El politeísmo sincretista - henoteísmo inclusivista de la ortodoxia religiosa

Última actualización el 09 de Marzo de 2009

La crítica más básica juzgaría la religión del Antiguo Egipto de politeísmo, dado el panteón tan abundantemente nutrido de dioses que poseía, un rasgo, por otra parte, común entre las antiguas culturas del mundo.

Sin embargo, ya la egiptología más antigua[1] defendió la idea de que la religión egipcia tenía un trasfondo monoteísta, tras una apariencia politeísta, a raíz sobre todo de la traducción y estudio de los textos sapienciales. Curiosamente, en ellos se invocaba a menudo a “nTr” (= Dios) de forma anónima[2] y se pensó que en estos textos se confería al término singular “nTr” una idea abstracta, absoluta y única de la Divinidad en su concepto más amplio, es decir, con un sentido monoteísta.

Más recientemente, personalidades importantes como Drioton, Sauneron y Vergotte siguieron por este camino[3]. Drioton dice: el monoteísmo es, en efecto, privativo de los textos sapienciales[4]. Éste y Vergotte suponen la existencia de un monoteísmo filosófico, presente fundamentalmente en los textos sapienciales, que no marginaba al politeísmo popular[5].

El Dios Único que se transforma por sí mismo en una infinidad de formas (entres éstas, los dioses); cada dios está en Él[6]. Así los antiguos egipcios, combinando ese monoteísmo filosófico y el politeísmo popular[7], parecían visualizar – según estos eruditos – un Dios Único, El Demiurgo, un Ser Supremo y Todopoderoso por encima de todo, que no anulaba los múltiples dioses, los cuales no eran sino expresiones personificadas y deificadas de su sublime naturaleza; ni qué decir tiene que el simple plebeyo era totalmente ajeno a esta concepción tan filosófica de la divinidad.

Otra fuente más antigua, donde ya también se hacía uso anómino del término “nTr” de forma aparentemente monoteísta, es en algunos antropónimos teóforos de época arcaica[8], donde parecían hacer referencia a una divinidad de orden superior por encima de las demás.

Pues bien. En cuanto a este supuesto monoteísmo de los textos sapienciales, Morenz cuenta con que los respectivos dioses locales principales estén sobrentendidos tácitamente cuando se habla de “Dios” sin dar un teónimo[9] y Henri Frankfort define el “nTr” anónimo como el dios con el cual debéis contar según las circunstancias[10]. A los autores de los textos sapienciales no les preocupa invocar junto al “nTr” anónimo, al término “nTrw” (= dioses), a numerosas divinidades del panteón politeísta, referencias mitológicas, …. Erik Hornung dice que todo esto no permite hablar de monoteísmo[11]. Ningún ejemplo demuestra siquiera que con el “nTr” anónimo, los autores de los textos sapienciales designen al “Uno” o “Único Dios[12]”.

Según Erik Hornung recurren al término indefinido “nTr”, no para caracterizar a un Dios de orden supremo anónimo por naturaleza, sino para utilizar un término neutral, que haga justicia a cualquier divinidad concreta y, con ello, a cualquier situación concreta (a la que hiciese referencia cada máxima sapiencial) del alumno y futuro funcionario (al que van dirigidos los distintos preceptos) ante una deidad[13]. El examen de las fuentes ha mostrado que con “nTr” el egipcio se podía referir anónimamente a «cualquier dios[14]». Hasta ahora ningún caso concreto – tampoco los textos sapienciales – ha conseguido presentar la prueba de que el egipcio se hubiera referido con “nTr” al Uno – sin todos los demás – o siquiera a aquel Uno y supremo por encima de los dioses[15].

Es cierto que encontramos repetidas veces en la teología egipcia y en la poesía religiosa la idea de que todos los dioses no son en el fondo más que manifestaciones, hipóstasis de otro dios, sobre todo en el Imperio Nuevo[16]; pero que ese “otro dios” es plural, pues este papel lo puede desempeñar distintos dioses, no uno sólo[17].

Incluso la idea de un Ser Supremo y un Rey de Dioses, desarrollada como muy tarde hacia finales del Reino Antiguo, – desde las investigaciones de Pettazzoni – no presenta un escalón evolutivo intermedio entre politeísmo y monoteísmo, porque esa idea en el Antiguo Egipto no está unida siempre a una divinidad determinada[18].

Tampoco nos sirve la fuente de los antropónimos. Erik Hornung dice: se utiliza “nTr” como designación conscientemente indefinida o general de una divinidad en realidad muy concreta[19]. Que el egipcio que impuso el antropónimo tuvo en mente una determinada de las muchas divinidades concretas, tanto en dios como en diosa[20].

Menos convincente resultó para expertos como Jacques Pirenne la teoría monoteísta de Hermann Junker que intentó, a lo largo de decenios, aislar a un dios único “Ur”, el “Grande / Supremo” como una divinidad propia, como el dios original y universal del mundo y del cielo[21], asimilado más tarde en Menfis al dios principal, Atum[22].

El sincretismo, que – como dice Bonnet – no se hizo; pertenece desde el fundamento a la naturaleza espiritual del egipcio[23], y que, por tanto, su origen es seguramente tan antiguo como el mismo pensamiento religioso egipcio (yo diría que ambos son inherentes), parecía prometer el camino hacia un futuro monoteísmo; pero como resulta que la combinación sincrética no equivalía realmente a una auténtica fusión o identificación entre los dioses asociados, sino a la idea de habitación[24], el sincretismo no resulta ser una tendencia monoteísta[25].

Como podemos observar, no hemos salido de momento del politeísmo, lo cual no es necesariamente ni mejor ni peor. Lo que ocurre es que – como dice Christian Jacq[26]los dos milenios de evolución religiosa de Occidente han terminado por hacernos creer (improcedentemente) que el monoteísmo constituye la forma superior de la religión, más avanzada teológicamente hablando, mientras el politeísmo es su forma atrasada y primitiva ¿por qué habría que admitirse, como verdad definitiva, que el monoteísmo doctrinal suponga un progreso espiritual?[27]; quizás en la gramática de Dios el número no exista, porque Dios, como el agua, el aire, etc. sea algo que no se puede contar.

El antiguo egipcio no rendía culto a todo el panteón completo, ni tampoco tenía la obligación religiosa ni moral de hacerlo (¡menuda tarea cultual sino![28]). El número de dioses que adorara era arbitrario. Por lo general, solía adorar fundamentalmente a los dioses de su ciudad y sobre todo al dios local principal, el patrono, además de alguna que otra divinidad nacional. Pero con cierta frecuencia, en un momento dado de su acto de veneración, ya fuese en la oración, la alabanza mediante el himno, la plegaria, etc. el antiguo egipcio elegía de entre la abundancia de dioses de su panteón a un solo dios[29], su predilecto, o cualquier otro que fuese apropiado para ese momento circunstancial, que significaba para él toda la divinidad – en su sentido más amplio, ese Dios por antonomasia[30]que estaba por encima de los demás dioses. Esta peculiar actitud religiosa, que no es exclusiva del Antiguo Egipto, hacia un solo dios que no es único, recibe el nombre de “henoteísmo”, término acuñado por Schelling[31], o “monolatría”, propuesto por S. Morenz[32]y E. Winter[33].

Ahora bien, ni todos los egipcios eran exclusivamente politeístas, ni exclusivamente henoteístas[34]; más bien se debía de dar simultáneamente las dos formas, en mayor o menor grado cada una. Un egipcio podía ser a lo largo de su vida prioritariamente de tendencia politeísta, pero en ocasiones mostraba alguna actitud henoteísta o viceversa, o a término igualado aproximadamente. Y si hubiese llegado a haber algún egipcio exclusivamente politeísta o henoteísta, no hubiese pasado nada, no sería algo herético por no estar ni prohibido ni aprobado[35]. Recordemos que el orante no estaba obligado por ninguna ley religiosa, a adorar a un cierto número de dioses y que este último era totalmente arbitrario.

Así pues, desde este punto de vista tratado, yo calificaría la religión del Antiguo Egipto de una mezcla entre “politeísmo sincretista y henoteísmo inclusivista[36]”. Este último calificativo lo aplico porque la veneración henoteísta no impedía volver en cualquier momento al politeísmo; es decir, que cuando el orante invocaba a un solo Dios, pero no único, pudiendo olvidarse en ese momento de los demás, podía volver a ellos cuando quisiese sin ningún inconveniente. El invocador henoteísta podía continuar en su dedicación religiosa con su deidad predilecta indefinidamente o cambiar con plena libertad de dios siempre que fuese uno sólo en ese preciso instante, al tiempo que incluía en su vida religiosa otros dioses, venerados en grupo u otra vez individualmente.

Sin entrar en pormenores mayores[37], no estoy de acuerdo con Erik Hornung[38] cuando parece calificar a la ortodoxia tradicional de henoteísmo sin más; no es – en mi modesta opinión – suficiente para definirla con mayor precisión, ya que el henoteísmo se halla fundamentalmente englobado dentro del sistema politeísta.

Ya se ha comentado anteriormente aquello de que Dios es “Uno”, pero que el “Uno” no suprime los múltiples dioses, los cuales no son más que manifestaciones personificadas y deificadas de su sublime naturaleza. Pero como resulta que muchos dioses podían ser cada uno “Uno / Único”, nos hallamos al final girando en un círculo vicioso, sin poder salir a fin de cuentas del inevitable politeísmo. Se podría hablar de “El Uno (Dios) y los Múltiples (dioses)”, como titula Erik Hornung uno de sus libros, o mejor dicho “Los Unos y los Múltiples”, porque podía haber – como hemos visto – varios “Uno”, incluso a la vez; de hecho y teóricamente, tantos como los mismos múltiples[39], así que “los Unos – que son los múltiples – y los Múltiples”, complementándose todo en una desbordante multiplicidad, nos da como resultado de esta ecuación matemática un POLITEÍSMO rotundo y contundente; no nos engañemos. Además, Erik Hornug ya dice que el Único Dios trascendental por antonomasia no existió en Egipto en ningún momento[40]. Calificar su religión de politeísmo no supone ni mucho menos ridiculizar o desprestigiar la civilización del Antiguo Egipto, sino por el contrario mostrar un respecto hacia ella y la egiptología, descubriendo la verdad sin tapujos a la vista de lo expuesto. Continua Erik  Hornung: sólo podemos tomar “Uno / Único” literalmente allí, donde se refiere al demiurgo, el “Uno solo (en el comienzo de los tiempos) que (por medio de su creación) se transforma en millones” o el Wa (taxograma de divinidad) wa iri wnwt , es decir el “Uno sólo, creador de las cosas que existen”.

La unidad absoluta de Dios sólo la encuentra el egipcio más allá de la creación, en el breve paso del no-ser (Caos) al ser (Maat, Creación). Con la obra creadora del primer y en un primer momento “Único Dios”, la unidad es revelada por la abundancia diferenciada (de los dioses), en la cual cada divinidad, a pesar de los muchos rasgos comunes, es singular e incomparable. Aquí tocamos el fondo ideológico del politeísmo egipcio: el “Uno” en cuanto que existe se convierte en múltiples dioses. Es característica para la idea egipcia de la divinidad la afirmación, aparentemente paradójica, de que Dios creara a los dioses[41].

Sin lugar a dudas, la reforma atoniana fue el estilo de religión inmediatamente predecesor al monoteísmo absoluto. Creo que no puede existir otra forma religiosa más próxima a él. Se podría decir que es la antesala del monoteísmo. De hecho, los demás dioses parecen “como” si no existiesen para Akhenaton; parece casi monoteísmo[42].

Pero, sinceramente, creo que nunca se formó en la mente de Akhenaton la idea de la negación e inexistencia de los demás dioses. No se lo debió cuestionar jamás, ni siquiera debió ser consciente de esta dialéctica. Desde un punto de vista filosófico-teológico estricto, creo que no podemos hablar de monoteísmo propiamente dicho, ya que – en este sentido – rechazarlos o ignorarlos, no significa negarlos. Sólo un paso más, uno sólo y se hubiese cruzado definitivamente la frontera, con sólo – de acuerdo con Pettazzoni – negar radicalmente la existencia de los demás dioses; pero esto, carecía de trascendencia para la filosofía teológica del Antiguo Egipto, la importancia la da la crítica moderna.          

El “Único Dios”

Literalmente, aunque se sobrentienda, la palabra “dios” del epíteto “Único Dios” sobra, pues se ha traducido indebidamente el taxograma[43] de divinidad, que indica que la palabra precedente “Uno / Único” se refiere a un dios. Es de vital importancia interpretar la traducción lo más fiel y correctamente posible, para que no nos confunda ni el más mínimo detalle, a la hora de analizar el supuesto monoteísmo que esconda. El epíteto original y sus variantes son:

  • Wa = “Uno / Único”.
  • Wa wa = “Uno uno”, “Uno único” o “Uno / Único (y) sólo”.
  • Wa wa nti snw.f = “Uno uno sin su segundo”, “Uno / Único (y) solo sin igual” o “Uno único que no tiene par”.
  • Taxograma de divinidad (acompañando a cada uno de las anteriores expresiones).

Quizás el último sea el epíteto completo y los anteriores, formas cada vez más abreviadas del mismo. Nada puede sonar más monoteísta, como afirma Erik Hornung. Pero lo cierto es que no debería sorprendernos, como si fuese un caso excepcional, que se califique a Aton de “Uno / Único”, ya que este dios no fue ni el primero ni el único en llevar tal apelativo, pues antes – y después – que él ya se había dicho también de otros dioses que eran “Uno / Único”; de hecho, podían coexistir varios “Uno / Único” a la vez.

Por ejemplo, en su Himno de El Cairo de la XVIII Dinastía anterior a la Época Amárnica, ya se dice de Amon que es “Dios Único[44]”; otros dioses también son llamados “Único” como Osiris[45], Ra[46], Thot[47], Hapi[48], Amón-Ra[49], Tatenem[50] incluso divinidades menores y oscuras como la palmera duma y la diosa asiática Qadshu son calificadas respectivamente como “Dios Único” y “Sin igual[51]”. Así pues, este epíteto parece ser una invocación atestiguada muy corriente entren los dioses egipcios[52]. Incluso – según Erik Hornung – parece hallarse ya en el Dinástico Temprano, y en los Textos de las Pirámides el dios Nefertum es “(Uno uno) Sin igual”. De hecho, casi todos los dioses egipcios pueden ser, al menos teóricamente, “(El más) Grande”, “Rey de los dioses”, “Padre de los Dioses” o “Demiurgo”, así como también “Uno / Único[53]”. Todo esto ya debería hacernos dudar con total seguridad del poco peso que tiene el que Aton sea “Uno / Único” para apoyar la teoría tradicional. El epíteto no tiene nada de monoteísta; lo que realmente hace es resaltar la singularidad de un dios, destacar la cualidad extraordinaria de su naturaleza divina; y como tal, todo dios egipcio es «único en su naturaleza[54]». Es como si se dijese “el dios tal es único entre todos los dioses, no hay otro como él que se le parezca, él es el primero, el mejor” o como lo interpreta E. A. Wallis Budge “number one of the gods” (= el número uno de los dioses[55]).


[1] “El Uno y los Múltiples” Erik Hornung, p. 49-50.
[2] Idem, 43, 180.
[3] Idem, p. 57, 180.
[4] Idem, p. 50.
[5] Idem, p. 50.
[6] “Nefertiti y Akenatón” Ch. Jacq, p. 100.
[7] “El Uno y los Múltiples” Eric Hornung, p. 50.
[8] Idem, p. 44-45.
[9] “Die Heraufkunft des transzendenten Gottes in Ägypten” (= SBSAW 109/2) S. Morenz, p. 8.
[10] “Cap. VII. Interpretación de la religión egipcia. Politeísmo, panteísmo, sincretismo, henoteísmo, monoteísmo” en “Mitología y Religión del Oriente Antiguo” I. Egipto-Mesopotamia. Jesús López y Joaquín Sanmartín, p. 165.
[11] Idem, p. 52.
[12] Idem, p. 54.
[13] Idem, p. 55-56.
[14] Idem, p. 57.
[15] Idem, p. 58.
[16] Idem, p. 54.
[17] Idem, p. 216-217.
[18] Idem, p. 216.
[19] Idem, p. 49.
[20] Idem, p. 47.
[21] Idem, p. 174.
[22] “Historia del Antiguo Egipto” (vol. I) Jacques Pirenne, p. 178, 180.
[23] “Zum Verstánduis des Synkretismus” Hans Bonnet, ZÄS 75 (1939), p 41.
[24] “El Uno y los Múltiples” Eric Hornung, p. 88; aclaración: la traductora Julia García Lenberg ha traducido erróneamente "inhabitación", que no recoge el DRAE, sin duda del inglés "inhabitation", por lo que debería haber sido "habitación".
[25] Idem, p. 93.
[26] “Nefertiti y Akenatón” Christian Jacq, p. 99-100.
[27] “El origen de los Dioses” Ch. Jacq, p. 13.
[28] Sería como imaginar al creyente rindiendo espantosamente devoción al ejército de diferentes cristos, vírgenes y santos que pueblan la Cristiandad Católica.
[29] “El Uno y los Múltiples” Erik Hornung, p. 217.
[30] Idem, p. 179.
[31] Idem, p. 217.
[32] “Ägyptischen Religion” S. Morenz (1960), p. 157.
[33] E. Winter en F. König “Religionswissenschaftliches Wöterbuch” 1956, pasaje 173 (para Akhenaton).
[34] Quizás se aproximen a “exclusivamente henoteístas” los sacerdotes consagrados a un solo dios. “Nouvelles Frontières. Egipto” Granica, p. 68.
[35] La religión del Antiguo Egipto no era dogmática y por tanto la herejía no se contemplaba; otra cosa sería la blasfemia, si se deshonraba a los dioses.
[36] Permítaseme esta palabra, que no recoge precisamente el DRAE, por oposición a “exclusivista”, cuyo entendimiento se comprenderá cuando veamos la religión amárnica.
[37] “Historia de Egipto” Drioton y Vandier, p. 42.
[38] “El Uno y los Múltiples” E. Hornung, p. 225.
[39] ¡Cómo iba entonces el “Uno” a suprimir los “Múltiples”! “El Uno y los Múltiples” Erik Hornung, p. 171.
[40] “El Uno y los Múltiples” Erik Hornung, p. 179-180.
[41] Idem, p. 138.
[42] “Diccionario de Mitología egipcia” Elisa Castel, p. 63.
[43] Taxograma, determinativo o determinante no tiene traducción, es un adyuvante semántico.
[44] “El Uno y los Múltiples” Erik Hornung, p. 137, 214. “La Sabiduría viva del Antiguo Egipto” Christian Jacq, p. 157. También «Único es Amón » en el Himno a Amón, Papiro de Leyden (inmediatamente posterior a Akhenatón) en “Nefetiti y Akenatón” Christian Jacq, p. 69, y “El Uno y los Múltiples” Erik Hornung, p. 90, 211. Un temprano himno al Amon tebano « Único y solo » en “Akhenatón, Faraón de Egipto” Cyril Aldred, p. 253.
[45] « Tú (Osiris) eres el Único » (reinado de Amenhotep III) en “Amenhotep III, el esplendor de Egipto” F. J. Martín Valentín, p. 134.
[46] Ra, Dios Único (Papiro de Hunefer) “Religión Egipcia” E. A. Wallis Budge, p. 36.
[47] « (Thot) el Uno único, que no tiene par » (época de Petosiris) “La Sabiduría viva del Antiguo Egipto” Christian Jacq, p. 44.
[48] A Hapi se le llama “Uno” (Himno de las XVIII y XIX Dinastías) en “Religión Egipcia” E. A. Wallis Budge, p. 29.
[49] Amon-Ra, Uno. Idem, p. 38.
[50] Tatunem, Uno. Idem, p. 36.
[51] “El Uno y los Múltiples” Erik Hornung, p. 171.
[52] Idem.
[53] Idem.
[54] Idem.
[55] “An Egyptian Hieroglyphic Dictionary” E. A. Wallis Budge, p. 153a.

 
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