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| NOTAS SOBRE LOS CONOS FUNERARIOS EGIPCIOS. OBJETOS OLVIDADOS | ||
| • Descripción | ||
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Los conos funerarios egipcios, como ya se ha mencionado, son unos objetos hechos de barro, moldeados a mano y posteriormente cocidos al horno, que se han encontrado y se siguen encontrando en la amplia zona de la necrópolis tebana. Desde Champollion[3], que fue la primera persona, hace más de 175 años, de la que tenemos constancia que cita estos objetos, hasta cualquier misión arqueológica que esté actualmente trabajando en las distintas zonas de tumbas de Dra Abu el Naga, Cheij Abd el Gurna, El Joja, El Asasif, etc., en la orilla occidental de la actual Luxor, mencionan hallazgos de este tipo de objetos[4]. Los conos funerarios, encontrados normalmente en gran cantidad, diseminados por el suelo alrededor de las tumbas y fuera de su lugar originario, fueron enseguida objeto de curiosidad y especulación por parte de los primeros egiptólogos a mediados del siglo pasado, para intentar encontrar su utilidad y significado, discusión que hoy en día todavía dista bastante de estar resuelta satisfactoriamente.
Como ya se ha comentado, estos objetos de barro estaban moldeados sólidamente a mano, teniendo generalmente forma cónica con la base circular, pero también hay algunos que tienen forma piramidal con la base cuadrada o rectangular (fig. 2). Algunos de los ejemplares de mayor tamaño fueron moldeados enrollando en forma de espiral una gruesa capa de barro[5], o bien son huecos en su interior[6]. Sus medidas oscilan entre 10 y 35 cm de longitud, con una base de entre 5 y 10 cm de diámetro o lado. La importancia principal de estos objetos, aunque no debemos prescindir de su forma, radica en su base, que es donde se encuentran inscritos una serie de textos jeroglíficos en relieve, estampados cuando el barro estaba aún blando y antes de su cocción. La estampación se efectuaba mediante una única matriz tallada en relieve hundido, probablemente realizada sobre madera o piedra[7] y que serviría para estampar tantos objetos iguales o similares como fueran necesarios para su finalidad. Se han encontrado gran cantidad de conos con idéntica estampación pertenecientes a un mismo personaje[8] y realizada siempre con la misma matriz, cuya única diferencia entre ellas radica en la calidad del barro o al cuidado en realizar la estampación así como en su estado de conservación. En algunos casos, no obstante, se ha podido determinar el uso de dos matrices distintas pero muy similares entre sí, apreciándose solamente algunos ligeros cambios en los signos jeroglíficos en los conos pertenecientes a un mismo personaje[9]. En cuanto a las diferencias de tamaño, longitud o grosor de estos objetos con estampaciones idénticas, se deben únicamente al esmero y cuidado de los artesanos encargados de su moldeado, no siendo en ningún caso esas diferencias características de un reinado o época en particular. En la mayoría de casos la longitud total podía variar bastantes centímetros[10], mientras que en otros, sus medidas solían ser bastante similares diferenciándose únicamente en uno o dos centímetros. En la mayoría de estas piezas, sobretodo las que tienen forma cónica, se aprecian notablemente las marcas de los dedos alrededor del tronco, habitualmente de la mano izquierda, dejadas cuando se sujetaba el cono con esta mano mientras que con la derecha se aplicaba el molde o matriz sobre su base presionando en el barro todavía blando. La calidad y legibilidad de las inscripciones se debe a numerosos factores; primeramente al estado actual de conservación que depende directamente de las vicisitudes que haya tenido que sufrir el objeto en cuestión hasta llegar a nuestros días, siguiendo por la calidad en la elaboración de la matriz, la profundidad de la inscripción, tamaño y detalle de cada uno de los signos que componen el relieve, al cuidado aplicado en su estampación, así como a la calidad del barro empleado y a su posterior cocción. La mayoría de estos objetos presentan un ligero tono de color rojizo en su parte externa, mientras que, en mayor o menor medida, su parte interna es de color negro (fig. 3). Esta variación de color es sin lugar a dudas producida por el efecto de las altas temperaturas durante la cocción irregular del barro.
Las inscripciones estampadas en estos objetos muestran, junto con las fórmulas funerarias de rigor, el nombre y los títulos de numerosas personas que, o bien porque se han encontrado sus tumbas o bien por otros documentos, sabemos que fueron enterradas en la extensa necrópolis tebana a lo largo de las dinastías XVIII hasta la XXVI. El uso de estos objetos presenta un seguimiento desigual que se prolongó a lo largo de más de 1000 años. Junto con los hallazgos de los llamados conos funerarios y en su mismo contexto topográfico, se han hallado también, pero en menor cantidad, otros elementos de barro cocido que presentan diversas formas y tamaños. Algunos de ellos, de configuración rectangular semejantes a los adobes utilizados para la construcción (fig. 4), otros, de distintas formas triangulares con sus lados rectilíneos o más o menos curvos, y de distintos grosores y tamaños, pero todos ellos llevando en uno o en dos de sus lados, varias estampaciones iguales o similares a las que aparecen en los conos. Desde los inicios de la egiptología, estos objetos han despertado también el interés de los estudiosos, siendo descritos y en algunos casos discutidos en bastantes trabajos publicados[11], aunque nunca se ha llegado de un modo sistemático, a un intento de recopilación y catalogación de estos objetos junto con sus estampaciones para su posterior estudio en profundidad[12].
En las excavaciones efectuadas en Tebas Oeste, sobretodo en los cementerios del Imperio Medio, alrededor de las tumbas de las dinastías XI y XII, se han encontrado también numerosos objetos de forma cónica, pero éstos, a diferencia de los pertenecientes al Imperio Nuevo, sin ningún tipo de inscripción y generalmente de un volumen más grande, llegando en algunos casos a medir más de medio metro de largo[13]. Algunos ejemplares encontrados presentan en el centro de su base una pequeña cavidad circular[14]. Un gran número de estos objetos con estampaciones de textos jeroglíficos de carácter funerario ha conservado ligeros restos de pintura. Normalmente la parte que correspondería al tronco estaba pintado enteramente de color blanco y la parte circular de la base de color rojo[15], aunque en cierto número de piezas se han encontrado restos de color azul[16] y en algunos casos amarillo[17] u ocre[18]. Los elementos similares a los ladrillos de adobe estaban generalmente pintados de color rojo. Posiblemente debido a su forma y a los colores mencionados, desde un principio se ha querido ver en estos objetos por parte de ciertos autores, modelos de simulacros de alimentos, tales como el popular pan cónico (asimilado al color blanco) y pedazos más o menos uniformes de carne (de color rojo), que según dichos autores, serían depositados en las capillas funerarias de las tumbas como ofrendas alimenticias, para acompañar al difunto en su viaje al Más Allá, parecidos a los simulacros encontrados por Hermann Junker durante sus excavaciones en la necrópolis del Imperio Antiguo en Guiza[19]. [3] Champollion 1827, 164. JAUME VIVÓ |
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