El ejército y las armas en el Imperio Antiguo

Última actualización el 08 de Marzo de 2009
Indice del artículo
El ejército y las armas en el Imperio Antiguo
Página 02 - La remota prehistoria
Página 03 - Periodos predinástico, protodinástico y dinástico
Página 04 - El Ejército
Página 05 - Unidades especiales
Página 06 - Fortalezas y defensas continentales
Página 07 - Las armas
Página 08 - El arco y las flechas
Página 09 - Las hachas
Página 10 - Las lanzas y los palos arrojadizos
Página 11 - Las mazas
Página 12 - Cascos y escudos
Página 13 - Bibliografía
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“Trae los dos ojos de Horus: como un arco-iwnt. Yo soy
aquel que tensa las cuerdas del arco como Horus y que
estira de la cuerda como Osiris”.

Escribir sobre el ejército y las armas de un periodo tan añejo como el Imperio Antiguo es, lo acepto, una osadía por mi parte y por ello pido perdón. Mas adelante del momento sobre el que escribimos, el ejército se encuentra más desarrollado por lo que se hacen maquetas de unidades en las que se ve a la tropa con su utillaje, en formación de desfile, del que existen dos, conservados en el Museo de El Cairo y que se denominan “Los soldados de Meserheti” y pertenecen al Reino Medio, pero que pueden servirnos para hacernos una idea del equipo y de las formaciones en desfile. (Figura: 1)

Fig. 1 - Los Soldados de Meserheti - (Grupo D)
Fig. 1 - Los Soldados de Meserheti - (Grupo D)

Pero también es evidente que hay que escribir sobre este tema y a ello me he puesto. Y, tal como decimos en el foro de Amigos de la Egiptología, lo que diga… es sólo una opinión.

Los datos sobre este periodo en cuanto al ejército están muy difuminados y apenas si se pueden entresacar datos por las imágenes que aparecen en paletas como las de Narmer, la de los Cazadores y otras, sobre cerámica de la época o en epigrafías y pinturas de los muros de tumbas del Imperio Antiguo. Siendo posiblemente la “Paleta de los Cazadores” (Figura: 2) la que más imágenes proporciona sobre este aspecto.

Fig. 2 - La Paleta de los Cazadores - (Grupo C)
Fig. 2 - La Paleta de los Cazadores - (Grupo C)

En estas iconografías se puede observar también otras costumbres militares, como es el uso de estandartes y algunos soldados con tocados especiales que imitan, o son, cabezas de animales feroces, sin duda con la idea de asustar al enemigo o como señal de jefe del grupo. (Figura: 3) y otros armados con diferentes armas del tipo de la maza con forma de mano. Hay también imágenes claras de luchas en el mar, en la que se aprecia un amplio arsenal de armas, sobre todo arqueros, que disparan a otras embarcaciones o a enemigos que están en sus ciudadelas[1].

Fig. 3 - Soldados con Mazas - (Grupo C)
Fig. 3 - Soldados con Mazas - (Grupo C)

Lo mismo se puede decir de los grabados en cuchillos de sílex, con mango de marfil muy exornado, como el cuchillo (Figuras: 4 A y 4 B) de Dyebel el-Arak, una verdadera joya de trabajo en sílex y marfil.

Fig. 4 A - Cuchillo de Sílex de Dyebel el-Arak - (Grupos D y E) Fig. 4 B - Cuchillo de Sílex de Dyebel el-Arak - (Grupos D y E)
Fig. 4 A y 4 B - Cuchillo de Sílex de Dyebel el-Arak - (Grupos D y E)


[1] Casson, Lionel.- L´Ègypte Ancienne.- Editorial Time Life Books. 1966.- Pág: 51 a 67


La remota prehistoria

Desde tiempos pretéritos, la especie humana ha sido agresiva por, al menos, dos motivos. Cazar para alimentarse y guerrear para conquistar mujeres, terreno y ganado o defenderse de la depredación de los vecinos que tienen las mismas intenciones. Ya, desde esos alejados tiempos, hay instrumentos que se ha demostrado que eran armas y existían hace más de 70.000 años a. C.

De este modo tenemos el mango de hacha, cuya fecha de aparición la tenemos en unos 45.000 años a. C., momento en el que aparecen las denominadas “hachetas[2]. Antes de los mangos se usaban las clásicas piezas de sílex con diversos aspectos en las que el antebrazo actuaba como mango y la mano colocaba el tallado biface sujeto por la parte ancha dejando la aguda y el corte hacia el exterior para dar el golpe.

Lo mismo ocurre con toda una serie de instrumentos cuyo uso, a lo largo del tiempo ha tenido tres aspectos más o menos inseparables: 1.- Como objetos ceremoniales. 2.-Como instrumentos de caza. 3.- Como armas agresivas y defensivas.

Todos estos artilugios son la lanza, el arco y las flechas, las jabalinas, las mazas, las hachas ya citadas, los objetos arrojadizos de diversos aspectos que están ya presentes en el periodo Predinástico. (Figura: 5). Finalmente los escudos, los cascos y las armaduras, no son contemporáneos de estas armas, sino bastante más tardíos, pero que al menos debemos nombrarlos y hacer un mínimo comentario sobre ellos más adelante.

Fig. 5 - Armas y escudos - (Grupo C)
Fig. 5 - Armas y escudos - (Grupo C)

El humano desde momentos ya perdidos en las arenas del tiempo, ha tenido que luchar para sobrevivir. Y no sólo debía hacerlo con el clima, sino con una geografía adversa, con animales feroces que, al igual que los humanos, eran depredadores. Y, como no, con otros congéneres que acuciados por los mismos problemas trataban de arrebatarles lo que poseían.

Y es que la historia de la humanidad ha estado siempre sometida a una permanente disputa. Lo que inicialmente eran luchas tribales, posteriormente lo fueron de hordas entre sí. Y conforme la civilización avanza esta situación pasa de luchas locales a guerras entre los distintos inicios de futuras nacionalidades que están condicionadas por las áreas geográficas.

Esta lucha se hace crónica, cada vez más amplia y sofisticada. Y como se ha dicho innumerables veces, no hay nada, por desgracia, que acelere tanto los avances tecnológicos de las civilizaciones, como las guerras. De este modo y por las mismas causas, las primitivas armas iniciales evolucionan a gran velocidad y acaban siendo de una eficiencia que no ha cesado de mejorar hasta los tiempos actuales. Así en épocas del Reino Nuevo, las armas tienen un aspecto muy “moderno” y son de una  magnífica construcción y una gran eficacia. (Figura: 6)

Fig. 6 - Armas diversas - (Grupo C)
Fig. 6 - Armas diversas - (Grupo C)


[2] McDermott, Bridget.-  La guerra en el Antiguo Egipto.- Editorial Crítica- Barcelona.- 2006.- Pág: 55


Periodos predinástico, protodinástico y dinástico

Para el periodo que solemos llamar de “los Reyes-Dioses” o Dinastía 0 [3.200 a 3.000 a. C.], en Egipto el uso de las armas está muy avanzado. Hay una incipiente tecnología metalúrgica (cobre), del vidrio (la faenza o fayenza), de la cerámica y la madera que empieza a superar las posibilidades que el tallado del sílex, enormemente desarrollado y perfecto, ofrece. Aun así, durante años se sigue empleando el sílex como elemento básico para la construcción de puntas de flechas, picos de lanzas y cabezas de mazas. (Figura: 7)

Fig. 7 - Puntas de flecha - (Grupo C)
Fig. 7 - Puntas de flecha - (Grupo C)

En esta fase de la historia, Kemit, “la negra”, se encuentra dividida en dos partes netamente diferenciadas, enunciando ya algo consustancial a su naturaleza: la dualidad. El norte, con una mentalidad y el sur con otra, están claramente enfrentados a pesar de la unificación que se consigue con un legendario rey, Narmer, “Horus Toro Poderoso”, 3.100 a. C., como se muestra en “La Paleta de Narmer”. (Figura: 8)

Fig. 8 - Paleta de Narmer por ambas caras - (Grupo A) Fig. 8 - Paleta de Narmer por ambas caras - (Grupo A)
Fig. 8 - Paleta de Narmer por ambas caras - (Grupo A)

Sin embargo este concepto de unificación mediante la guerra, no se admite demasiado en la actualidad y el criterio es otro. Y es que se inicia y madura la unificación del Alto Egipto (Sur), dividido igualmente en pequeños reinos. Cuando el sur se unifica, estableciéndose este equilibrio bajo la égida de la ciudad de Nejen o Nekhen (Hieracómpolis, llamada también “La ciudad del Dios Halcón”.) Cuando el sur se hace fuerte por la unión va a incluir en esta agregación e invasión desde el al Bajo Egipto (Norte). Si fue con o sin luchas, no hace al caso, pero es evidente que nada se consigue sin combates y porfías. Al unificarse se forma así el Primer Estado Nacional de la historia. Este concepto, se admita o no, sustituye al ya fuera de uso que indica que la unificación la realiza el rey Menes en la Dinastía I mediante una cruenta lucha contra el Norte o Bajo Egipto, por los repetidos ataques del Alto Egipto (Sur), sobre todo para incorporar la rica región del Delta, donde ya existe, aunque más débil, una avanzada civilización no militar.

Sin embargo esta dualidad norte-sur y sus claras diferencias van a durar muchos siglos, e incluso siempre estarán presentes como una amenaza potencial. Pero este aspecto no es el tema de este estudio y debemos seguir con el armamento de este periodo.

Es evidente que en las primeras dinastías ya existe un ejército, pequeño e irregular, pero presente y en evolución. Estas tropas, si se hace necesario, se incrementan mediante leva si las circunstancias así lo requieren. De la potencia de las armas de este momento tan arcaico dan fe toda una serie de hallazgos que así lo demuestran. No hace mucho tiempo pude leer[3], que se habían encontrado 59 cadáveres, muy bien conservados por la arena, en la zona del Sudán, en Djebel Sahaba, de un periodo muy arcaico (mucho antes de las primeras dinastías, ya que se les fecha entre los 12.000 y 10.000 a. C.) con flechas clavadas en los huesos de las momias que la arena y el calor habían hecho por medios naturales. Estas flechas clavadas profundamente en los huesos, indican de forma manifiesta que ya se usaban arcos de gran potencia. Otras momias de este grupo presentaban además otras lesiones óseas de gran contundencia y destrozos óseos. Todo lo cual demuestra que las luchas eran claras y muy violentas entre los grupos armados y que el armamento utilizado era ya de gran potencia y efectividad.

Sin embargo, hasta muy avanzado en el tiempo, después del Imperio Antiguo, no fue necesario un ejército permanente y organizado. Si la unificación del N. y el S. implicaron guerras o no, es cuestión de opiniones; pero hemos de decir, por la experiencia consagrada por la memoria del paso de los siglos, que sin un potente ejército amenazante, nadie se deja invadir. Sin embargo, en esta primera época, los ejércitos eran de existencia efímera y escasos efectivos, realizándose una recluta, una leva, si era necesario.

Sin embargo en el Imperio Antiguo el número de soldados en actividad militar era mínimo: entre 80 y 300 según las circunstancias por unidad para una determinada zona o misión. Este número era similar al empleado en las expediciones en busca de metales y minerales, expediciones de las que había varias en distintos puntos del país y del entorno geográfico. Es curioso constatar que las protecciones de los mineros, incluso dentro de territorio no propio, eran muy reducidas y se habla en estos casos de no más de una docena de soldados. Pero como la mayoría de estas incursiones se hacían en países colindantes, los mineros y los prospectores iban siempre acompañados de tropas para su defensa y de un pequeño grupo de escribas para hacer el registro sobre papiro de los puntos en los que había el material deseado, la existencia de pozos con agua, animales para cazar y otros detalles.

En consecuencia, las cifras cantan y es evidente que tenía que haber por necesidades absolutas, un ejército y una policía interna del país, vigilantes de fronteras y los hombres de la marina (“La flota Kebenit”) que vigilaba las costas, etcétera. Por tanto debemos considerar como mínimo la existencia de un número, en torno a los 1.000 soldados, entre tropas y mandos siempre en activo.

Pero si la situación se volvía adversa, por invasión o por las frecuentes y arbitrarias incursiones hacia los países vecinos que hacían los egipcios cuando deseaban esclavos para mano de obra, ganado, madera o minerales, se tendrían que establecer levas de soldados para poder tener un número adecuado a esas necesidades. Era una conducta similar a lo que se hacía cuando se necesitaban trabajadores para las “Obras del rey”. Simplemente se establecía una corvea de la que nadie podía desentenderse. En estos casos especiales de necesidades militares importantes, se llegaba a reunir unidades de 2.500 a 3.000 personas o más, si la situación era excepcional. La población en la época del Imperio Antiguo era escasa y muy distribuida por toda la vega del Nilo, con un número total de habitantes en torno a 1.500.000 personas como mucho, según los postreros estudios demográficos[4].


[3] José Miquel Parra Ortiz.- Gentes del Valle del Nilo.-Editorial Complutense.- 2003.- Página: 178
[4] Juan C. Moreno García.- Egipto en el Imperio Antiguo.- Editorial Bellaterra Arqueología, 2004. Pág: 45


El Ejército

El ejército, más o menos profesional y organizado, aparece en el Reino Medio como sistema para dirimir y resolver los problemas internos aparecidos durante el Primer Periodo Intermedio y para la protección de las fronteras, sobre todo de lo ataques que provienen del norte. Pero para entonces es ya un ejército muy profesional, bien instituido, permanente y con mandos profesionales y dotados de grados y experiencia. El más alto nivel militar se alcanza a partir del Imperio Nuevo. Y es que en este momento las guerras con los vecinos ya no son precisamente escaramuzas, sino invasiones manifiestas. Pero esto no indica que en los periodos Predinástico y Dinástico inicial no existiera un ejército aunque menos desarrollado. Sin embargo, es evidente que existe y es de clara y notable eficacia por las incursiones a los países vecinos hechos por reyes como Snefru, Keops y otros anteriores.

Las fronteras naturales de Kemit eran muy amplias. Comprendían, por el nordeste la posible entrada de beduinos, sirios y otras razas de la zona de Retenu, a través del Sinaí. En el septentrión se encontraba el gran río al que llamaban “El Gran Verde” denominación en aquellas épocas del Mar Mediterráneo, zona en la que tenían que vigilar el mar. En el sur estaba el ambicionado país Nubio [llamado Ta-Sty (Kush o Nubia Alta, más Uauat o Nubia Baja)] con el que sostenían, ya en épocas anteriores al rey Snefru, escaramuzas  y los egipcios realizaban incursiones de castigo, no siempre justificadas, sino que eran verdaderas rapiñas de ganado, madera e incluso personas para las obras del rey. De estas incursiones se traían acababan aceptando e incorporando a los arqueros nubios. Estos guerreros eran muy superiores en el manejo de estas armas a los egipcios, siendo los primeros mercenarios que tuvo Kemit. Por oriente, el Mar Rojo y las cadenas montañosas del este, eran unas defensas naturales insalvables en aquellos momentos. El paso a través de ellas sólo era posible conociendo los wadis y los sig que ofrecían las cordilleras. Sin embargo hacia el oeste, había un gran desierto en el que numerosas tribus de nómadas se estaban uniendo para acabar formando Chemeh o Libu, la actual Libia.

En realidad no existían muchos peligros en las primeras épocas. Las “Puertas de Egipto” eran las zonas fronterizas, puntos de paso más o menos obligado en caso de invasión. Y estas eran las zonas que se protegían con soldados y con torres de adobe a las que se daba el nombre citado.

El trabajo como soldado era considerado como una mala profesión, pues corrían riegos y estaban lejos de las familias y si morían no se les enterraba con garantías de alcanzar la vida del MÁS ALLÁ. Este último aspecto no es muy exacto pues se ha comprobado que al soldado se le enterraba en la arena para que se desecara y posteriormente se le vendaba y se le trasladaba a tumbas en las que podían esperar el deseado otro mundo. Se esperaba de ellos: valentía, constancia y tenacidad, que son las características de la mosca. Debido a ello una de las principales condecoraciones eran los collares con las moscas “al valor”, o “Moscas de los Valientes” que se colocaban colgadas de un collar. (Figura: 9)

Fig. 9 - Las “Moscas de los Valientes” - (Grupo B)
Fig. 9 - Las “Moscas de los Valientes” - (Grupo B)

Los hombres a veces, sólo los premiados por el rey, por su comportamiento en combate recibían estos premios a los que se llamaba: “El oro de los valientes”, u “Oro del honor” que eran el equivalente a las actuales medallas. Otras veces podía ser un collar u otro tipo de joya, como los “Leones de oro”. El rey recompensaba también el valor con armas, tierras, esclavos, etcétera. El rey lo tiraba desde la “Ventana de las Apariciones” que existía en “Per Aa” o lo ponía al cuello del condecorado en el salón del trono.

Había nativos de todos estos países limítrofes que formaban las tropas mercenarias a sueldo de Egipto. A todos ellos se les daba casa y comida ya que eran casi las únicas tropas que estaban siempre preparadas para actuar en el primer momento. Entre este tipo de soldados, desde tiempos muy iniciales se encontraban los arqueros nubios, un soldado valiente, fuerte y fiel una vez que se incorporaba a Kemit y era dotado de propiedades y personalidad jurídica. (Figura: 10) y también las tropas Medjay, de antigua incorporación y fidelidad a Kemit y a sus monarcas.

Fig. 10 - Aspecto de un arquero nubio - (Grupo E)
Fig. 10 - Aspecto de un arquero nubio - (Grupo E)

Siempre existía un pequeño ejército que vigilaba las fronteras, guardaban el palacio del rey y realizaban otras labores de tipo policial. Con el tiempo y la nobleza en ascenso, ya a finales de la Dinastía VI, cada noble acababa teniendo su propio pequeño ejército, que aportaba si era necesario para el país, pero que en realidad van a llevar a Egipto al desastre del I Periodo Intermedio.

Cuando el poder se centraliza y sobre todo en el Imperio Medio, el ejército se hace profesional y extenso, cuya base principal son los egipcios y, a ellos, se suman potentes y muy bien instruidas unidades mercenarias. Los soldados egipcios, llamados “bellos”, eran jóvenes y estaban divididos en unidades. Su uniforme era una faldilla blanca, una especie de silk. Eran diestros en el uso de la lanza {de la altura de un hombre, con una punta metálica y un escudo de madera de factura típica, cubierto por una piel de bovino o pintada imitándola} y constituían la base y el grueso de la infantería. (Figura: 11)

Fig. 11 - La infantería egipcia - (Grupo B)
Fig. 11 - La infantería egipcia - (Grupo B)

En este momento la unidad de soldados era el pelotón de 50 hombres, que iban mandados por un oficial. 5 pelotones (250) formaban una compañía, mandada por un oficial superior o jefe y 20 compañías de 250 hombres eran una división o cuerpo (5.000 hombres), mandada por un Director de ejército. Varios cuerpos eran mandados por un “General en Jefe” o “Director de los Ejércitos”. Cada unidad, cada cuerpo, tomaba el nombre de una divinidad y se le dotaba de un estandarte con la imagen de ésta. Las unidades iban precedidas de los portaestandartes. Los oficiales llevaban una “loriga de escamas” hecha de piezas de cobre o bronce más adelante, sujetas con remaches sobre un chaleco de cuero. Este cuero podía ser, o solía ser, de piel de cocodrilo o hipopótamo. Había también, para niveles altos de oficiales, corazas de malla o chapas de cobre o bronce. Los soldados llevaban faldellines o delantales y en el tórax varias capas de cuero con remaches de cobre y pintados de colores. Por delante en la falda portaban un protector de genitales y por detrás un pieza de cuero que protegía el uniforme de los roces con el suelo al sentarse.

El jefe supremo era el rey y existían generales y oficiales intermedios. El “Supervisor de los soldados” era el general y por debajo de él existían: “Comandantes de los reclutas”, “Comandante de las tropas de choque”, etcétera. Los oficiales llevaban un largo bastón de mando, para distinguirse de los demás soldados.

Existían, según el momento, varios tipos de tropas, distribuidas en “Regimientos” constituidos por varios “Batallones”, pero se desconoce el número de éstos y el de soldados de cada uno de ellos. Los tipos de tropas eran:

1.- Los recién reclutados.
2.- Los soldados profesionales.
3.- Entre los profesionales había unidades de élite, llamadas las “Tropas de guerreros”.
4.- Los llamados “Escribas del ejército” formaban parte de lo que hoy denominaríamos la intendencia.

El ejército practicaba largas marchas, la lucha cuerpo a cuerpo y el asalto en formaciones cerradas a posiciones enemigas. La vida en los campamentos era dura, (aunque se comía bien, lo que era importante para muchos). Sin embargo, como se indica en un famoso escrito llamado “La sátira de los oficios”, en estos escrito se pone al soldado como una mala profesión y se indica que la mejor, por encima de todas las demás, es la de escriba. La comida, obligatoria como dieta del soldado, consistía en una ración de pan, carne, verduras y algo dulce (pastel con miel) La misma unidad tenía adscrita un grupo de intendencia, transportando todo en animales (no existen carros hasta épocas tardías) y cada soldado llevaba encima su dotación, por lo que los desplazamientos eran lentos.

Es curioso constatar que no existían carros y se dice que no conocían la rueda, y sin embargo, hay grabados que muestran a soldados subiendo por escaleras de asalto dotadas de ruedas[5], tal como se muestra en la tumba de Jamehesit (Figura: 12). Los soldados, como compensación, además del botín de guerra y algunos esclavos, recibían tierras a cultivar con el transcurso de los años de estar a las órdenes del rey. El servicio de los soldados, de tipo rotatorio, era de 10 días, es decir, la semana egipcia, momento en el pasaban al descanso hasta que volvieran a entrar de servicio[6], algunos turnos más adelante.

Fig. 12 - Asalto usando escaleras con ruedas - (Grupo C)
Fig. 12 - Asalto usando escaleras con ruedas - (Grupo C)

Con el tiempo aparece una casta militar profesional de nivel medio y alto, con tierras heredables e igualmente los soldados pasan a ser ya profesionales del ejército. Pero esto es ya muy posterior a lo que estamos estudiando y se corresponde con el Reino Nuevo.


[5] McDermott, B.- Op. cit. 2006.- Pág: 45. figura 16
[6] José Miquel Parra Ortiz.- Op. cit.- 2003.- Página: 182


Unidades especiales

No se sabe nada sobre el aspecto del reclutamiento a excepción de lo que hemos dicho sobre las levas obligatorias. Se supone que podrían ser reclutados entre la población en el caso de necesidad perentoria. A los soldados se les llamaba “el poderoso brazo del rey[7]. Por otra parte se supone igualmente que los militares de alto rango eran profesionales más que sometidos a un destino obligado.

La infantería egipcia: Era la unidad más típica, y recibía el nombre de “Phyle”. Eran tropas armadas con lanza, hachas, mazas y arcos y un escudo más o menos primitivo. Iban vestidos con una sencilla falda por encima de la rodilla, o largas en otras épocas. Solían o podían llevar el cuerpo rodeado de unas  gruesas vueltas de tela de lino apretadas, en forma de vendaje, que le protegía de los golpes, aunque es evidente que no de las flechas y las puntas de las espadas o las lanzas. (Figura: 13)

Fig. 13 - Soldados con diversas armas - (Grupo C)
Fig. 13 - Soldados con diversas armas - (Grupo C)

Los Meshuash: Eran tropas mercenarias al servicio de Egipto. Llevaban el armamento típico del ejército egipcio y se distinguían de los egipcios por su color de piel ligeramente más oscuro y el uso de una faldilla corta rematada en los bordes con una tirilla de cuero.

Los Medjay o Medjai: Eran nubios de la tribu Medja, que actuaban como policía en todo Egipto. Unidades escogidas entre ellos eran la guardia personal de algunos reyes. Su relación con Egipto era muy antigua y estaba muy bien y respetada en Kemit, siendo un personal de absoluta confianza de los reyes[8].

Los Nuu: Era el cuerpo especial de vigilantes de las fronteras, especializados en patrullar por el desierto y vivir de lo que éste les ofrecía. El nombre de las unidades era el de Nuu, que significaba “Los Guías del país”. Estaban dotados de una gran autoridad, autonomía y poder. No eran militares, sino civiles y estaban autorizados a cazar en el desierto para sobrevivir.
Existe otra palabra igual, nuu, que significaría la inmaterialidad en un sentido que la lleva mucho más lejos que el caos o la nada.

Los arqueros nubios: De todos los mercenarios, los más apreciados eran los arqueros nubios. A Nubia se la llamaba “La tierra del arco” y sus soldados eran unos grandes guerreros por su valentía y arrojo y, sobre todo, por un manejo excepcional del arco. El nubio, de color negro azulado y de gran corpulencia, era un soldado fuerte, hábil y resistente. Usaban arcos potentes, largos y sencillos (del tipo del arco “Long bow” inglés, de aparición muy posterior y que los ingleses realizaban con madera de fresno); los arcos nubios eran curvos, de buen tamaño y disparaban largas flechas con la punta de sílex con retención (engorra), con los que alcanzaban grandes distancias y una gran precisión. (Figura: 13)

Los Naren: Eran tropas de soldados muy jóvenes y disciplinados, especializados en la lucha cuerpo a cuerpo. Serían un antecedente a los actuales “comandos”. Se les utilizaba en las luchas subrepticias de infiltración y asaltos nocturnos a ciudades enemigas y también en aquellas acciones que requirieran una gran rapidez y decisión de acción. Eran empleadas como vanguardia de las grandes unidades durante las marchas de aproximación y para cubrir, a cierta distancia, los costados y la retaguardia. Nunca fueron muy numerosas y apenas si hay constancia de ellas.

Intendencia: Ya en aquellos lejanos tiempos el ejército disponía de un equivalente a la actual intendencia, constituida por “los escribas del ejército[9], que se ocupaban de los temas referentes a la comida, la bebida, el alojamiento y otras atenciones que precisaban los soldados. Además tenían el trabajo añadido de levantar planos de los lugares desconocidos, localizar pozos de agua, materiales aprovechables, cazar animales para la comida de los campamentos y fijar la orientación de las marchas y demás aspectos que no eran el combate en sí mismo.


[7] José Miquel Parra Ortiz.- Op. cit.- 2003.- Página: 177
[8] José Miquel Parra Ortiz.- Op. cit.- 2003.- Página: 181
[9] José Miquel Parra Ortiz.- Op. cit.- 2003.- Página: 183


Fortalezas y defensas continentales

Los egipcios disponían en las fronteras, desde las primeras dinastías, de defensas fijas, hechas con adobe en los puntos que consideraban claves. Estas defensas, que inicialmente eran pequeñas, con el paso del tiempo y el aumento de dificultades se fueron ampliando. Este simple hecho de la existencia de murallas y ciudades amuralladas, muestra claramente e implica la existencia de grupos armados y la necesidad de defenderse. Son inicialmente pequeñas guarniciones que evolucionan con el tiempo y las necesidades de defenderse ante presiones progresivamente más fuertes. Con las mejoras realizadas a lo largo de generaciones, como se ha podido comprobar arqueológicamente, llegaron a existir muros de hasta 12 Km. entre cada dos torres de unos 120 metros de circunferencia y que, por su altura, permitían ver a mayor distancia. Estas fortalezas, distribuidas en cadenas, sobre todo en las zonas de la frontera con el Sinaí, a las  que se denominaban las “Puertas de Egipto”, eran una manifiesta defensa no sólo para las invasiones de tipo bélico sino también para el paso de emigraciones que, con ganado y familia, se infiltraban en Egipto con la idea de una vida mejor. Este aspecto era muy exagerado en las épocas de hambruna y sequía.

Las construcciones de defensa siempre eran de diseño ortogonal (ángulos rectos) y las murallas tenían un ancho de 5 metros y un alto mínimo de 10, realizadas con adobes cocidos al sol. Así, en el sur, desde tiempos lejanos, existía la fortaleza de Buhen, que con el tiempo fue creciendo hasta llegar a niveles de murallas y baluartes que todavía se conservan. Estas fortalezas estaban muy bien diseñadas y constaban de barbacanas, torreones y tenían por delante fosos secos, bien anchos, para aumentar las dificultades del asalto.


Las armas

Las armas más típicas eran: hondas, lazos, arcos  y flechas con punta de piedra, hueso, marfil de colmillos de elefante u otros animales, madera afilada y endurecida al fuego, redes, aljabas o carcaj en la que se llevaban flechas en haces o jabalinas en haces igualmente. (Figura: 14) El arco estaba muy desarrollado en todos los países del entorno, hasta tal punto que se llamaba a todos los posibles enemigos de Kemit como “Los pueblos de los nueve arcos” y se le representaba con el dibujo de 9 arcos.

Fig. 14 - Punta de lanza de marfil de elefante - (Grupo C)
Fig. 14 - Punta de lanza de marfil de elefante - (Grupo C)

Las lanzas podían ser largas o cortas, y se usaban también arpones, boomerang (bastón arrojadizo que no tenía retorno, pero si forma angulada), bastones largos y cortos, porras, picos, mazas y hachas de combate [muy bien diseñadas, con corte en forma curva hacia fuera y una acanaladura y orificios por detrás que permitía una buena sujeción al palo mediante correas que se pintaban de rojo y con las que se realizaba un habilidoso trenzado de sujeción], escudos de madera cubiertos de piel de bovinos o pintadas imitándolo y broqueles{eran de piel enmarcada y tensa por un marco de madera}, cascos de cuero (posterior al Imperio Antiguo) y cota [que envolvía el tórax] de varias capas de lino o de cuero {¿de hipopótamo?}

Los soldados egipcios no solían usar casco y sí lo empleaban los mercenarios. El casco de bronce es muy tardío, al igual que lo es la armadura, que aparece en la Dinastía XXII. Existían igualmente espadas cortas, dagas y puñales, tanto de sílex y cobre en las épocas primarias, como de bronce más tardíamente. En época avanzada se utilizaba una cimitarra foránea, pero muy útil, que era una espada de hoja curva, de origen asiático, que en teoría sólo podía usar el rey, pero que se puede ver en manos de soldados en algunos grabados.

Gran parte de estos instrumentos se empleaban también en la caza, que era de tipo muy ritual, en forma de batidas y nunca de forma individual. Se salía a buscar: aves, peces y animales del desierto, como orix, panteras, gacelas, leones, etcétera.

Algunos de los datos dados sobre armas no se corresponden con el Imperio Antiguo, por lo que analizaremos las armas, una a una, tal como eran y se usaban en el periodo sobre el que escribimos. Indicando cuando no sean de la época estudiada.


El arco y las flechas

Se dice en algunos libros[10] que el arco es el arma más antigua conocida por el hombre, pero esto no es cierto. El arco es tardío con respecto a otras armas que no precisaban del nivel intelectual de concepción y manejo que precisa un arco.

El arma más antigua es la piedra, y contemporáneas son las cachiporras, como es la rama de un árbol sin desbastar o el fémur de animales de buen tamaño. El siguiente paso en armas es el uso de una piedra de sílex tallada un poco y con dos caras (biface) que, en la mano actuaba como un hacha primitiva.

El palo ligero, afilado por un extremo y endurecido al fuego, para clavar o arrojarlo como una jabalina le sucede en el tiempo. El hombre primitivo descubre que mediante un propulsor[11] que prolonga su brazo, puede lanzarlo más lejos, con más fuerza y, con un poco de práctica, con bastante precisión, con lo que puede cazar animales peligrosos sin acercarse a ellos. Y lo que es lo mismo, el hecho de llegar más lejos, lleva al hombre primitivo a buscar un arma con la que lanzar aún más lejos y con mayor precisión armas capaces de herir a distancia y de esta idea surge el arco.

Los arcos en el Egipto del Imperio Antiguo se fabricaban con las maderas o los cuernos de animales de los que se disponía. Egipto era pobre en madera y tenía que importarla de países del norte, de la zona de Retenu, lo que hoy conocemos como Israel y Palestina, Líbano y Siria, Las maderas propias utilizadas eran: sicómoro, limonero, acacia. El pino ya era de importación. La cuerda propulsora eran nervios de animales y más frecuentemente, tripas retorcida sin nudos. Existieron diversos tipos de arcos, pero los más utilizados eran los simples, una vara de madera más gruesa en el centro, el cuerpo, por donde se empuñaba y dos palas más elásticas a ambos lados de ese cuerpo de arco. Existieron también arcos compuestos en el sentido de tener al menos tres partes, un cuerpo central de cuerno o hueso y dos piezas elásticas que actuaban como propulsores al ser flexibles y tensarse con la cuerda que unía ambos extremos. (Figura: 15)

Fig. 15 - Formación de arqueros - (Grupo C)
Fig. 15 - Formación de arqueros - (Grupo C)

El arco contó con una situación de privilegio ya que era un arma efectiva y se llamaba a Horus, “El tirador” pues la leyenda lo consideraba un gran arquero. Los soldados de este cuerpo se distinguían por llevar una o dos plumas en la cabeza y en las procesiones importantes siempre iban arqueros, ya que a estos se les consideraba una tropa de élite.

Una unidad de arqueros de la época del rey Keops, llamados “Los Arqueros de Keops”, alcanzó un prestigio especial por su disciplina, aspecto marcial y el dominio del arco.

Las puntas de las flechas eran de muy diverso tipo --hay descritas por los hallazgos hasta 11 variantes--, desde las transversales a las afiladas  y puntiagudas, pasando por ahorquilladas, con engorra o retención para dificultar su extracción. Las puntas eran de diversos materiales y se hacían de huesos, madera afilada y endurecida, marfil, cobre y sílex tallado con gran exactitud.

Los astiles de las flecha eran de madera en algunos casos pero, aunque parezca sorprendente, la mayoría de los cuerpos de flecha de hacían con juncos en uno de cuyos extremos se introducía la punta y se fijaba mediante resinas (mastique) e hilo de lino o bien finos pasadores de madera o marfil. Este astil se pintaba en ocasiones con bandas de color para hacerlas más vistosas y poder seguir mejor su curso durante el vuelo. De la época que estudiamos se encontró una buena colección en la tumba de Hemaka[12], en la que por cierto se encontró también el primero y más antiguo ejemplar de papiro (sin escribir) que se conoce.

En la cola de la flecha, se marcaba el culatín, en forma de una hendidura para colocar la cuerda y poder encordar con facilidad. Un poco por delante del culatín se situaban las plumas. Estas se pegaban con resinas vegetales sobre unas hendiduras hechas sobre el hasta y se amarraban por la caña de la pluma con vueltas de hilo de lino, lo que aseguraba su sujeción al astil.

Las flechas se llevaban en haces de entre 78 y 122 unidades para su transporte desde el lugar de fabricación al lugar del combate, punto en el que se distribuía entre los arqueros. Este transporte, cuando la distancia era larga se hacía en cajas de madera. A nivel de transporte dentro de la zona de combates, los proveedores llevaban aljabas cilíndricas de cuero cosido, con los que reponían a los combatientes su dotación. Estos las llevaban en carcaj de menores dimensiones que se colgaba del hombro y se colocaba bajo, lo que permitía que se extrajeran las flechas por debajo del brazo, a nivel de la axila o bien altas, por encima del hombro y colgadas por un cinturón desde éste. (Figura: 16) Por algunas aljabas que han sido encontradas en buen estado, éstas estaban teñidas de colores, preferentemente el rojo. Se han encontrado aljabas y carcajes hechos con fibras vegetales, posteriormente teñidas. Es evidente, por el sistema de transporte y reposición de las flechas, que el sistema de reponer la munición, es muy similar al usado en la actualidad y sólo han cambiado los proyectiles.
El tamaño de la flecha egipcia era de entre 480 y 550 mm. Es una flecha corta, lo que implica un arco que no abría demasiado, ya que el arco egipcio era curvo y corto. Por el contrario, el arco nubio, más grande y de mayor apertura para encarar, estaba dotado por necesidad de recorrido al abrirlo, de flechas más largas,  cercanas a los 750 mm. o más.

Fig. 16 - Arquero con carcaj a la espalda - (Grupo H)
Fig. 16 - Arquero con carcaj a la espalda - (Grupo H)

El arquero suele llevar en la cintura una maza sujeta al cinturón, para la defensa personal si tiene que entrar en el combate cuerpo a cuerpo. Las puntas de combate de las flechas, suelen ir dotadas de engorra, unas aletas que proporcionan retención una vez que han entrado en el cuerpo del enemigo o de las grandes piezas a cazar. Por el contrario las puntas en horquilla, se usaban para derribar a las aves en las actividades cinegéticas.

Se han encontrado flechas cuya punta era de color rojizo o muy amarronado, por lo que se ha pensado en la posibilidad –no demostrada-- de que portaran venenos bien de serpiente, de escorpión o algunos tipos de alcaloides de origen vegetal que se sabe manejaban muy bien los egipcios.  Este mismo color indicaba que la flecha era venenosa. Otros autores al opinar sobre el color de las puntas, sugieren que era una búsqueda de efectos mágicos para conseguir con ello que se cumpliera la intención del arquero.

Que el arco era considerado una actividad de élite, queda claro, entre otros hechos, por la acción del rey en su Jubileo, la Fiesta Heb-Sed, en la que lanzaba flechas a los cuatro puntos cardinales[13] indicando que defendería a su país por todos los lados.

Fig. 17 - El signo del Swnw
Fig. 17 - El signo del Swnw

La punta de la flecha era el símbolo que indicaba al médico, el Swnw, pues era una punta de flecha el instrumento utilizado para abrir accesos o penetrar en heridas disecando con la cara cortante de una afilada y bien tallada punta de sílex. (Figura: 17). Un grupo de médicos y auxiliares era otra de las unidades que acompañaba al ejército en sus incursiones de combate o en las expediciones en busca de materiales en tierras enemigas. Sin embargo, dadas las lesiones que se han encontrado en cadáveres y momias, poco podrían hacer en muchos casos (Figura: 18), aunque es de esperar que sí en otros.

Fig. 18 - Graves lesiones en un cráneo y cara por hacha - (Grupo D)
Fig. 18 - Graves lesiones en un cráneo y cara por hacha - (Grupo D)


[10] McDermott, Bridget.- Op, cit., 47
[11] Nota del autor.- El propulsor del que hay bellos ejemplos en museos pues estaban decorados en ocasiones, es una sencilla madera o un hueso largo en uno de cuyos extremos se hace una cavidad en la que se coloca el final de la jabalina  o lanza corta. Al lanzarlo dicha pieza amplía notablemente la longitud del brazo y el alcance es muy superior al que se puede alcanzar con el uso de la mano sujetando el asta por el centro
[12] McDermott, B.- Op. cit. Pág: 50 y  Figura 22
[13] Frankfort, Henri.- Reyes y dioses.- Alianza Editorial.- Pág: 103 y siguientes


Las hachas

Son sobradamente conocidas desde el más lejano paleolítico. En sus inicios sólo eran una piedra que sobresaliera de la mano para golpear con ella. Cuando se inicia el tallado de la piedra, en la que se alcanzan altísimos niveles de perfección, aparecen los bifacies, piedras talladas a dos caras con un buen corte (Figura: 19) Este hecho consigue cambiar las heridas causadas por su golpe, pasando de contusas a inciso-contusas, más efectivas a la hora del combate con más rápida muerte todavía del enemigo. Como hemos dicho, el hacha inicialmente manual, adquiere mayor rango hace unos 45.000 años, cuando se les adapta un mango y aparecen las hachetas[14].

Fig. 19 - Hachas de mano de sílex - (Grupo G)
Fig. 19 - Hachas de mano de sílex - (Grupo G)

En Egipto, y en el periodo que estudiamos, las hachas tienen tres aspectos diferentes:

a.- El hacha ceremonial.
b.- El hacha de combate.
c.- El hacha como amuleto mágico.

Había un tipo de hacha, con la piedra transversal al mango, del tipo de lo que actualmente llamamos azadón, que portaban unidades especiales de soldados, a los que actualmente se les llamaría “Cuerpo de Ingenieros”,  que con esos azadones rompían, picando, las murallas y baluartes de adobe del enemigo.

Los mangos podían ser rectos o curvos, coexistiendo ambos en el tiempo. Lo mismo ocurre con las espadas, situándonos en el Reino Medio, en que puede ser rectas o bien curvas como se pueden contemplar en este grupo de armas del Reino Medio (Figura: 20) Existieron también hachas de gran tamaño que tenían que manejarse con ambas manos, de modo similar a las grandes espadas, los mandobles, tan comunes en la edad media europea.

Fig. 20 - Varias armas del Reino Medio - (Grupo H)
Fig. 20 - Varias armas del Reino Medio - (Grupo H)


[14] McDermott, B.- Op. cit. Pág: 55


Las lanzas y los palos arrojadizos

En cuanto a las lanzas, éstas son ya conocidas 70.000 a. C. Son armas de combate y caza para mediano y corto alcance. Demasiado pesadas para lanzarlas con eficacia, si eran una defensa cuando un grupo compacto de soldados creaba una barrera de puntas casi insalvable.

En cuanto a su composición, lo más habitual era la madera, sólida y resistente, pero también se las ha encontrado de juncos. La punta era de diversos tipos, como siempre, pero hay una punta de lanza que es típica egipcia y es la “punta de cola de pez”[15].

La lanza tenía 4 usos diferentes, muy parecidos a los de las flechas:

a.- Uso ceremonial.
b.- Empleo muy útil en el combate.
c.- Iconos mitológicos.
d.- Empleo de las puntas de buen tamaño como espadas cortas, e incluso para lanzarlas como proyectiles recuperables al ir atadas con una cuerda.

Las puntas tenían una sujeción muy completa al extremo del asta. Esto se hacía mediante introducción en el final y se fijaba con pasadores de cobre, madera, marfil o hueso, con añadidos de resinas vegetales y amarre con cuerdas. Ya hacia el 3.050 a. C. se usaban puntas de lanza hechas con cobre, Se ha encontrado una lanza prehistórica como parte del ajuar de la tumba del ya citado Hemaka, consistente en un hasta de madera y una punta de marfil de colmillo de elefante como se puede ver en la figura 14.

Pero lo más común encontrado y que se puede ver en diversos museos, son las lanzas sencillas, con asta de juncos y puntas de sílex y la elemental lanza o bastón largo consistente en un palo de punta afilada y endurecida al fuego.  Es evidente que en las grandes batallas, como la que se muestra en la  (Figura: 21) se empleaban todo tipo de armas y la confusión sería enorme y las lesiones de gran importancia en los cuerpo a cuerpo.

Fig. 21 - Escena de un gran combate - (Grupo C)
Fig. 21 - Escena de un gran combate - (Grupo C)

Los palos arrojadizos, angulados, más o menos largos, pintados o no, y de tipo bumerang (sin retorno), son un punto de discrepancia entre autores en cuanto al uso que se les daba. Hay textos que indican que ya se usaban en el Imperio Antiguo y, naturalmente muchos siglos antes. Pero no se acepta por muchos que se usaran en el combate y que simplemente era un arma utilizada para cazar aves en las zonas pantanosas y en los juncales y zonas de papiros, lanzando estos mientras se navegaba en las pequeñas naves de papiro llamadas cuffas. Ambas piezas, el palo y el ave, quedaban flotando y se recogían sin problema.


[14] McDermott, B.- Op. cit. Pág: 57 y Figura 27


Las mazas

La maza, cuyo antecedente en el tiempo era la vulgar cachiporra, alcanzó niveles de belleza en algunas mazas ceremoniales como la del rey Escorpión, que las convierte en verdaderas obras de arte. Se han encontrado diversos diseños de esta época tan antigua, algunas del periodo Predinástico.

La maza se fabricaba en diversos materiales como venimos diciendo de otras armas y se las encuentra desde hechas con arcilla, a estar talladas en piedra o fabricadas con madera. Las formas adoptadas son diversas, y podemos verlas en un amplio abanico de formas y diseños, tanto de gran elegancia, como muy bastas y apropiadas para su función de machacar. Las podemos encontrar: con el aspecto de un disco, con forma de pera (muy común) (Figura: 22), con forma de diamante tallado, como un carrete o dos discos opuestos, ovales y redondas, de superficie lisa o con protuberancias, con o sin grabados de animales o figuras humanas. Uno de los dibujos que acompaña a casi todas las mazas, es una cruz en la parte más alejada de la mano que coge su empuñadura.

Fig. 22 - Cabezas de maza en disco y en pera - (Grupo F)
Fig. 22 - Cabezas de maza en disco y en pera - (Grupo F)

La maza es un arma desequilibrada, con tendencia a que se rompa el mango que la soporta, por lo que era más útil la vulgar porra o las cachiporras de gran tamaño. Este paso a la porra es la evolución lógica en el tiempo, con fines pragmáticos, de esta arma, aunque en la edad media la maza tiene un gran auge. Sin embargo la maza adquiere un sentido político y ceremonial de gran importancia y le viene dada por su contundencia. En el Egipto del que hablamos y en etapas aún anteriores, siempre se representa al rey con una maza levantada machacando las cabezas de los enemigos.

La maza era demoledora y se convirtió en el símbolo de la sumisión absoluta. Esta idea a llevado a la actual situación en la que en ayuntamientos, y otros sitios oficiales, existan los “Maceros”, que en los actos públicos visten ropas especiales y llevan unas grandes y exornadas mazas sobre el hombro en una vistosa representación.

La maza era la segunda arma de muchos soldados, sobre todo del arquero y era el arma que se usaba para rematar a los heridos, hundiendo su cráneo de un contundente mazazo, como puede apreciarse en numerosas epigrafías descubiertas o cuando el rey, en unas representaciones realmente publicitarias, rompe las cabezas de los prisioneros señalando y dejando muy claro su poder.

La maza más avanzada y propia del Egipto antiguo, es la maza doble, en la que la bola propia de la maza va cubierta, en sentido longitudinal, en un punto por un hacha en luna en ¼ creciente que hace de ella un arma con dos posibilidades, ambas de gran contundencia.

Hay otra maza que se ve con frecuencia en representaciones primitivas, que es la maza con forma de mano humana, utilizada según dicen algunos autores, por la policía de la época, sin duda como una alegoría al poder del rey, del cual la maza sería su mano.


Cascos y escudos

Sobre el uso de cascos se puede decir que los cascos son tardíos y escasamente parecen corresponderse con el periodo del Imperio Antiguo. No ocurre lo mismo con los escudos, aunque hay escasas, imágenes sobre este extremo en periodos tan alejado en el tiempo. Hay una clara imagen de uso de escudo en una  pintura mural de la tumba 100 de Hieracómpolis, en la que se ve a dos figuras humanas luchando, y una de ellas lleva un escudo. Hay imágenes de escudos o lo que pudieran serlo, decoradas con colas de animales y otros adornos[16].

Hay epigrafías en las que las cabezas de los soldados muestran tocados que pudieran interpretarse como casco, pero también como su pelo o una especie de peluca. Más adelante los cascos son de cuero, y eran más usados por los soldados mercenarios que por las tropas egipcias. Los escudos eran de varias, al menos tres, piezas de madera amachambradas borde con borde y cubiertas con piel de animales o pintadas a semejanza de esas pieles. El casco azul de guerra, el Jepresh, era de uso real como puede verse en varias imágenes existentes sobre reyes guerreros como Ramsés II o Amenophis III, y se duda en algunos escritos si era metálico o no. Pero este tipo de casco es muy posterior al periodo del que estamos tratando. (Figura: 23)

Fig. 23 - Casco azul en una estatua de Ramsés II - (Grupo A)
Fig. 23 - Casco azul en una estatua de Ramsés II - (Grupo A)


[16] McDermott, B.- Op. cit. Pág: 25, 32, y figuras 2 y 6


Bibliografía

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16.- Seidel M y Schulz, R.- Egipto: el mundo de los faraones.- Köneman ediciones.-  Francia 1997.
17.- Shaw, Ian y Nicholson, Paul.- Diccionario Akal del Antiguo Egipto.- Ediciones Akal.- Madrid 2004.
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20.- V.V.A.A.- El despertar de la humanidad. Prehistoria (China, Japón, Egipto. El Oriente) Editorial Espasa Calpe. Madrid 1975.
21.- V.V.A.A.-  Historia de la Humanidad, Tomo I.- UNESCO.- Planeta Sudamericana.- Barcelona 1981.
22.- Wildung, Dietrich.- Egipto. De la prehistoria a los romanos. Editorial Taschen.- China 2004.

Pies de fotografías y origen de las mismas

Las imágenes han sido tomadas de los siguientes libros por grupos:

A.- Seidel M y Schulz, R.- Egipto.- Köneman ediciones.- Alemania 2005.
B.- Strouhal, Eugen.- La vida en el Antiguo Egipto.- Ediciones Folio.- Barcelona 1994.
C.- McDermott, Bridget.- La guerra en el Antiguo Egipto.- Editorial Crítica.- Barcelona 2006.
D.- Reeves, N.- Antiguo Egipto: grandes descubrimientos.- Editorial Crítica.- Hong Kong 2001.
E.- Eggebrecht, Arne.- El Antiguo Egipto.- Editorial P & J.- Barcelona 1984.
F.- Shaw, I. y Nicholson, P.- Diccionario Akal del Antiguo Egipto.- Ediciones Akal.- Madrid 2004.
G.- Seidel M y Schulz, R.- Egipto: el mundo de los faraones.- Köneman ediciones.-  Francia 1997.
H.- Casson, Lionel.- L´Égypte Ancienne.- Editorial Time Life Books. Ámsterdam. 1966.

 
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