La concepción egipcia de la "Noche" - Página 5

Última actualización el 27 de Septiembre de 2006
Indice del artículo
La concepción egipcia de la "Noche"
Página 02 - El tiempo egipcio, el tiempo cíclico
Página 03 - La regeneración nocturna
Página 04 - La noche oscura
Página 05 - La noche silenciosa
Página 06 - Bibliografía y Abreviaturas
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La noche silenciosa

Finalmente, entramos en la cuestión lingüística de la relación entre la “noche” (gereh) y su cualidad del “silencio”, de quietud y tranquilidad (ger). Como se explica en numerosos textos religiosos egipcios, en el estado de cosas antes de la creación “no había sido proclamado el nombre de cosa alguna” (Papiro Berlín 3055, 16, 3 y ss.). El nombre es un aspecto imprescindible del “ser” y por ello es también uno de los elementos del hombre, junto con el Ka, el Ba, el Aj, el Corazón, el Cuerpo y la Sombra. Así, “lo que no tiene nombre no existe” (HORNUNG, 1999, p.162). La Teología Menfita explica el proceso de la creación a través de la “prolación imperativa” del dios creador Ptah: “Cada palabra del dios se manifestó según lo que el corazón había pensado (Sia) y la lengua había ordenado (Hu). Ptah dio forma a todos los seres a través de la palabra.

Entonces, si no había “nombre” antes de la creación, en el caos primordial, nada podía pronunciarse y, por lo tanto, el silencio era la condición del caos, insuperable hasta la creación[12]. Y, como ya se ha apuntado más arriba, la noche se equiparaba con el caos por su faceta regeneradora y por su cualidad de oscuridad. Entonces, ¿por qué no identificar ambos conceptos, noche y caos, también por su aspecto “silencioso”?.

Antes ya hemos interpretado un posible “juego de palabras” entre “noche”, “negro” y el concepto de “completo”. Ahora se intentará justificar otro: aquel que relaciona los conceptos de “silencio” y “noche”. El silencio es la falta o el cese de sonido. Como ya se ha apuntado más arriba, gereh con el determinativo de abstracto (y no de noche) se traduce como “completar”, pero además, otra de sus acepciones es “cese”, “fin”. Igual sucede con el verbo ger “estar callado”, “estar en silencio” (cuyo determinativo es un hombre con la mano en la boca, signo A2), que puede interpretarse como “cesar”, desistir”. Si hemos relacionado gereh “noche” y gereh “completar”, ¿por qué entonces no relacionar igualmente “noche” y “silencio”? Con la llegada de la noche cesa la luz del día, llega la oscuridad. Pero también al anochecer cesa el sonido.

Siguiendo en la misma línea, el anochecer también supone un cese de movimiento, de las actividades diurnas. Imagen obvia: por la noche el hombre se acuesta para dormir. Y estos conceptos, “pasar la noche”, “acostarse” y “dormir”, cuya transliteración es sedyer, se relacionan una vez más con la “muerte”, ya que el determinativo de sendos términos, “acostarse” y “muerte”, es el mismo: la momia acostada (signo A55)[13]. Si la muerte es el cese de vida y por lo tanto de actividad vital, el dormir es el cese de actividad diaria. Ambos, morir y dormir, son estados transitorios necesarios para que el “ser” se regenere. Ya se ha dicho antes: el “ser” debe entrar momentáneamente en el “no-ser”, en el caos, para salir rejuvenecido. Así, la inactividad es parte de ese caos y por lo tanto de la muerte y la noche. Y, como se apuntó al principio del estudio, la dualidad del tiempo sacro egipcio contemplaba un tiempo cíclico y dinámico (neheh) vinculado al orden cósmico, al sol y, por lo tanto, al día, junto con uno estático y permanente (dyet) relacionado con el caos y con la noche. ¿Qué más se puede pedir? Si la actividad pertenece al día y la inactividad a la noche, aquí queda clara la relación que pretendíamos explicar entre noche y quietud.

En este sentido de cese de actividad, los verbos sedyer y ger pueden traducirse igualmente como “estar quieto”, “estar inactivo”. Y esto nos podría llevar a reconocer la cualidad de quietud y silencio de la noche, el tiempo de dormir.

La explicación de tal relación a través de los textos egipcios podría ser muy extensa, por lo que he seleccionado unos cuantos “cortes” de textos religiosos, sobre todo funerarios por la relación “noche-muerte”,  que a continuación comentaré.
Qué mejor forma de comenzar que con El Libro de la Noche (Reino Nuevo). En la 2ª puerta, la 3ª hora de la noche, se encuentran tres figuras sentadas con un dedo en la boca. Son “los de la Región Silenciosa”, que vuelven a aparecer en la 8ª hora. El término de “Región o Tierra Silenciosa” (Igeret) es muy recurrido en los textos funerarios del Reino Nuevo. En El Libro de las Horas (Reino Nuevo), al final de la 2ª hora de la noche se dice: “Todos aquellos que descienden favorecidos a la Tierra Silenciosa”, refiriéndose a los difuntos que descienden al reino de los muertos. Y, ¿quién es el señor del reino de los muertos? En efecto, el dios ctónico Osiris, citado en la 5ª hora de la noche como sigue: “Osiris en la frontera de la Tierra Silenciosa” (11,6), “Osiris en la Casa del Silencio” (11,7) y “Osiris en la noche” (11,8). ¿Cómo podrían explicarse estas afirmaciones? En este mismo texto, más adelante, en la 9ª hora, se hace una referencia a Osiris que aclara la situación de la siguiente forma: “luna que sale al anochecer (27,3)... a causa de la noche, convoca al Silencioso (27,12). Esto es, porque es de noche, y la noche conlleva silencio, Osiris debe convocar al Silencioso.

Más explícita aparece tal relación entre Osiris y la Región Silenciosa en El Libro de los Muertos: “¡Oh príncipe del Reino del Silencio, Rey de la Región de los Muertos, yo te saludo!” (B.D. XVIII). Osiris es el dios de los occidentales, de los muertos que descienden al Más Allá subterráneo por occidente, como el sol se pone por el oeste. Las necrópolis egipcias se situaban en la orilla oeste del Nilo y, obviamente, eran zonas silenciosas[14]: “La Región Silenciosa es destinada para su cuerpo...” (Libro de las Puertas, 6ª división, Reino Nuevo). Esto es, el cadáver del difunto permanece en la Región Silenciosa, la necrópolis. Por ello se ha interpretado que la Región Silenciosa se refiere a las necrópolis (HANNIG, 1997, p. 110); pero también a uno de los reinos del Mundo Inferior. Siguiendo esta última acepción, podría decirse que el Igeret, la Tierra del Silencio, es una de las primeras regiones del Inframundo en que se adentra el difunto en su viaje hacia la regeneración. Sin excluir la opción de la necrópolis y teniendo en cuenta la multiplicidad de aproximaciones, la Región Silenciosa podría entenderse también como un reino del Más Allá: “Qué triste es el descenso a la Tierra del Silencio. El despierto, que no descansó por la noche, yace quieto para siempre... el lugar de residencia de los habitantes de Occidente es profundo y oscuro...” (Canción de lamento de una mujer por la muerte de su marido, FRANKFORT, 1998, p. 183).

Así podrían también explicarse algunas imágenes egipcias sobre el recorrido nocturno del dios solar por el Mundo Inferior. En el Libro de las Cavernas (4ª división) del Reino Nuevo se dice: “¡Qué bello es Re cuando atraviesa la región de la oscuridad, y da órdenes a la Región Silenciosa!”. La región de la oscuridad es el Mundo Inferior, o una de sus secciones, que el dios solar Re debe atravesar cada noche evitando sus peligros. Para ello debe imponerse a los habitantes del Mundo Inferior, y qué mejor forma de imponerse que dando órdenes. Así, la Región Silenciosa sería aquí una de las divisiones del Mundo Inferior por las que Re debe pasar y salir airoso.

Semejante imagen de silencio nocturno aparece en el Libro de los Muertos (fórmula LXXXVI): “Tras haber navegado en silencio, he aquí que Re echa una mirada a la Serpiente”. Re navega en su barca nocturna por el Mundo Inferior, y lo hace en silencio. En silencio porque es el tiempo de la noche. En este mismo texto funerario, el difunto pide la ayuda de los dioses para recuperar la capacidad de la palabra. La muerte significa la pérdida de todas las funciones vitales, y el difunto cuando está en el Más Allá debe pronunciar una serie de fórmulas para recuperarlas: “...Con objeto de que a la hora en que reinan la Noche y las Tinieblas, concede a mi boca los poderes de la palabra, para que pueda dirigir mi corazón” (B.D. XXI). Si ya hemos visto en otras ocasiones la identificación entre noche y muerte, aquí parece bastante clara. La muerte supone el cese de las funciones vitales, entre ellas el habla, y, por ello, también supone el silencio. Si la noche es el cese de las actividades o funciones diarias, porqué no suponer que tales funciones diarias eran equiparadas por el antiguo egipcio con las funciones vitales perdidas al morir, y así también al dormir. Al morir se pierde el habla y con ello llega el silencio, igual que al dormir, cuyo momento es la noche.

Finalmente: el Himno a Atón[15] es uno de los mejores ejemplos, si no el mejor, para la ver relación que se hace en este capítulo entre la noche y el silencio, pero también para redondear, a modo de conclusión, la descripción de la noche en todos los aspectos mencionados durante el estudio: regeneración, muerte, oscuridad y silencio.
 
Cuando te pones en el horizonte occidental,
La tierra queda en tinieblas, como en la muerte;
Todos yacen en las habitaciones, sus cabezas cubiertas...
Todos los leones salen de sus guaridas, 
Todas las serpientes muerden;
La oscuridad se cierne, la tierra está en silencio,
Así como su creador descansa en el horizonte.
La tierra brilla cuando amaneces en el horizonte,

Mientras resplandeces como el Atón durante el día;
Cuando disipas la oscuridad,
Cuando ofreces tus rayos,
Las Dos Tierras están en fiesta
Despiertas y erguidas sobre sus pies,
Tú las has levantado.
Sus cuerpos están purificados, vestidos,
Sus brazos adoran tu aparición.
Toda la tierra se dispone a trabajar,...
Cuando amaneces ellos viven,
Cuando te pones ellos mueren;
Tú eres el tiempo vital en todos tus miembros, todos viven gracias a tí.
Todos los ojos están puestos en (tu) belleza hasta que te acuestas,
Todas las labores cesan cuando descansas en occidente;
Cuando te levantas haces que todos se apresuren por el Rey,
Todas las piernas están en movimiento desde que fundaste la tierra

Me he permitido subrayar las sentencias más acordes a nuestro estudio. Cuando el sol se pone por occidente, la tierra queda oscura y silenciosa, como la muerte, como el caos, y los hombres y su creador yacen para descansar, como los muertos. Toda actividad y movimiento cesan al anochecer, como al morir, y se reanudan con la salida del sol, como también se recuperan la luz y la vida. Por la noche los peligros acechan por doquier y por el día es la alegría la que inunda la tierra. El sol se esconde, descansa, “muere” al anochecer para salir regenerado al alba.

Considero que no hay más que decir.


[12] En la cosmogonía heliopolitana se dice que el pájaro Benu que surgió de la colina primordial gritó rompiendo el silencio, voló al cielo haciéndose la luz y se transformó en Atum el creador. Así, silencio y oscuridad son propios del caos primordial y de la noche, y sonido y luz son características del orden de la creación y del día.
[13] Podría esto interpretarse como un aspecto más de la noche y de la muerte: la “horizontalidad” nocturna, el hombre se acuesta para dormir, frente a la “verticalidad” diurna, el hombre se levanta para las actividades. La ecuación quedaría de la siguiente manera: noche-muerte horizontal, oscura, silenciosa y quieta versus día-vida vertical, luminoso, sonoro y activo.
[14] La diosa ctónica Meret-Seger (“la que ama el silencio” o “amada por el silencio”) era la señora de la necrópolis de Tebas, personificada en esta divinidad. Por ello se la reconocía como “señora del Oeste”, de la montaña del desierto occidental de Tebas, hacia donde se dirigen los difuntos para entrar en el Más Allá. 
[15] El gran himno a Atón en la tumba de Ay, en el Amarna (Reino Nuevo).



 
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