|
|
||||||||
|
|
||||||||
| NOTAS SOBRE LOS CONOS FUNERARIOS EGIPCIOS. OBJETOS OLVIDADOS | ||
| • Repaso histórico sobre el estudio de su significado | ||
|
La primera persona de la que tenemos noticia que menciona estos elementos de forma más o menos cónica y que a su vez intentó explicar su utilidad, fue Jean François Champollion. Al publicar la descripción de las piezas egipcias, después de haber sido nombrado Conservador de la Nueva División de los Monumentos Egipcios, creada por el rey Charles X, en el Museo Real del Louvre[20], Champollion, desmintió que a estas piezas se las llamara vulgarmente “sceaux” (sellos) y que tuvieran esta utilidad, dando como razonamiento que las propias piezas en sí eran el producto de la impresión de un sello, opinando que eran una especie de etiquetas funerarias y que tenían la misma utilidad que las “tessères” de madera que se encontraban junto a los sarcófagos o vendajes de las momias de la época griega, añadiendo muy acertadamente que hasta que no se encontraran uno o varios elementos de este tipo in situ en una tumba que no hubiese sido violada, no se podría determinar con más exactitud y precisión su verdadero destino y función[21]. Sir John Gardner Wilkinson, que puede ser considerado como el verdadero fundador de la egiptología en Gran Bretaña, llegó por primera vez a Egipto en el año 1821, donde vivió 12 años de manera continuada. Viajó a Nubia hasta la segunda catarata y exploró también los desiertos. Posiblemente en aquellos tiempos fue, junto con Champollion, la persona que más conocimientos poseía acerca de los textos jeroglíficos. Excavó en la necrópolis tebana durante los años 1824, 1827 y 1828, proporcionando al British Museum de Londres numerosas antigüedades que incluían pequeños objetos relativos a la vida cotidiana. Dentro de su amplia obra escrita destacan los trabajos referidos a la lengua egipcia, traducciones de papiros hieráticos, una topografía de Tebas, tratados de arquitectura, etc., y una visión de conjunto, desde el punto de vista arqueológico e histórico, de los principales monumentos de Egipto y Nubia. Su obra más conocida fue sin lugar a dudas Manners and Customs of Ancient Egyptians, que se publicó en tres volúmenes en el año 1837 y de la que se hicieron sucesivas ediciones, siendo la más popular la publicada en el año 1878, tres años después de su muerte, revisada y corregida por su amigo Samuel Birch, conservador del British Museum. Referente a los llamados conos funerarios, Wilkinson los describió primero en su obra Manners and Customs of Ancient Egyptians como sellos que se utilizarían para sellar de nuevo las puertas de los apartamentos superiores de las tumbas, una vez que los parientes y amigos, acompañados de los sacerdotes, salieran de ellas al finalizar algún tipo de celebración periódica[22]. Más tarde, en las posteriores ediciones de dicha obra, pone en duda esta utilización y menciona que podrían ser una especie de “pasaportes” otorgados por la familia del difunto o por el sacerdote encargado de velar la tumba, para permitir el acceso a los visitantes foráneos[23]. No obstante, añade que sellos similares eran usados para asegurar las puertas de los templos, casas y graneros[24]. Una nota de Samuel Birch a pie de página en la edición revisada de 1878, añade que su uso es incierto, y que algunos autores opinan que estos objetos tenían una utilidad dentro de la arquitectura ornamental sin determinar, o que incluso podrían ser una especie de marcas para señalizar el lugar ocupado por la tumba. Veinticinco años más tarde de la primera edición de la obra de Wilkinson, el abogado y excavador Alexander Henry Rhind[25], que por razones de salud permaneció los inviernos de 1855-6 y 1856-7 en Egipto, publicó en el año 1862 una obra sobre las tumbas tebanas titulada Thebes, its Tombs and their Tenants, en la que describe que encontró alrededor de 90 conos insertados a lo largo de la fachada de una tumba, dispuestos en dos hileras, muy juntos unos con otros y únicamente con la parte circular inscrita con jeroglíficos visible[26].
En la publicación de Rhind aparece dibujado un cono de sección rectangular y con la estampación circular (fig. 9), con el título y nombre del “director del harén real de Amenhotep III, Userhet”, propietario de la tumba núm. TT 47 situada en la zona de El Joja. Rhind, después de mencionar que los conos funerarios además de tener una función religiosa y memorial, tenían directamente una función ornamental, se lamenta de no poder afirmar con toda exactitud, qué tipo de conos encontró en la fachada encima de la puerta de la tumba, ya que menciona que etiquetó con mucho cuidado tres de ellos para poder examinarlos posteriormente, empaquetándolos junto con otros recogidos en la necrópolis tebana y como consecuencia del largo viaje desde Tebas a Gran Bretaña y debido al roce entre los objetos, las etiquetas se borraron y la preciada información se perdió[27]. De todos modos, Rhind afirma que los aproximadamente 90 conos que vio in situ pertenecían todos al mismo modelo con la misma inscripción. Otro de los pioneros de la egiptología que tomó cierto interés en estos objetos fue el célebre egiptólogo francés François Auguste Mariette, que viajó a Egipto por primera vez el año 1850 para adquirir manuscritos coptos. Desde entonces, hasta su muerte ocurrida en 1881, Mariette nos dejó un inmenso legado. Entre sus muchas actividades se encuentran el descubrimiento del Serapeo y las mastabas de Ty y Ptahhotep en Saqqara, el Templo del Valle de Quefrén en Guiza, realizó numerosas excavaciones simultáneamente por todo Egipto, desde el Delta hasta Nubia, pero posiblemente, su obra más importante además de luchar con todas sus fuerzas contra el expolio de antigüedades, fue la fundación del Servicio de Antigüedades Egipcias y la creación del primer Museo Nacional de Antigüedades en Egipto. En la publicación del catálogo de piezas conservadas en el Museo de Bulaq[28], precursor del actual Museo Egipcio de El Cairo en la plaza Taharir, hace una breve introducción a estos objetos. Mariette menciona que únicamente se encuentran en Tebas y sobretodo en la necrópolis de Dra Abu el Naga afirmando que jamás se han hallado en el interior de las tumbas. También menciona que intuye que se halla cerca de la entrada de una nueva tumba cuando se encuentra numerosos conos enterrados en el suelo[29]. Esta observación le indujo a pensar el destino práctico para estos objetos todavía desconocidos, viendo en ellos una especie de mojones que se colocarían clavados en el suelo para delimitar el área del terreno que ocupaba una determinada tumba subterránea, para evitar de este modo que se excavaran nuevas tumbas encima de otras olvidadas por el tiempo[30]. Mariette opinaba que la forma externa de los conos no fue elegida al azar, sino que semejaba el signo jeroglífico Años más tarde, la escritora y egiptóloga inglesa Amelia Ann Blandford Edwards, que fue la fundadora de la Egypt Exploration Society y del Departamento de Egiptología del University College de Londres, después de un largo viaje por Siria y Egipto durante los años 1873-1874, publicó un célebre libro donde narra sus experiencias en Egipto titulado A thousand miles up the Nile del que se hicieron varias ediciones[32]. En un pasaje del libro relativo a su llegada a Abu Simbel, y en concreto a los trabajos realizados en la capilla sur del Gran Templo, menciona que halló el embarcadero curiosamente pavimentado con conos de cerámica semejantes a los fondos de ánfora, sin inscripciones y que en ningún caso se parecían a los famosos conos funerarios que tan abundantemente se hallaban en la necrópolis tebana[33]. Esta descripción de Miss Amelia Edwards dio pie a que algunos estudiosos les llamaran adoquines, incluyendo de esta manera los otros elementos parecidos a los ladrillos de adobe, hechos también de barro cocido y con inscripciones similares a las de los conos funerarios. La narración de Edwards muestra una vez más el interés y la curiosidad que sentían los primeros visitantes de la necrópolis tebana hacia estos curiosos objetos motivo de numerosas especulaciones. Gaston Maspero, el egiptólogo francés de origen italiano que sucedió a Mariette en la dirección del Museo Bulaq y en la del Servicio de Antigüedades Egipcias, al hacer la descripción de los conos funerarios para la nueva publicación de la guía del museo[34] así como también, en la descripción de la colección egipcia del Museo de Marsella[35], expuso que los conos eran simulacros de ofrendas de pan blanco, ofrecidas al difunto para asegurar la subsistencia de su kaen el Más Allá. Debido a la propia forma de los conos y de los restos visibles de pintura blanca, los asimiló a cierto tipo de panes que se ofrendaban tanto a los muertos como a los dioses (fig. 10), haciendo una similitud con los simulacros de ocas y pasteles de piedra calcárea destinados a servir al difunto para toda la eternidad, de los cuales se habían encontrado numerosos ejemplos en las tumbas del Imperio Antiguo en la necrópolis de Menfis. Según Maspero, los conos estarían depositados en el suelo, delante de la entrada de la tumba y en cuanto a su forma externa coincidió con la opinión de Mariette, al decir que eran la reproducción en barro de la ofrenda de pan cónico (signo X8 de Gardiner)[36].
El egiptólogo alemán Karl Alfred Wiedemann, que había sido alumno de Ebers, Maspero y también de Lepsius, con motivo de la celebración del 6º Congreso Internacional de Orientalistas que tuvo lugar en Leiden en 1883, publicó la primera recopilación de inscripciones estampadas sobre los conos funerarios[37] recogiendo poco más de un centenar de ejemplares procedentes de diferentes colecciones y museos europeos. Wiedemann ordenó los ejemplares estudiados en ocho grupos diferentes, según las características que presentaban sus textos; por ejemplo, los que mencionaban únicamente los títulos y nombre del difunto, los que empezaban con la palabra (
En su introducción, Wiedemann analiza las diferentes teorías conocidas hasta la fecha, como las ya mencionadas de Champollion, Mariette o Birch, exponiendo a su vez la suya propia. También situó estos objetos cronológicamente en las dinastías XVIII-XIX y XXVI, mencionando que todas las inscripciones pertenecen a personajes privados que engloban diferentes estratos sociales, desde sacerdotes de todas las categorías, supervisores de palacio o de templos, militares, funcionarios, etc., sin que ninguno de estos objetos hubiese pertenecido nunca a ningún rey[39](fig. 12). Wiedemann toma los textos de tres conos concretos[40] para intentar buscarles su funcionalidad y se inclina a pensar que son, sin lugar a dudas, ofrendas funerarias y que el empleo del jeroglífico ideográfico
Sir William Matthew Flinders Petrie, en su dilatadísima vida egiptológica, excavó durante 42 años en numerosos yacimientos repartidos por todo Egipto: Tanis, Guiza, Hawara, Illahun, Kahun, Gurob, Meidum, Ehnasya, El Amarna, Abido, etc. y por supuesto en Tebas y sus necrópolis. De entre sus más de mil publicaciones, nos interesa destacar A Season in Egypt[43], donde aparecen publicadas poco más de un centenar de inscripciones de conos funerarios. Petrie, por supuesto, también se vio atraído hacia estos objetos que consideraba de una importancia similar a las pequeñas estelas funerarias. En los meses de 1887 que pasó en la zona de Gurna llegó a reunir, comprando a los aldeanos, más de 250 ejemplares de conos funerarios que se llevó a Gran Bretaña. El propio Petrie cuenta que la mayoría de estos conos fueron cortados conservando únicamente la parte estampada, para de este modo reducir su peso y volumen, mencionando también que la mayoría de colecciones egipcias que disponían de estos objetos fueron obtenidos de viajeros y coleccionistas aunque en muy pequeño número y que muy pocos de ellos habían sido publicados. Sin duda, Petrie, desconocía el trabajo presentado por Wiedemann en el Congreso de Leiden. En cuanto a su significado, Petrie, se remite a la opinión de Maspero y opina que se trata de simulacros de panes de ofrendas. Una vez en Inglaterra, Petrie dedicó el capítulo V de su obra A Season in Egypt, titulado “Funeral Cones and Other Inscriptions”, a las distintas inscripciones que aparecían en la totalidad de conos que había conseguido reunir, añadiendo únicamente dos o tres ejemplares procedentes de antiguas colecciones inglesas[44]. De los aproximadamente 250 conos recogidos, Petrie, logró reunir 107 inscripciones diferentes presentándolas dibujadas a mano alzada, imitando la distribución formal de sus signos jeroglíficos tal y como aparecían estampadas sobre los conos (fig. 11b). De todas ellas, la número 107, pertenece a una falsificación moderna, comentada más arriba[45], de un cono perteneciente a Rameses III[46]. En su publicación, Petrie menciona la dificultad de ordenación de estas inscripciones optando por agruparlas y numerarlas todas seguidas, según si su inscripción era vertical u horizontal y dependiendo de si tenían líneas divisorias o no, añadiendo un último grupo de estampaciones rectangulares o en forma de óvalo similar a los cartuchos. Junto con los dibujos de dichas inscripciones Petrie anotó el número de ejemplares similares examinados de cada cono, mencionando además que, posiblemente, esta reagrupación según columnas o hileras podía ser útil para comparar las inscripciones de nuevos conos[47]. El egiptólogo francés Georges Daressy, se trasladó a Egipto el año 1886 como miembro de la Misión Arqueológica Francesa, de la que más tarde fue director, realizando numerosas excavaciones, entre las que destaca, bajo las órdenes de Maspero y Grébaut, los trabajos en el escondite de momias de la XXI dinastía en 1891. En el año 1893, Daressy publicó el Recueil de cônes funéraires, una recopilación de inscripciones estampadas sobre los conos funerarios[48], recogiendo 304 inscripciones diferentes conocidas hasta el momento y dispersas en diferentes museos y colecciones. El Recueil compilado por Daressy, reunía los conos del entonces Museo de Guiza, del Museo de Orleáns, del Museo del Louvre y de la colección de la Biblioteca Nacional de París, del Museo Guimet de Lyón y del Museo de Marsella, incorporando también en su publicación los conos recogidos en diferentes colecciones europeas publicados anteriormente por Wiedemann[49] y los reunidos y publicados por Flinders Petrie[50] de su propia colección y de diferentes museos ingleses. La catalogación realizada por Daressy consta de cuatro grandes grupos numerados consecutivamente. El primer grupo reúne los conos con inscripciones verticales, el segundo grupo las inscripciones horizontales, el tercer grupo lo forman los conos que junto con las inscripciones poseen alguna representación o figura humana y el cuarto y último grupo lo componen los conos cuyas inscripciones no se encuentran inscritas dentro de un círculo, sino que su forma es oval, cuadrada o rectangular. Daressy ordenó cada uno de estos cuatro grandes grupos de mayor a menor, según el número de columnas o hileras de textos. Dentro de cada grupo de inscripciones que poseían la misma cantidad de columnas o hileras, Daressy los distribuyó según el examen de sus textos, empezando por los que presentaban únicamente los títulos y nombre del difunto sin ningún tipo de preámbulo, siguiendo por los que empezaban con una plegaria Daressy, al igual que había hecho Petrie, dibujó los conos a mano alzada y de manera esquemática imitando la composición de los signos jeroglíficos estampados sobre los conos consultados (fig. 11c). Además, acompañó estos dibujos de tres apartados de texto. El primero y por orden numérico mencionando los nombres de las personas que aparecen representadas en los conos, escritos con jeroglíficos de imprenta y acompañados de las fuentes de procedencia consultadas por cada uno de los conos. El segundo apartado comprende la lista de nombres de personas ordenados alfabéticamente y el tercero reúne una tabla de títulos con su correspondiente traducción dispuestos también por orden alfabético. Cada nombre o título de estos dos últimos apartados remite al número de orden de los conos representado en los dibujos. En la introducción de su Recueil de cones funéraires, Daressy hace un repaso a las diferentes teorías existentes hasta el momento sobre la utilidad de estos conos funerarios y a continuación expone su opinión personal. Daressy menciona que estos objetos se colocaban delante de la entrada de las tumbas[51] y que eran el equivalente a las piedras que diferentes pueblos tenían la costumbre de colocar al lado de la tumba, como señal de su visita al difunto, una especie de “tarjetas de visita” que los parientes y amigos depositaban en las tumbas. El mismo Daressy analizó los problemas que esta teoría comportaba e intentó darles una justificación y respuesta satisfactoria. Viendo que los conos similares pertenecientes a una misma persona, parecían haber sido hechos a partir del mismo molde o matriz, dijo que posiblemente los guardias de la necrópolis guardarían consigo estas matrices y que los familiares del difunto les encargarían la fabricación de un cierto número de ejemplares cada vez que fuesen a visitar la sepultura con motivo de la festividad de los muertos[52]. Ludwig Borchardt, eminente egiptólogo alemán, fue el fundador y director del Instituto Alemán de Arqueología de El Cairo. Excavó el templo Solar de Niuserre y las pirámides de Abusir, siendo también el descubridor del taller del escultor Tutmosis en Tell el Amarna que proporcionó numerosas obras de arte al Museo Egipcio de Berlín. En 1899 publicó un breve resumen[53] sobre los entonces llamados conos funerarios o también panes de ofrenda. En aquel tiempo no quedaba ninguna persona viva que hubiese visto en su lugar originario estos elementos, por lo que las descripciones que habían efectuado Alexander Rhind[54] y especialmente Amelia Edwards[55] fueron decisivas para Borchardt para considerar estos objetos como elementos arquitectónicos usados como adoquines[56]. En su trabajo Borchardt analiza una serie de circunstancias, tales como su forma[57], el material con que están hechos[58], el lugar de descubrimiento, su similitud con los ladrillos, etc., lo que le induce a pensar que se trata de elementos de pavimentación que se utilizarían para “sujetar” la superficie de la montaña por encima de la entrada de la tumba. Años más tarde, como veremos más adelante, Borchardt junto con Otto Königsberger y Herbert Ricke centró de nuevo su atención en estos objetos con toda la nueva información aparecida hasta el momento, lo que le llevó a replantear su opinión inicial realizando un magnífico estudio sobre la verdadera utilización de los llamados conos funerarios[59]. Posteriormente a la publicación del Recueil de Daressy y como consecuencia de los numerosos hallazgos de conos en las excavaciones que se realizaban en la necrópolis tebana, fueron apareciendo nuevos tipos de estampaciones sobre conos que se añadieron a la larga lista publicada por Daressy. Las excavaciones efectuadas por Robert Mond en el invierno de 1903-1904 en la zona de Cheij Abd el Gurna, dieron como resultado el hallazgo de gran cantidad de estos objetos[60] siendo mencionados y publicados únicamente los inéditos o bien los que presentaban alguna variación a los ejemplares ya conocidos[61]. Mond presenta en su trabajo 27 estampaciones realizadas con tipografía de imprenta imitando la posición y orientación de los signos jeroglíficos, complementada con una lista de nombres donde aparecen además de los citados, una veintena de personajes con conos ya conocidos. A principios de 1906 le fue encargado a Henri Gauthier, como miembro del Institut Français d’Archéologie Oriental de El Cairo, excavar la zona norte de Dra Abu el Naga. En dos meses de excavación, Gauthier halló 364 conos funerarios pertenecientes a una treintena de personajes distintos, de los cuales más de la mitad ya habían sido publicados por Daressy en su Recueil. La publicación de Gauthier[62] presenta únicamente 16 ejemplares que completan o modifican la lectura efectuada por Daressy, junto con 12 tipos con estampaciones nuevas[63] y seis conos más de difícil lectura debido a su estado fragmentario. Debido a que ninguno de los conos recogidos por Gauthier fue hallado en su lugar originario, y teniendo en cuenta que conos semejantes pertenecientes sin duda a un mismo personaje se encontraron a varios centenares de metros de distancia unos de otros, Gauthier menciona que no puede aportar nuevos datos sobre la razón de ser de estos objetos, pero en cuanto a su forma, sugiere que lo esencial está en la inscripción de los títulos y nombre del difunto y que la forma cónica no era ni obligatoria ni esencial ya que menciona que halló la misma inscripción repetida varias veces alrededor de paralelepípedos rectangulares o la mayoría de veces cuadrados[64]. Émile Chassinat, eminente egiptólogo que fue director del Institut Français d’Archéologie Oriental de El Cairo, también realizó excavaciones en la zona de Dra Abu el Naga al mismo tiempo de Gauthier, encontrando un gran número de conos, y aunque la mayor parte de ellos ya habían sido publicados por Daressy, Mond o Gauthier, había una veintena de ejemplares considerados inéditos o que presentaban una variante respecto a los publicados por Daressy. Chassinat publicó los 20 ejemplares[65], al igual que Gauthier, en tipografía de imprenta adjuntando al final un índice de nombres y títulos. Es importante señalar la mención de un cono de piedra, único ejemplar conocido y que se conserva actualmente en los almacenes del Instituto francés de arqueología oriental de El Cairo[66], así como un cono inédito al Corpus de Davies & Macadam[67]. Émile Chassinat no aporta ningún nuevo dato en cuanto a la función de los llamados conos funerarios. En 1919 Henri Gauthier publicó los hallazgos de conos funerarios producto de las excavaciones efectuadas de diciembre de 1917 a marzo de 1918 en el lado este de la colina de Gurnet Murai[68]. De los más de 600 conos hallados únicamente pertenecen a 13 tipos distintos de los cuales siete ya eran conocidos por otras publicaciones, mientras que los seis restantes eran inéditos[69]. Gauthier hace un resumen bibliográfico de las fuentes conocidas hasta el momento y realiza un amplio y detallado estudio de cada uno de los conos, señalando los ejemplares existentes conocidos así como comentarios sobre sus inscripciones. De entre los conos conocidos, Gauthier menciona el hallazgo de 85 conos de Merymose que presentan una variante en el nombre del propietario[70]. Tampoco Gauthier añade nada nuevo respecto a la función o lugar que ocuparían estos objetos en las tumbas tebanas. No sería hasta veinte años más tarde que tendría lugar un excepcional hallazgo en la necrópolis de Deir el Bahari que ayudaría sin lugar a dudas a despejar esta incógnita. El egiptólogo francés Bernard Bruyère, que realizó durante más de treinta años excavaciones en el yacimiento de Deir el Medina, halló también un cierto número de conos. A pesar de que en la necrópolis de Deir el Medina, por sus características especiales, no era muy común hallar este tipo de objetos que tan abundantemente se encontraban en las otras zonas de la necrópolis tebana. Bruyère publicó en el año 1924 los informes preliminares de su primera campaña de excavación donde mencionaba el hallazgo de dos conos funerarios pertenecientes a Esmen[71] pensando que pertenecían a la necrópolis próxima de Gurnet Murai ya que en Deir el Medina no se había encontrado todavía ninguna tumba de la dinastía XVIII y según su opinión las distintas costumbres funerarias imponían el uso de los conos en esta época, mientras que en la época ramésida se empleaban los ushebtis. Bruyère menciona que los conos funerarios de barro cocido son simulacros de un pan de ofrenda especialmente destinado a Osiris formando parte de un mismo orden de ideas místico-mágicas que los ushebtis. Bruyère sigue exponiendo su opinión diciendo que se trata únicamente de un fenómeno tebano y que las tumbas disponían de varios centenares de estos objetos clavados de punta en el suelo, en una doble hilera alrededor del recinto tumbal, con la base estampada y pintada de rojo o azul con el nombre del propietario visible. También piensa que la simple atribución como mojones no se halla suficientemente justificada ni explicaría porqué el tronco estaba pintado de blanco si su destino era el de estar enterrados en el suelo. Bruyère menciona que los familiares del difunto debían de aprovisionarle de estos simulacros de panes añadiendo hilera tras hilera para satisfacer al difunto y a su dios[72]. Estos simulacros de panes fueron sustituidos paulatinamente por simulacros de servidores productores (ushebtis) de estos panes en forma de pequeñas estatuillas funerarias provistas de utensilios agrícolas[73]. En los años siguientes de excavación en Deir el Medina, Bruyère encontró nuevos conos y en el informe preliminar correspondiente al año 1926 retomó de nuevo el tema haciendo un breve resumen crítico de lo publicado anteriormente por algunos autores[74] y expresando de nuevo su opinión ampliamente razonada a favor de los simulacros de panes de ofrenda. Junto a otros ejemplares de conos de Esmen se encontró una losa de barro cocido pintada de color rojo y tallada en bisel diagonal con cuatro estampaciones en dos de sus lados, iguales a las empleadas sobre los conos de Esmen[75]. Bruyère menciona que estas losas servirían de piedra de ángulo para delimitar el área de una tumba sin superestructura y se pregunta silos conos, clavados en el suelo, estarían situados jalonando el espacio comprendido entre dos de estas losas, añadiendo que estas losas formarían parte del mismo simbolismo de ofrendas alimenticias, que si bien los conos representarían el pan blanco, estas losas podrían ser simulacros de trozos de carne o bien trozos de pasteles[76].
El egiptólogo americano Herbert E. Winlock, que más tarde fue director del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, realizó durante varios años y por cuenta del museo, numerosas excavaciones en la zona de Deir el Bahari. También excavó en El Lisht y en el oasis de El Jarga. Fue el descubridor de la tumba de Meketre y de sus numerosas y magníficas maquetas de madera pintada que se exponen actualmente repartidas entre el Museo Egipcio de El Cairo y el Metropolitan de Nueva York. En el año 1928 Winlock publicó un interesante hallazgo realizado durante las excavaciones practicadas en los años 1925-7 bajo la avenida que conduce al templo de la reina Hatshepsut en Deir el Bahari, en un cementerio de la dinastía XI[77]. Como él mismo escribió, tuvo la suerte de excavar la zona de tumbas en la parte baja de la montaña, que habían quedado totalmente cubiertas durante treinta y cuatro siglos. Al comenzar a excavar, lo primero que apareció de la tumba fueron dos hileras de conos empotrados fuertemente con mortero en la fachada, tal como los habían colocado los obreros al construir la tumba durante la dinastía XI (fig. 13). Winlock, en su artículo, hace referencia a lo que había publicado Rhind[78], setenta y cinco años antes, sin que nadie hubiese hecho demasiado caso a su exposición. También menciona la sagacidad que había tenido Norman de Garis Davies al describir las pinturas del vestíbulo de la capilla de funeraria de la tumba núm. TT 181 en la zona de El Joja, perteneciente a los escultores Nebamón e Ipuky[79]. En las pinturas del muro noroeste, se muestran las últimas ceremonias realizadas delante de la tumba. La dos veces viuda llora agachada delante de las momias de los dos difuntos, detrás de éstas se ve representada la fachada de la tumba, donde, encima de la puerta, se pueden distinguir cuatro hileras de círculos pintados de color rojo (fig. 14). Davies había sugerido que se trataba de la representación pictórica de los conos funerarios, mencionando a su vez otras dos tumbas de la necrópolis tebana con representaciones similares[80]. Winlock apuntó una nueva hipótesis relacionando los conos funerarios con unos elementos puramente decorativos, donde posiblemente simbolizarían las vigas de madera que sobresalían de las fachadas de las casas egipcias antiguas[81] a la vez que rechazaba las anteriores teorías que se habían formulado desde el inicio de la egiptología para intentar dar una explicación satisfactoria a la utilización de estos objetos.
Como hemos mencionado anteriormente en el año 1934, L. Borchardt junto con O. Königsberger y H. Ricke, publicaron un amplio y esmerado estudio sobre la utilización de los ladrillos y de los conos funerarios en las tumbas tebanas[82], llegando a la conclusión de que se trataba de unos elementos arquitectónicos decorativos, que se colocaban a modo de friso por encima de la puerta y a lo largo de la fachada de la tumba, tal como ya había publicado Rhind setenta y dos años antes, sin que su opinión hubiese sido atendida por los egiptólogos de la época. Borchardt y sus colaboradores estudiaron los diferentes tipos de ladrillos y conos (fig. 15) que se habían encontrado hasta entonces según las diferentes formas que presentaban, junto con la situación que ocupaban las estampaciones e inspirándose en las pinturas encontradas en las paredes de las capillas donde aparecían representaciones de las superestructuras de las tumbas con una serie de círculos rojos pintados encima de la fachada[83] (figs. 14, 16, 17 y 18), y como muy bien ya había intuido Norman de Garis Davies refiriéndose a la tumba de Nebamón e Ipuky, hicieron una serie de reconstrucciones de las superestructuras de algunas tumbas conocidas, como la ya mencionada de Nebamón e Ipuky (TT 181) de la dinastía XVIII[84], la de Nebunenef (TT 157), Setau y Bakenjons (TT 288-289) de época ramésida[85] y resituando en sus fachadas el lugar que ocuparían tanto los conos funerarios como los diferentes tipos de ladrillos de barro cocido con inscripciones (fig. 19).
El egiptólogo inglés Norman de Garis Davies, trabajó con Flinders Petrie en Dandara el año 1898, copiando para el Archaeological Survey de la Egypt Exploration Found numerosas tumbas situadas en Cheij Said, Deir el Gebraui y El Amarna, que junto con otras cinco tumbas tebanas publicó en 10 volúmenes. El año 1908 con su esposa Anna (Nina) Macpherson Cummings, excelente artista y copista muy cualificada[86] se estableció en Tebas, donde vivieron casi 30 años trabajando juntos, estudiando y copiando gran cantidad de tumbas por cuenta del Metropolitan Museum de Nueva York. Durante estos años Davies fue recogiendo y coleccionando gran cantidad de conos funerarios, que se encontraban dispersos alrededor de las tumbas tebanas, con la intención de realizar y publicar un gran corpus con las inscripciones de estos objetos. Desde la publicación del Recueil de Daressy en 1893 habían aparecido numerosos ejemplares inéditos que debían ser publicados. Davies murió el año 1941 sin poder completar su obra y dejando una valiosa información y unos excelentes dibujos facsímiles terminados que quedaron sin publicar. Su viuda, Nina de Garis Davies puso a disposición del profesor de egiptología de la Universidad de Oxford, George Battiscombe Gunn (1883-1950) la valiosa información sobre los conos funerarios, junto con todos sus dibujos y notas, con la intención de que estudiara y publicara el trabajo de Davies. Gunn realizó la tarea de clasificación de los papeles de Davies pero vio que el trabajo de cotejar los dibujos, la propia investigación y la problemática que conllevaban las inscripciones todavía le iba a ocupar una gran cantidad de tiempo del que carecía,no pudiendo acabar el trabajo encomendado. Fue entonces cuando el Comité de la Administración del Griffith Institute encargó este trabajo a M.F. Laming Macadam.
El núcleo más importante de la colección de conos funerarios recogidos por Norman de Garis Davies se encuentra actualmente conservado en el Ashmolean Museum de Oxford, así como todas sus notas manuscritas con numerosos datos referentes a los hallazgos. También el British Museum de Londres conserva gran cantidad de conos funerarios procedentes de los hallazgos de Davies.
A partir de que se encargó el ingente trabajo a M.F. Laming Macadam, se puso a trabajar en su tiempo libre, pero viendo que aquel trabajo le llevaría mucho tiempo aún, decidió finalmente publicar los dibujos realizados por Davies en un primer volumen únicamente de láminas, pensando que más tarde podría publicar los textos y las anotaciones consiguientes. Macadam confrontó cada uno de los excelentes dibujos realizados por Davies con tantos ejemplares de conos como pudo examinar, principalmente con los existentes en las grandes colecciones egiptológicas conservadas en los museos, encontrando a veces algunos ejemplares más completos que los dibujados por Davies, y redibujando algunos de ellos solamente cuando creyó que era necesario. De algunos ejemplares Macadam no logró encontrar ningún espécimen, pero como él mismo describió, y debido al gran respeto que sentía por el trabajo realizado por Davies, no se atrevió a dejarlos fuera del corpus por estar recogidos en sus notas, argumentando que en una futura reedición de la obra y con la ayuda de los estudiosos que pudieran aportar informaciones más precisas, se podría confirmar o eliminar definitivamente tal o cual ejemplar[87]. Tanto Davies como el propio Macadam tenían la sospecha de que algunos de los ejemplares publicados por distintos autores en realidad no existían[88]. Finalmente en 1957 fue publicado A Corpus of Inscribed Egyptian Funerary Cones[89], reuniendo 611 estampaciones distintas dibujadas de manera facsímil, lo que mejoraba enormemente las anteriores recopilaciones realizadas a mano alzada o con fuentes tipográficas, que no podían representar los numerosos detalles que presentaban las inscripciones jeroglíficas (fig. 11d). Habían pasado sesenta años desde la publicación del primer corpus publicado por Daressy que había logrado reunir 304 estampaciones y que contenía bastantes errores de interpretación en los textos jeroglíficos, debido sin duda al mal estado de conservación de los ejemplares examinados. Macadam mejoró y simplificó también el sistema de clasificación y ordenación de los conos que aparecen en el Corpus, dividiéndolos en dos grandes apartados, siguiendo el ya tradicional sistema de ordenación según las inscripciones estuvieran dispuestas en columnas o en hileras de un modo decreciente, situando los conos con signos de disposición dudosa entre estos dos grandes apartados, para terminar con los conos en que aparecen figuras humanas. También se eliminó la antigua clasificación de conos por sus estampaciones en forma más o menos rectangular u ovalada, restringiéndolos a los dos grandes apartados, según sus textos en columnas o hileras, ya que algunos ejemplares podían presentar distintas interpretaciones. Estos dos grandes grupos fueron, no sin dificultad, ordenados lexicográficamente según el comienzo de los textos, empezando por los nombres, siguiendo los títulos, epítetos o fórmulas funerarias iniciales, independientemente de que los textos se lean de izquierda a derecha o a la inversa. Macadam adjuntó al final de las láminas dos índices, uno con los nombres de persona y otro con los títulos[90], sin añadir ningún dato más referente a la cantidad de conos estudiados de cada tipo, lugar de los hallazgos, a que tumbas conocidaspertenecían, etc. Parece ser que originariamente se había previsto que estos índices formasen parte del volumen dedicado a los textos, que incluiría al parecer numerosos datos recogidos por Davies junto a los propios de Macadam, pero hoy, casi cuarenta y cinco años después de la edición únicamente de las láminas, aún no se ha publicado el esperado volumen de textos que nos aportaría una gran cantidad de datos de excepcional interés[91]. En el Corpus editado por Macadam, sólo aparecen reproducidas estampaciones sobre conos funerarios tal como era la intención inicial de Davies, dejando de lado las estampaciones realizadas únicamente sobre ladrillos, aunque sí se incluyeron algunas por creer que el objeto receptor de tal inscripción realizaba una función parecida a la de los conos[92]. A pesar de que únicamente se había publicado el volumen de láminas con los dibujos facsímiles, el Corpus de conos con inscripciones de Davies & Macadam tuvo una gran acogida en el mundo egiptológico, siendo todavía hoy día de obligada referencia para cualquier trabajo sobre este tipo de objetos. La llamada de atención realizada por Macadam en su prefacio al Corpus, a fin de completar o complementar dicha publicación fue recogida de inmediato por algunos estudiosos, ya fuera para confirmar, rectificar o ampliar lo publicado. Son de destacar las recesiones realizadas por T.G.H. James[93] y W. Helck[94] sobre la edición del Corpus y la publicación de los 64 conos de la colección de Estrasburgo por A. Heyler[95]. Tanto James como Heyler comunicaron la existencia de conos funerarios inéditos, dos conservados en el British Museum[96] y uno perteneciente a la colección de Estrasburgo[97]. Contrariamente a lo que cabría esperar en un trabajo de este tipo, desde su publicación en 1957 han aparecido muy pocos ejemplares inéditos, que esporádicamente se han ido publicando en diversas revistas especializadas[98], aunque a veces, junto con otros ejemplares considerados inéditos por algunos autores y que en la práctica no lo eran[99]. En el transcurso de los años se han ido publicando gran número de trabajos sobretodo relacionados con las colecciones conservadas en distintos museos y colecciones privadas[100], o bien sobre conos concretos individualizados que han ido aportando nuevos datos para el conocimiento de estos objetos y sus propietarios. En el año 1987 Nicholas Reeves y Donald P. Ryan[101] publicaron una interesante información sobre la primera persona conocida que había visto los conos funerarios in situ, cuarenta y un años antes que Rhind[102]. Esta información confirma los estudios realizados por Borchardt, Königsberger y Ricke, en cuanto a la situación original de los conos funerarios respecto a la tumba. El artículo saca a la luz un manuscrito del año 1821 del entonces Cónsul General británico en Egipto y gran coleccionista, Henry Salt, que en una lista enumeraba las antigüedades egipcias que había vendido al British Museum, explicando como él mismo había recogido un grupo de “sellos estampados” que estaban dispuestos por encima de la puerta de una tumba en Tebas[103]. Estos conos pertenecían a la tumba de un sacerdote de Amenhotep II llamado Neferhabef, de la que actualmente se desconoce su emplazamiento exacto[104]. [20] Champollion1827, 164-166. JAUME VIVÓ |
||
|
||
© Copyright 2002, Societat Catalana d’Egiptologia