Atón: Politeísmo y Monoteísmo

Última actualización el 27 de Septiembre de 2006
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Atón: Politeísmo y Monoteísmo
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Politeísmo y Monoteísmo

Si entramos a analizar la naturaleza de la religión egipcia, podemos llegar a preguntarnos si era monoteísta o politeísta, aunque esta pregunta parece absurda considerando la multitud de divinidades que componen el panteón egipcio, y sin embargo los egiptólogos han discutido desde hace más de un siglo este problema.

Existen diversas opiniones, como la de Erik Hornung que propone una explicación a la aparente contradicción que existe entre un pateón formado por múltiples dioses y los numerosos documentos que parecen referirse a la existencia de un dios único. Otros autores han afirmado que puesto que durante el Imperio Nuevo Amón y otros muchos dioses y diosas son frecuentemente considerados como divinidades solares, semejante asimilación es el producto de una visión panteísta. El panteísmo sería una característica esencial de la concepción egipcia de la divinidad. Por ejemplo, Ptah-Sokaris-Osiris es un ser percibido de manera panteísta que rige y engloba todo".

Las divinidades egipcias se funden, se identifican unas con otras o, como también se ha dicho, un dios habita en otro. El dios solar Re es el centro de numerosas combinaciones sincretistas que reúnen su nombre al de otras grandes divinidades, por ejemplo, Re-Atum, Sebek-Re, Khnum-Re, y sobre todo Amón-Re, el dios creador y dios dinástico durante el Imperio Nuevo. Cada dios conserva su personalidad y puede de nuevo manifestarse separadamente o formar parte de otras combinaciones.

Los egipcios intentaron resolver el problema que planteaba la multiplicidad de los nombres y de las formas de los dioses recurriendo al sincretismo, el cual permite combinar divinidades de formas e incluso de sexos diferentes. Por ejemplo Neith-Osiris, Ptah-Sokaris-Osiris, Amón-Re-Horakhti-Atum. Se podría pensar que el sincretismo nos lleva al monoteísmo, pero la realidad es totalmente diferente. En realidad el sincretismo se opone por completo al monoteísmo, ya que en definitiva el sincretismo significa que ningún dios está aislado de los otros. Por lo demás estas combinaciones son precarias y pueden disolverse en cualquier momento, manteniéndose así una fluidez que no favorece en modo alguno al monoteísmo, ya que éste se funda en afirmaciones dogmáticas desprovistas de cualquier ambigüedad.

Hay otra interpretación que es la politeísta-henoteísta, según la cual las expresiones aparentemente monoteístas pertenecen en realidad a un modo de pensar henoteísta. Este término fue inventado por el filósofo Schelling y fue adoptado en la segunda mitad del siglo XIX por varios egiptólogos para describir la adoración de un dios "predominante" en ciertas circunstancias, pero que no es un Dios único. Esta teoría dedica particular atención a la clasificación jerárquica de las diferentes divinidades, las cuales según los egipcios podría ser grandes o pequeñas. El título de "rey de los dioses" aparece refiriéndose a diferentes dioses, como Horus en la pirámide de Pepi I, o a partir del Imperio Medio a Amón; o incluso a Re que preside la asamblea divina y a cuyo lado se halla el visir Thot. El Canon Real de Turín enumera los dioses que reinaron en Egipto en los tiempos primitivos y que fueron sucedidos por una dinastía de espíritus o semidioses, a la que, a su vez, sucedió la primera dinastía humana fundada por Menes.

El uso de este tipo de denominaciones no es la prueba de un pensamiento monoteísta, del mismo modo que la existencia de Zeus, el padre de los dioses griegos, no es una etapa del camino que conduciría del politeísmo al monoteísmo. Cuando lo deseaba, un egipcio podía atribuir a cualquier dios los atributos del Ser Supremo, y cada cual elevaba su plegaria a su dios predilecto que encarnaba, a sus ojos, todo el poder del universo, un dios superior a los otros y a cuyo lado los demás aparecen como rebajados y despreciados.

En cierto modo, se puede considerar que el henoteísmo es un monoteísmo rudimentario, pero, hallándose englobado en un sistema politeísta, la existencia de un dios universal y omnipotente se encuentra relativizada por la muchedumbre de las otras divinidades del panteón. Solo una revolución permite atravesar la frontera que separa el henoteísmo del monoteísmo, dando el paso decisivo que consiste en negar radicalmente la existencia de los dioses complementarios. Esta revolución tuvo lugar a fines de la dinastía XVIII y transformó profundamente las creencias de los egipcios, o por lo menos eso se cree.

La reforma religiosa de Akhenatón

A fines de la dinastía XVIII la reforma religiosa de Akhenatón fue tan radical y de un carácter tan original que estuvo a punto de asestar un golpe mortal no sólo al culto tebano sino incluso a los fundamentos de la religión egipcia. Akhenatón, hijo de Amenofis III, haciendo uso del enorme poder y riquezas de que disponía, hizo un movimiento osado que se salía de la trayectoria tradicional de los reyes de Egipto: intentó una reforma religiosa.

Como y por qué Akhenatón acabó apartándose de la mentalidad de su época es un misterio que, seguramente, jamás se sabrá. Pero trató de crear un nuevo culto más sencillo a partir de las tradiciones religiosas de Egipto. La teología egipcia se creó en torno a una fascinación por los nombres y las palabras, fruto de ello es una composición que aparece en las paredes de algunas de las tumbas reales en Tebas. Conocida como la Letanía de Re, invoca al dios Sol Re con sus setenta y cinco nombres, los cuales son al mismo tiempo los de otros dioses. Así que él es el cuerpo de Atum, Shu, Tefnut, Geb y Nut, las deidades que representan los principales elementos de la naturaleza.

Dentro de esta modalidad avanzada de juego de palabras teológico, en la que se manipulaban los nombres de los dioses como si fueran entidades lógicas, se buscaba un equilibrio y una armonía de pensamiento en el cual se evitaba, por un lado, la posible incompatibilidad de la multiplicidad histórica de las divinidades, y del otro, la unidad sentida del poder divino. La idea de numerosos dioses estaba contenida en una concha mental de unicidad definitiva cuya esencia era el poder del Sol.

La complejidad heredada de la teología egipcia supuso un desafío a los sacerdotes que lo resolvieron con medios intelectuales, los cuales no profanaban el respeto por el pasado.

Atón: Politeísmo y Monoteísmo

Al parecer, Akhenatón halló necesaria la profanación a fin de tomar una resolución de un orden de simplicidad completamente diferente. Sencillamente, hizo caso omiso de la mayor parte del sistema heredado. Pero rechazó el principal añadido al culto del Sol: el dios Amón o Amón-Re de Tebas, el cual tenía apariencia humana. Se borró metódicamente el nombre y la imagen de Amón dentro de una campaña iconoclasta organizada desde la administración. En el lugar que ocupaban todas las otras cosas del pasado, Akhenatón colocó al disco visible del sol, al cual los egipcios generalmente daban un nombre: el Atón. Tenía la imagen de un disco del cual descendían numerosos rayos, cada uno de ellos acabado en una pequeña mano. Como si fuera un rey, al Atón también se le dieron dos nombres escritos dentro de cartuchos. Sus templos habían de ser grandes patios a cielo abierto provistos de altares. Los templos tradicionales envolvían la imagen del dios en la oscuridad y el secreto de salas cerradas. Al Atón se le podía ver directamente en el cielo, sin misterio, y sólo necesitaba los templos por cuanto proporcionaban un marco al boato con que el monarca le rendía veneración. Ello lo realizaba en los "toldos", los altares en forma de plataforma que nos son familiares por los templos funerarios de Tebas.

Akhenatón veía en el Atón al creador universal de toda vida y así lo conmemoró en varios himnos que han sobrevivido entre los relieves de las tumbas excavadas en la roca de algunos de sus cortesanos en El-Amarna. Ese sentir no era nuevo en Egipto. Un himno muy conocido, conservado en un papiro en el Museo de El Cairo y anterior al reinado de Akhenatón, se dirige al dios tebano Amón en unos términos parecidos de poder universal e imágenes solares. Lo que diferencia al himno de Akhenatón es la ausencia de alusiones a otros dioses, a quienes en los antiguos himnos se les consideraba aspectos complementarios de Amón.

La originalidad de Akhenatón estribaba en que advirtió la simplicidad de la religión solar y, por eso, la irrelevancia de gran parte del juego de palabras teológico tradicional. El disco solar, desprovisto de rasgos humanos, pasó a ser la única imagen divina en los nuevos templos de Akhenatón así como en la decoración de su tumba en El-Amarna. Fueron desterradas por entero las complejas representaciones artísticas de un universo poblado de seres divinos. Era ya imposible visualizar el nacimiento del faraón como fruto de la unión entre su madre y el dios Sol encarnado en figura humana. El juego lingüístico religioso y sus homólogos pictóricos estaban casi muertos.



 
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