Explican que hubo faraonas en el Antiguo Egipto

Jorge Canseco Vincourt, presidente de la Sociedad Mexicana de Egiptología (SME), señaló que dentro de las treinta dinastías que se desarrollaron en el antiguo Egipto, hubo una excepción en la que una mujer tomó el título de faraón.

Se trató de Hatshepsut, considerada la primera mujer faraona, quien concentró y tomó dicho título.

Ascendió al trono a la muerte de su esposo, debido a que su hijastro para esa época era un niño, y gobernó de 1479 a 1457 (a.C.), explicó el especialista al participar como ponente en el ciclo de conferencias "Los Faraones y el Sol", efectuado en el Museo Nacional de Antropología (MNA).

Hatshepsut, abundó, se hizo retratar en monumentos como hombre, barba postiza y demás símbolos que correspondían al rey, e indicó que otro de los casos en los que se dio esa situación fue la de Tausert, quien gobernó durante un período breve 1188-1186 (a.C.) dentro de la Dinastía XIX.

Mención que aparte está el caso de Cleopatra, cuyo período corresponde al Ptolemaico, y por haber carecido de sangre egipcia, sus orígenes fueron griegos.

El especialista detalló que las mujeres que ostentaban el cargo, cumplían con las mismas funciones de un faraón masculino.

No obstante, dijo que en el antiguo Egipto las mujeres aún cuando no llegaron a tener el título nobiliario de faraón, ejercieron esas funciones (exclusivas de hombres), cuyos casos obedecieron a situaciones de interinato ante la ausencia del esposo.

Las esposas de los monarcas egipcios fungían sólo como corregentes, debido a que no tenían el derecho a ser faraonas, sin embargo había excepciones como las antes señaladas, y se les otorgaba el título de reina-faraón.

Canseco Vincourt explicó que la monarquía respondía a un carácter divino y no a una imposición."Siempre estuvo ligada al culto religioso, donde el faraón llegó a ser una figura celestial por ser el intermediario entre los dioses y los hombres", dijo.

El monarca, continuó, era el centro del universo porque garantizaba la protección de los dioses, la venida constante del río Nilo, y por lo tanto tenía el derecho al culto divino, era el gran sacerdote, el jefe militar, el juez supremo, el protector de Egipto.

A través de la edificación de templos, el rey procuraba la estabilidad y continuidad de los ritos.

La secuencia de los reinados, añadió el presidente de la SME, se daba a través de los primogénitos, aunque este simple hecho no era suficiente para ascender al trono, pues se tenía que llevar a cabo la coronación que simbolizaba la aprobación de los dioses, quienes le otorgaban el derecho total para controlar Egipto.

Para conservar el linaje, los faraones llegaron a casarse con sus hermanas, y con ello se evitaba que éstas otorgaran el derecho al trono a otro hombre al ser su marido.

En la práctica, explicó, el monarca podía delegar funciones de tipo militar, administrativo, religioso, y judicial, entre otras, que asignaba a cuerpos especializados, "debido a que su labor era complicada, porque también tenía que atender audiencias con embajadas, tributarios y resolver los problemas del pueblo", comentó.

Canseco Vincourt refirió que esta figura de gobierno prevaleció durante tres mil años, a lo largo de las treinta dinastías caracterizadas por el culto al Sol, que se desarrollaron en este período, del 2950 al 30 (a.C.).

Sin embargo, puntualizó que dentro de la historia se ha llegado a tener una idea equivocada de los faraones, a quienes se les ha considerado como déspotas al haber obligado al pueblo a construir grandes monumentos.

La importancia que para el pueblo tenía el faraón, se podía observar en el momento de su muerte, cuyo hecho se consideraba como una pérdida que simbolizaba pánico, caos y dolor, ante la ausencia del protector de Egipto que garantizaba la creciente del río Nilo.

El suceso era sumamente doloroso, hasta el momento que se nombraba al sucesor, proceso que solía tardar alrededor de 70 días, y durante el cual se realizaba el embalsamamiento.

"Durante esos días el culto se hacía en nombre del faraón y se suspendían las festividades. El gran visir (hombre de confianza del rey) era quien continuaba en la práctica con las tareas, pero continuaba ese vacío", concluyó el investigador.

Fuente: El Imparcial
http://www.elimparcial.com/edicionenlinea/notas/cienciaytecnologia
/20050622/111849.asp

Reseña: Roberto Cerracin

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