Materiales de construcción en el Antiguo Egipto

Última actualización el 09 de Marzo de 2009
Indice del artículo
Materiales de construcción en el Antiguo Egipto
Página 02 - Continuación del Artículo
Página 03 - Bibliografía
Todas las páginas

Los materiales de construcción entre los egipcios eran la madera, el adobe y la piedra en sus muchas clases. La madera fue el material más usual en la Prehistoria y la época predinástica, pero fue sustituida rápidamente por otros materiales una vez entrado el país en la era faraónica. Por eso podemos decir que los materiales constructivos por excelencia en la arquitectura egipcia son el adobe y la piedra.

El adobe era el material más barato y fácil de trabajar, y ello justifica su uso para la vida diaria, las casas, los palacios y los muros defensivos; la piedra, por el contrario era mucho más cara y difícil de obtener, pero acabó siendo la materia prima ideal para la arquitectura funeraria y religiosa.

A.-Madera

La madera de buena calidad era muy escasa en Egipto y apenas unas pocas especies permitían la realización de elementos arquitectónicos[1]. Podemos mencionar los tamarindos, las acacias, los sicomoros y la palmera datilera, la cual proporcionaba también hojas para realizar canastos y fibras para cuerdas. Había más especies dedicadas a la construcción, así como a la cestería y el tejido, pero eran ya muy minoritarias. También debieron de utilizarse cañas y papiros, puesto que, junto con el loto, son el motivo principal de la decoración arquitectónica egipcia en piedra. Por todo ello, los gobernantes egipcios se veían obligados a importar maderas blandas de Oriente Medio. Esto explica que sólo las construcciones y objetos de los gobernantes, cortesanos, aristócratas y sacerdotes fueran realizados en madera extranjera de buena calidad; el resto de la población debía conformarse con las maderas locales, que a veces pintaban para que parecieran de mayor calidad.

El alto precio de la madera de calidad obligaba a los carpinteros a aprovecharla por completo, hasta el último fragmento; sólo perfeccionando el ensamblaje se lograban los resultados deseados. La madera se empleaba en la construcción en los techos, pisos y revestimientos de muros; no obstante, para las vigas de gran tamaño y los tablones la única madera válida era la importada, fundamentalmente la de cedro del Líbano.

B.-Adobe

El adobe era sin ninguna duda el material más usado para la construcción cotidiana, algunos palacios de reyes, e incluso algunas partes de templos. También era frecuente en los muros que protegían ciudades, palacios y fortalezas. En la época protodinástica, de hecho, era el elemento básico de construcción, seguido a cierta distancia de la piedra y la madera, siendo además muy abundante. Así, albañil y alfarero se denominaban con la misma palabra, iqed , que derivaba de una raíz cuyo significado era “moldear la tierra”.

No es de extrañar, dada la escasez de buena madera, que ya a comienzos de la I Dinastía, cuando se solucionaron los problemas de la edificación con adobe, la época de los templos y palacios de madera se viese sustituida por la de los edificios de barro cocido al sol que imitaban a sus antecesores. En efecto, su apariencia parece más bien la de edificios de madera y juncos, lo que se ve acrecentado por la decoración pictórica de los muros. Por otro lado, en esta época y en prácticamente toda la historia del Egipto faraónico, el adobe resultó ser el material más indicado para la construcción de viviendas: su mayor ventaja, su capacidad como aislante térmico, permitía proteger del fuerte sol durante el día y del frío por la noche; su mayor defecto, la poca resistencia a la humedad, no era un problema en un país tan seco como Egipto. En este período protodinástico el tamaño de los adobes oscila entre 23 x 12 x 7 y 26 x 13 x 9 centímetros para la construcción de muros. Pero también se empleaba para realizar otros elementos arquitectónicos, como por ejemplo molduras: cañas verticales que rematan las fachadas, dinteles de pequeños nichos y marcos de ventanas, a veces piezas de sorprendente gran tamaño. También se hicieron ladrillos de adobe de menor tamaño para algunos revestimientos delicados, llegando a ser en estos casos de 17 x 5 x 5 centímetros[2].

Un equipo de obreros haciendo adobes. Dos llevan agua desde el estanque en grandes jarras, otro está de pie sobre una mezcla de barro y paja, mientras que otro llena con ella un molde de madera, que lo añade a la hilera de adobes secándose. Piedra caliza policromada de la tumba de Rekhmire. Sheikh Abd el-Qurna. Tebas Occidental. XVIII. Extraída de Strouhal: La vida en el Antiguo Egipto, 1994, p. 68
Un equipo de obreros haciendo adobes. Dos llevan agua desde el estanque en grandes jarras, otro está de pie sobre una mezcla de barro y paja, mientras que otro llena con ella un molde de madera, que lo añade a la hilera de adobes secándose. Piedra caliza policromada de la tumba de Rekhmire. Sheikh Abd el-Qurna. Tebas Occidental. XVIII. Extraída de Strouhal: La vida en el Antiguo Egipto, 1994, p. 68.

Cabe preguntarse por qué si conocían el ladrillo cocido (y lo conocían con toda seguridad) no lo emplearon en sustitución del adobe, en teoría mucho más frágil. En efecto, no se documenta el uso de ladrillo en Egipto hasta la época romana y ello es debido a la gran calidad del adobe egipcio. Es un adobe muy consistente, realizado con limo aluvial del Nilo mezclado con una cierta cantidad de paja o arena, que hoy día se conserva en muchos edificios en excelentes condiciones pese a su antigüedad.

La fabricación requería una serie de pasos. En primer lugar había que recoger la arcilla del valle, humedecerla adecuadamente y mezclarla bien con la paja o la arena, amasando abundantemente. El secreto para lograr una mayor resistencia consistía en dejar la mezcla sumergida en agua durante varios días. Con ello se consigue que la paja se descomponga en parte y suelte un légamo que actúa sobre la arcilla haciéndola más viscosa y consistente cuando se seca. El paso final es dejar secar al sol con una fuerte presión la mezcla obtenida[3].

El trabajo de realizar los adobes parece sencillo y no demasiado duro. No obstante, en la Instrucción de Kheti[4] se dice: “debo hablarte también de los alfareros. Sus riñones sufren porque trabajan al sol, poniendo ladrillos, sin ninguna ropa. En lugar de la falda o kilt llevan sólo un trozo de taparrabos. Sus manos están hechas tiras a causa del cruel trabajo; tienen que amasar todo tipo de inmundicias. Comen pan con sus manos, a pesar de que solamente se la pueden lavar una vez al día”.

C.-Piedras. Extracción y transporte

Una condición indispensable que debía cumplir la materia prima en que estaban hechos los monumentos y ajuares funerarios era la resistencia suficiente para perdurar por toda la eternidad, lo cual se hallaba vinculado a la idea de que la vida continuaba en el más allá. Ese material fue la piedra de todo tipo. Desde el Cairo hasta Asuán y en el desierto oriental la variedad de piedras es muy grande (unos cuarenta tipos diferentes) y muchas de ellas fueron utilizadas en la construcción y la estatuaria[5].

Los basaltos, de formación oligocénica, se extraían de Abu Roash, al norte de Giza, y de Yebel Qatrani, en la orilla norte del oasis de El-Fayum. La cuarcita rojiza se extrajo preferentemente de Yebel El-Ahmar, al este de El Cairo. Tanto cuarcita como basalto fueron muy empleados en escultura y en arquitectura. Lo que más abunda en Egipto, sin embargo, es la piedra caliza en sus muchas variedades y de mayor o menor calidad; todo el Valle del Nilo, desde El Cairo hasta Luxor está flanqueado por formaciones de piedra caliza, y eso hace que en todas las épocas y actividades culturales sea la piedra más empleada, desde las necrópolis de Saqqara hasta los templos del Imperio Medio y Nuevo. La explotación se llevaba a cabo mediante una red de canteras esparcidas por todo el Valle, especialmente en zonas cercanas a obras.

En el norte , la costa del Mediterráneo está protegida por acantilados, formados durante el Pleistoceno, de piedra caliza oolítica, constituida por agregados fósiles esféricos. Esta piedra fue muy utilizada en época grecorromana para la construcción de edificios en Alejandría. También había en el Bajo Egipto sedimentos pliocénicos bajo la forma de piedras calizas arenosas, a veces con una gran cantidad de fragmentos fósiles. Los muros de carga del núcleo de las pirámides de Giza estaban realizados con este material. Como variante local de piedra caliza encontramos la brecha caliza roja, usada en figurillas y vasijas del período Predinástico. El alabastro egipcio (calcita alabastro) aparece en forma de vetas o nódulos; se trata de una piedra translúcida y veteada muy usada en el arte y la arquitectura.

Mapa de Egipto con los tipos de piedra y zonas de canteras más importantes explotadas en la Antigüedad. Extraído de Schulz y Seidel (dirs.): Egipto. El mundo de los faraones , 1997, p. 411
Mapa de Egipto con los tipos de piedra y zonas de canteras más importantes explotadas en la Antigüedad. Extraído de Schulz y Seidel (dirs.): Egipto. El mundo de los faraones , 1997, p. 411.

Desde el sur de Luxor hasta bien entrado en Nubia se extienden depósitos de rocas areniscas (arenisca nubia) que aportaron la materia prima necesaria para multitud de estatuas y relieves y para casi todos los templos tardíos de Egipto. Las canteras más importantes son las de Yebel es-Silsileh, al norte de Kom Ombo, explotadas desde el Imperio Medio y hasta la época romana. Otro de los grandes tipos de material pétreo empleado en Egipto es el de los granitos, de los cuales encontramos una enorme variedad y que se pueden hallar en distintos puntos del país. A lo largo del Mar Rojo y en yacimientos localizados de la región de Asuán y del desierto occidental existen formaciones graníticas que sorprenden por sus múltiples variantes y su gran calidad. En primer lugar, en Asuán fueron explotadas distintas variantes de granito y granodiorita, desde el granito rojo oscuro hasta el de color rosado, y desde la granodiorita gris oscuro hasta la cuarzodiorita gris claro.

Rocas muy apreciadas utilizadas para estatuas, arte menor, sarcófagos y las famosas paletas para maquillaje (período Protodinástico) fueron la metamórfica grauvaca y la fina piedra sedimentaria procedentes de las canteras de Wadi Hammamat, en el desierto oriental . En el mismo desierto, serpentinita, esteatita, diorita y gabro se obtenían, no de una explotación sistemática en canteras, sino de los cantos rodados que eran arrastrados hacia el valle. El pórfido rojo, extraído de las canteras del Mons Porphyrites, y la cuarzodiorita clara, sacado del llamado Mons Claudianus, sirvieron para elementos arquitectónicos y esculturas decorativas durante la fase de dominio romano. En cuanto al mármol, también en el desierto oriental, en Yebel Rokham (al sur), existía la variedad llamada brucita (hidrato de talco), que se caracterizaba por tener finas vetas de color verde. Análisis comparativos han permitido deducir que el mármol trabajado en Egipto era local, y no importado desde el Egeo como hasta hace poco se había pensado.

En el desierto occidental , el gneis-anortosita, con veteado de color verde grisáceo, se extraía un yacimiento al oeste de Toshka. Esta piedra, por ser la empleada en la famosa estatua de Kefrén, es conocida también con el nombre de “diorita de Kefrén”. Se trata de un material pétreo considerado de lujo por lo caro y difícil de su extracción y transporte y por ello su uso quedaba reservado en exclusividad para el faraón durante los Imperios Antiguo y Medio; más tarde se reutilizaron los elementos realizados con esta piedra.

En general, podemos decir que durante los Imperios Antiguo y Medio la piedra caliza más empleada en la arquitectura fundamental por su belleza y calidad era la extraída de Tura, cerca de Menfis, aunque se ha documentado también el uso de varios tipos de caliza distintos, extraídos bien de la propia meseta de Giza, bien de otros lugares. La piedra caliza se utilizó también en el Imperio Nuevo, Dinastías XVIII y XIX (ejemplos son los templos de Seti I y de Ramsés II en Abydos), pero durante ese período se fue haciendo menos frecuente y las piedras areniscas fueron tomando su lugar progresivamente, como se ve en los templos de Karnak, Medinet Habu y el Rameseum[6].


[1] Leclant, J. (dir.): Los faraones. Los tiempos de las pirámides, pp. 8-10.
[2] BLANCO FREIJEIRO, A.: El arte egipcio. Vol. I de Historia del Arte , Historia 16. Madrid, 1989. p. 34.
[3] Strouhal, La vida en el Antiguo Egipto. Ed. Folio. Barcelona, 1994, p. 70.
[4] Llamada modernamente Sátira de los Oficios , la Instrucción o Enseñanzas para la vida de Kheti es una obra literaria del Imperio Medio muy famosa entre los escribas de época posterior. En ella, un padre, Kheti, describe a su hijo Pepi diversos oficios, la mayoría de ellos artesanales. El tono caricaturesco de la obra resalta los aspectos negativos de tales oficios y muestra al hijo que el único oficio realmente digno es el de escriba, amén de enseñar a Pepi el camino para hacer carrera en la administración. Por supuesto, Kheti era un escriba.
[5] Las líneas que siguen a continuación están basadas en Schulz y Seidel (dirs.) op. cit. pp. 411-413., pero también en Leclant , J. (dir.): Los faraones. Los tiempos de las pirámides, p. 10, y en Cotterell, A. (ed.): Historia de las civilizaciones antiguas, I. Egipto, Oriente Próximo. Crítica-Grijalbo. Barcelona, 1984, p. 69.
[6] Cotterell, A. (ed) op. cit., p. 69.



 
"Amigos de la Egiptología", es una idea original de Víctor Rivas (Barcelona, España)
© 1996 - Reservados todos los derechos - Aviso Legal