El Rey Tut, bajo la lupa

El reinado de uno trajo la revolución. El reinado del otro, la restauración. Y después de que un gobernante posterior se propuso borrar a los dos de la historia, ambos estuvieron olvidados 3,000 años.

El inicio de la ahora famosa historia del Rey Tut y el revolucionario faraón que tal vez fue su padre se presenta en “Amarna: El lugar del antiguo Egipto en el sol”, que se abrió este mes y permanecerá abierta al público hasta octubre de 2007 en el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania.

La colección, que incluye 100 artefactos de Amarna, pueblo natal del rey Tutankamón, es “hermana” de la magna exposición “Tut”, que a partir del 3 de febrero se podrá ver en el Museo de Ciencia del Instituto Franklin de este mismo estado norteamericano.

“Queríamos algo que verdaderamente complementara esa exhibición”, declara Pam Kosty, vocera del museo anfitrión.

La exhibición comienza antes del nacimiento de Tut y la edificación de Amarna, con bustos de los faraones de quienes descendió y los dioses a los que adoró.

Sin embargo, la muestra se enfoca en el breve Período Amarna de Egipto, del año 1352 a 1336 antes de Cristo, cuando el faraón Akenatón, presunto padre de Tut, trató de reconfigurar a la sociedad bajo su propia visión.

En busca de un lugar donde ningún otro dios fuese tenido por sagrado, Akenatón trasladó la capital del reino de la tradicional Tebas a un punto de la margen oriental del río Nilo, donde construyó la ciudad ahora conocida como Amarna y a donde trasladó a 20,000 personas en 12 años.

Estatuas y relieves de piedra en el corazón de la muestra reflejan los cambios que Akenatón impuso a la sociedad egipcia.

Al difundir una religión que por primera vez en la historia escrita se basaba en la creencia de un solo dios, Akenatón se esforzó por convertir a sus súbditos a la adoración de Atón, el disco solar.

“El sol está en el cielo y siempre lo vemos. En ese caso, casi es trascendental”, manifiesta David Silverman, curador del recinto y egiptólogo. “Más que a la deidad en sí se adora al concepto de deidad”. Como resultado, el diseño de los templos bajo el reinado de Akenatón cambió, ya que los edificios no tenían que dar cabida a interpretaciones tridimensionales de las deidades.

El arte adoptó líneas más naturalistas y curvas, como puede verse en la estatua de cuerpo entero, aunque sin cabeza, de una princesa que forma parte de la colección. Sin dioses antropomorfos a los cuales describir, por primera vez los relieves muestran la vida de la familia real.

Una pieza presenta a Akenatón al momento de ofrecer un pendiente a una princesa que acuna a un bebé. El objeto más grande y asombroso es un relieve monumental de Akenatón y su hija con los brazos levantados, adorando al disco solar. Junto a los rayos solares se aprecian jeroglíficos que representan al faraón. La imagen también alude al fracaso de la fe radical de Akenatón.

Heredero

La exposición sigue con Tutankamón, presunto hijo de Akenatón que asumió el trono a los 9 ó 10 años. Tal vez a instancias de sus consejeros el Rey Tut regresó la capital a Tebas y registró la fecha como el Año Uno de su reinado.

Pronto comenzó a restaurar las creencias tradicionales, pero su gestión quizá no llegó lo suficientemente lejos, ya que cuando más adelante un general tomó el poder pasó gran parte de su administración eliminando todas la señales de Akenatón y cualquier cosa o persona relacionada con él.

Fuente: Diario de Yucatán
http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=90$9203000000
$3438004&f=20061206

Reseña: Roberto Cerracin

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