Parece imposible que los mármoles del Partenón guardados en el Museo Británico puedan regresar a Atenas como también la Victoria Alada de Samotracia que está en el Louvre o que México recupere el Penacho de Moctezuma, expuesto en el Museo Etnológico de Viena, pero la reclamación persiste. Los dos museos son legítimos propietarios de las piezas citadas y escudan sus negativas en que la devolución podría provocar una avalancha de reclamaciones que vaciarían los museos occidentales, nutridos en la época del colonialismo.
En este sentido, las reclamaciones históricas sólo podrían ser resueltas mediante un gesto de buena voluntad por parte de los gobiernos que se enfrentan a una realidad donde hay ambigüedades legales del mercado mundial de antigüedades. En el apogeo del saqueo de las grandes potencias imperiales, el argumento para justificar el despojo era que se salvaba al arte de la ignorancia y degradación.
Todos tienen algo de otros
Mientras que Egipto quiere que el Museo Británico le devuelva la Piedra Roseta y varias joyas que se guardan en museos alemanes; los herederos de las víctimas del holocausto quieren recobrar el arte que los nazis les robaron; algunos italianos también sugirieron que se les retorne la Gioconda de Leonardo DaVinci expuesta en el museo Louvre (Francia); en América Latina, México, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Perú y Colombia son los países que mayormente han sufrido el robo de su patrimonio cultural.
La emergencia del arte primitivo también ha hecho que Centroamérica, el Africa Negra o el sudeste asiático sean objeto de un pillaje sistemático por parte de saqueadores que venden a Occidente valiosas piezas de sus culturas.
En 1995, Unidroit (Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado) promovió un convenio internacional que complementaba la convención de 1970 sobre tráfico ilícito de obras de arte. El convenio no era retroactivo, de modo que los países firmantes sólo se comprometen a la devolución de piezas robadas a partir de esta fecha.
El Penacho de Moctezuma
El director del Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México, Felipe Solís Olguín, solicitó la devolución por parte de Austria del penacho de Moctezuma: “Está en el contexto de las negociaciones que está llevando a cabo el Gobierno de México. Esperamos que Austria tenga un gesto, como lo tuvo el Papa Juan Pablo II, que en uno de sus viajes devolvió a México el Códice Badiano –herbolario indígena–, un libro que tenía en la biblioteca del Vaticano y que ahora se encuentra en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Para nosotros el Penacho tiene un gran valor emotivo y un enorme poder simbólico”, concluye. Cabe añadir que el Penacho de Moctezuma fue una de las 158 piezas que el caudillo azteca regaló al conquistador Hernán Cortés, en calidad de “visitante de honor”. Datada entre 1325 y 1521, por sus características es una pieza singular de la cultura azteca, que se exhibe en el Museo Etnológico de la antigua capital imperial austriaca y que hoy aún reposa allí.
“Muchos grupos de defensa del patrimonio azteca han viajado y realizado protestas pero sin ningún resultado positivo. Sin embargo, hay otro problema que el Penacho de Moctezuma se desintegre durante un posible viaje desde Austria hasta México debido a su estado delicado”, explicó a La Epoca Guillermo Gutiérrez, jefe de la sección cultural y prensa de la Embajada de México en Bolivia.
Los Mármoles del Partenón
Expuestos en el British Museum y hasta la manera en que fueron sustraídos de Atenas es motivo de polémica. Algunas versiones apuntan a que Thomas Bruce, conde de Elgin, militar, diplomático y arqueólogo, durante la época del imperio otomano extrajo el friso de las ruinas del Partenón con la aprobación de las autoridades. No obstante, se especula que para conseguirlo sobornó a los funcionarios locales.
Los defensores de Elgin argumentan que, de no haber sido extraídos, hubieran sido destruidos durante la guerra de Independencia o en las que sobrevinieron. Sin embargo, otros denuncian los daños que sufrieron los mármoles durante su transporte a Inglaterra –en un largo periplo por Alejandría, Esmirna, Siria y Malta– y responsabilizan a Elgin de haber cortado por la mitad algunas esculturas para facilitar el transporte. La colección completa fue comprada en 1816 por el Gobierno británico y confiada al Museo Británico para su conservación. Grecia está aprovechando la organización de los Juegos Olímpicos como argumento para el retorno de estas piezas, y ya ha presupuestado la creación de un museo para colocar los mármoles de Elgin.
Un dios guatemalteco en España
El Gobierno de Guatemala reclama al Museo BarbierMueller en el Palau Nadal de Barcelona la devolución de la máscara funeraria de fucsita valorada en 11 millones de euros y que data de entre los años 400 y 500 d.C. La máscara funeraria representa al dios solar Kinich Ahau. Guatemala alega que fue fruto de un saqueo de tumbas en Río Azul.
“En una exposición que se montó en Barcelona, España, en 1995, por el museo BarbierMueller de Suiza, se expuso una máscara funeraria del sitio Río Azul, que representa la cara del dios Kinich Ahau”, refiere Oscar Mora, de la Unidad de Prevención y Control de Tráfico Ilícito del Ministerio de Cultura de Guatemala.
Hasta el momento se desconoce el destino de esta pieza, “aunque se iniciaron trámites legales con los gobiernos de España y Suiza, para su recuperación”, afirma Mora.
Esta máscara tiene un valor incalculable por su originalidad y por lo que representa para descifrar parte de la historia de ese sitio. En la parte anterior esta pieza tiene una escritura religiosa en donde menciona los atributos del dios GI (uno de los dioses de la triada de Palenque y que lo identifica como El dios de Río Azul).
El botín troyano robado a Alemania
Las supuestas joyas de Helena de Troya, también conocidas por el tesoro de Príamo –aunque ambas denominaciones se hayan demostrado históricamente falsas– constituyen uno de los capítulos más rocambolescos de la arqueología. Heinrich Schliemann, el visionario alemán que localizó y excavó la Troya de la Ilíada, además de Micenas, reunió un fabuloso tesoro –con la “máscara de Agamenón” en oro incluida– que acabó donando a un museo de Berlín.
El Ejército Rojo, tras tomar la capital del III Reich, se llevó dichas joyas, junto a otros tesoros, como botín de guerra a Moscú, donde todavía permanecen. A pesar de las reclamaciones alemanas –aunque Grecia y Turquía también tendrían algo que decir– la Duma votó hace pocos años que ni esa ni otras requisas jamás serían devueltas, como compensación por los sufrimientos de una guerra que costó la vida a 20 millones de rusos.
Egipto busca sus tesoros
Egipto ha puesto en marcha una auténtica cruzada para recuperar tesoros arqueológicos que le fueron expoliados por las potencias coloniales. El Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto (CSAE), con sede en El Cairo, ha pedido ayuda a la Unesco para recuperar cinco piezas clave de su pasado histórico que se exhiben en algunos de los más prestigiosos museos occidentales.
Al museo británico de Londres, por ejemplo, le reclama la piedra de Rosetta, que fue clave para descifrar el significado de los jeroglíficos egipcios. Al museo de Berlín, su principal atracción: el busto policromado de Nefertiti, las otras piezas son el zodiaco del templo de Dendera, que está en el Louvre de París; la estatua de Hemiunu, el arquitecto de la pirámide de Keops, que está en Alemania; y el busto de Anchhaf, constructor de la pirámide de Kefrem, expuesto en un museo de Estados Unidos.
La única que fue sacada legalmente fue el busto de Anchhaf. "Algunas piezas salieron del país hace mucho tiempo, como el busto de Nefertiti, en 1912", dice Nadja Tomun, responsable del departamento de relaciones exteriores del CSAE. "Por eso no es fácil saber si lo hicieron legal o ilegalmente. Sin embargo, en el caso del busto de Nefertiti estamos seguros que salió de Egipto de forma ilegal. Y también la piedra de Roseta y el Zodiaco. Los museos no quieren ni oír hablar de devolver estas piezas, entre otras cosas, porque son únicas. Pero también son claves para la herencia cultural de Egipto".
El busto de Nefertiti lo descubrió un arqueólogo alemán que lo sacó a escondidas del país. Egipto no supo de su existencia hasta 1923, cuando se exhibió en el museo de Berlín. El entonces régimen nazi se negó a devolver la valiosa pieza.
La pasada primavera, gracias a este departamento Italia devolvió a Etiopía el gran obelisco de Aksum, de 1.700 años de antigüedad, que las tropas fascistas de Mussolini robaron en 1937./Con datos de Deutsch Welle, Radio Nederland, Indymedia,org y agencias.
Fuente: La Época
http://www.la-epoca.com/verporseccion.php?CIDSUPLEMENTO
=1&CIDARTICULO=6139
Reseña: Roberto Cerracin




