colección de Drovetti, cuyas piezas estaba organizando él mismo en el Museo Egipcio de Turín. Consiguió su objetivo y con la colección Salt (1826), el Louvre recibe una serie de piezas de valor y belleza tan extraordinarios que le convierten en uno de los museos más importantes del momento en tesoros del País del Nilo. Consciente de esta nueva categoría, Carlos X fundó, en 1827, el departamento de Antigüedades Egipcias nombrando a Champollion su conservador. Se habilitaron cuatro salas bajo la dirección del arquitecto Fontaine, con unas lujosas vitrinas y mármoles en las paredes. El techo es obra del pintor Picot titulado “El genio de las artes revela Egipto a Grecía”. Esta decoración grandilocuente disgustó a Champollion que hubiera preferido adornar sus salas con pinturas egipcias.


IV Las grandes colecciones

IV-1 Colección Salt

Foto 18a.- Salt 18b.- Belzoni
Foto 18a.- Salt 18b.- Belzoni

Henry Salt fue Cónsul General británico en Egipto entre 1815 y 1827. Emprendió varias excavaciones con Belzoni, un personaje bastante singular, italiano con nacionalidad inglesa. Belzoni llegó a Egipto con la intención de vender a Mohamed Alí un aparato hidráulico para facilitar el riego a los campesinos, pero los grandes monumentos egipcios, completamente abandonados en aquel momento, le fascinaron tanto que decidió dedicarse a su explotación. Salt había recibido permiso de Mohamed Alí para excavar por su cuenta y comerciar con las antigüedades faraónicas y encargaba a Belzoni los trabajos para conseguirlas. Henry Salt logró reunir fantásticas obras de arte. Su primera colección se vendió en 1823 al Museo Británico por 2.000 libras. La segunda, después de varias disputas suscitadas por su compra, fue adquirida por el Museo del Louvre por 10.000 libras y la tercera fue subastada por medio de Sotheby´s en Londres varios años después de su muerte.

Foto 19a.- Esfinge de Tanis 19b.- Sepulcro de Ramsés III
Foto 19a.- Esfinge de Tanis 19b.- Sepulcro de Ramsés III

A esta colección pertenece la majestuosa gran esfinge que adornaba la entrada de un templo en la ciudad de Tanis. Es difícil datarla pues tiene grabados los cartuchos de varios faraones: Sheshonq, Merenptah, Amenemhat, Apopi y puede que hasta Senefru. Hoy se exhibe en la cripta del museo (A 23), teniendo su pareja en El Cairo. La palabra esfinge es de origen griego y puede derivar del egipcio “shesep anj” que significa “imagen viva”. Eran grandes leones con cabeza humana que representaban al dios sol y al faraón. En el reino nuevo bordeaban la entrada de los templos para librarles de cualquier posible enemigo.
A finales de 1816 Belzoni, trabajando para Salt, descubrió, en una tumba del Valle de los Reyes que, hoy sabemos, era la del faraón Ramsés III, un gran sarcófago de granito rosa, en muy buen estado de conservación (D 1). Tiene la forma de un cartucho real protegido en los dos extremos por las diosas Isis y Neftis. Las decoraciones laterales tratan de escenas de los libros del Más Allá y de las Cavernas que nos muestran la fantástica imaginación de los egipcios en la descripción del viaje nocturno del dios Ra por el mundo de ultratumba.

Belzoni, una vez entregado el sarcófago a Salt, siguió excavando y, bajo los montones de escombros que llenaban la cámara mortuoria, encontró la parte superior que cerraba el precioso sarcófago. Está maravillosamente esculpida y muestra al dios Osiris acompañado de Neftis e Isis, cuya figura, desgraciadamente, se ha perdido. Salt la reclamó para sí, pero Belzoni defendió su propiedad y ahora se encuentra en Cambridge. Aquí empezaron las desavenencias entre los dos hombres que culminaron en 1819 cuando Belzoni regresó triunfalmente a Inglaterra y escribió un libro sobre “sus” descubrimientos. Este hecho indignó a Salt, que había sufragado muchos de los trabajos de Belzoni y se consideraba propietario de gran parte de los hallazgos. Desde entonces tomó como empleado para sus adquisiciones a Atanasi, hijo de un comerciante griego que había servido también al anterior cónsul británico.

Foto 20a.- Ajenatón de frente 20b.- Ajenatón de espaldas
Foto 20a.- Ajenatón de frente 20b.- Ajenatón de espaldas

En esta segunda fase, no parece que Salt tuvo tanta suerte, pero siguió sacando a la luz o adquiriendo piezas de gran valor, como la estatua de Ajenatón, de procedencia desconocida (N 831). Realizada en caliza amarilla, el faraón está sentado y en su espalda quedan restos de la mano de Nefertiti que estaría rodeándole por la cintura en la postura convencional de los matrimonios egipcios. Aunque el trono y las piernas se reconstruyeron el siglo pasado, es una de las estatuas más completas que tenemos de este faraón.

Foto 21a.- Coloso de Ajenatón 21b.- Columnata de Geempaaton
Foto 21a.- Coloso de Ajenatón 21b.- Columnata de Geempaaton

En 1972 el Louvre recibió este busto del todavía Amenhotep IV (E27112) como agradecimiento a Francia por su colaboración en salvar los templos de Nubia que iban a quedar bajo las aguas del lago Naser. Es un fragmento de uno de los colosos que adornaban el Gempaatón del templo de Atón en Karnak (foto inferior) construido a partir del primer año de reinado. Comparando las dos esculturas resulta difícil afirmar que pertenecen al mismo faraón.

Estas deformidades del primer momento han llevado a las más dispares opiniones, algunas científicas y otras esotéricas. Puede que sea más positivo tomar como base el arranque ideológico de la llamada herejía amárnica, aunque esto sólo constituye una opinión más sobre las múltiples imaginadas. Desde el primer momento el rey tomó la realidad como única fuente de conocimiento para alcanzar la verdad. Quizás por eso, quiso romper con la belleza irreal y amanerada del reinado anterior y desmitificar la figura del rey siempre joven, bello y atlético. Los artistas estarían acostumbrados a hacer una abstracción mental de los rasgos físicos de quien iban a representar, con el fin de resaltar su belleza. Ajenatón les obligó a copiar la persona tal y como era, sin artificios para mejorarla. El resultado fue otra abstracción mental, pero, esta vez, para destacar y exagerar los rasgos individuales. Ello originó unas figuras deformes y menos reales que las anteriores. Sin embargo, el arte cambió a mediados del reinado; pudo deberse a una reacción contra los “monstruos” producidos o al hecho de que el artista se acostumbró a copiar del natural sin las exageraciones anteriores. A ese momento tardío pertenece la escultura de la colección Salt, donde se dulcifican las facciones del faraón, dando un aspecto más natural al rostro, pero conservando las características físicas del monarca: mandíbula saliente, comisuras de la boca caídas, senos prominentes, grueso vientre, etc.

Foto 22.- Estela del Sacerdote Djedjonsuiuefanj
Foto 22.- Estela del Sacerdote Djedjonsuiuefanj

Los sacerdotes fueron siempre en Egipto una clase privilegiada. En la colección Salt encontramos la preciosa estela del sacerdote Djedjonsuiuefanj, tocando un arpa (N 3657). Es de madera estucada, bastante pequeña, mide 29,5 cm. y parece imposible que haya conservado los colores con tanta viveza. Se data en el Tercer Periodo Intermedio y nos muestra la complejidad de la religión egipcia, ya que un sacerdote del templo de Amón en Tebas prefiere dejar para la eternidad a su imagen tocando delante de Ra, “gran dios, señor del cielo”.

Los sacerdotes egipcios no sólo se dedicaban a atender a la imagen que guardaban con tanto celo, sino que también eran administradores de parte de la riqueza del país, interviniendo en cada una de las diferentes áreas económicas. En principio, los faraones ofrecían al dios grandes posesiones, siervos, ganado, etc. Pero en realidad estas espléndidas donaciones no pasaban a ser propiedad absoluta del templo, ya que el rey podía disponer de la riqueza templaria a su libre albedrío. Thutmose III ofrece al soldado Neferperet varias cabezas de ganado ofrendadas con anterioridad a su templo funerario (Kemp 1992, 243); en época de Tutanjamón el escriba real Merymery recibe 40 aruras de tierras del templo de Ptah (Estela Cariro CG 34186; Urk 2078, 1—13; Murnane 1995, 216); reinando Ay se otorgan unos terrenos al jefe del harén Isut que pertenecían a varios templos (Estela Cairo JE 28019 Urk 2109,1-2110,4 PM III, 1ª parte, 18; Murnane 1995, 225); y en el reinado de Ramses III se paga a los trabajadores de Deir el Medina con fondos de los templos funerarios de Horemheb, Thutmose III, Ramsés II, Sethi I y Merenptah, (Valbelle 1985, 190-192). En los cuatro casos los reyes dispusieron libremente de las posesiones de algún templo. Parece, por tanto, que las entidades templarias actuaban como bancos o tesoreros del estado-rey, siendo, quizás, una forma de diversificar la administración del patrimonio regio.

Foto 23.- Pareja Reino Antiguo - Dama Nay
Foto 23.- Pareja Reino Antiguo - Dama Nay

Para terminar esta colección, quizá la principal que recibió el Louvre en su larga historia, vamos a ver varias obras que demuestran la evolución de la sociedad egipcia.

A la izquierda una pareja anónima del Reino Antiguo de 70 cm. en madera de acacia (N 2293). La dama lleva un traje muy simple y una peluca corta con raya en medio, todo ello similar al atuendo de la esposa de Micerinos en la estatua que actualmente se halla en Boston. La peluca del hombre se mueve hacia atrás de forma parecida a la de la estatua de Ranafer de El Cairo. El escultor debía ser un gran artista, pues supo infundir una expresión vivaz y expectante en la mirada del noble y una actitud pacífica y esperanzada en la esposa. Todo ello nos indica que debieron pertenecer a una clase social elevada, única, por otra parte, que podía acceder a poseer una estatua de madera para andar por los caminos de la eternidad. La sociedad de entonces era sobria y austera, la pareja no lleva joyas ni adornos en su vestimenta.

A partir de la conquista asiática, el tesoro del rey-estado se enriquecía con los impuestos extranjeros, lo que unido a la sabia explotación de las ricas minas de oro de Nubia, convirtieron al faraón en el rey más acaudalado del momento. Pero esta riqueza se distribuía en cascada favoreciendo a casi todas las esferas sociales. De las arcas reales se pagaban los salarios a funcionarios, mandos intermedios y la nube de escribas que acompañaba a los cargos en cualquier acto de su incumbencia. Las obras reales contrataban a supervisores, lapidarios, obreros, escultores, soldados para la vigilancia y las expediciones a las canteras, etc. Este flujo de riqueza se nota en las necrópolis tebanas donde cada vez hay más pequeños funcionarios, astrónomos, cocineros o trabajadores de las tumbas, que se enterraban en magníficas sepulturas. La sociedad se volvió elegante y sofisticada como nos demuestra la dama Nay, a la derecha de la imagen (N 84): la estatuilla es de una conífera importada, el vestido va adornado con un galón bordado, la peluca llena de rizos se recoge con una diadema de oro, porta un gran collar de cuentas y un brazalete de oro.

Foto 24a.- Peine 24b.- Paleta Cosméticos
Foto 24a.- Peine 24b.- Paleta Cosméticos

Conforme se iba elevando el nivel de vida, aumentaba la demanda de objetos primorosos para los ajuares funerarios enriqueciendo así a los artesanos, los cuales, a su vez, ampliaban sus obreros y contrataban aprendices para las tareas más penosas. Una prueba de la maestría de estos talleres son el peine (N 1359) y la cuchara para mezclar los colores del maquillaje (N 1748) mostrados en la fotografía. La postura del íbice y la delicadeza de la jovencita tocando el laúd entre papiros muestran un refinamiento exquisito.


IV-2 Colección Drovetti (1827)

Foto 25.- Drovetti y vaso de Djehuty
Foto 25.- Drovetti y vaso de Djehuty

En 1827, vuelve a aparecer en la historia del Louvre la figura de Drovetti (foto izquierda). Nace en Italia y parece que se graduó en leyes en Turín. Las nuevas ideas de la revolución francesa fueron acogidas con entusiasmo por el joven Bernardino Drovetti y cuando Napoleón llegó a Turín, en 1796, se alistó en las filas francesas participando en la primera y segunda campaña italiana y ascendiendo a Capitán y a Ayuda de Campo de Murat, a quien salvó la vida en una batalla. En 1801 el Piamonte se anexionó a Francia y Drovetti se convirtió en ciudadano francés. Acompañó a Napoleón en su expedición a Egipto y en 1802 fue nombrado Cónsul General de Francia en el país del Nilo. Se hizo amigo de Mohamed Alí y conoció al cónsul inglés Salt. Ambos fueron los mayores coleccionistas de la época. La primera colección de Drovetti se vendió a Italia, como ya hemos visto, en 1824, por 400.000 liras; la segunda a Francia, en 1827, por 250.000 francos y la tercera a Alemania, en 1836, por 30.000 francos. Al final de su vida tuvo problemas mentales y murió arruinado en un asilo de Turín en 1852. La foto derecha es un vaso de alabastro del tesoro de Djehuty (N1127).

Foto 26a.- Copa De Oro 26b.- Copa de plata
Foto 26a.- Copa De Oro 26b.- Copa de plata

Esta colección constaba de más de 500 piezas, muchas de ellas de orfebrería que, por desgracia, desaparecieron en la sublevación de julio de 1830. Sin embargo se conservan algunos de los regalos que Thutmose III entregó al famoso general Djehuty. El plato de oro es una obra maestra de los orfebres egipcios (N 713), así como el de plata (E 4886), metal más valioso en aquel momento que el oro pero, desgraciadamente, bastante deteriorado. En ambos el tema es recurrente: unos peces nadando alrededor de una roseta central y rodeados de una guirnalda de papiros.

¿Por qué regaló Thutmose III estas joyas a su general? La milicia fue despreciada por el pacífico pueblo egipcio hasta la expulsión de los hyksos por el rey Ahmose, primer soberano en establecer un ejército profesional permanente. Entonces, la carrera militar empezó a ser valorada, no sólo porque nace un espíritu patriótico nacional, sino también porque alistarse en el ejército comenzó a ser rentable. Los soldados eran condecorados con el “oro del valor”, recibían parte del botín conquistado y, lo más importante, se les otorgaba parcelas de terreno que permanecerían en propiedad de la familia siempre que hubiera un hombre dispuesto para la guerra. Thutmose III formó un cuerpo de élite llamado “los bravos del rey” al cual pertenecería Djehuty y el rey le obsequiaría por una hazaña que nos cuenta el Papiro Harris del Museo Británico.

En la primera campaña en Asia, Thutmose III dejó a Djehuty cercando la ciudad de Joppa que se resistía al faraón. La narración está mutilada y empieza hablando de un encuentro con el rey de Joppa en la tienda de Djehuty diciendo “Después de una hora, cuando estaban borrachos...” En ese momento llegó la maza del faraón y el rey de Joppa quiso verla. Djehuty se la muestra, le agarra por los vestidos y le golpea con ella en la cabeza. Entonces hace traer doscientos grandes cestos en los que mete a los mejores guerreros y un heraldo presenta los cestos llenos diciendo al conductor del carro del rey: “Dile a tu señora que Djehuty, su mujer y sus hijos se han rendido. He aquí su tributo.” El conductor se acerca a la ciudad seguido del cargamento de soldados escondidos. La reina, entusiasmada por tanta generosidad, abrió las puertas de la ciudad, entraron los cestos y los guerreros tomaron Joppa. Es una historia que puede ser un anticipo del caballo de Troya.

Foto 27a.- Cabeza de Amenhotep III 27b.- Estela de Ramses II adorando a su estatua
Foto 27a.- Cabeza de Amenhotep III 27b.- Estela de Ramses II adorando a su estatua

Una obra maestra de la colección Drovetti es esta cabeza de tamaño natural del rey Amenhotep III (foto de la izquierda), esculpida en durísima diorita negra, pero modelada como si se tratase de barro (A 25). Es de tamaño casi natural (34 x 22.9 x 25,3 cm). y resalta la parte rugosa de la corona con el perfecto pulido de la cara. Pertenece a la última etapa del reinado cuando el rey se representa joven, casi infantil, con los ojos muy grandes y la boca de piñón. Esto se debe a que Amenhotep quiso resaltar los efectos milagrosos del festival Sed del año 30, por el que la divinidad restablecía en el trono al viejo faraón lleno de vigor y juventud. El rey porta la corona llamada “Kepresh” que era un casco de guerra o acción. Sin embargo, no tenemos constancia de ningún hecho que muestre a Amenhotep III como rey ejecutivo, a pesar de dejar multitud de edificios y ser uno de los faraones con más representaciones personales. Parece que se dedicó a la tarea primordial de los “Hijos de Ra”: contentar a los dioses, ya que todos los dones divinos llegaban a los egipcios a través de su persona; desde la propia vida de cada individuo, hasta la subida del Nilo, dependían de la actitud del rey.

Se ha hablado mucho de la divinidad del faraón, puesto que estaba dotado de un cuerpo mortal y un Ka (espíritu o fuerza vital) divino. En Soleb hay un relieve en el que Amenhotep III está adorando su estatua (PM VI, 171), y en el Louvre encontramos la misma escena en una estela de Ramses II (E 27222) comprada en 1982 (foto derecha). El Ka real procedía directamente de la divinidad, los reyes eran descendientes directos de los dioses y obraban como ellos en el mundo. Los Ka de los dioses se alojaban en sus estatuas para acercarse a los hombres. Luego el rey estaba adorando a su Ka, introducido en una estatua, como su parte divina ajena a su parte humana física. Esta dualidad hombre-dios es difícil para nuestro entendimiento pero funcionó bien durante todo el imperio faraónico y la mítica figura del faraón fue siempre respetada y venerada por todos los egipcios. Nos queda la duda de si esa veneración se debía a acciones concretas en favor de su pueblo o a ser un amuleto viviente a quien la divinidad otorgaba poderes sobrenaturales.


IV-3 Otras colecciones

Foto 28a.- Nesa 28b.- Brazo de Nesa 28c.- Las tres estatuas
Foto 28a.- Nesa 28b.- Brazo de Nesa 28c.- Las tres estatuas

En 1837 llega al Louvre la colección del Cónsul Mimaut, cuya aportación más espectacular es el conjunto de tres grandes estatuas: dos de Sepa (A 36 y 37) de 169 cm. de alto y una de su esposa Nesa (A 38) de 154 cm. (foto inferior). Sepa ostenta títulos arcaicos como el Grande de los Diez del Sur, Conocido del rey, bastón de toro blanco. Se datan en la Dinastía III porque un cascote encontrado en la pirámide de Zoser lleva inscrito la titulatura de Sepa, aunque desgraciadamente sin nombre. En todo caso, constituyen el ejemplo más antiguo de estatuaria privada, son figuras rígidas, como apreciamos en el brazo de Nesa lleno de pulseras (foto derecha) y su mayor originalidad reside en una banda verde y desproporcionadamente ancha debajo de los ojos (foto izquierda).

Foto 29a.- Sarcófago de Imeneminet 29b.- Estela de Sesostris
Foto 29a.- Sarcófago de Imeneminet 29b.- Estela de Sesostris

Desde 1853 a 1868 el Louvre va adquiriendo la colección de Clot Bey, médico de Mohamed Alí, y de su familia. La pieza más espectacular es quizás el sarcófago de Imeneminet, del Tercer Periodo Intermedio (E 5534). En él vemos reflejado a Osiris, dios de los muertos, por medio de las enseñas religiosas veneradas en sus dos principales santuarios, Abydos y Busiris. Por delante, nos muestra el estandarte de Abydos consistente en un asta que alza un relicario terminado en dos altas plumas, donde, según la tradición, se guardaba la cabeza de Osiris. En la parte posterior encontramos un posible tronco de árbol sosteniendo el famoso Pilar Djed, símbolos del santuario de Busiris. Osiris era el dios del renacimiento, incluyendo la fertilidad de la tierra, representada, en este caso, por el árbol con gavillas atadas. El famoso amuleto del Pilar Djet aparece ya en época tinita y fue muy utilizado hasta el periodo romano. Tuvo diferentes interpretaciones: siendo alzado por los reyes significaba la duración o estabilidad de su reinado, mientras que en los ritos funerarios simbolizaba la columna vertebral de Osiris. Por eso, su situación en el sarcófago que vemos coincide con la columna de Imeneminet.

La estela de la derecha fue comprada 1857 al coleccionista Anastasi. Es de piedra caliza y en perfecto estado de conservación. Perteneció a un individuo llamado Sesostris de la XII Dinastía. En ella apreciamos como los egipcios supieron idear una vida eterna espiritual, pero no fueron capaces de desprenderse de algunos lazos terrenales. Su ka debía alimentarse con viandas materiales depositadas en las tumbas por familiares y amigos, aunque, en caso de faltar, su simple representación serviría igualmente para el sustento del difunto. Sin embargo, tanto en un caso como en otro, para ser beneficiosos los productos ofrendados era indispensable la presencia de la fórmula tradicional que leemos en la parte alta de la estela: “Ofrendas que da el rey…..”. Porque, aunque el rey no interviniera en la donación, era la única persona con poderes suficientes para que aquellos víveres pudieran nutrir al muerto. La vida humana llegaba a la tierra a través del faraón y la vida eterna dependía también del rey; su magia abarcaba el mundo de los vivos y el de los muertos.

Foto 30a.- Estela del Rey Serpiente (Dj) 30b.- La curandera
Foto 30a.- Estela del Rey Serpiente (Dj) 30b.- La curandera

Vamos a hablar de dos piezas compradas a dos coleccionistas que datan del principio y del final de la cultura faraónica. Se trata de la Estela del Rey Serpiente, de época tinita, y de una estatua llamada La Curandera del inicio del periodo tolemaico.

Émile Amileneau excavó con pocos escrúpulos en Abydos. Ávido de piezas valiosas, no tenía reparos en destruir lo que no convenía a sus pretensiones, por lo que fue muy criticado posteriormente por Petrie. Por casualidad descubrió “una cámara de ladrillo que contenía un cenotafio de granito”, que se ha convertido en uno de los lugares más visitados por los turistas pues se ha querido identificar con la tumba de Osiris. Gran parte de los objetos hallados por Amileneau en la necrópolis tinita fue comprada por el Louvre en 1904, con lo que el museo mejoró su colección de esa época.

Indudablemente la pieza cumbre es la estela del Rey Serpiente (E 11007) que resume, en estos primeros tiempos, las características de la monarquía egipcia. Vemos la fachada de un palacio de ladrillo con entrantes y salientes, que dan la impresión de paneles,coronada por unas torres defensivas como fortaleza inexpugnable. En un principio, significaba el poder del rey y representaba la institución del gobierno. Por esto a los altos dignatarios del Reino Antiguo se les permitió utilizar una versión más reducida para decorar sus propias tumbas y con el nombre de Fachada de Palacio perduró como componente decorativo durante toda la época faraónica. En la fachada de la estela se abren las puertas a intervalos regulares, coronadas por una losa rectangular sobre la que, en este caso, corre una cornisa. Y aquí también encontramos otro elemento arquitectónico empleado en tumbas y casas durante todos los siglos de esta cultura. Lo denominamos falsa puerta y su misión en la tumba era poner en contacto a los vivos y los muertos, ya que el Ka del difunto salía milagrosamente por ella para disfrutar de sus ofrendas. En las casas se utilizaban como simple adorno y a veces llevaban la inscripción de algún himno religioso, como en la casa del visir Najt en Amarna.

La representación en esta estela tinita de un palacio (per-aa, literalmente casa grande que traducimos por palacio) nos sugiere varias reflexiones: por un lado indica que ya existía una monarquía poderosa; por otro, que nos encontramos ante el inicio de una arquitectura monumental que impuso durante siglos el diseño de sus estructuras; también vemos que desde ese lejano periodo, las grandes construcciones fueron una pieza fundamental en la publicidad real; los palacios eran de adobe y han desaparecido por las inclemencias del tiempo y la destrucción sistemática de los hombres. Sin embargo, los restos de los templos pregonan todavía, en silencio, el poder del lejano rey que ordenó su construcción. En todo caso, en el Reino Nuevo se asocia la palabra Palacio a la figura del rey, puesto que es cuando se empieza a llamar a la persona física del monarca per-aa cuya derivación griega es faraón.

Otras reflexiones interesantes: encima de ese palacio hay una serpiente que es el nombre del rey, identificado por el jeroglífico dj utilizado en la escritura egipcia; luego indica quien vivía en su interior y que en la época tinita ya existía la escritura. Muy importante, sobre el palacio vemos al halcón, el Horus protector de la realeza, de quien el rey fue, siempre, la imagen viva en la tierra; un mito eterno en el país del Nilo. Y una observación más sobre la composición de la estela: vemos como el artista ha movido el conjunto del relieve hacia la derecha para balancear la cola del halcón.

Nos vamos ya a los primeros reyes Tolomeos, con la estatua llamada La Curandera (izquierda), en basalto, de 67 cm. de altura (E 10777). Perteneció a Tyszkiewicz, cuya colección compró el Louvre en 1826. Como en todas las civilizaciones antiguas, la magia era una poderosa arma defensiva para los egipcios, particularmente en medicina. La curandera lleva en sus manos una estela de Horus sobre los cocodrilos, mediante la cual, según la leyenda, el niño Horus, representado desnudo y con el mechón lateral de la infancia, curaría las picaduras venenosas, principalmente de serpientes y escorpiones. Algunas de estas estelas eran de tamaño muy pequeño para colgarlas en el cuello de los niños. Todas estaban inscritas con unas fórmulas mágicas, que en esta preciosa estatua son una versión tardía. Pero el procedimiento para la cura era muy sencillo, pues bastaba con verter agua sobre el niño Horus, recogerla y darla a beber al enfermo. El agua adquiriría las virtudes curativas que los textos le comunicarían. Científicamente no era mal sistema ya que bebiendo mucho se aguaría el veneno y se iría expulsando con rapidez.


V Viajes científicos con beneficios

V-1 Champollion, Rosellini y Lepsius

Foto 31a.- Champolion y Rosellini 31b.- Lepsius
Foto 31a.- Champolion y Rosellini 31b.- Lepsius

En 1828-29 llegó a Egipto una expedición científica franco-toscana compuesta por 12 arquitectos y varios delineantes, dirigida por Champollion (foto de la izquierda sentado) y Rosellini (misma foto de pie a su lado). Su finalidad era documentar lo que se había descubierto, pero su trabajo fue bastante limitado. Sin embargo, la expedición prusiana dirigida por Karl Richard Lepsius, (foto izquierda) publicó, entre 1842-45, doce volúmenes, “Denkmäler aus Aegypten und Aethipien”, que sigue siendo la obra epigráfica más completa de los monumentos egipcios, acompañada además por cinco volúmenes con los textos. Ahora nos sorprende pensar como estos admirados egiptólogos fueron capaces de arrancar paredes y columnas de la tumba de Seti I. Entonces sólo se pensaba en llenar los museos con valiosas obras.

Foto 32.- Relieve tumba de Seti. a) París, c) Florencia, c) Berlín
Foto 32.- Relieve tumba de Seti. a) París, c) Florencia, c) Berlín

Tradicionalmente los dioses recibían al rey a su llegada al más allá y esas imágenes fueron las elegidas por los tres egiptólogos para engrosar, el Museo del Louvre (B7; izquierda), el de Florencia (2468; centro) y el de Berlín (N. Inv. 2058; derecha). La tumba de Seti I es una de las más bellas del Valle de los Reyes. Sus paredes describen el fantasmagórico viaje de Ra por el mundo de ultratumba con una imaginación desbordante. Este viaje solucionaba dos constantes del pensamiento egipcio: el orden cósmico, mantenido por el eterno circuito solar, y la vida eterna, puesto que, cuando el sol se “hundía” por occidente visitaba el mundo de los muertos, a quienes resucitaba con su presencia. Pero no se trata de una visión simplista de un fenómeno astronómico que veían a diario, sino que en sus viñetas se inician temas tan importantes como el mal y el bien, no como un sistema dual, sino como un todo cuya compleja estructura unificaba los dos principios en una sola imagen. La serpiente representa tanto el mal, en la figura de Apofis entorpeciendo el camino de Ra, como el elemento defensor que cobija a al dios en su barca y la protectora del niño Sol naciendo de Jepri.

Foto 33a.- Karomama 33b.- Collar 33c.- Plumas de buitre
Foto 33a.- Karomama 33b.- Collar 33c.- Plumas de buitre

Otra maravilla aportada al Louvre por Champolion fue esta preciosa estatua de Karomama, Divina Adoratriz de la Dinastía XXII (N 500). Es de bronce finamente cincelado con incrustaciones de oro, plata y electro. Luce un gran collar y las alas de Nejbet en las caderas. El título de Divina Adoratriz lo porta por primera vez Hatshepsut, pero es en la Dinastía XXI cuando adquiere gran relevancia. En aquel momento el país estaba dividido y desde Tanis gobernaban los faraones el Bajo Egipto, mientras que desde Tebas gobernaban los sacerdotes de Amón el Alto Egipto. Pinedjem I ideó un sistema diplomático para conectar las dos potencias: una hija del faraón pasaría a ser la Divina Adoratriz de Amón, debería permanecer soltera, pero elegiría a su sucesora por medio de la adopción. Estas mujeres llegaron a tener grandes fortunas y a ser más poderosas que el Sumo Sacerdote de Amón.


V-2 La aventura de Prisse D'avennes

Foto 34a.- Prisse D´Avennes 34b.- Columna Amenhotep III 34c.- Techo tumba tebana
Foto 34a.- Prisse D´Avennes 34b.- Columna Amenhotep III 34c.- Techo tumba tebana

Otro viajero de aquel entonces fue Prisse d´Avennes, un hombre culto, arquitecto e ingeniero. Llegó a Alejandría en 1827, consiguiendo ser tutor de los hijos de Mohamed Alí y profesor de topografía y fortificaciones en varias academias militares. En 1836 quedó sin empleo por una nueva reorganización militar y, abandonando su carrera, se dedicó a la arqueología. Viajó por todo Egipto y Nubia dibujando con gran maestría templos y tumbas. A partir de 1839 residió varios años en Luxor, en la casa que su amigo Lloyd tenía en las habitaciones traseras del templo de Karnak y allí desmanteló la sala de los ancestros de Thutmose III ilegalmente. A ese problema se unió el desgraciado accidente con un rifle que costó la vida a Lloyd, en el que Prisse se vio implicado. Todo ello le obligó a regresar a París en 1844. Una vez allí publicó Les Monuments Égyptiens, obra que ha servido para conocer monumentos desaparecidos como la columna (foto superior derecha) único testimonio de una capilla de Amenhotep III en Karnak, destruida en la modernización de Alí Pasha; o como el precioso techo (foto inferir derecha), hoy desaparecido, de una tumba tebana.

Foto 35.- Cámara de los ancestros
Foto 35.- Cámara de los ancestros

La sala de los ancestros (E 1348 bis) se instaló en la Biblioteca Nacional pasando al Louvre en 1922. Si los bloques ya eran frágiles cuando se desmontaron en Karnak, estos traslados han contribuido aún más a su deterioro y sólo una tercera parte es original, el resto ha sufrido sucesivas restauraciones. Tiene gran importancia histórica ya que Thutmose III rinde en ella tributo a 61 reyes anteriores delante de una gran mesa de ofrendas y es una de las cinco listas existentes de nombres reales. Curiosamente no siguen un orden cronológico, Senefru, de la Dinastía IV, se halla junto a Sahura de la V; y Pepi I, de la VI, se encuentra junto a reyes del Reino Medio.


VI Nuevas fórmulas de enriquecimiento del Museo

Foto 36.- Mastaba de Ajhotep
Foto 36.- Mastaba de Ajhotep

En la segunda mitad del siglo XIX se inician nuevos métodos con los que el Louvre aumento su colección egipcia. Uno de ellos consistió en la venta por parte del museo de El Cairo, a otros grandes museos, de aquellas piezas repetidas en exceso en sus depósitos. Además de obtener beneficios, se trataba de acabar con el libertinaje en la venta de piezas a coleccionistas, que a su vez propiciaba las excavaciones ilegales. El Louvre mandaba todos los años a sus compradores y una de las adquisiciones fue la mastaba de Ajhotep, seguramente de la Dinastía IV, montada en la sala 4 (E 10958 A). Ajhotep debía de ser uno de esos nobles a quienes el faraón cedió varias tierras para su explotación. y en la foto, detrás de cada portadora del registro bajo, se lee el nombre de Ajhotep y de la finca de donde se habían obtenido los productos llevados en la cabeza.

Otro sistema que dio buenos frutos fue el reparto de las piezas encontradas en las excavaciones entre El Cairo y el país patrocinador. Sin embargo, a partir del descubrimiento de la tumba de Tutanjamón, el gobierno egipcio prohibió la salida de obras de arte a países extranjeros, reservándose el derecho de regalar a los colaboradores lo que creyera conveniente.


VI-1 Mariette

Foto 37a.- Mariette 37b.- Estela adorando a Apis
Foto 37a.- Mariette 37b.- Estela adorando a Apis

Uno de los primeros en participar en los repartos de excavaciones fue Auguste Mariette, quien dedicó su vida a salvaguardar el patrimonio faraónico, siendo el fundador del Servicio de Antigüedades Egipcias y el creador del Museo Bulaq en El Cairo. Llegó a Egipto en 1850 con la idea de recolectar textos coptos para el Louvre, pero empleó sus fondos para comenzar a excavar en un lugar cercano a Saqqara sin pedir el permiso debido. El improvisado grupo de trabajadores pronto advirtió como una esfinge emergía de las arenas del desierto; continuando la excavación surgió un camino procesional que unía un templo dedicado a Apis con el llamado Serapeum. Se desenterraron más de cien esfinges de las que seis están en el Louvre (N 391 a-f). Son del reinado de Nectanebo I de la Dinastía XXX, realizadas en caliza con resto de policromía y llevan inscritos varios grafitos de turistas griegos. También entraron en el museo más de mil estelas de adoradores de Apis, como la que vemos al lado de Mariette.

Foto 38a.- Máscara de Oro 38b.- Pectoral del Serapeum
Foto 38a.- Máscara de Oro 38b.- Pectoral del Serapeum

El Serapeum era el lugar donde los reyes, a partir de Amenhotep III, enterraban al toro sagrado Apis, encarnación terrenal del dios Ptah de Menfis. Consistía en largas galerías con numerosas estelas votivas y cámaras laterales donde estaban los grandes sarcófagos de granito. Una vez embalsamado, el toro se enterraba con toda la parafernalia de un ser humano: vasos canopos, ushebtis, amuletos etc. Pero lo curioso fue que en 1852 se encontraron unas galerías menores con los primeros enterramientos en aquel lugar. En una de las cámaras hallaron un sarcófago de madera que, por las inscripciones, parecía ser del hijo de Ramsés II, Jaemuaset, pero que resultó ser de un toro más a pesar de contener joyas y una máscara antropomorfa de oro. El príncipe se encargaría de la construcción de esas galerías en las que figura ofreciendo a Apis junto a su padre, ya que era sacerdote de Ptah.

La máscara de hojas de oro (N 2291) tiene seguramente los rasgos de Jaemuaset. El pectoral que vemos a la derecha (E 2988) está formado por una plancha de oro en forma de halcón con alas abiertas sobre las que se soldaron una serie de molduras huecas, también de oro, incrustando en ellas trozos de lapislázuli, turquesa y cristal de azul egipcio.

Foto 39a.- Escriba sentado 39b.- Ojos del Escriba
Foto 39a.- Escriba sentado 39b.- Ojos del Escriba

Junto a la avenida que llevaba al Serapeum Mariette sacó a la luz varias mastabas. En su descripción habla de una en particular (C20), perteneciente al Reino Antiguo en la cual encontró restos de cinco estatuas destrozadas entre los escombros. Pero se llevó una sorpresa cuando abrió dos nichos que no se habían destruido y halló, tal y como habían sido colocadas en su día, dos magníficas estatuas de caliza. En sus apuntes Mariette afirma que una de ellas era el famoso escriba sentado (E 3023), sin mencionar el nombre de la segunda estatua. El escriba es una obra maestra por la belleza de las proporciones, la simplicidad de las formas y volúmenes, el tratamiento de las manos, la finura de la boca y la sensualidad de las aletas de la nariz que parecen respirar. Pero sobre todo nos sorprende la expresión inteligente y atenta de los ojos que le proporcionan esa mirada tan inquisitiva y penetrante. Esto se debe a una técnica muy ingeniosa: el contorno de los ojos es de bronce aplanado imitando la pintura de khol, utilizada en los párpados. Unas pequeñas grapas interiores sostienen el ojo formado por un trozo de cuarzo blanco en el que se ha incrustado un cono de cristal de roca perforado y muy pulido que refleja la luz. El ligero desplazamiento de la pupila en el iris y del iris en la membrana blanca acentúan la vitalidad con un continuo movimiento.

40a.- Funcionarios del Reino Antiguo 40b.- Cabeza de Kay
40a.- Funcionarios del Reino Antiguo 40b.- Cabeza de Kay

El famoso Escriba Sentado no tiene ninguna inscripción que lo identifique y esto ha dado lugar a numerosos estudios. A la izquierda vemos varias estatuas de funcionarios encontradas por Mariette e identificadas de la siguiente manera: las 4 primeras pertenecen a Sejemka, Jefe de los Escribas de Campos, (E 3021, 3026, 3025, 3022); las dos posteriores representan sentados al Mayordomo Kaki y al Administrador del Chacal, Kay (3024). Mariette afirma que las dos estatuas halladas en los nichos tenían la misma peculiaridad técnica en los ojos incrustados, peculiaridad que presenta Kay (detalle de la cabeza en la derecha). Este hecho y el que llegaran al Louvre en el mismo reparto de las excavaciones en 1854, ha hecho identificar al Escriba con Kay, a pesar de que los rasgos físicos son muy diferentes. Carpart (1921, 186-190) va más lejos opinando que el Escriba Sentado, Kay y Sejemka son una misma persona, teoría negada por Harris (1955, 122-123) alegando que el pañuelo que lleva Kay en la mano izquierda significaba, en el Reino Antiguo, que era zurdo (en la foto izquierda se puede comparar con Kaki, sentado a su lado, quien lleva el pañuelo en la mano derecha). Este rasgo no está presente en el Escriba Sentado, por el contrario observamos que los dedos pulgar e índice de la mano derecha se juntan para sujetar el cálamo o el pincel para escribir en el papiro. Para mayor confusión Mariette descubrió una tumba de Kay, visir de la dinastía V, (mastaba D19) con quien podríamos identificar al personaje del Louvre. En esta tumba se encontraron unas mesas de ofrendas con el nombre de Kay y el título de Administrador del Chacal. En el lado derecho del asiento de la estatua del Louvre leemos “la Conocida del Rey, Mesehet y su hijo el administrador del Chacal Kay”


VI-2 El Instituto Francés de Arqueología Oriental (IFAO)

Foto 41.- Portada del BIFAO
Foto 41.- Portada del BIFAO

En 1880 se funda el Instituto Francés de Arqueología Oriental de El Cairo, uno de los organismos que más ha contribuido al desarrollo de la egiptología, tanto por sus excavaciones como por sus publicaciones periódicas que incluyen el boletín del Instituto (BIFAO) y prestigiosos estudios monográficos sobre un amplio abanico de temas. Vamos a ver algunas piezas excepcionales que el museo debe a sus excavaciones.

Idealización, simbolismo y retratos

Foto 42a.- Cabeza de Didufri 42b.- Cabeza de Sesostris III
Foto 42a.- Cabeza de Didufri 42b.- Cabeza de Sesostris III

Vamos a ver dos cabezas de reyes encontradas en dos excavaciones diferentes del IFAO. Desde 1901-1924, excavaron en Abu-Roash, a 17 km de El Cairo y al Norte de Giza. En ese lugar, el hijo de Keops, Didufri, construyó su complejo mortuorio, que debía estar adornado con más de 20 estatuas del rey. El IFAO y la Universidad de Ginebra reemprendieron recientemente los trabajos en la zona. En el templo funerario se encontró una preciosa cabeza de Didufri en cuarcita amarilla (E 12626) que llegó al Louvre en el reparto de 1907.

Desde 1915 a 1940 trabajaron conjuntamente el IFAO y el Museo del Louvre en Medamud donde existía un templo dedicado al dios Montu, dios de la guerra, cuyo culto siguió hasta la época romana; se suponía que protegía a Tebas por su lado Norte. Entre las ruinas coptas y romanas surgieron algunas magníficas estatuas de varios reyes. Una de ellas es la de Sesostris III (E 12962)

Hace años que se mantiene una discusión sobre si los egipcios hacían retratos o si sus personajes eran idealizaciones mágico-religiosas, o bien estaban supeditados a unas imágenes estereotipadas con una simbología fija. Hasta aquí hemos visto la cabeza de Amenhotep III (A 25; foto 27A) con facciones infantiles en el año 30 del reinado, es decir cuando el rey ya debía ser anciano, para aquella época. Tenemos varios ejemplos de este rey envejecido: uno es una estatua acéfala, de pie, con túnica asiática, arrinconada en El Cairo, y otra una estela del Museo Británico encontrada en Amarna (EA 57399); en ambas el rey está gordo y falto de vitalidad. La cabeza del Louvre es claramente una idealización por la que el soberano de Egipto perduraría por siempre joven, bello y con cuerpo de atleta (recordamos la estatua del Museo de Luxor del rey de pie en un trineo, datada en la misma época).

Contemplemos ahora la cabeza de Didufri. Es de una limpieza absoluta, no hay ningún aditamento innecesario. El nemes es liso, sin las rayas que le caracterizan; el cuerpo del ureo no tiene escamas; ni tan siquiera el khol de los ojos distorsiona la fisonomía del monarca. Tiene una gran fuerza expresiva, quizá algo brutal, no es la imagen sonriente e idealizada del rey-dios, sino un hombre serio que muestra su poder. ¿Podemos considerarla un retrato? A pesar de esta fisonomía que nos parece natural, esta escultura es la primera en la que el rey de Egipto se nombra a sí mismo “Hijo de Ra”.

En la foto de la derecha, Sesostris está representado con los párpados pesados, ojeras hinchadas, líneas alrededor de la boca y las comisuras de los labios caídas. Tiene una expresión de tristeza, cansancio y desilusión. Todo ello, rasgos característicos de la vejez. Sin embargo, hay quien afirma que la representación de la ancianidad no significa retrato, sino un símbolo de madurez, experiencia y sabiduría. Se basan en varios ejemplos que parecen copias del rostro de Sesostris, principalmente la estatua de Amenhotep hijo de Hapu de El Cairo.

En Amarna se inicia un proceso retratista que, como hemos visto, produce caricaturas en un primer intento (foto 21), para más tarde realizar obras de arte magníficas y muy personalizadas y expresando el mundo interior de cada personaje (foto 20). Desde entonces se intenta infundir alma y vida a las representaciones, aunque se favorezca al individuo.

Es posible que el retrato no fuera una constante en el arte egipcio, sino que apareciera de forma esporádica

Foto 43a.- Tesoro de Tod 43b.- Relieves de Montuhotep
Foto 43a.- Tesoro de Tod 43b.- Relieves de Montuhotep

Nos vamos ahora a Tod, donde existía otro templo a Montu y, al igual que Medamud, se suponía que protegía a Tebas, en este caso, por el lado Sur. Aunque ya había allí una capilla de la Dinastía V, el templo de Montu fue construido por Mentuhotep II, Mentuhotep III y Sesostris l y fue utilizado hasta época copta. En 1936, después de tres años de excavaciones y bajo una iglesia cristiana de barro, el arqueólogo francés Bisson de la Roque encontró lo que llamamos el tesoro de Tod (izquierda; E 15128, E 15303). Bisson quiso saber si las losas del pavimento eran originales y mandó levantarlas una a una. Le esperaba una excitante sorpresa: un pozo conteniendo cuatro cofres de bronce con el cartucho de Amenemes II, sucesor de Sesostris l. Una vez abiertos los cofres mostraron sus maravillas: lingotes de oro numerados, vasos de plata, algunos importados o al menos con gran influencia de Creta, Siria y Anatolia, platos, trozos de lapislázuli etc. La importancia de este hallazgo no radica solamente en ser uno de los más ricos en plata, sino también en mostrar la relación del Reino Medio con países de Grecia y Oriente Próximo.

El primitivo templo de Reino Medio está casi destruido en la actualidad pero el Louvre conserva unos fragmentos impresionantes de algunos relieves que muestran la delicadeza y maestría de los artesanos de entonces. En el que aquí mostramos el dios sentado en un trono, abraza al rey Mentuhotep (derecha; E 15116). El traje del dios y el lateral de su trono están finamente grabados con plumas.

Foto 44.- Deir el Medina
Foto 44.- Deir el Medina

En 1917 el Instituto Francés de Arqueología Oriental obtuvo la concesión para excavar en Deir el Medina. A partir de 1922 fue Bernard Bruyère quien emprendió los trabajos de una manera rigurosa, sistemática y científica. Su minuciosa y paciente labor duró hasta 1951. Cada año se publicaba el curso de las excavaciones en Rapports préliminaires de fouilles de l´IFAO, Documents de fouilles y Mémoires de l´IFAO.
Bruyère excavó en el llamado cementerio Este, situado en una ladera de la colina de Qurnet Murray. Su distribución es muy curiosa porque la parte baja de la montaña estaba reservada para niños y fetos, la zona media para adolescentes y lo alto de la colina para los adultos. Una manera original de organizar un cementerio. La mayoría de las tumbas datan del reinado de Hatshepsut y Thutmose III, no tienen ninguna estructura externa, ningún piramidón y por dentro no están decoradas, no hay relieves ni pinturas, son simples pozos donde se enterraron los obreros, con sus estatuas, generalmente de madera y varios muebles, vasijas, cestos y otros utensilios, que nos fascinan por haber sido utilizados por sus propietarios. Gracias a estos restos nos vamos a adentrar en la vida privada de los trabajadores de las necrópolis tebanas.

Foto 45a.- Silla 45b.- Asamblaje
Foto 45a.- Silla 45b.- Asamblaje

Como hemos dicho, las casas egipcias tenían pocos muebles y, entre ellos los más utilizados fueron los asientos, especialmente los taburetes y las sillas. En la foto vemos una silla clásica con respaldo, similar a las que todavía hoy utilizamos. Es de la época de Thutmose III (E 14437) y consta de 15 elementos: las 4 patas son lisas y las traseras suben formando los laterales del respaldo; las patas llevan 4 refuerzos y otros 4 listones forman el armazón del asiento; el interior del respaldo está formado por 3 tablones de anchuras diferentes.

Todos los elementos de la silla están unidos por medio de unas espigas que se introducen en agujeros perforados, exactamente del mismo tamaño, y generalmente unidos por un pegamento que se hacía hirviendo pieles y huesos de animales y dejando que el agua evaporara hasta quedar un concentrado viscoso; otras veces se utilizaban resinas calientes hasta formar una pasta pegajosa. En la tumba de Rejmira vemos a un obrero encolando la madera. Nuestra silla se terminó con una pintura cremosa y patinada. Lo más fascinante es que se aprecia el desgaste por haber sido utilizada por una familia de obreros del cementerio Este. Llegó al museo por el reparto de las excavaciones de Bruyère en 1927.

Foto 46a.- Arca 46b.- Cajitas
Foto 46a.- Arca 46b.- Cajitas

El arca de la izquierda perteneció al obrero Jatauy que vivió en tiempos de Amenhotep III. Generalmente en los cofres con la tapa a dos aguas guardaban la ropa personal, mientras que los de tapa plana se utilizaban para la ropa de casa. El adorno preferido de los egipcios para realzar cualquier objeto de madera era la incrustación de otras maderas, pasta vítrea o piedras semipreciosas, pero esto resultaba muy caro para los obreros, por lo que trataban de imitar el sistema por medio de la pintura. En este cofre, tanto los bordes como el friso de pétalos imitan incrustaciones de ébano y marfil.

Las maderas importadas, como el cedro o el ébano eran costosísimas y no se desperdiciaba de ellas ni una sola astilla. Los habitantes de Deir el Medina tenían la facilidad de beneficiarse de las sobras de alguna pieza importante que hicieran en los talleres, para utilizarlas en algún pequeño objeto. En la foto inferior tenemos tres ejemplos de cajitas que generalmente guardaban cosméticos o joyas. La primera, con tapa corredera abierta (E 14657) aprovecha unos listones oscuros para sus cuatro patas y el borde de los dos largueros; la mostrada abajo añade un larguero central y enmarca sus adornos con un junquillo pintado en blanco (N 1322); en la tercera, además de listones de distintas maderas, se han transformando las virutas de ébano en graciosas motas (N 1323). Los botones redondos que aparecen en la tapa y en el cuerpo de la caja, no sólo decoraban, sino que servían de cierre atando ambos con una cuerda. El cofrecillo de la izquierda se halló en la tumba 1389 del cementerio Este y contenía un doble tubo de khol lleno y su bastoncillo para pintarse los ojos.

Foto 47a.- Jarra de Cerveza 47b.- Plato con frutos 47c.- (Debajo) Tarros envasados
Foto 47a.- Jarra de Cerveza 47b.- Plato con frutos 47c.- (Debajo) Tarros envasados

Entremos ahora en la cocina de los antiguos egipcios. La base de su alimentación era el pan y la cerveza. La cerveza tenía muy poca graduación alcohólica y era un líquido espeso y muy nutritivo. Se guardaba en grandes jarras de barro cocido bastante bastas, como la de la fotografía izquierda datada en la Dinastía XVIII (E 14593). En su fondo había todavía un residuo sólido de cebada fermentada, producto principal de la cerveza egipcia.

Además en el país del Nilo se cultivaban con esfuerzo diversos árboles frutales y en el plato (E 14574) vemos 3 granadas, pepitas de melón, 1 pepita de uva, 15 higos de sicómoro, 18 dátiles, 1 fruto del Persea y 7 huesos de otros frutos. Todo ello podría componer una dieta sana y variada consumida en el barrio obrero de Deir el Medina.

Para conservar algunos alimentos se utilizaban recipientes herméticamente cerrados y en algunos casos, por ejemplo, en dos de los potes pequeños de la fotografía inferior (E 16356 y E 14424) se conserva el tapón original. Este tapón se formaba con un amasijo de tierra y paja, con el inconveniente que al secarse podía desprender alguna partícula en el interior del recipiente. Para evitarlo colocaban un platillo de barro cocido que encajaba con exactitud en la boca del vaso, encima del cual se ponía el tapón, ya a salvo de molestos desprendimientos; todo ello se vendaba y ataba con un trozo de lino. En estas vasijas pequeñas se conservaban productos valiosos como las grasas animales o la miel, que no solo servían para la alimentación, sino también para fabricar ungüentos corporales. El tercer vaso (E 14425) como los anteriores está cuidadosamente pulido y pintado con rayas rojizas.

Foto 48a.- Macetero 48b.- Lámpara 48c.- (Debajo) Encendedor
Foto 48a.- Macetero 48b.- Lámpara 48c.- (Debajo) Encendedor

Varios objetos curiosos encontrados en estas tumbas nos dan una idea más exacta de la vida en el poblado. Por ejemplo, en el cementerio Este apareció un gran numero de cuencos denominados por Bruyère maceteros (E14632) por tener un agujero en la parte baja. El de la foto de la izquierda es del reinado de Thutmose III. Sin embargo, generalmente contenían alimentos, panes o frutos y, en estos casos, el agujero podría servir para hacer circular el aire y evitar su putrefacción; otra posible utilidad sería el cocer en ellos los panes cónicos. Y, ¿por qué no podría usarse como macetero en las casas y aprovecharlo como recipiente en la tumba?

Las lámparas más comunes eran un plato de cerámica lleno de algún líquido combustible, como aceite o grasa, donde se introducía una mecha de lino retorcido. Para encenderlo se frotaba un junquillo seco por las muescas de una madera. Quedan restos oscuros que demuestran su uso.

Foto 49a.- Ostrakón caza de perros 49b.- Lavandería 49c.- Encargo de ventanas
Foto 49a.- Ostrakón caza de perros 49b.- Lavandería 49c.- Encargo de ventanas

Una de las grandes joyas de Deir el Medina es un gran pozo situado al Norte del templo de Hathor. Seguramente fue un intento para llegar a la capa freática y obtener el agua sin tener que acarrearla desde el Nilo. Al menos hay dos documentos de la Dinastía XX que lo mencionan y puede que se volviera a intentar en época tolemaica cuando se construyó el templo. Parece ser que en ningún momento obtuvieron el resultado deseado y el pozo sirvió de vertedero para infinidad de ostraka escritas en hierático que nos han aportado una valiosa información sobre la vida y los archivos oficiales de la comunidad. Fue excavado por Bruyère entre 1949 y 1951.

En algunos trozos de piedra los artesanos aprendían a dibujar llegando a ejecutar verdaderas obras de arte como la que representa a tres perros cazando una hiena (izquierda); una curiosidad es la cabeza totalmente retorcida del perro rojizo (E 14366). Llego al Louvre en el reparto de 1935.

Quizá más interesantes son los que nos hablan de la vida del poblado y nos revelan el ingenio de los obreros en momentos concretos de sus tareas. Aquí vemos dos ejemplos. Bruyère publicó en 1937 una serie de “recibos” de lavandería (superior derecha). En la aldea existían unas personas dedicadas al lavado de la ropa en el Nilo, pero como cabe pensar, no todas sabrían escribir. Para cubrir esta ignorancia pintaban en una laja de piedra las prendas recogidas a cada familia, poniendo unos puntos encima de las que se repetían. De esta forma sabían lo que debían devolver en cada casa. Por ejemplo, en la fotografía vemos una camisa, dos triángulos de tela, que era la prenda interior usada a modo de pañal tanto por hombres como por mujeres, una faja con flecos, otra sin flecos y una serie de trozos que no sabemos muy bien para que servirían. De la pieza más utilizada se recogieron 13, la pintada y 12 puntos. Comprobamos que los lavanderos hacen distinción entre la ropa con o sin flecos, ya que las adornadas eran más valiosas y habría que tratarlas con más cuidado siendo, seguramente, más cara su limpieza.

En un cascote de barro rojo (inferior derecha) figura el pedido de cuatro ventanas (E 23554). El texto dice: “A Najtamón. Hazme cuatro ventanas de madera exactamente como el modelo. Date prisa, quisiera tenerlas para mañana. Te explico el modelo: Largo: 4 palmos (0,29 cm.); alto 5 palmos y dos dedos (0,41 cm.)” Esta joya fue comprada en Dra Abu El Naga en 1911 y se data en la segunda mitad del reinado de Ramses II.

Foto 50a.- Anukis 50b.- Estela de orejas
Foto 50a.- Anukis 50b.- Estela de orejas

Los obreros que trabajaban toda su vida en tumbas reales eran muy cuidadosos a la hora de preparar su morada eterna. Se llevaban a sus dioses preferidos, a veces de manera muy simple como esta cabeza de Anukis (N 3534) en madera. Quizá importada por algún obrero de la región de Elefantina, la triada de Knum, Satis y Anukis fue muy venerada entre las familias de la aldea, aunque no ha aparecido ningún santuario dedicado a estos dioses en los alrededores.

Por otra parte, Ahmose Nefertari fue divinizada y junto con Amenhotep I pasaron a ser los protectores de la necrópolis, por lo que se han encontrado muchas estelas dedicadas a su culto. La que vemos (E 14242) perteneció al escultor Iyerniutef, cuya saga familiar era conocida en Deir el Medina pues su abuelo, Pyay, ya era escultor de la aldea y su hijo Pamerihu siguió su camino. En la parte alta, el difunto está ofreciendo a la reina y abajo, junto a su esposa Tabak, a cuatro orejas. Las orejas son uno de los signos externos de la llamada Piedad Personal que consistía en que los fieles se ponían directamente en contacto con los dioses. Esta devoción apareció ya con Amenhotep II pero cuando se extendió fue durante la época ramésida y debilitó la autoridad divina del faraón, puesto que con anterioridad el rey era el único intermediario entre la divinidad y los hombres. Los pares de orejas esculpidos en piedra, madera, barro o cerámica se colgaban en las paredes de los santuarios como exvotos para que los dioses atendieran a sus fieles. En esta estela hay 4 orejas, dos por cada orante, y la inscripción delante de ellas dice que la reina es “aquella que escucha las oraciones”.

Foto 51.- Sarcófago de Madja
Foto 51.- Sarcófago de Madja

La tumba 1370 del cementerio Este, que perteneció a la dama Madja, es una de las más ricas y de ella posee varios objetos el museo, por ejemplo un espejo encontrado entre las vendas de la momia (E 14465). La dama se enterró en este precioso sarcófago (E 14543) tallado en un solo tronco de árbol estucado y pintado. Lleva una gran peluca azul y un collar terminado en cabeza de halcón. En las cintas amarillas, imitando oro, se leen textos del Libro de los Muertos; en cada lado se ven dos figuras del chacal Anubis. Y lo más curioso es la parte inferior: en el lado izquierdo hay una escena de ofrendas al matrimonio; en el derecho vemos momentos del entierro y dos hombres tirando de un sarcófago con barba de dios, quizá el de la misma dama convertida ya en Osiris. Donado en el reparto de 1935.

Foto 52.- Tres ushebtis
Foto 52.- Tres ushebtis

Como en todos los cementerios egipcios, los ushebtis son frecuentes en Deir el Medina y algunos muy bellos. Los personajes a quien pertenecen las tres figurillas de la fotografía debieron vivir a finales de la Dinastía XVIII. Empezando por la izquierda, el primero se llamaba Hesmeref (E17335), es de madera sin pintar, tiene un porte elegante con una peluca perfectamente tallada y el libro de los muertos inscrito alrededor del cuerpo, pero no luce ninguna joya. Se conocen 6 ushebtis de este personaje y, sin embargo, no se ha localizado su tumba.

El segundo es de Sennefer (E 14004), un simple obrero que se enterró en el pozo 1159, ya ocupado por el Jefe de Equipo Hormes. La figurilla es muy bella en madera ligeramente estucada y pintada; curiosamente lleva la oreja perforada por lo que pudo vivir en el reinado de Ajenatón o algo después, época de poca actividad en Deir el Medina. Su ajuar funerario es bastante pobre: dos ushebtis (el otro dorado está en El Cairo), un par de sandalias usadas y dos vasos. Puede que esto indique un entierro precipitado, lo que estaría de acuerdo con los rasgos infantiles del ushebti.

El tercero perteneció a Hapyaa (E 14374) y es del tipo más frecuente de Deir el Medina: en madera estucada y pintada, con un sudario inmaculado y un saco de grano en una mano. Se encontró en la tumba 1352 perteneciente a Setau, personaje que vivió en tiempos de Ajenatón ya que en dos de sus estatuillas aparece el nombre de Atón. Como vemos la reutilización de las tumbas fue bastante común en el Cementerio Este.


VII Donaciones y mecenazgo

Foto 53a.- Estela de Nefertiabet 53b.- Foto Reisner
Foto 53a.- Estela de Nefertiabet 53b.- Foto Reisner

De todos es conocido que una de las más importantes aportaciones para cualquier museo lo constituyen las donaciones particulares y el mecenazgo de empresas e instituciones. Ambas contribuyen, a veces, a la supervivencia de las colecciones facilitando su remodelación y a su conocimiento exterior por medio de exposiciones.

La donación más espectacular que recibió el Louvre fue la del americano Atherton Curtis y sus dos esposas Louise e Ingeborg por la que recibió en 1938 una magnífica colección de 1500 piezas. Entre ellas destaca la Estela de Nefertiabet (E 15591), de la Dinastía IV procedente de su mastaba en Giza (G 1225), descubierta por Ballard en 1902. La representación es muy limpia, ordenada y equilibrada; cada figura por pequeña que sea guarda unas proporciones admirables. A la izquierda, una figura femenina está sentada ante una mesa de ofrendas. Sobre su cabeza aparece su nombre y título “la Hija del Rey Nefertiabet”. Los jeroglíficos que la rodean le aseguran los alimentos, aceites, ungüentos, etc. necesarios para su vida eterna y a la derecha una pancarta le concede ordenadamente diferentes clases de tejido. La princesa debió vivir en tiempos de Keops, pero no sabemos si era hija o hermana de este soberano. Lleva un original vestido de piel de felino y su fisonomía demuestra el canon de belleza de la época de las pirámides: ojos grandes, nariz recta con aletas pronunciadas, labios finos y cuello redondo. Reisner en sus excavaciones en Giza de 1903-1905, encontró algunas estelas con composición similar a la de Nefertiabet: una pertenece al príncipe Uapnefert (mastaba G 1201), que podría ser el esposo de Nefertiabet; y otra a una dama Conocida del rey, Nefer (mastaba G1207). Ambas se encuentran en el Museo de Antropología de Berkeley (6-19 825 y 6-19 801). A este tipo de estelas se les ha llamado Slab Stelae porque eran un bloque de piedra que formaba parte de la construcción, como vemos en la foto tomada en el momento del descubrimiento de la mastaba de Uapnefert.

Foto 54.- Ajenatón y Nefertiti de la mano
Foto 54.- Ajenatón y Nefertiti de la mano

Otra obra importante de esta colección es la pequeña estatua de Ajenatón y Nefertiti dándose la mano (E 15593). Se considera que este conjunto estaría en algún altar u hornacina de una casa particular para pedir la intercesión de los reyes ante la divinidad. Es decir, no adoraban directamente a la pareja real, sino que como únicos intermediarios entre los hombres y la divinidad, solicitaban que transmitieran sus peticiones a Atón. En Amarna se introduce con fuerza a la reina dentro de este privilegio concedido a la figura mítica del hijo de Ra. Por detrás de la estatua podemos apreciar el cartucho de Atón junto con el de Ajenatón y Nefertiti.

Foto 55a.- Reina Tiy 55b.- Tumba de Deir el Medina
Foto 55a.- Reina Tiy 55b.- Tumba de Deir el Medina

El mecenazgo también es importantísimo para la adquisición de obras que salen al mercado o a las subastas de arte. Vamos a ver dos ejemplos. El museo compró dentro de la colección Salt la parte inferior de una pequeña estatuilla en cerámica vidriada verde. En ella se veía a las alas del buitre cubriendo el vientre de una reina. En el año 1962 los Amigos del Louvre adquirieron la parte superior en cuyo dorso aparece el nombre de la reina Tiy, esposa de Amenhotep III (E 25493 y N 2312). Iría acompañada por el rey ya que quedan restos de su brazo. La reina porta los atributos de la diosa madre Nejbet, mencionada en el texto. El tocado está compuesto también por las alas de esta diosa, de la que, así mismo, asoma su imagen entre las dos cobras; un podium sostiene las dos altas plumas, propias de la corona de las grandes esposas reales.

En 1997 la compañía de Electricidad de Francia (EDF) ayuda a la adquisición de un trozo de pared de una tumba de Deir el Medina (E 32563). Su fondo amarillo la data a principios de la época ramésida. En el año pasado siguieron activamente las compras. El 27 de Abril adquirieron en venta publica un lote de 171 ostraka de la colección Varille (E32887-E33957), así como tres estatuas de madera del Reino Antiguo que provienen de Saqqara (E 32884, E32885 y E 32886). Y el 4 de Julio se compró, con el mecenazgo del grupo Isen, un papiro médico del Reino Nuevo.


VIII Despedida

Foto 56.- Cabeza Salt
Foto 56.- Cabeza Salt

Quisiera terminar con dos obras maestras que ahora parecen estar más olvidadas. Una de ellas es la preciosa cabeza llamada “Cabeza Salt”, por venir de esa colección, o “cabeza roja”, por el color de la piedra. Desconocemos donde apareció y mide 34 cm. de altura (N 2289). Durante mucho tiempo se la dató en la Dinastía IV “por la simplicidad de su estructura y sus proporciones impecables”. Sin embargo, la opinión ha variado y ahora los egiptólogos piensan que se realizó al final de la época amárnica. Sergio Donadoni ve los siguientes motivos para variar su fecha: la boca sinuosa, con el labio inferior partido por una ligera curva, propios de Ajenatón, de las princesitas de Amarna y del propio Tutanjamón; importancia de la anatomía del rostro, pómulos salientes, el óvalo bien definido, el hueso frontal palpable, el hundimiento del párpado, las superficies del rostro se quiebran para dejar ver su anatomía, todo ello característico de la escultura amárnica; por último las orejas perforadas, se inician con Ajenatón. Esta opinión ha prevalecido y hoy se exhibe en las estancias dedicadas a Tutanjamón y sus sucesores, concretamente en la sala 26A, vitrina 01.

Foto 57.- Tres Cabezas de la tumba de Amenhotep III
Foto 57.- Tres Cabezas de la tumba de Amenhotep III

Otras maravillas del museo son tres cabezas de Amenhotep III, procedentes de su tumba en el Valle de los Monos (KV 22). Champollion entró en ella en su viaje a Egipto y anotó que el enlucido de las paredes se desprendía fácilmente, haciendo imposible su traslado. Por ello se limitó a hacer una copia de dos escenas de la tumba. Sin embargo, alguien se aprovechó de la debilidad de la pared y recortó varias cabezas reales que, sin saber muy bien cómo, llegaron al Louvre. Las dos negroides (N 521 a y b) se arrancaron de un pozo donde el rey estaba frente a la diosa de Occidente y la diosa Nut, seguido del Ka de su padre, Thutmose IV. La tercera (E 13100), algo más pequeña, se encontraría seguramente en un pilar de la segunda sala de la tumba y llegó a la Biblioteca Nacional que la traspasó al Louvre en 1922. Durante el siglo XIX sufrieron muchas restauraciones y se enmarcaron en tres cuadros de madera como si fueran retratos de familia. Últimamente se han restaurado, levantando las pinturas añadidas para dejar solamente los trozos de enlucido originales. Los colores son menos estridentes, el azul egipcio resalta limpio y los rasgos y facciones del rey parecen más naturales. Aún siguen enmarcadas y colocadas en la parte alta de la vitrina 9 de la sala 24 difíciles de ver y fotografiar.

Foto 58a.- Cabeza de Meniu 58b.- Paleta del toro
Foto 58a.- Cabeza de Meniu 58b.- Paleta del toro

Hemos hecho un recorrido por un museo que guarda una de las colecciones más importantes del Egipto faraónico. Como suele ocurrir en estos casos hay piezas impresionantes de las que no hemos hablado, como de la preciosa estatua del escriba real Meniu (E 11519: foto izquierda) o la famosa paleta del toro de Nagada II, donada por Tigrane Pacha (E 11255; foto derecha). Excavaciones no citadas como la Chassinat y Palanque en Assiut y Antinoe (Egipto Medio), Mirgisaa (Sudan), Gebel Zeit (Mar Rojo) etc. de las que el museo recibió alguna parte de lo encontrado. Donantes y coleccionistas que hemos tenido que omitir: Marques de Ganay, Madame Landau, Madame Maspero, Madame Shumanntorso, Delaporte, Denon etc. Pero espero que este “largo” resumen sirva de incitación para visitar el museo o al menos seguir buscando en páginas web y catálogos los maravillosos tesoros que acumuló a lo largo de los siglos aquella lejana fortaleza medieval convertida en Palacio Renacentista y que hoy se encierran bajo una pirámide de cristal.


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Catálogos del Museo

LES ANTIQUITÉS ÉGYPTIENNES. Christiane Ziegler; Christophe Barbotin; Marie-Hélèle Rutschowscaya. PARÍS, 1990.
LES ANTIQUITÉS ÉGYPTIENNES. Christiane Ziegler; Bernadette Letellier; Elisabeth Delange; Geneviève Pierrat-Bonnefois; Christophe Barbotin; Marc Etienne. PARÍS 1997
L´ÉGYPTE AU LOUVRE. Christiane ziegler; Valère Bertrand; Isabelle Franco; Brigitte Affholder; Marc Etienne; Roberta Cortopassi; Dominique Bénazeth. PARÍS 1998

Catálogos de Exposiciones

AMÉNOPHIS III. LE PHARAON-SOLEIL. Gran Palais 1993
L´ART ÉGYPTIEN AU TEMPS DE PYRAMIDES. Gran Palais 1999
LES ARTISTES DE PHARAON. DEIR EL MÉDINEH ET LA VALLÉE DES ROIS. LOUVRE 2002.

 
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